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	<title>EIFA - Estudios Interdisciplinares de las Fuentes Avilistas - Contribuciones del usuario [es]</title>
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	<subtitle>Contribuciones del usuario</subtitle>
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		<title>Archivo:CDI 0063 Nota sobre el Referéndum constitucional.pdf</title>
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		<updated>2023-12-29T08:48:23Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
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		<title>Archivo:La Iglesia en la segunda republica y guerra civil (1931-1939).pdf</title>
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		<updated>2023-09-22T09:54:12Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
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		<author><name>Juancc</name></author>
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		<title>La Iglesia en la Restauracion 3</title>
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		<updated>2023-09-06T18:25:54Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Página creada con «={{anchor|Toc459888455}} 5. La Iglesia en la Restauración=  =={{anchor|Toc144281966}} {{anchor|Toc68866943}} 5.1. Dificultades a la evangelización==  &amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el apartado anterior, junto con los logros y avances de la Iglesia, hemos mencionado también algunas de las dificultades y resistencias internas que encontró el desarrollo de su labor evangelizadora y su adaptación a las nuevas circunstancias. Vamos ahora a mencionar algunos de los obs…»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;={{anchor|Toc459888455}} 5. La Iglesia en la Restauración=&lt;br /&gt;
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=={{anchor|Toc144281966}} {{anchor|Toc68866943}} 5.1. Dificultades a la evangelización==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el apartado anterior, junto con los logros y avances de la Iglesia, hemos mencionado también algunas de las dificultades y resistencias internas que encontró el desarrollo de su labor evangelizadora y su adaptación a las nuevas circunstancias. Vamos ahora a mencionar algunos de los obstáculos externos que tuvo que enfrentar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.1.1. Descristianización de algunos sectores de la sociedad====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un primer obstáculo importante fue la aparición de importantes masas de población que estaban, en la práctica, descristianizados. Si bien la inmensa mayoría de la población estaba bautizada, había muchos sectores que desconocían los rudimentos de la fe cristiana. Las causas que podemos encontrar son múltiples. En primer lugar, la extinción de los regulares (o religiosos) que, en muchos lugares, eran los que en realidad catequizaban al pueblo. Podemos añadir también la causa de la mala formación de los sacerdotes seculares, tanto en lo que se refiere a su falta de conocimientos adecuados para enseñar la doctrina católica, como a sus carencias morales que podían ser causa de escándalos. Pero esta realidad también se había dado en otros momentos de la historia de España, con la diferencia de que, en esas otras ocasiones, estaban los religiosos para suplir con las prédicas en monasterios y conventos, órdenes terciarias, misiones populares, y otros métodos de formación del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esta carencia se hizo sentir de manera más acusada en el levante y sur peninsular. Los ambientes rurales, que tradicionalmente habían constituido la reserva del catolicismo español, se veían cada vez más afectados por la irreligiosidad. La práctica religiosa era muy escasa, y teñida con mucha frecuencia de mero costumbrismo y superstición. El descenso en la práctica religiosa era aún más notorio entre la población masculina.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las zonas más industrializadas, el problema afectaba sobre todo a las masas de obreros, la mayoría de ellos emigrados desde el campo. En los ambientes urbanos, donde las condiciones de vida de los asalariados eran muy precarias, faltaba el apoyo social para la religión que habían tenido en sus pueblos de origen (eso cuando no venían de un ambiente rural ya descristianizado), con lo que la práctica religiosa de estos trabajadores era también prácticamente nula. No era tanto el caso de las mujeres emigradas del campo a la ciudad, pues en muchas ocasiones su dedicación era el servicio doméstico, en el que las circunstancias eran más propicias para la práctica religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se puede añadir también como causa de la descristianización la falta de sentido social de muchos de los católicos de clases sociales superiores, que no acabaron de ver la necesidad de hacer reformas en las estructuras. Limitaban su benevolencia hacia las clases desfavorecidas a una acción benéfica teñida de paternalismo, que no conectaba con las aspiraciones reales de las masas trabajadoras. Esta falta de comprensión de las necesidades reales de la situación afectó también en ocasiones a los pastores de la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas masas, entre las que además cundía el analfabetismo, eran presa fácil para la propaganda anticlerical liberal, y más adelante socialista o anarquista. Ambas tenían en común el presentar a la Iglesia como uno de los pilares del sistema injusto que los mantenía en la pobreza. En muchas ocasiones, los revolucionarios se servían del descontento de esas masas empobrecidas como un pasto seco en el que prendían fácilmente sus incitaciones a la rebelión contra el sistema establecido, para hacer avanzar sus propios fines políticos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Ya hemos mencionado algunas iniciativas que se tomaron para hacer llegar el evangelio a esos grupos sociales, tales como los círculos obreros o las numerosas congregaciones y asociaciones laicas que se fundaron para la formación de las mujeres en situación desfavorecida. En los ambientes rurales, tras la restauración de los religiosos, también se trabajó por reavivar la fe y mejorar la formación mediante misiones populares. Un ejemplo de ello es el del padre jesuita Francisco Tarín (1847-1910), que recorrió los ambientes rurales de España, sobre todo Andalucía y Extremadura, predicando y promoviendo obras de culto y devoción, desde 1885 hasta su muerte, o el también jesuita Carlos Mazuelos (Verdoy Herranz 1998). Pero esas iniciativas no fueron suficientes para alcanzar a la totalidad de las masas descristianizadas rurales y urbanas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un ejemplo de los efectos de la descristianización de las masas obreras urbanas, y el anticlericalismo que cundía entre ellas, pudo verse durante la «Semana Trágica» de Barcelona, en julio de 1909. Una manifestación que se convertiría en huelga revolucionaria, y dirigiría su violencia principalmente contra las iglesias y conventos, con la quema de muchos de ellos, la destrucción de un importante patrimonio artístico y cultural, y el asesinato de algunos sacerdotes. Para aquél entonces, Barcelona se había convertido en un epicentro de anticlericalismo en España, en el que cundían las proclamas anarquistas y revolucionarias, como la famosa incitación de Alejandro Lerroux en 1897 a la destrucción de templos y la violencia sexual contra las novicias (Bárcena 2019, 418).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.1.2. Obstáculos a las congregaciones religiosas y la enseñanza católica====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A comienzos del siglo XX, la Iglesia había logrado una importante recuperación de las congregaciones religiosas. Esto se hacía especialmente notorio en el campo de la educación, en el que la Iglesia había puesto mucho empeño a todos los niveles, desde la educación más básica de las clases humildes hasta la enseñanza superior para aquellos que podían permitírselo. En esta última línea, fue especialmente destacado el esfuerzo llevado a cabo por la Compañía de Jesús, que aprovechando la libertad que tuvo en el último cuarto del XIX reorganizó con energía e ilusión sus centros educativos. La buena preparación de los religiosos, y su dedicación total a la tarea educativa sin requerir siquiera un sueldo, hacía que los centros de la Iglesia tuvieran un nivel inalcanzable para los centros estatales que, además de ser pocos, estaban mal dotados económicamente y carecían de una organización adecuada.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Cuando el partido liberal ascendió al poder en 1901, cundió entre ellos la preocupación de que la Iglesia, que prácticamente monopolizaba la educación de las clases altas, usara de ese medio para «reconquistar» la sociedad. Eso motivó que se tomasen algunas medidas para reducir la influencia de la Iglesia en la educación y en la vida pública. Casi de inmediato, promulgó una orden que exigía el registro de todas las asociaciones religiosas en el registro civil, basándose en la ley de asociaciones de 1887. Este acto fue interpretado por muchos como un intento de someter a las congregaciones religiosas al control estatal, poniendo en peligro su autonomía y, por ende, su misión educativa y evangelizadora. Ante este desafío, la Santa Sede, apoyada por el Episcopado y el partido conservador, se opuso firmemente a la medida. Este acto de resistencia llevó a negociaciones que culminaron en el acuerdo de 1904 con la Santa Sede. Este acuerdo permitió que las congregaciones religiosas mantuvieran su independencia. Se preservaba así su papel crucial en la educación y en la formación de una sociedad que, con un alto grado de analfabetismo y una carencia manifiesta de personas con buena cualificación, necesitaba de esa labor educativa que sólo la Iglesia estaba en condiciones de ofrecer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La proliferación de órdenes religiosas llevó al gobierno liberal, en la persona de José Canalejas (uno de los exponentes más emblemáticos del anticlericalismo político del momento), a tomar otras medidas más directas contra ellas. La primera fue la ley de diciembre de 1910 que pasaría a conocerse como «ley del candado». Esta ley prohibió el establecimiento de nuevas órdenes religiosas en España por un periodo de dos años, sin el permiso expreso del gobierno. Las protestas de los católicos y de la Santa Sede no sirvieron para que se retirase. Para 1912, cuando la ley debía vencer, Canalejas preparó una prórroga que la mantuviese, pero su asesinato ese mismo año impidió que se llevara a efecto. Otras medidas llevadas a cabo contra la Iglesia durante estos años fue el recorte de la dotación para culto y clero, y la supresión de nombramientos de obispos desde 1910 hasta 1913 (Cárcel Ortí 2002, 137). Estas políticas anticlericales se correspondían con agitaciones y tumultos contra la Iglesia en las calles. La Iglesia, por su parte, dio muestras de una finísima diplomacia ante esta situación tan delicada, guiada por la clarividencia del cardenal español, secretario de estado vaticano, Merry del Val (1865-1930).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Tras el cambio de gobierno motivado por el asesinato de Canalejas, las tensiones entre el Gobierno y la Iglesia comenzaron a disiparse. El nuevo Gobierno de Romanones en 1913 marcó un período de relativa normalización, aunque la «cuestión religiosa» nunca desapareció por completo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El gobierno provisional revirtió muchas disposiciones de los gobiernos moderados, que habían devuelto a la Iglesia algunos de sus derechos, suprimiendo órdenes religiosas e incautando bienes eclesiásticos entre otras cosas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El matrimonio civil, que el gobierno provisional introdujo, fue rechazado por parte de la jerarquía eclesiástica y del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La constitución de la I República contemplaba la total separación de Iglesia y Estado, pero no llegó a aplicarse.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=={{anchor|Toc144281970}} 5.2. Iglesia y Estado en la Restauración==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Acabamos de mencionar algunas medidas legales que tomó el gobierno liberal en la primera década del siglo XX, referente a cuestiones religiosas. Mirando el conjunto de la Restauración, '''hubo un entendimiento razonablemente bueno entre la Iglesia y los gobiernos conservadores, no tanto con los gobiernos liberales'''. Vamos a seguir con la temática de las relaciones Iglesia-Estado en el periodo, fijándonos en algunos aspectos de particular relevancia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.2.1. La cuestión de la libertad de culto====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La cuestión de la libertad de culto en España ha sido un tema de debate y evolución constante, especialmente desde el siglo XIX hasta principios del siglo XX. La postura de los gobiernos liberales viene bien ejemplificada por Segismundo Moret, un prominente político liberal que llegó a ser presidente del Gobierno, que en 1908 '''defendía la libertad religiosa como un elemento esencial para unificar a los partidos de izquierda''' en España (Cárcel Ortí 2002, 132). Pero, por otro lado, '''tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado''', aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Los diferentes gobiernos, a pesar de sus promesas iniciales de mantener la exclusividad del catolicismo, mostrarían cierta flexibilidad hacia otros cultos''', impidiendo su propaganda pública, pero permitiendo que continuasen la actividad que habían iniciado en el sexenio. Aún dentro del partido liberal había tensiones en torno a la cuestión religiosa, entre una tendencia más conciliadora representada por el fundador Sagasta, y otra más agresiva contra la religión, representada por Canalejas. Estas tensiones se reflejarían en la crisis del partido a la muerte de Sagasta, en 1903, y finalmente sería la línea más anticatólica la que se impusiera. Cuando tuvo el poder, '''Canalejas buscó la secularización de la vida pública de diversas maneras, y con ese fin promovió leyes favorables a la libertad de culto, el matrimonio civil y la secularización de los cementerios'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En referencia a la '''libertad de culto, la Santa Sede se opuso a ella''', considerándola un «principio infausto y falso» (Cárcel Ortí 2002, 134) que estaba en contraposición a los acuerdos previos con el Estado español, y que era contrario a la realidad española (donde las religiones no católicas apenas tenían presencia). No obstante, el Gobierno justificó su posición presentándola como una adaptación necesaria a los tiempos cambiantes y a las circunstancias de otras naciones, arguyendo además que la constitución de 1875 dejaba la puerta abierta a esa libertad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.2.2. Manifestaciones públicas de fe de la monarquía====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El joven Alfonso XII, en diciembre de 1874, antes de ser proclamado rey de España, firmó un manifiesto que, redactado por Cánovas, sirvió de preludio y declaración de intenciones para la Restauración. En el llamado «Manifiesto de Sandhurst» se podía leer lo siguiente:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.5909in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;«Sea la que quiera mi propia suerte ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal» (Alfonso XII 1874).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas palabras serían programáticas en lo que se refiere al talante del régimen de '''la Restauración, que intentó compaginar la tradición española, el catolicismo la monarquía y el régimen constitucional liberal'''. De manera particular, reflejan lo que iba a ser la actitud de la monarquía que, siguiendo los pasos de Isabel II, procuró inclinar el peso de su autoridad en favor de la religión católica, aunque a veces se vio forzada a aprobar leyes que contrariaban a la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron especialmente significativas algunas '''manifestaciones públicas de fe llevadas a cabo por Alfonso XIII''', que tuvieron un gran impacto simbólico no sólo por los actos en sí, sino porque fueron llevados a cabo en el momento álgido de anticatolicismo del gobierno de Canalejas. En 1911, tuvo lugar el XXII '''Congreso Eucarístico Internacional '''en Madrid, un gran evento en el que se realizan diferentes actos de culto en torno a la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. La familia real tomó parte muy activa en dicho congreso, con la Infanta Isabel como presidenta de la junta organizadora y otros miembros participando en diferentes actos. El propio rey, sorteando los obstáculos que el gobierno liberal quiso poner a su asistencia, estuvo presente en las ceremonias solemnes conclusivas del evento. Más aún, el Rey tomó la iniciativa de, aprovechando la ocasión que brindaba el congreso, realizar una serie de actos de '''consagración de España a Cristo''' en las semanas siguientes, en los que él mismo estuvo presente ofreciendo la nación a Dios e implorando su protección (Bárcena 2019, 435-37).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estos actos públicos animarían a un grupo de personas destacadas dentro de la Iglesia, entre los que se encuentran algunos recientemente canonizados como la madre Maravillas de Jesús o el padre José María Rubio, a emprender una campaña para construir un '''gran monumento al Sagrado Corazón de Jesús''' en el centro geográfico de España, el conocido como «Cerro de los Ángeles» en Getafe. La campaña se financió enteramente por suscripción popular, y contó de nuevo con el apoyo de la familia real, así como del papa Benedicto XV. La inauguración del monumento tendría lugar en 1919, y de nuevo contó con la presencia solemne del Rey y la familia real. Fue el mismo '''Alfonso XIII el que leyó el texto de consagración de la nación''', llevada a cabo al término de una misa que se celebró a los pies del monumento a Cristo, en cuyo pedestal se leía la frase «Reino en España». En las palabras leídas por Alfonso XIII se traslucían los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, situando las leyes e instituciones humanas bajo la autoridad divina, fuente de paz y progreso social, y pidiendo el reinado de Dios en los hogares, las aulas, las leyes y las instituciones patrias.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Estas manifestaciones tan explícitas de catolicismo en la esfera pública causaron una enorme agitación en los ambientes liberales'''. Agitación que se reflejó en airadas críticas desde los periódicos y las tribunas, acusando al monarca de querer sumir a España en un clericalismo propio de otros tiempos. Existe un testimonio indirecto, aceptado por algunos historiadores y rechazado por otros, que habla de una visita de una delegación de la Masonería a Alfonso XIII, en la que le presentaron ante la disyuntiva de aceptar una serie de puntos conducentes a la secularización de la vida pública española, o perder la monarquía, amenaza ante la que Alfonso XIII no habría cedido (Bárcena 2019, 443). Al margen de que este hecho acaeciera realmente o no, nos parece que no es necesario recurrir a él: las críticas hechas de manera pública en la prensa y los discursos, por parte de pensadores y políticos liberales y anticatólicos, reprochando a la monarquía sus actos públicos y oficiales de adhesión al catolicismo, nos parecen un argumento suficientemente sólido para afirmar que '''esa adhesión fue un factor clave entre los que motivarían la caída de la monarquía en 1931'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.2.3. La Iglesia y la dictadura de Primo de Rivera====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En un contexto de crisis social y política, '''la dictadura de Primo de Rivera fue inicialmente bien recibida por la Iglesia, que la consideró una oportunidad para restaurar el orden social y moral''' que se había deteriorado. Tengamos presente que, cuando el capitán general dio el golpe de estado en septiembre de 1923, apenas habían pasado dos meses desde el asesinato del arzobispo de Zaragoza, el Cardenal Soldevila, a manos de pistoleros anarquistas. Este fue solamente uno más de los episodios que se dieron en el ambiente de violencia social que se vivía.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La dictadura, a su vez, buscó estrechar lazos con la Iglesia''', especialmente en el proceso de nombramiento de obispos. Se creó una comisión de obispos y sacerdotes para proponer candidatos idóneos para cargos eclesiásticos, limitando así la influencia de los políticos en estas cuestiones, influencia que la Iglesia aceptaba con resignación pero no con agrado. De este modo, la medida fue acogida con entusiasmo tanto por la jerarquía eclesiástica española como por la Santa Sede.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, '''la relación entre la Iglesia y el régimen de Primo de Rivera no fue siempre fluida''' (García-Villoslada et&amp;amp;nbsp;al. 1979, V:286-87). En Cataluña, por ejemplo, la dictadura enfrentó resistencia de parte de la clerecía local respecto al uso del catalán en la liturgia. No obstante, a pesar de esta tensión, la dictadura encontró apoyo en otros sectores católicos para mantener su posición, lo que le permitió adoptar una postura más fuerte en sus negociaciones con Roma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro suceso problemático tuvo lugar hacia el final de la dictadura. Surgió una controversia en torno a una reforma del estatuto universitario que beneficiaría a las universidades eclesiásticas de María Cristina de El Escorial y de Deusto. La propuesta generó rechazo en las universidades estatales y finalmente fue abandonada. Este episodio mostró que, aunque la Iglesia había depositado grandes esperanzas en la dictadura, también había límites en lo que ciertos sectores estaban dispuestos a aceptar, en términos de influencia eclesiástica en la esfera pública de la sociedad. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero, '''en líneas generales''', antes de que la Constitución de 1931 hiciera oficial la separación entre la Iglesia y el Estado, podemos decir que el último parlamento de la época de Alfonso XIII '''intentó promover una relación equilibrada y productiva''' entre las dos instituciones.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Los partidos liberales defendían la libertad religiosa como un elemento esencial de su política. Por otro lado, tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado, aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua. Esta disyuntiva era fuente de conflictos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La monarquía de la Restauración realizó, en repetidas ocasiones, muestras de adhesión pública y oficial a la fe católica. Esto fue motivo de fuertes críticas desde ambientes liberales.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La dictadura de Primo de Rivera fue bien recibida por la Iglesia, y se procuró una relación equilibrada y productiva desde ambas partes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=={{anchor|Toc144281977}} 5.3. Iniciativas católicas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al hilo de nuestra caracterización de los diferentes pontificados del periodo en su relación con España, hablamos de algunas iniciativas importantes que tuvieron lugar en cada uno de esos pontificados. Vamos ahora a mencionar otras iniciativas, que tienen un carácter más transversal a lo largo de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.3.1. Inquietud misionera====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dentro del contexto de la explosión fundacional y la restauración de las órdenes religiosas que tuvo lugar en la segunda mitad del XIX, jugó un papel importante el movimiento misionero. Si mencionábamos antes las '''misiones populares''' que llevaron a cabo sacerdotes predicadores '''en la España peninsular''', añadimos ahora que, antes de que se produjera la emancipación de los territorios españoles de ultramar en 1898, '''las islas del Caribe y '''Filipinas recibieron también un gran número de sacerdotes misioneros que realizaron allí una amplia y abnegada labor. Esos territorios estuvieron menos afectados por las desamortizaciones y, de hecho, se permitió la permanencia de alguna casa en la Península para formar a los misioneros destinados a ellos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Destaca especialmente la '''labor de los padres dominicos en Filipinas''', tanto en la faceta evangelizadora como en la civilizadora y de promoción humana de las islas. Las Filipinas constituían una provincia dominica aparte, que aún perdura en nuestros días. Otro ejemplo es el trabajo de la '''Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María''', fundados por San Antonio María Claret en 1849. Él mismo había sido misionero popular en las tierras catalanas, y más tarde obispo misionero en Cuba, antes de ser llamado para confesor de la Reina. La labor de los misioneros claretianos continuaría a lo largo de los siglos XIX y XX, tanto en la Península como en otros lugares del mundo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.3.2. Formación y espiritualidad====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La piedad del pueblo se mantuvo bastante viva''', aún en los periodos en los que había arreciado más la persecución religiosa. Ahora bien, se trataba de una '''piedad aún de corte barroco, muy afectiva y práctica, devocional y un tanto carente de formación intelectual''' profunda. Se refleja aquí esa pobreza doctrinal causada por la mala formación del clero y la extinción de los regulares. Prevalecía la devoción «sencilla, afectiva, humana, que viene de la baja Edad Media» (Jiménez Duque 1979, 417), de base franciscana en gran medida, si bien los frailes franciscanos ya no podían acompañarla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero '''con el retorno de las órdenes religiosas en la Restauración, el panorama cambió''' un tanto. La mejor formación religiosa que recibían los jóvenes en los centros de enseñanza de las órdenes, así como las misiones populares, los ejercicios espirituales, los libros y folletos religiosos, etc., ayudaron a que la religiosidad del pueblo, sobre todo entre las clases medias y altas, fuese '''evolucionando hacia una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron muchas las iniciativas que podrían nombrarse aquí. Se crearon un gran número de asociaciones piadosas, que con frecuencia tenían también un carácter benéfico y/o apostólico. Por lo que se refiere a las congregaciones religiosas, a las tradicionales que ya estaban en España anteriormente y se restauraron en este periodo, y a las fundaciones propiamente españolas, vinieron a unirse un gran número de congregaciones fundadas en otros países, sobre todo Francia e Italia. La mayoría de las congregaciones fundadas en estos países a finales del XIX, que fueron muchas, establecieron alguna casa en España.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.3.3. El feminismo católico y la Acción Católica de la Mujer====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX, la participación de la mujer en la vida pública, así como su acceso a la educación, distaba aún mucho de ser equiparable a la del varón. En lo que se refiere a la actividad política, esta realidad se daba tanto en los ámbitos más conservadores como en los liberales o socialistas. En este ambiente, se empezaron a fundar diferentes asociaciones encaminadas a lograr la equiparación de los derechos públicos de las mujeres con los de los hombres, tales como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, la Juventud Universitaria Femenina o la Sociedad Concepción Arenal. Estas asociaciones, sin bien contaban entre sus miembros muchas mujeres católicas, eran por lo general institucionalmente aconfesionales, y en ocasiones estaban incluso teñidas de una ideología laicista.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=====5.3.3.a. Pensamiento feminista católico=====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por parte católica, '''en las dos primeras décadas del siglo tiene lugar una reflexión importante que busca conciliar la fe católica con los principios feministas''', tomando como punto de partida la obra de Concepción Arenal. Destacó especialmente, por sus reflexiones feministas desde una óptica católica, la escritora Concepción Gimeno de Flaquer. Entre los teólogos que también emprendieron esta tarea, destacan el jesuita Julio Alarcón, el agustino Graciano Martínez, y el sacerdote secular Mariano Arboleya (González Miren 2018). Sus reflexiones partían de la afirmación bíblica de la igual dignidad del hombre y la mujer, así como sus diferencias y complementariedad. Insistían en rebatir a algunos autores contemporáneos que pretendían afirmar una menor capacidad intelectual en la mujer con respecto al hombre, que justificaría su menor participación en la vida política y cultural. Al mismo tiempo, siguiendo a Arenal y en sintonía con otras pensadoras católicas del siglo XX como Edith Stein, reflexionaban desde las diferencias entre hombres y mujeres sobre cuáles serían las tareas más apropiadas para cada uno de los sexos. En este sentido, la atribución de ciertos roles específicos podía estar en mayor o menor medida condicionada por la época, y no ser igual de válida para las circunstancias actuales. Pero lo importante es la '''afirmación de la igualdad en cuanto a dignidad y capacidades intelectuales de ambos sexos, que debe reflejarse en una igualdad de derechos políticos y sociales'''. Una evidencia que hoy tenemos muy asumida, pero por entonces era necesario defenderla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=====5.3.3.b. La Acción Católica de la Mujer=====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a las '''iniciativas de orden práctico, el gran proyecto en este ámbito fue la creación, en 1919, de la Acción Católica de la Mujer''' (Salas Larrazábal 2003). La idea era crear una institución en favor de la mujer que tuviese un carácter decididamente católico, a diferencia de las ya existentes que, como dijimos, oscilaban entre la aconfesionalidad y el laicismo. El principal promotor del proyecto fue el cardenal Guisasola, arzobispo de Toledo. Desde este momento, la ACM se convierte en un '''faro de feminismo cristiano''', una respuesta a la necesidad de incorporar a la mujer en el Movimiento Social Católico de España. Desde su comienzo, estuvo apoyada por importantes personajes de la época, como el político Antonio Maura o la escritora Emilia Pardo Bazán.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM no se limitó a ser una asociación de carácter piadoso o benéfico, como habían sido la mayoría de asociaciones de mujeres católicas hasta el momento. Fue una organización que buscó ir más allá, asumiendo como cometido la '''formación de la mujer en todos los ámbitos de la vida, desde lo laboral hasta lo espiritual'''. Se fomentó la educación y la sindicación femenina, y se debatió sobre el sufragio de la mujer. La ACM se convirtió en un espacio donde la mujer católica pudo ser tanto devota como activista social, sin que lo uno excluyera a lo otro.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El carácter nacional y federativo de la ACM permitió que sus iniciativas tuvieran un amplio alcance. Desde su primera asamblea en 1920, la organización se centró en mejorar las condiciones laborales de las mujeres, fomentar su educación y defender sus derechos. '''La ACM se convirtió en un puente entre la fe y la acción social, entre la Iglesia y la sociedad'''. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM también se destacó por su capacidad para adaptarse a los tiempos. En una época en la que el feminismo secular ganaba terreno, la ACM ofreció una alternativa que no sacrificó la fe en el altar de la igualdad. Se abogó por el sufragio femenino y otras formas de intervención en la vida pública, pero siempre dentro de un marco que respetase la doctrina católica y las funciones propias de la mujer como madre y esposa. Se preocupaba también de denunciar la explotación de la mujer en el orden social y laboral. Sin embargo, la ACM no fue inmune a las tendencias de la Iglesia del tiempo. La Acción Católica Española, en consonancia con la fuerte vinculación hacia Roma que tenía la Iglesia española en general, seguía muy de cerca los pasos que el Papa iba marcando para la Acción Católica Italiana. Cuando el auge del fascismo hizo que se reformaran los estatutos de la AC en Italia, para orientarla más hacia fines propiamente apostólicos y espirituales y menos hacia los sociales y políticos, en España se siguieron los mismos pasos. De ese modo, aunque en sus primeros años la ACM se centró en cuestiones sociales y laborales, '''a partir de 1926 se replegaría más hacia el campo de la espiritualidad, la formación cristiana y el apostolado'''. Pero incluso en ese repliegue, la ACM siguió siendo un testimonio de la capacidad de la Iglesia para dialogar con el mundo, para encontrar un equilibrio entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La restauración de las órdenes religiosas trajo consigo un auge del afán misionero, tanto en lo que se refiere a misiones populares en la España peninsular, como a la evangelización y promoción humana en los territorios de ultramar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Otro fruto del restablecimiento de los religiosos fue la mejora en la formación espiritual del pueblo cristiano, que dio lugar a una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX se trabajó por la promoción de los derechos de la mujer desde una óptica cristiana. Esto tuvo lugar en el ámbito del pensamiento, con escritoras como Concepción Gimeno y teólogos como Julio Alarcón, y en el ámbito práctico, con la creación en 1919 de la Acción Católica de la Mujer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==5.4. Pensamiento católico==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Terminamos con unas breves menciones de algunos de los pensadores católicos más destacados de los años de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.4.1 Menéndez Pelayo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primer autor, de obligada mención, es Menéndez Pelayo (1856-1912).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En la historia de la intelectualidad española, pocos nombres resuenan con tanta fuerza y dignidad como el de '''Marcelino Menéndez Pelayo'''. Nacido en Santander en 1856 y fallecido en la misma ciudad en 1912, Menéndez Pelayo fue un faro luminoso en el oscuro panorama de una España que buscaba su identidad entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Primero y ante todo, Menéndez Pelayo fue un hombre de '''profunda fe católica'''. Su catolicismo no era una mera etiqueta, sino el núcleo que informaba toda su obra y pensamiento. Como bien apuntó Laín Entralgo, su catolicismo era su «más amplio y fundamental» modo de ser, '''un catolicismo que entendía como inseparable de su identidad española'''. En su juventud, ya alzaba su copa para brindar por «la fe católica, apostólica, romana» como la esencia y la inspiración de la cultura y la historia españolas (Valverde 1979, 534-35).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no solo fue un erudito, sino también un apasionado defensor de la cultura y la historia españolas. En una época en que muchos intelectuales se volcaban hacia corrientes extranjeras, él se erigía como un '''baluarte contra el olvido y la tergiversación de la riqueza intelectual y espiritual de España'''. Su obra ''Historia de los heterodoxos españoles'' es un testimonio de su profundo '''amor por la tradición católica y su influencia en la formación de la identidad nacional'''. Lo que distingue a Menéndez Pelayo de otros intelectuales de su tiempo es su '''apertura y su rigor científico'''. Rodeado de un espíritu en el que cundía un cierto fanatismo y división, entre «izquierda» y «derecha», católicos tradicionales e intelectuales krausistas, él '''supo elevarse por encima de las polémicas estériles''' para dedicarse a la verdadera ciencia. Su obra es un monumento a la erudición, abarcando campos tan diversos como la filología, la historia de la literatura, la filosofía y las ciencias políticas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no fue un hombre estático; '''su pensamiento evolucionó desde las posturas vehementes de su juventud hacia una mayor moderación y tolerancia'''. A medida que maduraba, su obra reflejaba una mayor serenidad y equilibrio. Aunque nunca abandonó su fe católica ni su amor por España, aprendió a dialogar con corrientes intelectuales diversas, incluidas las no católicas y extranjeras, enriqueciendo así su propia perspectiva.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de su monumental contribución a la cultura española, Menéndez Pelayo ha sido a menudo malentendido o ignorado, tanto por el lado «progresista» como por el «conservador». Sin embargo, su legado perdura como un testimonio de lo que significa ser un intelectual católico y español en el sentido más profundo y auténtico. Es una muestra de cómo el amor y la pasión por la propia tradición cultural no están reñidos con el rigor científico. En una época de confusión y polarización, la vida y obra de Menéndez Pelayo nos ofrecen una visión integradora y elevada de la fe y la cultura, que sigue siendo profundamente relevante en nuestro tiempo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.4.2. El catolicismo en la generación del 98====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, ese conjunto de intelectuales que emergió en la España de fin de siglo, se presenta como un crisol de actitudes ante la Iglesia y el catolicismo que, aunque diversas, comparten una cierta distancia crítica. Este grupo, marcado por la crisis de 1898 tras la pérdida de las últimas colonias, se sumerge en una '''profunda reflexión sobre la identidad nacional y, por ende, sobre la Iglesia como institución intrínsecamente ligada a la historia de España'''. Criticaron la '''decadencia de España, atribuyéndola en parte al catolicismo''', y abogaron por una «europeización» del país que, entre otras cosas, comportaba la '''aceptación de los principios liberales y secularistas''' que regían otras naciones europeas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al mirar el conjunto de sus obras, se revela una complejidad en la relación de estos escritores con la Iglesia. Por un lado, se observa un '''laicismo marcado y una crítica a la influencia eclesiástica en la política y la educación'''. En esto son deudores del espíritu laicista de la '''Institución Libre de Enseñanza''', la cual formó a muchos de los escritores de la generación del 98 e influyó decisivamente en los otros. Las lecturas comunes en estos autores, imbuidos en gran medida de la filosofía nietzscheana y el positivismo de moda en Europa, los inclinaban inevitablemente hacia un rechazo de la religión. Rechazo que no se trata de mero anticlericalismo, en el sentido de crítica a ciertas formas anticuadas y ampulosas de manifestación de la fe, sino de algo más profundo, una '''dificultad para aceptar el hecho de la revelación cristiana''', en línea con el deísmo ilustrado y panteísta que imperaba en el pensamiento krausista de la Institución Libre de Enseñanza.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otro lado, se nota una cierta '''fascinación por elementos propios de la tradición religiosa católica''', como por ejemplo la figura del sacerdote, aunque a menudo teñida de crítica y estereotipo. Y también una lucha, en algunos autores, entre el deseo de la fe y el rechazo de ella. '''Unamuno''', quizás el más complejo de todos en su relación con la fe, encarna una vivencia «agónica» del cristianismo (Valverde 1979, 489). Su búsqueda espiritual se realiza en un terreno de '''conflicto entre la razón que rechaza la fe y el corazón que quiere aceptarla''', entre la Iglesia institucional y la religiosidad personal. No es anticlerical en el sentido estricto, pero sí crítico con una Iglesia que ve como anquilosada, al mismo tiempo que evidencia una sincera e intensa búsqueda religiosa. Baroja, por su parte, muestra un talante más anárquico. Su crítica a la Iglesia se inscribe en una crítica más amplia a todas las instituciones y estructuras de poder. No es tanto la religión lo que le causa rechazo, sino la institucionalización de la misma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En resumen, la Generación del 98 no presenta un pensamiento monolítico en lo que tiene que ver con el catolicismo y la Iglesia. Lo que sí comparten es una actitud de cuestionamiento y revisión crítica, una necesidad de redefinir la relación entre la fe y la identidad nacional en un momento de crisis profunda. Y aunque algunos puedan ver en esto un alejamiento de la Iglesia, quizás podría verse también como un llamado a la renovación y al diálogo, un anhelo, en última instancia, de encontrar en la fe y en la Iglesia respuestas a las preguntas eternas que agitaban sus inquietas almas. Por otro lado, también es cierto que los escritores de la generación del 98 eran más dados a la crítica generalizada que a la proposición de soluciones reales. Su afán renovador no cristalizó en proposiciones de cómo esa renovación podría llevarse a cabo, en lo que se refiere a la relación entre la fe católica y los nuevos desafíos sociales de la España del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.4.3. Otras corrientes importantes====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, queríamos mencionar un par de corrientes de pensamiento importantes de finales del XIX, y a sus principales representantes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La primera es el '''renacimiento de la filosofía escolástico-tomista'''. Su precursor fue el padre dominico '''Ceferino González''' (1831-1894), que empezó a publicar en la década de 1860. De este modo, creó un ambiente propicio para que hallase eco la encíclica ''Aeterni Patris'' escrita por León XIII en 1879 con el fin de promover los estudios de la filosofía y teología de Santo Tomás de Aquino. De este modo, la renovación intelectual en la que, como dijimos antes, intervinieron sobre todo los dominicos, jesuitas y agustinos, dio lugar a un número importante de obras de carácter neoescolástico. Estas obras tuvieron el mérito de animar intelectualmente los renovados centros de estudios teológicos que aparecieron en el pontificado de León XIII, si bien es cierto que les faltó un tanto de creatividad y capacidad de diálogo con su tiempo. De este renacimiento tomista surgiría un importante autor espiritual, el dominico '''Juan G. Arintero''' (1860-1928), cuya obra daría pie a un encendido debate en torno a la naturaleza de la ascética y la mística cristiana, que caracterizaría la teología espiritual española de comienzos del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La otra es el '''pensamiento católico integrista''', representado sobre todo en la figura del sacerdote de Sabadell '''Félix Sardá y Salvany''' (1831-1916). Se caracterizó por ser el principal ideólogo de la tendencia teológica, filosófica y política que dio en llamarse «integrista». Sus escritos tenían un carácter fuertemente apologético y popular, con títulos muy incisivos y no carentes de un cierto gracejo. Su obra más difundida, ''El liberalismo es pecado'' (1884), alcanzaría gran difusión e influiría en el pensamiento de muchos católicos españoles de finales de siglo. Su tesis principal era que, si bien las formas políticas creadas por el liberalismo podrían en teoría ser aceptables, en la práctica iban siempre acompañadas de los principios del liberalismo filosófico, con lo que debían ser rechazadas de pleno. En el momento en el que apareció, su doctrina estaba en plena sintonía con lo que la Iglesia había enseñado, particularmente con el ''Syllabus'' de Pío IX. Ahora bien, en 1888 León XIII publicaría ''Libertas Praestantissimum'', en la que abría la puerta a los católicos a la colaboración política en los regímenes liberales siempre que rechazaran los principios filosóficos. Este hecho, unido al daño que estaban haciendo las polémicas entre los católicos españoles, motivó que Sardá y Salvany moderase sus posturas hacia otras más conciliadoras, como se manifestó en el artículo ''¡Alto el fuego!'' de 1896.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Marcelino Menéndez Pelayo destacó por su profunda fe católica y su apasionada defensa de la cultura y la historia españolas, abogando por un enfoque riguroso y abierto en la erudición, y cuyo legado ofrece una visión integradora de la fe y la cultura en tiempos de polarización..&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, influida por la Institución Libre de Enseñanza, mantuvo una relación compleja y crítica con la Iglesia y el catolicismo, cuestionando su papel en la identidad nacional de España y abogando por una «europeización» que incluyera principios liberales y secularistas, a la vez que algunos manifestaban inquietud y búsqueda religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A finales del siglo XIX, destacan el renacimiento tomista representado por Ceferino González y el integrismo católico representado por Félix Sardá y Salvany.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=La_Iglesia_en_la_Restauracion_2&amp;diff=813</id>
		<title>La Iglesia en la Restauracion 2</title>
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		<updated>2023-09-06T18:20:36Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;= {{anchor|Toc459888455}} 5. La Iglesia en la Restauración =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281966}} {{anchor|Toc68866943}} 5.1. Dificultades a la evangelización ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el apartado anterior, junto con los logros y avances de la Iglesia, hemos mencionado también algunas de las dificultades y resistencias internas que encontró el desarrollo de su labor evangelizadora y su adaptación a las nuevas circunstancias. Vamos ahora a mencionar algunos de los obstáculos externos que tuvo que enfrentar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.1.1. Descristianización de algunos sectores de la sociedad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un primer obstáculo importante fue la aparición de importantes masas de población que estaban, en la práctica, descristianizados. Si bien la inmensa mayoría de la población estaba bautizada, había muchos sectores que desconocían los rudimentos de la fe cristiana. Las causas que podemos encontrar son múltiples. En primer lugar, la extinción de los regulares (o religiosos) que, en muchos lugares, eran los que en realidad catequizaban al pueblo. Podemos añadir también la causa de la mala formación de los sacerdotes seculares, tanto en lo que se refiere a su falta de conocimientos adecuados para enseñar la doctrina católica, como a sus carencias morales que podían ser causa de escándalos. Pero esta realidad también se había dado en otros momentos de la historia de España, con la diferencia de que, en esas otras ocasiones, estaban los religiosos para suplir con las prédicas en monasterios y conventos, órdenes terciarias, misiones populares, y otros métodos de formación del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esta carencia se hizo sentir de manera más acusada en el levante y sur peninsular. Los ambientes rurales, que tradicionalmente habían constituido la reserva del catolicismo español, se veían cada vez más afectados por la irreligiosidad. La práctica religiosa era muy escasa, y teñida con mucha frecuencia de mero costumbrismo y superstición. El descenso en la práctica religiosa era aún más notorio entre la población masculina.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las zonas más industrializadas, el problema afectaba sobre todo a las masas de obreros, la mayoría de ellos emigrados desde el campo. En los ambientes urbanos, donde las condiciones de vida de los asalariados eran muy precarias, faltaba el apoyo social para la religión que habían tenido en sus pueblos de origen (eso cuando no venían de un ambiente rural ya descristianizado), con lo que la práctica religiosa de estos trabajadores era también prácticamente nula. No era tanto el caso de las mujeres emigradas del campo a la ciudad, pues en muchas ocasiones su dedicación era el servicio doméstico, en el que las circunstancias eran más propicias para la práctica religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se puede añadir también como causa de la descristianización la falta de sentido social de muchos de los católicos de clases sociales superiores, que no acabaron de ver la necesidad de hacer reformas en las estructuras. Limitaban su benevolencia hacia las clases desfavorecidas a una acción benéfica teñida de paternalismo, que no conectaba con las aspiraciones reales de las masas trabajadoras. Esta falta de comprensión de las necesidades reales de la situación afectó también en ocasiones a los pastores de la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas masas, entre las que además cundía el analfabetismo, eran presa fácil para la propaganda anticlerical liberal, y más adelante socialista o anarquista. Ambas tenían en común el presentar a la Iglesia como uno de los pilares del sistema injusto que los mantenía en la pobreza. En muchas ocasiones, los revolucionarios se servían del descontento de esas masas empobrecidas como un pasto seco en el que prendían fácilmente sus incitaciones a la rebelión contra el sistema establecido, para hacer avanzar sus propios fines políticos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Ya hemos mencionado algunas iniciativas que se tomaron para hacer llegar el evangelio a esos grupos sociales, tales como los círculos obreros o las numerosas congregaciones y asociaciones laicas que se fundaron para la formación de las mujeres en situación desfavorecida. En los ambientes rurales, tras la restauración de los religiosos, también se trabajó por reavivar la fe y mejorar la formación mediante misiones populares. Un ejemplo de ello es el del padre jesuita Francisco Tarín (1847-1910), que recorrió los ambientes rurales de España, sobre todo Andalucía y Extremadura, predicando y promoviendo obras de culto y devoción, desde 1885 hasta su muerte, o el también jesuita Carlos Mazuelos (Verdoy Herranz 1998). Pero esas iniciativas no fueron suficientes para alcanzar a la totalidad de las masas descristianizadas rurales y urbanas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un ejemplo de los efectos de la descristianización de las masas obreras urbanas, y el anticlericalismo que cundía entre ellas, pudo verse durante la «Semana Trágica» de Barcelona, en julio de 1909. Una manifestación que se convertiría en huelga revolucionaria, y dirigiría su violencia principalmente contra las iglesias y conventos, con la quema de muchos de ellos, la destrucción de un importante patrimonio artístico y cultural, y el asesinato de algunos sacerdotes. Para aquél entonces, Barcelona se había convertido en un epicentro de anticlericalismo en España, en el que cundían las proclamas anarquistas y revolucionarias, como la famosa incitación de Alejandro Lerroux en 1897 a la destrucción de templos y la violencia sexual contra las novicias (Bárcena 2019, 418).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.1.2. Obstáculos a las congregaciones religiosas y la enseñanza católica ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A comienzos del siglo XX, la Iglesia había logrado una importante recuperación de las congregaciones religiosas. Esto se hacía especialmente notorio en el campo de la educación, en el que la Iglesia había puesto mucho empeño a todos los niveles, desde la educación más básica de las clases humildes hasta la enseñanza superior para aquellos que podían permitírselo. En esta última línea, fue especialmente destacado el esfuerzo llevado a cabo por la Compañía de Jesús, que aprovechando la libertad que tuvo en el último cuarto del XIX reorganizó con energía e ilusión sus centros educativos. La buena preparación de los religiosos, y su dedicación total a la tarea educativa sin requerir siquiera un sueldo, hacía que los centros de la Iglesia tuvieran un nivel inalcanzable para los centros estatales que, además de ser pocos, estaban mal dotados económicamente y carecían de una organización adecuada.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Cuando el partido liberal ascendió al poder en 1901, cundió entre ellos la preocupación de que la Iglesia, que prácticamente monopolizaba la educación de las clases altas, usara de ese medio para «reconquistar» la sociedad. Eso motivó que se tomasen algunas medidas para reducir la influencia de la Iglesia en la educación y en la vida pública. Casi de inmediato, promulgó una orden que exigía el registro de todas las asociaciones religiosas en el registro civil, basándose en la ley de asociaciones de 1887. Este acto fue interpretado por muchos como un intento de someter a las congregaciones religiosas al control estatal, poniendo en peligro su autonomía y, por ende, su misión educativa y evangelizadora. Ante este desafío, la Santa Sede, apoyada por el Episcopado y el partido conservador, se opuso firmemente a la medida. Este acto de resistencia llevó a negociaciones que culminaron en el acuerdo de 1904 con la Santa Sede. Este acuerdo permitió que las congregaciones religiosas mantuvieran su independencia. Se preservaba así su papel crucial en la educación y en la formación de una sociedad que, con un alto grado de analfabetismo y una carencia manifiesta de personas con buena cualificación, necesitaba de esa labor educativa que sólo la Iglesia estaba en condiciones de ofrecer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La proliferación de órdenes religiosas llevó al gobierno liberal, en la persona de José Canalejas (uno de los exponentes más emblemáticos del anticlericalismo político del momento), a tomar otras medidas más directas contra ellas. La primera fue la ley de diciembre de 1910 que pasaría a conocerse como «ley del candado». Esta ley prohibió el establecimiento de nuevas órdenes religiosas en España por un periodo de dos años, sin el permiso expreso del gobierno. Las protestas de los católicos y de la Santa Sede no sirvieron para que se retirase. Para 1912, cuando la ley debía vencer, Canalejas preparó una prórroga que la mantuviese, pero su asesinato ese mismo año impidió que se llevara a efecto. Otras medidas llevadas a cabo contra la Iglesia durante estos años fue el recorte de la dotación para culto y clero, y la supresión de nombramientos de obispos desde 1910 hasta 1913 (Cárcel Ortí 2002, 137). Estas políticas anticlericales se correspondían con agitaciones y tumultos contra la Iglesia en las calles. La Iglesia, por su parte, dio muestras de una finísima diplomacia ante esta situación tan delicada, guiada por la clarividencia del cardenal español, secretario de estado vaticano, Merry del Val (1865-1930).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Tras el cambio de gobierno motivado por el asesinato de Canalejas, las tensiones entre el Gobierno y la Iglesia comenzaron a disiparse. El nuevo Gobierno de Romanones en 1913 marcó un período de relativa normalización, aunque la «cuestión religiosa» nunca desapareció por completo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El gobierno provisional revirtió muchas disposiciones de los gobiernos moderados, que habían devuelto a la Iglesia algunos de sus derechos, suprimiendo órdenes religiosas e incautando bienes eclesiásticos entre otras cosas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El matrimonio civil, que el gobierno provisional introdujo, fue rechazado por parte de la jerarquía eclesiástica y del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La constitución de la I República contemplaba la total separación de Iglesia y Estado, pero no llegó a aplicarse.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281970}} 5.2. Iglesia y Estado en la Restauración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Acabamos de mencionar algunas medidas legales que tomó el gobierno liberal en la primera década del siglo XX, referente a cuestiones religiosas. Mirando el conjunto de la Restauración, '''hubo un entendimiento razonablemente bueno entre la Iglesia y los gobiernos conservadores, no tanto con los gobiernos liberales'''. Vamos a seguir con la temática de las relaciones Iglesia-Estado en el periodo, fijándonos en algunos aspectos de particular relevancia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.2.1. La cuestión de la libertad de culto ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La cuestión de la libertad de culto en España ha sido un tema de debate y evolución constante, especialmente desde el siglo XIX hasta principios del siglo XX. La postura de los gobiernos liberales viene bien ejemplificada por Segismundo Moret, un prominente político liberal que llegó a ser presidente del Gobierno, que en 1908 '''defendía la libertad religiosa como un elemento esencial para unificar a los partidos de izquierda''' en España (Cárcel Ortí 2002, 132). Pero, por otro lado, '''tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado''', aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Los diferentes gobiernos, a pesar de sus promesas iniciales de mantener la exclusividad del catolicismo, mostrarían cierta flexibilidad hacia otros cultos''', impidiendo su propaganda pública, pero permitiendo que continuasen la actividad que habían iniciado en el sexenio. Aún dentro del partido liberal había tensiones en torno a la cuestión religiosa, entre una tendencia más conciliadora representada por el fundador Sagasta, y otra más agresiva contra la religión, representada por Canalejas. Estas tensiones se reflejarían en la crisis del partido a la muerte de Sagasta, en 1903, y finalmente sería la línea más anticatólica la que se impusiera. Cuando tuvo el poder, '''Canalejas buscó la secularización de la vida pública de diversas maneras, y con ese fin promovió leyes favorables a la libertad de culto, el matrimonio civil y la secularización de los cementerios'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En referencia a la '''libertad de culto, la Santa Sede se opuso a ella''', considerándola un «principio infausto y falso» (Cárcel Ortí 2002, 134) que estaba en contraposición a los acuerdos previos con el Estado español, y que era contrario a la realidad española (donde las religiones no católicas apenas tenían presencia). No obstante, el Gobierno justificó su posición presentándola como una adaptación necesaria a los tiempos cambiantes y a las circunstancias de otras naciones, arguyendo además que la constitución de 1875 dejaba la puerta abierta a esa libertad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.2.2. Manifestaciones públicas de fe de la monarquía ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El joven Alfonso XII, en diciembre de 1874, antes de ser proclamado rey de España, firmó un manifiesto que, redactado por Cánovas, sirvió de preludio y declaración de intenciones para la Restauración. En el llamado «Manifiesto de Sandhurst» se podía leer lo siguiente:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.5909in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;«Sea la que quiera mi propia suerte ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal» (Alfonso XII 1874).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas palabras serían programáticas en lo que se refiere al talante del régimen de '''la Restauración, que intentó compaginar la tradición española, el catolicismo la monarquía y el régimen constitucional liberal'''. De manera particular, reflejan lo que iba a ser la actitud de la monarquía que, siguiendo los pasos de Isabel II, procuró inclinar el peso de su autoridad en favor de la religión católica, aunque a veces se vio forzada a aprobar leyes que contrariaban a la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron especialmente significativas algunas '''manifestaciones públicas de fe llevadas a cabo por Alfonso XIII''', que tuvieron un gran impacto simbólico no sólo por los actos en sí, sino porque fueron llevados a cabo en el momento álgido de anticatolicismo del gobierno de Canalejas. En 1911, tuvo lugar el XXII '''Congreso Eucarístico Internacional '''en Madrid, un gran evento en el que se realizan diferentes actos de culto en torno a la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. La familia real tomó parte muy activa en dicho congreso, con la Infanta Isabel como presidenta de la junta organizadora y otros miembros participando en diferentes actos. El propio rey, sorteando los obstáculos que el gobierno liberal quiso poner a su asistencia, estuvo presente en las ceremonias solemnes conclusivas del evento. Más aún, el Rey tomó la iniciativa de, aprovechando la ocasión que brindaba el congreso, realizar una serie de actos de '''consagración de España a Cristo''' en las semanas siguientes, en los que él mismo estuvo presente ofreciendo la nación a Dios e implorando su protección (Bárcena 2019, 435-37).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estos actos públicos animarían a un grupo de personas destacadas dentro de la Iglesia, entre los que se encuentran algunos recientemente canonizados como la madre Maravillas de Jesús o el padre José María Rubio, a emprender una campaña para construir un '''gran monumento al Sagrado Corazón de Jesús''' en el centro geográfico de España, el conocido como «Cerro de los Ángeles» en Getafe. La campaña se financió enteramente por suscripción popular, y contó de nuevo con el apoyo de la familia real, así como del papa Benedicto XV. La inauguración del monumento tendría lugar en 1919, y de nuevo contó con la presencia solemne del Rey y la familia real. Fue el mismo '''Alfonso XIII el que leyó el texto de consagración de la nación''', llevada a cabo al término de una misa que se celebró a los pies del monumento a Cristo, en cuyo pedestal se leía la frase «Reino en España». En las palabras leídas por Alfonso XIII se traslucían los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, situando las leyes e instituciones humanas bajo la autoridad divina, fuente de paz y progreso social, y pidiendo el reinado de Dios en los hogares, las aulas, las leyes y las instituciones patrias.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Estas manifestaciones tan explícitas de catolicismo en la esfera pública causaron una enorme agitación en los ambientes liberales'''. Agitación que se reflejó en airadas críticas desde los periódicos y las tribunas, acusando al monarca de querer sumir a España en un clericalismo propio de otros tiempos. Existe un testimonio indirecto, aceptado por algunos historiadores y rechazado por otros, que habla de una visita de una delegación de la Masonería a Alfonso XIII, en la que le presentaron ante la disyuntiva de aceptar una serie de puntos conducentes a la secularización de la vida pública española, o perder la monarquía, amenaza ante la que Alfonso XIII no habría cedido (Bárcena 2019, 443). Al margen de que este hecho acaeciera realmente o no, nos parece que no es necesario recurrir a él: las críticas hechas de manera pública en la prensa y los discursos, por parte de pensadores y políticos liberales y anticatólicos, reprochando a la monarquía sus actos públicos y oficiales de adhesión al catolicismo, nos parecen un argumento suficientemente sólido para afirmar que '''esa adhesión fue un factor clave entre los que motivarían la caída de la monarquía en 1931'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.2.3. La Iglesia y la dictadura de Primo de Rivera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En un contexto de crisis social y política, '''la dictadura de Primo de Rivera fue inicialmente bien recibida por la Iglesia, que la consideró una oportunidad para restaurar el orden social y moral''' que se había deteriorado. Tengamos presente que, cuando el capitán general dio el golpe de estado en septiembre de 1923, apenas habían pasado dos meses desde el asesinato del arzobispo de Zaragoza, el Cardenal Soldevila, a manos de pistoleros anarquistas. Este fue solamente uno más de los episodios que se dieron en el ambiente de violencia social que se vivía.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La dictadura, a su vez, buscó estrechar lazos con la Iglesia''', especialmente en el proceso de nombramiento de obispos. Se creó una comisión de obispos y sacerdotes para proponer candidatos idóneos para cargos eclesiásticos, limitando así la influencia de los políticos en estas cuestiones, influencia que la Iglesia aceptaba con resignación pero no con agrado. De este modo, la medida fue acogida con entusiasmo tanto por la jerarquía eclesiástica española como por la Santa Sede.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, '''la relación entre la Iglesia y el régimen de Primo de Rivera no fue siempre fluida''' (García-Villoslada et&amp;amp;nbsp;al. 1979, V:286-87). En Cataluña, por ejemplo, la dictadura enfrentó resistencia de parte de la clerecía local respecto al uso del catalán en la liturgia. No obstante, a pesar de esta tensión, la dictadura encontró apoyo en otros sectores católicos para mantener su posición, lo que le permitió adoptar una postura más fuerte en sus negociaciones con Roma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro suceso problemático tuvo lugar hacia el final de la dictadura. Surgió una controversia en torno a una reforma del estatuto universitario que beneficiaría a las universidades eclesiásticas de María Cristina de El Escorial y de Deusto. La propuesta generó rechazo en las universidades estatales y finalmente fue abandonada. Este episodio mostró que, aunque la Iglesia había depositado grandes esperanzas en la dictadura, también había límites en lo que ciertos sectores estaban dispuestos a aceptar, en términos de influencia eclesiástica en la esfera pública de la sociedad. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero, '''en líneas generales''', antes de que la Constitución de 1931 hiciera oficial la separación entre la Iglesia y el Estado, podemos decir que el último parlamento de la época de Alfonso XIII '''intentó promover una relación equilibrada y productiva''' entre las dos instituciones.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Los partidos liberales defendían la libertad religiosa como un elemento esencial de su política. Por otro lado, tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado, aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua. Esta disyuntiva era fuente de conflictos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La monarquía de la Restauración realizó, en repetidas ocasiones, muestras de adhesión pública y oficial a la fe católica. Esto fue motivo de fuertes críticas desde ambientes liberales.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La dictadura de Primo de Rivera fue bien recibida por la Iglesia, y se procuró una relación equilibrada y productiva desde ambas partes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281977}} 5.3. Iniciativas católicas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al hilo de nuestra caracterización de los diferentes pontificados del periodo en su relación con España, hablamos de algunas iniciativas importantes que tuvieron lugar en cada uno de esos pontificados. Vamos ahora a mencionar otras iniciativas, que tienen un carácter más transversal a lo largo de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.1. Inquietud misionera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dentro del contexto de la explosión fundacional y la restauración de las órdenes religiosas que tuvo lugar en la segunda mitad del XIX, jugó un papel importante el movimiento misionero. Si mencionábamos antes las '''misiones populares''' que llevaron a cabo sacerdotes predicadores '''en la España peninsular''', añadimos ahora que, antes de que se produjera la emancipación de los territorios españoles de ultramar en 1898, '''las islas del Caribe y '''Filipinas recibieron también un gran número de sacerdotes misioneros que realizaron allí una amplia y abnegada labor. Esos territorios estuvieron menos afectados por las desamortizaciones y, de hecho, se permitió la permanencia de alguna casa en la Península para formar a los misioneros destinados a ellos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Destaca especialmente la '''labor de los padres dominicos en Filipinas''', tanto en la faceta evangelizadora como en la civilizadora y de promoción humana de las islas. Las Filipinas constituían una provincia dominica aparte, que aún perdura en nuestros días. Otro ejemplo es el trabajo de la '''Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María''', fundados por San Antonio María Claret en 1849. Él mismo había sido misionero popular en las tierras catalanas, y más tarde obispo misionero en Cuba, antes de ser llamado para confesor de la Reina. La labor de los misioneros claretianos continuaría a lo largo de los siglos XIX y XX, tanto en la Península como en otros lugares del mundo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.2. Formación y espiritualidad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La piedad del pueblo se mantuvo bastante viva''', aún en los periodos en los que había arreciado más la persecución religiosa. Ahora bien, se trataba de una '''piedad aún de corte barroco, muy afectiva y práctica, devocional y un tanto carente de formación intelectual''' profunda. Se refleja aquí esa pobreza doctrinal causada por la mala formación del clero y la extinción de los regulares. Prevalecía la devoción «sencilla, afectiva, humana, que viene de la baja Edad Media» (Jiménez Duque 1979, 417), de base franciscana en gran medida, si bien los frailes franciscanos ya no podían acompañarla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero '''con el retorno de las órdenes religiosas en la Restauración, el panorama cambió''' un tanto. La mejor formación religiosa que recibían los jóvenes en los centros de enseñanza de las órdenes, así como las misiones populares, los ejercicios espirituales, los libros y folletos religiosos, etc., ayudaron a que la religiosidad del pueblo, sobre todo entre las clases medias y altas, fuese '''evolucionando hacia una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron muchas las iniciativas que podrían nombrarse aquí. Se crearon un gran número de asociaciones piadosas, que con frecuencia tenían también un carácter benéfico y/o apostólico. Por lo que se refiere a las congregaciones religiosas, a las tradicionales que ya estaban en España anteriormente y se restauraron en este periodo, y a las fundaciones propiamente españolas, vinieron a unirse un gran número de congregaciones fundadas en otros países, sobre todo Francia e Italia. La mayoría de las congregaciones fundadas en estos países a finales del XIX, que fueron muchas, establecieron alguna casa en España.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.3. El feminismo católico y la Acción Católica de la Mujer ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX, la participación de la mujer en la vida pública, así como su acceso a la educación, distaba aún mucho de ser equiparable a la del varón. En lo que se refiere a la actividad política, esta realidad se daba tanto en los ámbitos más conservadores como en los liberales o socialistas. En este ambiente, se empezaron a fundar diferentes asociaciones encaminadas a lograr la equiparación de los derechos públicos de las mujeres con los de los hombres, tales como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, la Juventud Universitaria Femenina o la Sociedad Concepción Arenal. Estas asociaciones, sin bien contaban entre sus miembros muchas mujeres católicas, eran por lo general institucionalmente aconfesionales, y en ocasiones estaban incluso teñidas de una ideología laicista.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.3.3.a. Pensamiento feminista católico =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por parte católica, '''en las dos primeras décadas del siglo tiene lugar una reflexión importante que busca conciliar la fe católica con los principios feministas''', tomando como punto de partida la obra de Concepción Arenal. Destacó especialmente, por sus reflexiones feministas desde una óptica católica, la escritora Concepción Gimeno de Flaquer. Entre los teólogos que también emprendieron esta tarea, destacan el jesuita Julio Alarcón, el agustino Graciano Martínez, y el sacerdote secular Mariano Arboleya (González Miren 2018). Sus reflexiones partían de la afirmación bíblica de la igual dignidad del hombre y la mujer, así como sus diferencias y complementariedad. Insistían en rebatir a algunos autores contemporáneos que pretendían afirmar una menor capacidad intelectual en la mujer con respecto al hombre, que justificaría su menor participación en la vida política y cultural. Al mismo tiempo, siguiendo a Arenal y en sintonía con otras pensadoras católicas del siglo XX como Edith Stein, reflexionaban desde las diferencias entre hombres y mujeres sobre cuáles serían las tareas más apropiadas para cada uno de los sexos. En este sentido, la atribución de ciertos roles específicos podía estar en mayor o menor medida condicionada por la época, y no ser igual de válida para las circunstancias actuales. Pero lo importante es la '''afirmación de la igualdad en cuanto a dignidad y capacidades intelectuales de ambos sexos, que debe reflejarse en una igualdad de derechos políticos y sociales'''. Una evidencia que hoy tenemos muy asumida, pero por entonces era necesario defenderla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.3.3.b. La Acción Católica de la Mujer =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a las '''iniciativas de orden práctico, el gran proyecto en este ámbito fue la creación, en 1919, de la Acción Católica de la Mujer''' (Salas Larrazábal 2003). La idea era crear una institución en favor de la mujer que tuviese un carácter decididamente católico, a diferencia de las ya existentes que, como dijimos, oscilaban entre la aconfesionalidad y el laicismo. El principal promotor del proyecto fue el cardenal Guisasola, arzobispo de Toledo. Desde este momento, la ACM se convierte en un '''faro de feminismo cristiano''', una respuesta a la necesidad de incorporar a la mujer en el Movimiento Social Católico de España. Desde su comienzo, estuvo apoyada por importantes personajes de la época, como el político Antonio Maura o la escritora Emilia Pardo Bazán.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM no se limitó a ser una asociación de carácter piadoso o benéfico, como habían sido la mayoría de asociaciones de mujeres católicas hasta el momento. Fue una organización que buscó ir más allá, asumiendo como cometido la '''formación de la mujer en todos los ámbitos de la vida, desde lo laboral hasta lo espiritual'''. Se fomentó la educación y la sindicación femenina, y se debatió sobre el sufragio de la mujer. La ACM se convirtió en un espacio donde la mujer católica pudo ser tanto devota como activista social, sin que lo uno excluyera a lo otro.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El carácter nacional y federativo de la ACM permitió que sus iniciativas tuvieran un amplio alcance. Desde su primera asamblea en 1920, la organización se centró en mejorar las condiciones laborales de las mujeres, fomentar su educación y defender sus derechos. '''La ACM se convirtió en un puente entre la fe y la acción social, entre la Iglesia y la sociedad'''. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM también se destacó por su capacidad para adaptarse a los tiempos. En una época en la que el feminismo secular ganaba terreno, la ACM ofreció una alternativa que no sacrificó la fe en el altar de la igualdad. Se abogó por el sufragio femenino y otras formas de intervención en la vida pública, pero siempre dentro de un marco que respetase la doctrina católica y las funciones propias de la mujer como madre y esposa. Se preocupaba también de denunciar la explotación de la mujer en el orden social y laboral. Sin embargo, la ACM no fue inmune a las tendencias de la Iglesia del tiempo. La Acción Católica Española, en consonancia con la fuerte vinculación hacia Roma que tenía la Iglesia española en general, seguía muy de cerca los pasos que el Papa iba marcando para la Acción Católica Italiana. Cuando el auge del fascismo hizo que se reformaran los estatutos de la AC en Italia, para orientarla más hacia fines propiamente apostólicos y espirituales y menos hacia los sociales y políticos, en España se siguieron los mismos pasos. De ese modo, aunque en sus primeros años la ACM se centró en cuestiones sociales y laborales, '''a partir de 1926 se replegaría más hacia el campo de la espiritualidad, la formación cristiana y el apostolado'''. Pero incluso en ese repliegue, la ACM siguió siendo un testimonio de la capacidad de la Iglesia para dialogar con el mundo, para encontrar un equilibrio entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La restauración de las órdenes religiosas trajo consigo un auge del afán misionero, tanto en lo que se refiere a misiones populares en la España peninsular, como a la evangelización y promoción humana en los territorios de ultramar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Otro fruto del restablecimiento de los religiosos fue la mejora en la formación espiritual del pueblo cristiano, que dio lugar a una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX se trabajó por la promoción de los derechos de la mujer desde una óptica cristiana. Esto tuvo lugar en el ámbito del pensamiento, con escritoras como Concepción Gimeno y teólogos como Julio Alarcón, y en el ámbito práctico, con la creación en 1919 de la Acción Católica de la Mujer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.4. Pensamiento católico ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Terminamos con unas breves menciones de algunos de los pensadores católicos más destacados de los años de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.1 Menéndez Pelayo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primer autor, de obligada mención, es Menéndez Pelayo (1856-1912).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En la historia de la intelectualidad española, pocos nombres resuenan con tanta fuerza y dignidad como el de '''Marcelino Menéndez Pelayo'''. Nacido en Santander en 1856 y fallecido en la misma ciudad en 1912, Menéndez Pelayo fue un faro luminoso en el oscuro panorama de una España que buscaba su identidad entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Primero y ante todo, Menéndez Pelayo fue un hombre de '''profunda fe católica'''. Su catolicismo no era una mera etiqueta, sino el núcleo que informaba toda su obra y pensamiento. Como bien apuntó Laín Entralgo, su catolicismo era su «más amplio y fundamental» modo de ser, '''un catolicismo que entendía como inseparable de su identidad española'''. En su juventud, ya alzaba su copa para brindar por «la fe católica, apostólica, romana» como la esencia y la inspiración de la cultura y la historia españolas (Valverde 1979, 534-35).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no solo fue un erudito, sino también un apasionado defensor de la cultura y la historia españolas. En una época en que muchos intelectuales se volcaban hacia corrientes extranjeras, él se erigía como un '''baluarte contra el olvido y la tergiversación de la riqueza intelectual y espiritual de España'''. Su obra ''Historia de los heterodoxos españoles'' es un testimonio de su profundo '''amor por la tradición católica y su influencia en la formación de la identidad nacional'''. Lo que distingue a Menéndez Pelayo de otros intelectuales de su tiempo es su '''apertura y su rigor científico'''. Rodeado de un espíritu en el que cundía un cierto fanatismo y división, entre «izquierda» y «derecha», católicos tradicionales e intelectuales krausistas, él '''supo elevarse por encima de las polémicas estériles''' para dedicarse a la verdadera ciencia. Su obra es un monumento a la erudición, abarcando campos tan diversos como la filología, la historia de la literatura, la filosofía y las ciencias políticas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no fue un hombre estático; '''su pensamiento evolucionó desde las posturas vehementes de su juventud hacia una mayor moderación y tolerancia'''. A medida que maduraba, su obra reflejaba una mayor serenidad y equilibrio. Aunque nunca abandonó su fe católica ni su amor por España, aprendió a dialogar con corrientes intelectuales diversas, incluidas las no católicas y extranjeras, enriqueciendo así su propia perspectiva.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de su monumental contribución a la cultura española, Menéndez Pelayo ha sido a menudo malentendido o ignorado, tanto por el lado «progresista» como por el «conservador». Sin embargo, su legado perdura como un testimonio de lo que significa ser un intelectual católico y español en el sentido más profundo y auténtico. Es una muestra de cómo el amor y la pasión por la propia tradición cultural no están reñidos con el rigor científico. En una época de confusión y polarización, la vida y obra de Menéndez Pelayo nos ofrecen una visión integradora y elevada de la fe y la cultura, que sigue siendo profundamente relevante en nuestro tiempo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.2. El catolicismo en la generación del 98 ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, ese conjunto de intelectuales que emergió en la España de fin de siglo, se presenta como un crisol de actitudes ante la Iglesia y el catolicismo que, aunque diversas, comparten una cierta distancia crítica. Este grupo, marcado por la crisis de 1898 tras la pérdida de las últimas colonias, se sumerge en una '''profunda reflexión sobre la identidad nacional y, por ende, sobre la Iglesia como institución intrínsecamente ligada a la historia de España'''. Criticaron la '''decadencia de España, atribuyéndola en parte al catolicismo''', y abogaron por una «europeización» del país que, entre otras cosas, comportaba la '''aceptación de los principios liberales y secularistas''' que regían otras naciones europeas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al mirar el conjunto de sus obras, se revela una complejidad en la relación de estos escritores con la Iglesia. Por un lado, se observa un '''laicismo marcado y una crítica a la influencia eclesiástica en la política y la educación'''. En esto son deudores del espíritu laicista de la '''Institución Libre de Enseñanza''', la cual formó a muchos de los escritores de la generación del 98 e influyó decisivamente en los otros. Las lecturas comunes en estos autores, imbuidos en gran medida de la filosofía nietzscheana y el positivismo de moda en Europa, los inclinaban inevitablemente hacia un rechazo de la religión. Rechazo que no se trata de mero anticlericalismo, en el sentido de crítica a ciertas formas anticuadas y ampulosas de manifestación de la fe, sino de algo más profundo, una '''dificultad para aceptar el hecho de la revelación cristiana''', en línea con el deísmo ilustrado y panteísta que imperaba en el pensamiento krausista de la Institución Libre de Enseñanza.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otro lado, se nota una cierta '''fascinación por elementos propios de la tradición religiosa católica''', como por ejemplo la figura del sacerdote, aunque a menudo teñida de crítica y estereotipo. Y también una lucha, en algunos autores, entre el deseo de la fe y el rechazo de ella. '''Unamuno''', quizás el más complejo de todos en su relación con la fe, encarna una vivencia «agónica» del cristianismo (Valverde 1979, 489). Su búsqueda espiritual se realiza en un terreno de '''conflicto entre la razón que rechaza la fe y el corazón que quiere aceptarla''', entre la Iglesia institucional y la religiosidad personal. No es anticlerical en el sentido estricto, pero sí crítico con una Iglesia que ve como anquilosada, al mismo tiempo que evidencia una sincera e intensa búsqueda religiosa. Baroja, por su parte, muestra un talante más anárquico. Su crítica a la Iglesia se inscribe en una crítica más amplia a todas las instituciones y estructuras de poder. No es tanto la religión lo que le causa rechazo, sino la institucionalización de la misma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En resumen, la Generación del 98 no presenta un pensamiento monolítico en lo que tiene que ver con el catolicismo y la Iglesia. Lo que sí comparten es una actitud de cuestionamiento y revisión crítica, una necesidad de redefinir la relación entre la fe y la identidad nacional en un momento de crisis profunda. Y aunque algunos puedan ver en esto un alejamiento de la Iglesia, quizás podría verse también como un llamado a la renovación y al diálogo, un anhelo, en última instancia, de encontrar en la fe y en la Iglesia respuestas a las preguntas eternas que agitaban sus inquietas almas. Por otro lado, también es cierto que los escritores de la generación del 98 eran más dados a la crítica generalizada que a la proposición de soluciones reales. Su afán renovador no cristalizó en proposiciones de cómo esa renovación podría llevarse a cabo, en lo que se refiere a la relación entre la fe católica y los nuevos desafíos sociales de la España del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.3. Otras corrientes importantes ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, queríamos mencionar un par de corrientes de pensamiento importantes de finales del XIX, y a sus principales representantes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La primera es el '''renacimiento de la filosofía escolástico-tomista'''. Su precursor fue el padre dominico '''Ceferino González''' (1831-1894), que empezó a publicar en la década de 1860. De este modo, creó un ambiente propicio para que hallase eco la encíclica ''Aeterni Patris'' escrita por León XIII en 1879 con el fin de promover los estudios de la filosofía y teología de Santo Tomás de Aquino. De este modo, la renovación intelectual en la que, como dijimos antes, intervinieron sobre todo los dominicos, jesuitas y agustinos, dio lugar a un número importante de obras de carácter neoescolástico. Estas obras tuvieron el mérito de animar intelectualmente los renovados centros de estudios teológicos que aparecieron en el pontificado de León XIII, si bien es cierto que les faltó un tanto de creatividad y capacidad de diálogo con su tiempo. De este renacimiento tomista surgiría un importante autor espiritual, el dominico '''Juan G. Arintero''' (1860-1928), cuya obra daría pie a un encendido debate en torno a la naturaleza de la ascética y la mística cristiana, que caracterizaría la teología espiritual española de comienzos del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La otra es el '''pensamiento católico integrista''', representado sobre todo en la figura del sacerdote de Sabadell '''Félix Sardá y Salvany''' (1831-1916). Se caracterizó por ser el principal ideólogo de la tendencia teológica, filosófica y política que dio en llamarse «integrista». Sus escritos tenían un carácter fuertemente apologético y popular, con títulos muy incisivos y no carentes de un cierto gracejo. Su obra más difundida, ''El liberalismo es pecado'' (1884), alcanzaría gran difusión e influiría en el pensamiento de muchos católicos españoles de finales de siglo. Su tesis principal era que, si bien las formas políticas creadas por el liberalismo podrían en teoría ser aceptables, en la práctica iban siempre acompañadas de los principios del liberalismo filosófico, con lo que debían ser rechazadas de pleno. En el momento en el que apareció, su doctrina estaba en plena sintonía con lo que la Iglesia había enseñado, particularmente con el ''Syllabus'' de Pío IX. Ahora bien, en 1888 León XIII publicaría ''Libertas Praestantissimum'', en la que abría la puerta a los católicos a la colaboración política en los regímenes liberales siempre que rechazaran los principios filosóficos. Este hecho, unido al daño que estaban haciendo las polémicas entre los católicos españoles, motivó que Sardá y Salvany moderase sus posturas hacia otras más conciliadoras, como se manifestó en el artículo ''¡Alto el fuego!'' de 1896.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Marcelino Menéndez Pelayo destacó por su profunda fe católica y su apasionada defensa de la cultura y la historia españolas, abogando por un enfoque riguroso y abierto en la erudición, y cuyo legado ofrece una visión integradora de la fe y la cultura en tiempos de polarización..&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, influida por la Institución Libre de Enseñanza, mantuvo una relación compleja y crítica con la Iglesia y el catolicismo, cuestionando su papel en la identidad nacional de España y abogando por una «europeización» que incluyera principios liberales y secularistas, a la vez que algunos manifestaban inquietud y búsqueda religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A finales del siglo XIX, destacan el renacimiento tomista representado por Ceferino González y el integrismo católico representado por Félix Sardá y Salvany.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
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		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=La_Iglesia_en_la_Restauracion_2&amp;diff=812</id>
		<title>La Iglesia en la Restauracion 2</title>
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		<updated>2023-09-06T17:47:36Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: /*  5. La Iglesia en la Restauración */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;= {{anchor|Toc459888455}} 5. La Iglesia en la Restauración =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281977}} 5.3. Iniciativas católicas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al hilo de nuestra caracterización de los diferentes pontificados del periodo en su relación con España, hablamos de algunas iniciativas importantes que tuvieron lugar en cada uno de esos pontificados. Vamos ahora a mencionar otras iniciativas, que tienen un carácter más transversal a lo largo de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.1. Inquietud misionera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dentro del contexto de la explosión fundacional y la restauración de las órdenes religiosas que tuvo lugar en la segunda mitad del XIX, jugó un papel importante el movimiento misionero. Si mencionábamos antes las '''misiones populares''' que llevaron a cabo sacerdotes predicadores '''en la España peninsular''', añadimos ahora que, antes de que se produjera la emancipación de los territorios españoles de ultramar en 1898, '''las islas del Caribe y '''Filipinas recibieron también un gran número de sacerdotes misioneros que realizaron allí una amplia y abnegada labor. Esos territorios estuvieron menos afectados por las desamortizaciones y, de hecho, se permitió la permanencia de alguna casa en la Península para formar a los misioneros destinados a ellos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Destaca especialmente la '''labor de los padres dominicos en Filipinas''', tanto en la faceta evangelizadora como en la civilizadora y de promoción humana de las islas. Las Filipinas constituían una provincia dominica aparte, que aún perdura en nuestros días. Otro ejemplo es el trabajo de la '''Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María''', fundados por San Antonio María Claret en 1849. Él mismo había sido misionero popular en las tierras catalanas, y más tarde obispo misionero en Cuba, antes de ser llamado para confesor de la Reina. La labor de los misioneros claretianos continuaría a lo largo de los siglos XIX y XX, tanto en la Península como en otros lugares del mundo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.2. Formación y espiritualidad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La piedad del pueblo se mantuvo bastante viva''', aún en los periodos en los que había arreciado más la persecución religiosa. Ahora bien, se trataba de una '''piedad aún de corte barroco, muy afectiva y práctica, devocional y un tanto carente de formación intelectual''' profunda. Se refleja aquí esa pobreza doctrinal causada por la mala formación del clero y la extinción de los regulares. Prevalecía la devoción «sencilla, afectiva, humana, que viene de la baja Edad Media» (Jiménez Duque 1979, 417), de base franciscana en gran medida, si bien los frailes franciscanos ya no podían acompañarla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero '''con el retorno de las órdenes religiosas en la Restauración, el panorama cambió''' un tanto. La mejor formación religiosa que recibían los jóvenes en los centros de enseñanza de las órdenes, así como las misiones populares, los ejercicios espirituales, los libros y folletos religiosos, etc., ayudaron a que la religiosidad del pueblo, sobre todo entre las clases medias y altas, fuese '''evolucionando hacia una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron muchas las iniciativas que podrían nombrarse aquí. Se crearon un gran número de asociaciones piadosas, que con frecuencia tenían también un carácter benéfico y/o apostólico. Por lo que se refiere a las congregaciones religiosas, a las tradicionales que ya estaban en España anteriormente y se restauraron en este periodo, y a las fundaciones propiamente españolas, vinieron a unirse un gran número de congregaciones fundadas en otros países, sobre todo Francia e Italia. La mayoría de las congregaciones fundadas en estos países a finales del XIX, que fueron muchas, establecieron alguna casa en España.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.3. El feminismo católico y la Acción Católica de la Mujer ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX, la participación de la mujer en la vida pública, así como su acceso a la educación, distaba aún mucho de ser equiparable a la del varón. En lo que se refiere a la actividad política, esta realidad se daba tanto en los ámbitos más conservadores como en los liberales o socialistas. En este ambiente, se empezaron a fundar diferentes asociaciones encaminadas a lograr la equiparación de los derechos públicos de las mujeres con los de los hombres, tales como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, la Juventud Universitaria Femenina o la Sociedad Concepción Arenal. Estas asociaciones, sin bien contaban entre sus miembros muchas mujeres católicas, eran por lo general institucionalmente aconfesionales, y en ocasiones estaban incluso teñidas de una ideología laicista.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.3.3.a. Pensamiento feminista católico =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por parte católica, '''en las dos primeras décadas del siglo tiene lugar una reflexión importante que busca conciliar la fe católica con los principios feministas''', tomando como punto de partida la obra de Concepción Arenal. Destacó especialmente, por sus reflexiones feministas desde una óptica católica, la escritora Concepción Gimeno de Flaquer. Entre los teólogos que también emprendieron esta tarea, destacan el jesuita Julio Alarcón, el agustino Graciano Martínez, y el sacerdote secular Mariano Arboleya (González Miren 2018). Sus reflexiones partían de la afirmación bíblica de la igual dignidad del hombre y la mujer, así como sus diferencias y complementariedad. Insistían en rebatir a algunos autores contemporáneos que pretendían afirmar una menor capacidad intelectual en la mujer con respecto al hombre, que justificaría su menor participación en la vida política y cultural. Al mismo tiempo, siguiendo a Arenal y en sintonía con otras pensadoras católicas del siglo XX como Edith Stein, reflexionaban desde las diferencias entre hombres y mujeres sobre cuáles serían las tareas más apropiadas para cada uno de los sexos. En este sentido, la atribución de ciertos roles específicos podía estar en mayor o menor medida condicionada por la época, y no ser igual de válida para las circunstancias actuales. Pero lo importante es la '''afirmación de la igualdad en cuanto a dignidad y capacidades intelectuales de ambos sexos, que debe reflejarse en una igualdad de derechos políticos y sociales'''. Una evidencia que hoy tenemos muy asumida, pero por entonces era necesario defenderla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.3.3.b. La Acción Católica de la Mujer =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a las '''iniciativas de orden práctico, el gran proyecto en este ámbito fue la creación, en 1919, de la Acción Católica de la Mujer''' (Salas Larrazábal 2003). La idea era crear una institución en favor de la mujer que tuviese un carácter decididamente católico, a diferencia de las ya existentes que, como dijimos, oscilaban entre la aconfesionalidad y el laicismo. El principal promotor del proyecto fue el cardenal Guisasola, arzobispo de Toledo. Desde este momento, la ACM se convierte en un '''faro de feminismo cristiano''', una respuesta a la necesidad de incorporar a la mujer en el Movimiento Social Católico de España. Desde su comienzo, estuvo apoyada por importantes personajes de la época, como el político Antonio Maura o la escritora Emilia Pardo Bazán.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM no se limitó a ser una asociación de carácter piadoso o benéfico, como habían sido la mayoría de asociaciones de mujeres católicas hasta el momento. Fue una organización que buscó ir más allá, asumiendo como cometido la '''formación de la mujer en todos los ámbitos de la vida, desde lo laboral hasta lo espiritual'''. Se fomentó la educación y la sindicación femenina, y se debatió sobre el sufragio de la mujer. La ACM se convirtió en un espacio donde la mujer católica pudo ser tanto devota como activista social, sin que lo uno excluyera a lo otro.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El carácter nacional y federativo de la ACM permitió que sus iniciativas tuvieran un amplio alcance. Desde su primera asamblea en 1920, la organización se centró en mejorar las condiciones laborales de las mujeres, fomentar su educación y defender sus derechos. '''La ACM se convirtió en un puente entre la fe y la acción social, entre la Iglesia y la sociedad'''. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM también se destacó por su capacidad para adaptarse a los tiempos. En una época en la que el feminismo secular ganaba terreno, la ACM ofreció una alternativa que no sacrificó la fe en el altar de la igualdad. Se abogó por el sufragio femenino y otras formas de intervención en la vida pública, pero siempre dentro de un marco que respetase la doctrina católica y las funciones propias de la mujer como madre y esposa. Se preocupaba también de denunciar la explotación de la mujer en el orden social y laboral. Sin embargo, la ACM no fue inmune a las tendencias de la Iglesia del tiempo. La Acción Católica Española, en consonancia con la fuerte vinculación hacia Roma que tenía la Iglesia española en general, seguía muy de cerca los pasos que el Papa iba marcando para la Acción Católica Italiana. Cuando el auge del fascismo hizo que se reformaran los estatutos de la AC en Italia, para orientarla más hacia fines propiamente apostólicos y espirituales y menos hacia los sociales y políticos, en España se siguieron los mismos pasos. De ese modo, aunque en sus primeros años la ACM se centró en cuestiones sociales y laborales, '''a partir de 1926 se replegaría más hacia el campo de la espiritualidad, la formación cristiana y el apostolado'''. Pero incluso en ese repliegue, la ACM siguió siendo un testimonio de la capacidad de la Iglesia para dialogar con el mundo, para encontrar un equilibrio entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La restauración de las órdenes religiosas trajo consigo un auge del afán misionero, tanto en lo que se refiere a misiones populares en la España peninsular, como a la evangelización y promoción humana en los territorios de ultramar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Otro fruto del restablecimiento de los religiosos fue la mejora en la formación espiritual del pueblo cristiano, que dio lugar a una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX se trabajó por la promoción de los derechos de la mujer desde una óptica cristiana. Esto tuvo lugar en el ámbito del pensamiento, con escritoras como Concepción Gimeno y teólogos como Julio Alarcón, y en el ámbito práctico, con la creación en 1919 de la Acción Católica de la Mujer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.4. Pensamiento católico ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Terminamos con unas breves menciones de algunos de los pensadores católicos más destacados de los años de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.1 Menéndez Pelayo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primer autor, de obligada mención, es Menéndez Pelayo (1856-1912).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En la historia de la intelectualidad española, pocos nombres resuenan con tanta fuerza y dignidad como el de '''Marcelino Menéndez Pelayo'''. Nacido en Santander en 1856 y fallecido en la misma ciudad en 1912, Menéndez Pelayo fue un faro luminoso en el oscuro panorama de una España que buscaba su identidad entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Primero y ante todo, Menéndez Pelayo fue un hombre de '''profunda fe católica'''. Su catolicismo no era una mera etiqueta, sino el núcleo que informaba toda su obra y pensamiento. Como bien apuntó Laín Entralgo, su catolicismo era su «más amplio y fundamental» modo de ser, '''un catolicismo que entendía como inseparable de su identidad española'''. En su juventud, ya alzaba su copa para brindar por «la fe católica, apostólica, romana» como la esencia y la inspiración de la cultura y la historia españolas (Valverde 1979, 534-35).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no solo fue un erudito, sino también un apasionado defensor de la cultura y la historia españolas. En una época en que muchos intelectuales se volcaban hacia corrientes extranjeras, él se erigía como un '''baluarte contra el olvido y la tergiversación de la riqueza intelectual y espiritual de España'''. Su obra ''Historia de los heterodoxos españoles'' es un testimonio de su profundo '''amor por la tradición católica y su influencia en la formación de la identidad nacional'''. Lo que distingue a Menéndez Pelayo de otros intelectuales de su tiempo es su '''apertura y su rigor científico'''. Rodeado de un espíritu en el que cundía un cierto fanatismo y división, entre «izquierda» y «derecha», católicos tradicionales e intelectuales krausistas, él '''supo elevarse por encima de las polémicas estériles''' para dedicarse a la verdadera ciencia. Su obra es un monumento a la erudición, abarcando campos tan diversos como la filología, la historia de la literatura, la filosofía y las ciencias políticas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no fue un hombre estático; '''su pensamiento evolucionó desde las posturas vehementes de su juventud hacia una mayor moderación y tolerancia'''. A medida que maduraba, su obra reflejaba una mayor serenidad y equilibrio. Aunque nunca abandonó su fe católica ni su amor por España, aprendió a dialogar con corrientes intelectuales diversas, incluidas las no católicas y extranjeras, enriqueciendo así su propia perspectiva.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de su monumental contribución a la cultura española, Menéndez Pelayo ha sido a menudo malentendido o ignorado, tanto por el lado «progresista» como por el «conservador». Sin embargo, su legado perdura como un testimonio de lo que significa ser un intelectual católico y español en el sentido más profundo y auténtico. Es una muestra de cómo el amor y la pasión por la propia tradición cultural no están reñidos con el rigor científico. En una época de confusión y polarización, la vida y obra de Menéndez Pelayo nos ofrecen una visión integradora y elevada de la fe y la cultura, que sigue siendo profundamente relevante en nuestro tiempo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.2. El catolicismo en la generación del 98 ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, ese conjunto de intelectuales que emergió en la España de fin de siglo, se presenta como un crisol de actitudes ante la Iglesia y el catolicismo que, aunque diversas, comparten una cierta distancia crítica. Este grupo, marcado por la crisis de 1898 tras la pérdida de las últimas colonias, se sumerge en una '''profunda reflexión sobre la identidad nacional y, por ende, sobre la Iglesia como institución intrínsecamente ligada a la historia de España'''. Criticaron la '''decadencia de España, atribuyéndola en parte al catolicismo''', y abogaron por una «europeización» del país que, entre otras cosas, comportaba la '''aceptación de los principios liberales y secularistas''' que regían otras naciones europeas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al mirar el conjunto de sus obras, se revela una complejidad en la relación de estos escritores con la Iglesia. Por un lado, se observa un '''laicismo marcado y una crítica a la influencia eclesiástica en la política y la educación'''. En esto son deudores del espíritu laicista de la '''Institución Libre de Enseñanza''', la cual formó a muchos de los escritores de la generación del 98 e influyó decisivamente en los otros. Las lecturas comunes en estos autores, imbuidos en gran medida de la filosofía nietzscheana y el positivismo de moda en Europa, los inclinaban inevitablemente hacia un rechazo de la religión. Rechazo que no se trata de mero anticlericalismo, en el sentido de crítica a ciertas formas anticuadas y ampulosas de manifestación de la fe, sino de algo más profundo, una '''dificultad para aceptar el hecho de la revelación cristiana''', en línea con el deísmo ilustrado y panteísta que imperaba en el pensamiento krausista de la Institución Libre de Enseñanza.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otro lado, se nota una cierta '''fascinación por elementos propios de la tradición religiosa católica''', como por ejemplo la figura del sacerdote, aunque a menudo teñida de crítica y estereotipo. Y también una lucha, en algunos autores, entre el deseo de la fe y el rechazo de ella. '''Unamuno''', quizás el más complejo de todos en su relación con la fe, encarna una vivencia «agónica» del cristianismo (Valverde 1979, 489). Su búsqueda espiritual se realiza en un terreno de '''conflicto entre la razón que rechaza la fe y el corazón que quiere aceptarla''', entre la Iglesia institucional y la religiosidad personal. No es anticlerical en el sentido estricto, pero sí crítico con una Iglesia que ve como anquilosada, al mismo tiempo que evidencia una sincera e intensa búsqueda religiosa. Baroja, por su parte, muestra un talante más anárquico. Su crítica a la Iglesia se inscribe en una crítica más amplia a todas las instituciones y estructuras de poder. No es tanto la religión lo que le causa rechazo, sino la institucionalización de la misma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En resumen, la Generación del 98 no presenta un pensamiento monolítico en lo que tiene que ver con el catolicismo y la Iglesia. Lo que sí comparten es una actitud de cuestionamiento y revisión crítica, una necesidad de redefinir la relación entre la fe y la identidad nacional en un momento de crisis profunda. Y aunque algunos puedan ver en esto un alejamiento de la Iglesia, quizás podría verse también como un llamado a la renovación y al diálogo, un anhelo, en última instancia, de encontrar en la fe y en la Iglesia respuestas a las preguntas eternas que agitaban sus inquietas almas. Por otro lado, también es cierto que los escritores de la generación del 98 eran más dados a la crítica generalizada que a la proposición de soluciones reales. Su afán renovador no cristalizó en proposiciones de cómo esa renovación podría llevarse a cabo, en lo que se refiere a la relación entre la fe católica y los nuevos desafíos sociales de la España del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.3. Otras corrientes importantes ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, queríamos mencionar un par de corrientes de pensamiento importantes de finales del XIX, y a sus principales representantes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La primera es el '''renacimiento de la filosofía escolástico-tomista'''. Su precursor fue el padre dominico '''Ceferino González''' (1831-1894), que empezó a publicar en la década de 1860. De este modo, creó un ambiente propicio para que hallase eco la encíclica ''Aeterni Patris'' escrita por León XIII en 1879 con el fin de promover los estudios de la filosofía y teología de Santo Tomás de Aquino. De este modo, la renovación intelectual en la que, como dijimos antes, intervinieron sobre todo los dominicos, jesuitas y agustinos, dio lugar a un número importante de obras de carácter neoescolástico. Estas obras tuvieron el mérito de animar intelectualmente los renovados centros de estudios teológicos que aparecieron en el pontificado de León XIII, si bien es cierto que les faltó un tanto de creatividad y capacidad de diálogo con su tiempo. De este renacimiento tomista surgiría un importante autor espiritual, el dominico '''Juan G. Arintero''' (1860-1928), cuya obra daría pie a un encendido debate en torno a la naturaleza de la ascética y la mística cristiana, que caracterizaría la teología espiritual española de comienzos del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La otra es el '''pensamiento católico integrista''', representado sobre todo en la figura del sacerdote de Sabadell '''Félix Sardá y Salvany''' (1831-1916). Se caracterizó por ser el principal ideólogo de la tendencia teológica, filosófica y política que dio en llamarse «integrista». Sus escritos tenían un carácter fuertemente apologético y popular, con títulos muy incisivos y no carentes de un cierto gracejo. Su obra más difundida, ''El liberalismo es pecado'' (1884), alcanzaría gran difusión e influiría en el pensamiento de muchos católicos españoles de finales de siglo. Su tesis principal era que, si bien las formas políticas creadas por el liberalismo podrían en teoría ser aceptables, en la práctica iban siempre acompañadas de los principios del liberalismo filosófico, con lo que debían ser rechazadas de pleno. En el momento en el que apareció, su doctrina estaba en plena sintonía con lo que la Iglesia había enseñado, particularmente con el ''Syllabus'' de Pío IX. Ahora bien, en 1888 León XIII publicaría ''Libertas Praestantissimum'', en la que abría la puerta a los católicos a la colaboración política en los regímenes liberales siempre que rechazaran los principios filosóficos. Este hecho, unido al daño que estaban haciendo las polémicas entre los católicos españoles, motivó que Sardá y Salvany moderase sus posturas hacia otras más conciliadoras, como se manifestó en el artículo ''¡Alto el fuego!'' de 1896.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Marcelino Menéndez Pelayo destacó por su profunda fe católica y su apasionada defensa de la cultura y la historia españolas, abogando por un enfoque riguroso y abierto en la erudición, y cuyo legado ofrece una visión integradora de la fe y la cultura en tiempos de polarización..&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, influida por la Institución Libre de Enseñanza, mantuvo una relación compleja y crítica con la Iglesia y el catolicismo, cuestionando su papel en la identidad nacional de España y abogando por una «europeización» que incluyera principios liberales y secularistas, a la vez que algunos manifestaban inquietud y búsqueda religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A finales del siglo XIX, destacan el renacimiento tomista representado por Ceferino González y el integrismo católico representado por Félix Sardá y Salvany.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=La_Iglesia_en_la_Restauracion&amp;diff=811</id>
		<title>La Iglesia en la Restauracion</title>
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		<updated>2023-09-06T17:24:39Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;= {{anchor|Toc459888455}} 5. La Iglesia en la Restauración =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281960}} 5.1. Introducción y objetivos ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En este tema, vamos a tratar el periodo de la Restauración de la monarquía borbónica (1875-1931). Es el periodo más largo de todos los que estudiamos en el curso, y eso ya nos da una indicación de que fue un periodo de relativa estabilidad, en el que la Iglesia pudo desarrollar su labor, no sin dificultades, pero con mayor libertad que en muchos de los periodos que hemos visto anteriormente.&amp;lt;/div&amp;gt;&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.2. Situación de la Iglesia al comenzar el periodo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Para empezar, demos algunas pinceladas acerca de la situación del catolicismo en España al acabar la fallida experiencia de la I República, con la llegada de Alfonso XII al trono en 1875.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dado lo convulso de los años del sexenio revolucionario, '''no disponemos de los datos estadísticos''' que sí teníamos en otros periodos. Podemos suponer que los números, en lo que al clero secular se refiere, no serían muy distintos a los de seis años antes pues, si bien durante la revolución hubo tumultos y ataques a templos y sacerdotes, no podemos hablar de exilios masivos o matanzas generalizadas de sacerdotes, como en otros periodos que estudiamos, que afecten significativamente a los números. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por lo que se refiere a los religiosos, ya vimos cómo '''la legislación antirreligiosa de la revolución dio al traste con la débil recuperación que empezaban a experimentar las órdenes''' después de las desamortizaciones y, si bien legislaciones posteriores mitigaron ese golpe, la situación era necesariamente precaria en cualquier caso. Las religiosas, que no habían sido tan perjudicadas por las medidas legislativas, habían sido '''víctimas de los tumultos anticatólicos en diferentes partes de España, con lo que se habían perdido bastantes conventos''' (Martí Gilabert 2007).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Recordamos también el '''gran auge fundacional''' que había experimentado la Iglesia en la segunda mitad del reinado de Isabel II, y que había incluso continuado durante el sexenio, en lo que a '''instituciones de educación, caridad y asistencia''' se refiere. Todo esto '''en medio de una situación de penuria económica para la Iglesia''', a todos los niveles, afectada por las desamortizaciones y la crisis general. Más allá de que en algunos lugares la revolución hubiera perjudicado esas obras, el espíritu emprendedor de la Iglesia para esa clase de iniciativas estaba muy vivo, como se demostraría a lo largo de los años del régimen de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el aspecto moral, existía una '''fuerte unión con el pontífice''' reinante en aquel momento, Pío IX, compartida por pueblo, clero y obispos. En sus relaciones con el poder político, l'''a Iglesia había acatado oficialmente la multitud de diferentes regímenes''' que se habían sucedido abruptamente en el espacio de seis años, pero los católicos en general '''veían con buenos ojos la restauración monárquica'''. Algunos de ellos '''simpatizaban con la causa carlista''', que había estado a punto de triunfar militarmente en los últimos años del sexenio. Pero, por lo general, los sacerdotes se habían inmiscuido poco en la política, estaban más bien dedicados a sus tareas propias. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por lo que se refiere al perfil moral del sacerdote, son interesantes las caracterizaciones que hacen de ellos los escritores de final del siglo XIX; hablaremos de ello más adelante en este mismo tema. Lo que sí podemos decir ahora es que, dado lo precario de la situación en la que tuvo que desenvolverse la Iglesia durante las décadas anteriores, '''los seminarios no habían ofrecido una buena formación''' doctrinal, humana ni espiritual. Por ese motivo, '''cundía una cierta ignorancia y relajación moral entre el clero''' de finales del XIX, perceptible sobre todo en los sacerdotes más jóvenes (Cárcel Ortí 2002, 364-65; Sala Balust y Martín Hernández 1966, 140-41).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a '''los laicos''', recordamos cómo había entrado con fuerza entre ellos el '''fenómeno asociativo'''. En el tema anterior hablamos de algunas de esas asociaciones, principalmente las que tenían que ver con la acción en el campo social, el caritativo y el apostólico. Pero también se crearon muchas otras de índole piadosa, como congregaciones y cofradías. Por contraste, también se habían formado en el pueblo español núcleos de un acerbo anticlericalismo, de los que hablaremos más adelante en este tema.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La libertad de cultos había permitido el establecimiento de comunidades protestantes. Se temía que alcanzaran cierta difusión, sobre todo en Andalucía, donde se juntaba la falta de formación cristiana del pueblo, que había sido causada por la supresión de las órdenes religiosas, con el carácter voluble y curioso de las gentes (Cárcel Ortí 1984, 108-21). Sin embargo, la realidad es que '''pocos se pasaron al protestantismo''', y en muchas ocasiones asistían a sus reuniones por mera curiosidad sin abandonar sus creencias católicas. Los testimonios de la época nos dicen también que algunos clérigos disconformes se hacían protestantes para evitar la autoridad de sus obispos (Vilarrasa 1875, 530).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;{{anchor|Toc459888457}} Al finalizar el sexenio revolucionario, el clero secular estaba bien nutrido en cuanto al número, pero con carencias en la formación doctrinal, moral y espiritual. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Los religiosos habían prácticamente desaparecido, los templos habían sufrido ataques, y las religiosas habían perdido bastantes conventos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de la pobreza, abundaban las iniciativas de creación de instituciones educativas, caritativas y asistenciales. Había fuerte unión con el Papa, y en lo político se acataba cualquier régimen pero se miraba con particular agrado a la monarquía.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc68866942}} {{anchor|Toc144281962}} 5.3. Los pontificados durante la Restauración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El periodo histórico conocido como la «Restauración» es largo, duró 56 años. A lo largo de ellos, se sucedieron cinco diferentes pontífices. Vamos ahora a caracterizar los rasgos principales de cada uno de ellos, fijándonos sobre todo en su relación con España. Obviamos a Pío IX, que fue el papa encargado de acoger el nuevo régimen, porque ya lo hemos tratado en el tema anterior. Hablaremos, por tanto, de León XIII, Pío X, Benedicto XV y Pío XI.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc144281963}} 5.3.1. León XIII ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El pontificado de León XIII fue bastante largo (1878-1903), pero sobre todo fue muy fecundo en la creación de nuevas iniciativas llamadas a contrarrestar la secularización de la sociedad, que ya se había hecho muy patente. Podemos caracterizar el pontificado de León XIII como una '''renovación eclesial '''a diversos niveles.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Uno de los campos en los que aparece esta revitalización es el ya mencionado del '''asociacionismo católico''', que comenzó durante el pontificado de Pío IX, pero en el de León XIII siguió cobrando fuerza. Sorprenden particularmente los números de las asociaciones obreras que, a finales del siglo XIX, contaban en España unos 80.000 afiliados. Por contraste, y para hacerse una idea de la evolución posterior, en las mismas fechas la UGT, el sindicato del partido socialista, no llegaba a 4.000 afiliados (Cárcel Ortí 2002, 418). En la asignatura «La Iglesia ante la secularización» hablamos más extenso de las asociaciones obreras, que tuvieron un gran crecimiento tras la encíclica de León XIII ''Rerum novarum ''(Carballo López 2017). Las asociaciones católicas desarrollaron una intensa actividad durante la Restauración en otros muchos ámbitos, como explicamos en el tema anterior y también en el tema correspondiente de «La Iglesia ante la secularización».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, esta actividad '''no tuvo un reflejo en el campo político'''. El motivo principal fue la división y enfrentamiento que existía entre los católicos, por un lado los «alfonsinos» representados por Cánovas, y por otro los tradicionalistas, que a su vez estaban divididos y enfrentados en «mestizos» representados por Pidal, e «integristas» representados por Nocedal. En la asignatura «La Iglesia ante la secularización» hablamos más en detalle de este enfrentamiento, que requirió la intervención papal para pedir que se eliminasen las discordias internas y se unieran las fuerzas de los católicos en pro de un fin común, sin lograr su objetivo. Por su parte, las fuerzas liberales y socialistas hacían uso de las instituciones políticas para llevar adelante su agenda (por usar un término contemporáneo), mientras '''los católicos estaban absorbidos por sus luchas internas'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Es cierto que no era fácil dar con una solución adecuada al dilema entre las exigencias del catolicismo, que de suyo no está vinculado a ninguna forma política, sino que ofrece unos principios morales que pueden ser realizados de diferentes formas concretas, con el régimen político liberal que, si bien en teoría podría compatibilizarse con los principios católicos, en la práctica iba siempre teñido de los principios del racionalismo, la autonomía moral del individuo y el indiferentismo religioso. Ese será el tema que tratará León XIII en su encíclica ''Libertas praestantissimum'' (1888) en la que, tras discernir cuál es el concepto verdadero de libertad y prevenir contra las falsas concepciones que se presentan bajo el nombre de «liberalismo», concluye que «'''no está prohibido en sí mismo preferir para el Estado una forma de gobierno moderada por el elemento democrático''', salva siempre la doctrina católica acerca del origen y el ejercicio del poder político» (León XIII 1888, párr. 32). Pero, en aquel momento, '''los católicos españoles no fueron capaces de llevar adecuadamente este principio general a la práctica'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Restauración trajo consigo una mayor apertura al '''desarrollo de las congregaciones religiosas'''. Durante el gobierno del partido conservador de Cánovas, prácticamente se eliminaron las barreras para ese desarrollo, al amparo del texto del concordato que, además, se interpretaba de manera amplia (como se diría en lenguaje coloquial, «se hacía la vista gorda» con frecuencia). Cierto es que, en 1875, la mayoría de ellas tenían que partir prácticamente de cero, pero poco a poco '''fueron restableciendo en España noviciados, casas de estudio, centros de caridad y enseñanza, etc'''. A esto se uniría, en los años siguientes, la '''llegada de un gran número de congregaciones extranjeras de reciente fundación''', dentro de esa explosión fundacional que experimentó la Iglesia en la segunda mitad del XX. Tantas fueron que, a principios del siglo XX, el gobierno liberal limitará la entrada de nuevas congregaciones, como veremos después.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El retorno de los religiosos trajo consigo una '''importante mejora en la altura intelectual de la teología española''', que en ese momento estaba en un nivel ínfimo. Las órdenes más destacadas en este aspecto fueron los dominicos, que impulsaron el renacimiento tomista del que luego hablaremos, los agustinos que fundaron revistas como «La ciudad de Dios», y los jesuitas, con obras como el Seminario Pontificio de Comillas que pronto se convertiría en Universidad Pontificia. El ejemplo de un papa intelectual promovió también la mejora de la enseñanza teológica en las instituciones dependientes de los obispos. '''Varias de esas instituciones de enseñanza superior eclesiástica serían constituidas universidades pontificias por León XIII''', como la de Salamanca, la de Granada o la de Toledo. Favoreció también la creación de un Colegio Español en Roma. Todas estas medidas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc144281964}} 5.3.2. Pío X ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El pontificado de Pío X (1903-1914), tuvo un impacto significativo en la vida religiosa y social de España, consolidando aún más la relación entre la Iglesia Católica y el Estado en un período crucial de la historia española. Pío X es especialmente recordado por su énfasis en la '''renovación espiritual y la defensa de la ortodoxia''' católica, aspectos que encontraron un eco favorable en España. Puede decirse que el estilo llano y directo de Pío X conectó mejor con el catolicismo español que la intelectualidad de León XIII. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Uno de los aspectos más notables del pontificado de Pío X fue su enfoque en la '''participación de los laicos''' en la vida de la Iglesia. Su decreto ''Quam Singulari'' de 1910, que permitía la Primera Comunión a niños más jóvenes, tuvo un impacto directo en la vida religiosa de las familias españolas, fomentando una '''devoción más temprana y profunda al sacramento de la Eucaristía'''. Esto no solo fortaleció la vida espiritual de los individuos, sino que también contribuyó a cimentar el papel central de la Iglesia en la sociedad española.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro elemento clave del pontificado de Pío X fue su '''combate contra el modernismo''' teológico, del que ya hablamos en la asignatura «La Iglesia ante la secularización». En España, la publicación de ''Pascendi Dominici Gregis'' (1907) '''marcó una línea en las universidades pontificias y seminarios''', que aún buscaban consolidarse tras el impulso que les había dado León XIII.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otra parte, la '''impronta fuertemente jerarquizada y el valor de la autoridad''', que fueron características del pontificado del papa Sarto, también hallaron resonancia en la Iglesia española: por un lado, porque la tendencia integrista aún tenía mucha fuerza y, por otro, porque el giro anticlerical que tomó el gobierno de Sagasta al comienzo del siglo XX favoreció el sentido de militancia y resistencia en las filas católicas españolas (García-Villoslada et&amp;amp;nbsp;al. 1979, V:305-6). En este ambiente, la firmeza de Pío X en la defensa de los valores y enseñanzas católicos sirvió de apoyo moral y espiritual para aquellos que buscaban preservar la influencia positiva de la Iglesia en la sociedad. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al respecto, cabe decir que '''la división de los católicos españoles, que venía arrastrándose desde el pontificado de León XIII, seguía aún sin resolverse'''. A principios del siglo XX, la polémica se centraba entre el ya mencionado periódico integrista, ''El siglo futuro,'' y la revista de los jesuitas ''Razón y fe ''(Cárcel Ortí 1989). El núcleo del conflicto estaba en que los integristas aspiraban a realizar el bien mayor, el del Estado plenamente confesional, que identificaban con la monarquía absoluta, y criticaban a los que, dentro de las circunstancias, se conformaban con el bien posible o el mal menor, aceptando la forma de estado liberal. '''El Papa escribió, como ya hiciera su antecesor, una carta a los católicos españoles con el fin de zanjar estas divisiones, ''Inter catholicos Hispaniae ''(1906)'''. Iría seguida de una serie de normas de conducta para los católicos y los obispos, y de algunas medidas como la de retirar al nuncio Vico (a petición del propio rey Alfonso XIII), que favorecía al bando integrista. El núcleo de las argumentaciones del Papa era que ambas posturas (las de los integristas y las de los posibilistas) eran aceptables para un católico, y que no debían dedicarse a la polémica entre ellos sino a unir fuerzas trabajar en el campo político y social, donde las fuerzas contrarias a la religión y a la sociedad estaban logrando grandes avances. De manera particular, en el caso de las elecciones, declaraba que los católicos debían apoyar al candidato que mejor miraría por los intereses de la religión y la patria. A pesar de los esfuerzos de la Santa Sede, la división no terminó de resolverse, y seguiría afectando a laicos, clero e incluso obispos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otra iniciativa para unir las fuerzas de los laicos en pro de la evangelización de la sociedad fueron las llamadas '''«ligas católicas», promovidas por el arzobispo primado de Toledo, el cardenal Ciriaco Mª Sancha''' (1833-1909), con los objetivos de defender los intereses de la Iglesia en la política, fomentar la acción social católica y la caridad y, sobre todo, la educación y formación cristiana del pueblo. Despertaron muchas esperanzas entre la clerecía y el laicado, pero les faltó aliento creador para concretar las buenas intenciones en proyectos verdaderamente eficaces. También en el pontificado de Pío X se fundó la '''Asociación Católica Nacional de Propagandistas''', por el P. Ayala y el joven laico Herrera Oria. El impacto de esta asociación sería limitado durante la Restauración (en parte por las fuertes críticas y oposiciones que encontró, en el mar), pero jugaría un papel clave durante la II República. Hablamos más sobre esta asociación en la asignatura «La Iglesia ante la secularización».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.3. Benedicto XV ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La llegada al pontificado de Benedicto XV (1914-1922), un Papa de talante conciliador, preconizaba una mejora en el entendimiento entre la Iglesia y el Estado en España. Su '''enfoque diplomático y su interés en cuestiones sociales''' resonaron con sectores significativos del clero y los fieles. Además, su experiencia previa en España y su simpatía hacia el país fortalecieron su popularidad entre los españoles. Sin embargo, las expectativas no llegaron a materializarse de manera significativa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otra parte, la volatilidad de la época se reflejó en la relación entre la Iglesia y la sociedad española. Un día podría haber una huelga general y al siguiente una consagración al Sagrado Corazón de Jesús. '''Esta oscilación entre momentos de fervor religioso y tensiones sociales''' y políticas muestra la complejidad de la relación Iglesia-Estado en este periodo. Durante este tiempo, España estaba sumida en una serie '''de tensiones políticas y sociales exacerbadas por la Primera Guerra Mundial'''. Aunque''' la «cuestión religiosa» fue temporalmente relegada''' debido a preocupaciones más urgentes, las tensiones subyacentes entre la Iglesia y el Estado seguían presentes. La Iglesia española, en particular, enfrentó momentos cruciales relacionados con el sindicalismo y otros movimientos sociales. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro acontecimiento importante de este pontificado fue la '''constitución de la «Junta de Metropolitanos» en 1921''', que contaba con representación de todos los obispos españoles, y en cierto modo sería la precursora de lo que hoy es la Conferencia Episcopal. Los obispos tomaron conciencia de la necesidad de organizarse para una acción conjunta, ante los crecientes retos que ofrecía la sociedad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, reseñar que en 1919, dentro de ese ambiente que caracterizó este pontificado, de apertura a las necesidades sociales y a la participación en las estructuras del estado democrático, apareció la '''Democracia Cristiana''', un pequeño grupo de intelectuales reunidos en torno a Severino Aznar (1870-1959). El grupo de la Democracia Cristiana buscaba '''promover la justicia social y la autonomía de las clases populares por obra de ellas mismas, en contraposición al paternalismo''' prevalente en la acción social de la Iglesia en España. Sin embargo, '''su enfoque fue criticado por ser considerado «liberal» y hasta «socialistoide»''' por los sectores más conservadores. La Santa Sede, preocupada por evitar divisiones, pidió a los obispos españoles que examinaran el caso. Aunque no encontraron errores doctrinales en el grupo, sí notaron una '''tendencia hacia la autonomía con respecto a la jerarquía''', que preocupaba a la autoridad eclesiástica. El grupo tuvo una '''vida corta y limitada en su impacto'''. Intentó formar parte de un partido más amplio, el Partido Social Popular, pero la iniciativa fracasó con el golpe militar de 1923.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El fracaso de estas iniciativas puede verse como un reflejo de la tensión entre la necesidad de modernización social y la resistencia al cambio dentro de la Iglesia y la sociedad españolas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.4. Pío XI ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Si bien el pontificado de Pío XI (1922-1939) se caracteriza, sobre todo, por ser el que correspondió con la II República y la guerra civil española, también podemos reseñar algunos elementos importantes que se tuvieron lugar durante la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primero de ellos fue la expansión de la Acción Católica, uno de los grandes proyectos del pontificado de Pío XI. La '''Acción Católica Española (ACE)''' fue impulsada en España por '''Claudio López Bru''', Marqués de Comillas, y '''Ángel Herrera'''. Surgió en el contexto favorable de la dictadura del general Primo de Rivera, lo que la Iglesia utilizó para organizar su estructura y métodos de formación. Se adoptó el '''modelo italiano '''para sus estatutos y se establecieron juntas diocesanas y parroquiales para coordinar actividades. El '''cardenal Segura''', jugó un papel clave en la consolidación de la ACE, fundando su Boletín Oficial en 1928 y organizando eventos nacionales para fortalecer el movimiento.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Hubo también '''esfuerzos por modernizar la Iglesia y aumentar su presencia en la sociedad'''. El más destacable fue la '''«gran campaña social» en 1922''', iniciativa que surgió de parte de Ángel Herrera Oria y el periódico ''El Debate'', y fue promovida inicialmente por los obispos. Buscaba una '''acción combinada en la enseñanza''' para formar líderes católicos, en '''el mundo del trabajo''' para formar sindicatos católicos, y en la '''promoción de la prensa y propaganda católicas'''. También quiso instruir una obra patriótica para paliar la grave crisis de la guerra de Marruecos, y realizar una colecta en favor de los niños de Rusia y Europa central. Pero esta iniciativa, al igual que otras similares, '''fracasó por la apatía y el encerramiento en intereses personales''', tanto de la gente de Iglesia (que debería haber financiado y apoyado la campaña), como del gobierno y el mismo rey, que temían la creación de un partido moderno «de derechas».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Durante la Restauración, los intentos de modernizar la Iglesia española dieron poco fruto, en gran medida por las divisiones, la falta de creatividad, la intransigencia de los integristas, y la falta de sentido social de gran parte de la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En el pontificado de León XIII, destacaron el desarrollo de las congregaciones religiosas, el auge del asociacionismo católico, y la mejora de la formación en los centros teológicos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En el pontificado de Pío X, tuvo lugar una renovación espiritual, sobre todo eucarística, y se intentó la creación de las «ligas católicas».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Durante el pontificado de Benedicto XV, hubo expectativas de mejora en las relaciones Iglesia-Estado en España, pero las tensiones sociales y políticas del momento limitaron los avances. La aparición de la Democracia Cristiana reflejó un intento de modernización y respuesta a los desafíos sociales, aunque tuvo poco impacto.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Durante el pontificado de Pío XI, la Acción Católica Española se expandió significativamente. A pesar de estos esfuerzos y de iniciativas como la «gran campaña social» de 1922, la modernización de la Iglesia enfrentó obstáculos como la apatía institucional y la resistencia política.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281966}} {{anchor|Toc68866943}} 5.4. Dificultades a la evangelización ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el apartado anterior, junto con los logros y avances de la Iglesia, hemos mencionado también algunas de las dificultades y resistencias internas que encontró el desarrollo de su labor evangelizadora y su adaptación a las nuevas circunstancias. Vamos ahora a mencionar algunos de los obstáculos externos que tuvo que enfrentar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.1. Descristianización de algunos sectores de la sociedad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un primer obstáculo importante fue la aparición de importantes masas de población que estaban, en la práctica, descristianizados. Si bien la inmensa mayoría de la población estaba bautizada, había muchos sectores que desconocían los rudimentos de la fe cristiana. Las causas que podemos encontrar son múltiples. En primer lugar, la extinción de los regulares (o religiosos) que, en muchos lugares, eran los que en realidad catequizaban al pueblo. Podemos añadir también la causa de la mala formación de los sacerdotes seculares, tanto en lo que se refiere a su falta de conocimientos adecuados para enseñar la doctrina católica, como a sus carencias morales que podían ser causa de escándalos. Pero esta realidad también se había dado en otros momentos de la historia de España, con la diferencia de que, en esas otras ocasiones, estaban los religiosos para suplir con las prédicas en monasterios y conventos, órdenes terciarias, misiones populares, y otros métodos de formación del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esta carencia se hizo sentir de manera más acusada en el levante y sur peninsular. Los ambientes rurales, que tradicionalmente habían constituido la reserva del catolicismo español, se veían cada vez más afectados por la irreligiosidad. La práctica religiosa era muy escasa, y teñida con mucha frecuencia de mero costumbrismo y superstición. El descenso en la práctica religiosa era aún más notorio entre la población masculina.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las zonas más industrializadas, el problema afectaba sobre todo a las masas de obreros, la mayoría de ellos emigrados desde el campo. En los ambientes urbanos, donde las condiciones de vida de los asalariados eran muy precarias, faltaba el apoyo social para la religión que habían tenido en sus pueblos de origen (eso cuando no venían de un ambiente rural ya descristianizado), con lo que la práctica religiosa de estos trabajadores era también prácticamente nula. No era tanto el caso de las mujeres emigradas del campo a la ciudad, pues en muchas ocasiones su dedicación era el servicio doméstico, en el que las circunstancias eran más propicias para la práctica religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se puede añadir también como causa de la descristianización la falta de sentido social de muchos de los católicos de clases sociales superiores, que no acabaron de ver la necesidad de hacer reformas en las estructuras. Limitaban su benevolencia hacia las clases desfavorecidas a una acción benéfica teñida de paternalismo, que no conectaba con las aspiraciones reales de las masas trabajadoras. Esta falta de comprensión de las necesidades reales de la situación afectó también en ocasiones a los pastores de la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas masas, entre las que además cundía el analfabetismo, eran presa fácil para la propaganda anticlerical liberal, y más adelante socialista o anarquista. Ambas tenían en común el presentar a la Iglesia como uno de los pilares del sistema injusto que los mantenía en la pobreza. En muchas ocasiones, los revolucionarios se servían del descontento de esas masas empobrecidas como un pasto seco en el que prendían fácilmente sus incitaciones a la rebelión contra el sistema establecido, para hacer avanzar sus propios fines políticos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Ya hemos mencionado algunas iniciativas que se tomaron para hacer llegar el evangelio a esos grupos sociales, tales como los círculos obreros o las numerosas congregaciones y asociaciones laicas que se fundaron para la formación de las mujeres en situación desfavorecida. En los ambientes rurales, tras la restauración de los religiosos, también se trabajó por reavivar la fe y mejorar la formación mediante misiones populares. Un ejemplo de ello es el del padre jesuita Francisco Tarín (1847-1910), que recorrió los ambientes rurales de España, sobre todo Andalucía y Extremadura, predicando y promoviendo obras de culto y devoción, desde 1885 hasta su muerte, o el también jesuita Carlos Mazuelos (Verdoy Herranz 1998). Pero esas iniciativas no fueron suficientes para alcanzar a la totalidad de las masas descristianizadas rurales y urbanas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un ejemplo de los efectos de la descristianización de las masas obreras urbanas, y el anticlericalismo que cundía entre ellas, pudo verse durante la «Semana Trágica» de Barcelona, en julio de 1909. Una manifestación que se convertiría en huelga revolucionaria, y dirigiría su violencia principalmente contra las iglesias y conventos, con la quema de muchos de ellos, la destrucción de un importante patrimonio artístico y cultural, y el asesinato de algunos sacerdotes. Para aquél entonces, Barcelona se había convertido en un epicentro de anticlericalismo en España, en el que cundían las proclamas anarquistas y revolucionarias, como la famosa incitación de Alejandro Lerroux en 1897 a la destrucción de templos y la violencia sexual contra las novicias (Bárcena 2019, 418).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.2. Obstáculos a las congregaciones religiosas y la enseñanza católica ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A comienzos del siglo XX, la Iglesia había logrado una importante recuperación de las congregaciones religiosas. Esto se hacía especialmente notorio en el campo de la educación, en el que la Iglesia había puesto mucho empeño a todos los niveles, desde la educación más básica de las clases humildes hasta la enseñanza superior para aquellos que podían permitírselo. En esta última línea, fue especialmente destacado el esfuerzo llevado a cabo por la Compañía de Jesús, que aprovechando la libertad que tuvo en el último cuarto del XIX reorganizó con energía e ilusión sus centros educativos. La buena preparación de los religiosos, y su dedicación total a la tarea educativa sin requerir siquiera un sueldo, hacía que los centros de la Iglesia tuvieran un nivel inalcanzable para los centros estatales que, además de ser pocos, estaban mal dotados económicamente y carecían de una organización adecuada.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Cuando el partido liberal ascendió al poder en 1901, cundió entre ellos la preocupación de que la Iglesia, que prácticamente monopolizaba la educación de las clases altas, usara de ese medio para «reconquistar» la sociedad. Eso motivó que se tomasen algunas medidas para reducir la influencia de la Iglesia en la educación y en la vida pública. Casi de inmediato, promulgó una orden que exigía el registro de todas las asociaciones religiosas en el registro civil, basándose en la ley de asociaciones de 1887. Este acto fue interpretado por muchos como un intento de someter a las congregaciones religiosas al control estatal, poniendo en peligro su autonomía y, por ende, su misión educativa y evangelizadora. Ante este desafío, la Santa Sede, apoyada por el Episcopado y el partido conservador, se opuso firmemente a la medida. Este acto de resistencia llevó a negociaciones que culminaron en el acuerdo de 1904 con la Santa Sede. Este acuerdo permitió que las congregaciones religiosas mantuvieran su independencia. Se preservaba así su papel crucial en la educación y en la formación de una sociedad que, con un alto grado de analfabetismo y una carencia manifiesta de personas con buena cualificación, necesitaba de esa labor educativa que sólo la Iglesia estaba en condiciones de ofrecer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La proliferación de órdenes religiosas llevó al gobierno liberal, en la persona de José Canalejas (uno de los exponentes más emblemáticos del anticlericalismo político del momento), a tomar otras medidas más directas contra ellas. La primera fue la ley de diciembre de 1910 que pasaría a conocerse como «ley del candado». Esta ley prohibió el establecimiento de nuevas órdenes religiosas en España por un periodo de dos años, sin el permiso expreso del gobierno. Las protestas de los católicos y de la Santa Sede no sirvieron para que se retirase. Para 1912, cuando la ley debía vencer, Canalejas preparó una prórroga que la mantuviese, pero su asesinato ese mismo año impidió que se llevara a efecto. Otras medidas llevadas a cabo contra la Iglesia durante estos años fue el recorte de la dotación para culto y clero, y la supresión de nombramientos de obispos desde 1910 hasta 1913 (Cárcel Ortí 2002, 137). Estas políticas anticlericales se correspondían con agitaciones y tumultos contra la Iglesia en las calles. La Iglesia, por su parte, dio muestras de una finísima diplomacia ante esta situación tan delicada, guiada por la clarividencia del cardenal español, secretario de estado vaticano, Merry del Val (1865-1930).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Tras el cambio de gobierno motivado por el asesinato de Canalejas, las tensiones entre el Gobierno y la Iglesia comenzaron a disiparse. El nuevo Gobierno de Romanones en 1913 marcó un período de relativa normalización, aunque la «cuestión religiosa» nunca desapareció por completo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El gobierno provisional revirtió muchas disposiciones de los gobiernos moderados, que habían devuelto a la Iglesia algunos de sus derechos, suprimiendo órdenes religiosas e incautando bienes eclesiásticos entre otras cosas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El matrimonio civil, que el gobierno provisional introdujo, fue rechazado por parte de la jerarquía eclesiástica y del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La constitución de la I República contemplaba la total separación de Iglesia y Estado, pero no llegó a aplicarse.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281970}} 5.5. Iglesia y Estado en la Restauración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Acabamos de mencionar algunas medidas legales que tomó el gobierno liberal en la primera década del siglo XX, referente a cuestiones religiosas. Mirando el conjunto de la Restauración, '''hubo un entendimiento razonablemente bueno entre la Iglesia y los gobiernos conservadores, no tanto con los gobiernos liberales'''. Vamos a seguir con la temática de las relaciones Iglesia-Estado en el periodo, fijándonos en algunos aspectos de particular relevancia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.5.1. La cuestión de la libertad de culto ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La cuestión de la libertad de culto en España ha sido un tema de debate y evolución constante, especialmente desde el siglo XIX hasta principios del siglo XX. La postura de los gobiernos liberales viene bien ejemplificada por Segismundo Moret, un prominente político liberal que llegó a ser presidente del Gobierno, que en 1908 '''defendía la libertad religiosa como un elemento esencial para unificar a los partidos de izquierda''' en España (Cárcel Ortí 2002, 132). Pero, por otro lado, '''tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado''', aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Los diferentes gobiernos, a pesar de sus promesas iniciales de mantener la exclusividad del catolicismo, mostrarían cierta flexibilidad hacia otros cultos''', impidiendo su propaganda pública, pero permitiendo que continuasen la actividad que habían iniciado en el sexenio. Aún dentro del partido liberal había tensiones en torno a la cuestión religiosa, entre una tendencia más conciliadora representada por el fundador Sagasta, y otra más agresiva contra la religión, representada por Canalejas. Estas tensiones se reflejarían en la crisis del partido a la muerte de Sagasta, en 1903, y finalmente sería la línea más anticatólica la que se impusiera. Cuando tuvo el poder, '''Canalejas buscó la secularización de la vida pública de diversas maneras, y con ese fin promovió leyes favorables a la libertad de culto, el matrimonio civil y la secularización de los cementerios'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En referencia a la '''libertad de culto, la Santa Sede se opuso a ella''', considerándola un «principio infausto y falso» (Cárcel Ortí 2002, 134) que estaba en contraposición a los acuerdos previos con el Estado español, y que era contrario a la realidad española (donde las religiones no católicas apenas tenían presencia). No obstante, el Gobierno justificó su posición presentándola como una adaptación necesaria a los tiempos cambiantes y a las circunstancias de otras naciones, arguyendo además que la constitución de 1875 dejaba la puerta abierta a esa libertad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.5.2. Manifestaciones públicas de fe de la monarquía ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El joven Alfonso XII, en diciembre de 1874, antes de ser proclamado rey de España, firmó un manifiesto que, redactado por Cánovas, sirvió de preludio y declaración de intenciones para la Restauración. En el llamado «Manifiesto de Sandhurst» se podía leer lo siguiente:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.5909in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;«Sea la que quiera mi propia suerte ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal» (Alfonso XII 1874).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas palabras serían programáticas en lo que se refiere al talante del régimen de '''la Restauración, que intentó compaginar la tradición española, el catolicismo la monarquía y el régimen constitucional liberal'''. De manera particular, reflejan lo que iba a ser la actitud de la monarquía que, siguiendo los pasos de Isabel II, procuró inclinar el peso de su autoridad en favor de la religión católica, aunque a veces se vio forzada a aprobar leyes que contrariaban a la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron especialmente significativas algunas '''manifestaciones públicas de fe llevadas a cabo por Alfonso XIII''', que tuvieron un gran impacto simbólico no sólo por los actos en sí, sino porque fueron llevados a cabo en el momento álgido de anticatolicismo del gobierno de Canalejas. En 1911, tuvo lugar el XXII '''Congreso Eucarístico Internacional '''en Madrid, un gran evento en el que se realizan diferentes actos de culto en torno a la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. La familia real tomó parte muy activa en dicho congreso, con la Infanta Isabel como presidenta de la junta organizadora y otros miembros participando en diferentes actos. El propio rey, sorteando los obstáculos que el gobierno liberal quiso poner a su asistencia, estuvo presente en las ceremonias solemnes conclusivas del evento. Más aún, el Rey tomó la iniciativa de, aprovechando la ocasión que brindaba el congreso, realizar una serie de actos de '''consagración de España a Cristo''' en las semanas siguientes, en los que él mismo estuvo presente ofreciendo la nación a Dios e implorando su protección (Bárcena 2019, 435-37).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estos actos públicos animarían a un grupo de personas destacadas dentro de la Iglesia, entre los que se encuentran algunos recientemente canonizados como la madre Maravillas de Jesús o el padre José María Rubio, a emprender una campaña para construir un '''gran monumento al Sagrado Corazón de Jesús''' en el centro geográfico de España, el conocido como «Cerro de los Ángeles» en Getafe. La campaña se financió enteramente por suscripción popular, y contó de nuevo con el apoyo de la familia real, así como del papa Benedicto XV. La inauguración del monumento tendría lugar en 1919, y de nuevo contó con la presencia solemne del Rey y la familia real. Fue el mismo '''Alfonso XIII el que leyó el texto de consagración de la nación''', llevada a cabo al término de una misa que se celebró a los pies del monumento a Cristo, en cuyo pedestal se leía la frase «Reino en España». En las palabras leídas por Alfonso XIII se traslucían los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, situando las leyes e instituciones humanas bajo la autoridad divina, fuente de paz y progreso social, y pidiendo el reinado de Dios en los hogares, las aulas, las leyes y las instituciones patrias.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Estas manifestaciones tan explícitas de catolicismo en la esfera pública causaron una enorme agitación en los ambientes liberales'''. Agitación que se reflejó en airadas críticas desde los periódicos y las tribunas, acusando al monarca de querer sumir a España en un clericalismo propio de otros tiempos. Existe un testimonio indirecto, aceptado por algunos historiadores y rechazado por otros, que habla de una visita de una delegación de la Masonería a Alfonso XIII, en la que le presentaron ante la disyuntiva de aceptar una serie de puntos conducentes a la secularización de la vida pública española, o perder la monarquía, amenaza ante la que Alfonso XIII no habría cedido (Bárcena 2019, 443). Al margen de que este hecho acaeciera realmente o no, nos parece que no es necesario recurrir a él: las críticas hechas de manera pública en la prensa y los discursos, por parte de pensadores y políticos liberales y anticatólicos, reprochando a la monarquía sus actos públicos y oficiales de adhesión al catolicismo, nos parecen un argumento suficientemente sólido para afirmar que '''esa adhesión fue un factor clave entre los que motivarían la caída de la monarquía en 1931'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.5.3. La Iglesia y la dictadura de Primo de Rivera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En un contexto de crisis social y política, '''la dictadura de Primo de Rivera fue inicialmente bien recibida por la Iglesia, que la consideró una oportunidad para restaurar el orden social y moral''' que se había deteriorado. Tengamos presente que, cuando el capitán general dio el golpe de estado en septiembre de 1923, apenas habían pasado dos meses desde el asesinato del arzobispo de Zaragoza, el Cardenal Soldevila, a manos de pistoleros anarquistas. Este fue solamente uno más de los episodios que se dieron en el ambiente de violencia social que se vivía.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La dictadura, a su vez, buscó estrechar lazos con la Iglesia''', especialmente en el proceso de nombramiento de obispos. Se creó una comisión de obispos y sacerdotes para proponer candidatos idóneos para cargos eclesiásticos, limitando así la influencia de los políticos en estas cuestiones, influencia que la Iglesia aceptaba con resignación pero no con agrado. De este modo, la medida fue acogida con entusiasmo tanto por la jerarquía eclesiástica española como por la Santa Sede.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, '''la relación entre la Iglesia y el régimen de Primo de Rivera no fue siempre fluida''' (García-Villoslada et&amp;amp;nbsp;al. 1979, V:286-87). En Cataluña, por ejemplo, la dictadura enfrentó resistencia de parte de la clerecía local respecto al uso del catalán en la liturgia. No obstante, a pesar de esta tensión, la dictadura encontró apoyo en otros sectores católicos para mantener su posición, lo que le permitió adoptar una postura más fuerte en sus negociaciones con Roma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro suceso problemático tuvo lugar hacia el final de la dictadura. Surgió una controversia en torno a una reforma del estatuto universitario que beneficiaría a las universidades eclesiásticas de María Cristina de El Escorial y de Deusto. La propuesta generó rechazo en las universidades estatales y finalmente fue abandonada. Este episodio mostró que, aunque la Iglesia había depositado grandes esperanzas en la dictadura, también había límites en lo que ciertos sectores estaban dispuestos a aceptar, en términos de influencia eclesiástica en la esfera pública de la sociedad. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero, '''en líneas generales''', antes de que la Constitución de 1931 hiciera oficial la separación entre la Iglesia y el Estado, podemos decir que el último parlamento de la época de Alfonso XIII '''intentó promover una relación equilibrada y productiva''' entre las dos instituciones.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Los partidos liberales defendían la libertad religiosa como un elemento esencial de su política. Por otro lado, tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado, aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua. Esta disyuntiva era fuente de conflictos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La monarquía de la Restauración realizó, en repetidas ocasiones, muestras de adhesión pública y oficial a la fe católica. Esto fue motivo de fuertes críticas desde ambientes liberales.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La dictadura de Primo de Rivera fue bien recibida por la Iglesia, y se procuró una relación equilibrada y productiva desde ambas partes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281977}} 5.6. Iniciativas católicas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al hilo de nuestra caracterización de los diferentes pontificados del periodo en su relación con España, hablamos de algunas iniciativas importantes que tuvieron lugar en cada uno de esos pontificados. Vamos ahora a mencionar otras iniciativas, que tienen un carácter más transversal a lo largo de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.6.1. Inquietud misionera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dentro del contexto de la explosión fundacional y la restauración de las órdenes religiosas que tuvo lugar en la segunda mitad del XIX, jugó un papel importante el movimiento misionero. Si mencionábamos antes las '''misiones populares''' que llevaron a cabo sacerdotes predicadores '''en la España peninsular''', añadimos ahora que, antes de que se produjera la emancipación de los territorios españoles de ultramar en 1898, '''las islas del Caribe y '''Filipinas recibieron también un gran número de sacerdotes misioneros que realizaron allí una amplia y abnegada labor. Esos territorios estuvieron menos afectados por las desamortizaciones y, de hecho, se permitió la permanencia de alguna casa en la Península para formar a los misioneros destinados a ellos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Destaca especialmente la '''labor de los padres dominicos en Filipinas''', tanto en la faceta evangelizadora como en la civilizadora y de promoción humana de las islas. Las Filipinas constituían una provincia dominica aparte, que aún perdura en nuestros días. Otro ejemplo es el trabajo de la '''Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María''', fundados por San Antonio María Claret en 1849. Él mismo había sido misionero popular en las tierras catalanas, y más tarde obispo misionero en Cuba, antes de ser llamado para confesor de la Reina. La labor de los misioneros claretianos continuaría a lo largo de los siglos XIX y XX, tanto en la Península como en otros lugares del mundo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.6.2. Formación y espiritualidad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La piedad del pueblo se mantuvo bastante viva''', aún en los periodos en los que había arreciado más la persecución religiosa. Ahora bien, se trataba de una '''piedad aún de corte barroco, muy afectiva y práctica, devocional y un tanto carente de formación intelectual''' profunda. Se refleja aquí esa pobreza doctrinal causada por la mala formación del clero y la extinción de los regulares. Prevalecía la devoción «sencilla, afectiva, humana, que viene de la baja Edad Media» (Jiménez Duque 1979, 417), de base franciscana en gran medida, si bien los frailes franciscanos ya no podían acompañarla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero '''con el retorno de las órdenes religiosas en la Restauración, el panorama cambió''' un tanto. La mejor formación religiosa que recibían los jóvenes en los centros de enseñanza de las órdenes, así como las misiones populares, los ejercicios espirituales, los libros y folletos religiosos, etc., ayudaron a que la religiosidad del pueblo, sobre todo entre las clases medias y altas, fuese '''evolucionando hacia una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron muchas las iniciativas que podrían nombrarse aquí. Se crearon un gran número de asociaciones piadosas, que con frecuencia tenían también un carácter benéfico y/o apostólico. Por lo que se refiere a las congregaciones religiosas, a las tradicionales que ya estaban en España anteriormente y se restauraron en este periodo, y a las fundaciones propiamente españolas, vinieron a unirse un gran número de congregaciones fundadas en otros países, sobre todo Francia e Italia. La mayoría de las congregaciones fundadas en estos países a finales del XIX, que fueron muchas, establecieron alguna casa en España.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.6.3. El feminismo católico y la Acción Católica de la Mujer ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX, la participación de la mujer en la vida pública, así como su acceso a la educación, distaba aún mucho de ser equiparable a la del varón. En lo que se refiere a la actividad política, esta realidad se daba tanto en los ámbitos más conservadores como en los liberales o socialistas. En este ambiente, se empezaron a fundar diferentes asociaciones encaminadas a lograr la equiparación de los derechos públicos de las mujeres con los de los hombres, tales como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, la Juventud Universitaria Femenina o la Sociedad Concepción Arenal. Estas asociaciones, sin bien contaban entre sus miembros muchas mujeres católicas, eran por lo general institucionalmente aconfesionales, y en ocasiones estaban incluso teñidas de una ideología laicista.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.6.3.a. Pensamiento feminista católico =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por parte católica, '''en las dos primeras décadas del siglo tiene lugar una reflexión importante que busca conciliar la fe católica con los principios feministas''', tomando como punto de partida la obra de Concepción Arenal. Destacó especialmente, por sus reflexiones feministas desde una óptica católica, la escritora Concepción Gimeno de Flaquer. Entre los teólogos que también emprendieron esta tarea, destacan el jesuita Julio Alarcón, el agustino Graciano Martínez, y el sacerdote secular Mariano Arboleya (González Miren 2018). Sus reflexiones partían de la afirmación bíblica de la igual dignidad del hombre y la mujer, así como sus diferencias y complementariedad. Insistían en rebatir a algunos autores contemporáneos que pretendían afirmar una menor capacidad intelectual en la mujer con respecto al hombre, que justificaría su menor participación en la vida política y cultural. Al mismo tiempo, siguiendo a Arenal y en sintonía con otras pensadoras católicas del siglo XX como Edith Stein, reflexionaban desde las diferencias entre hombres y mujeres sobre cuáles serían las tareas más apropiadas para cada uno de los sexos. En este sentido, la atribución de ciertos roles específicos podía estar en mayor o menor medida condicionada por la época, y no ser igual de válida para las circunstancias actuales. Pero lo importante es la '''afirmación de la igualdad en cuanto a dignidad y capacidades intelectuales de ambos sexos, que debe reflejarse en una igualdad de derechos políticos y sociales'''. Una evidencia que hoy tenemos muy asumida, pero por entonces era necesario defenderla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.6.3.b. La Acción Católica de la Mujer =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a las '''iniciativas de orden práctico, el gran proyecto en este ámbito fue la creación, en 1919, de la Acción Católica de la Mujer''' (Salas Larrazábal 2003). La idea era crear una institución en favor de la mujer que tuviese un carácter decididamente católico, a diferencia de las ya existentes que, como dijimos, oscilaban entre la aconfesionalidad y el laicismo. El principal promotor del proyecto fue el cardenal Guisasola, arzobispo de Toledo. Desde este momento, la ACM se convierte en un '''faro de feminismo cristiano''', una respuesta a la necesidad de incorporar a la mujer en el Movimiento Social Católico de España. Desde su comienzo, estuvo apoyada por importantes personajes de la época, como el político Antonio Maura o la escritora Emilia Pardo Bazán.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM no se limitó a ser una asociación de carácter piadoso o benéfico, como habían sido la mayoría de asociaciones de mujeres católicas hasta el momento. Fue una organización que buscó ir más allá, asumiendo como cometido la '''formación de la mujer en todos los ámbitos de la vida, desde lo laboral hasta lo espiritual'''. Se fomentó la educación y la sindicación femenina, y se debatió sobre el sufragio de la mujer. La ACM se convirtió en un espacio donde la mujer católica pudo ser tanto devota como activista social, sin que lo uno excluyera a lo otro.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El carácter nacional y federativo de la ACM permitió que sus iniciativas tuvieran un amplio alcance. Desde su primera asamblea en 1920, la organización se centró en mejorar las condiciones laborales de las mujeres, fomentar su educación y defender sus derechos. '''La ACM se convirtió en un puente entre la fe y la acción social, entre la Iglesia y la sociedad'''. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM también se destacó por su capacidad para adaptarse a los tiempos. En una época en la que el feminismo secular ganaba terreno, la ACM ofreció una alternativa que no sacrificó la fe en el altar de la igualdad. Se abogó por el sufragio femenino y otras formas de intervención en la vida pública, pero siempre dentro de un marco que respetase la doctrina católica y las funciones propias de la mujer como madre y esposa. Se preocupaba también de denunciar la explotación de la mujer en el orden social y laboral. Sin embargo, la ACM no fue inmune a las tendencias de la Iglesia del tiempo. La Acción Católica Española, en consonancia con la fuerte vinculación hacia Roma que tenía la Iglesia española en general, seguía muy de cerca los pasos que el Papa iba marcando para la Acción Católica Italiana. Cuando el auge del fascismo hizo que se reformaran los estatutos de la AC en Italia, para orientarla más hacia fines propiamente apostólicos y espirituales y menos hacia los sociales y políticos, en España se siguieron los mismos pasos. De ese modo, aunque en sus primeros años la ACM se centró en cuestiones sociales y laborales, '''a partir de 1926 se replegaría más hacia el campo de la espiritualidad, la formación cristiana y el apostolado'''. Pero incluso en ese repliegue, la ACM siguió siendo un testimonio de la capacidad de la Iglesia para dialogar con el mundo, para encontrar un equilibrio entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La restauración de las órdenes religiosas trajo consigo un auge del afán misionero, tanto en lo que se refiere a misiones populares en la España peninsular, como a la evangelización y promoción humana en los territorios de ultramar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Otro fruto del restablecimiento de los religiosos fue la mejora en la formación espiritual del pueblo cristiano, que dio lugar a una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX se trabajó por la promoción de los derechos de la mujer desde una óptica cristiana. Esto tuvo lugar en el ámbito del pensamiento, con escritoras como Concepción Gimeno y teólogos como Julio Alarcón, y en el ámbito práctico, con la creación en 1919 de la Acción Católica de la Mujer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.7. Pensamiento católico ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Terminamos con unas breves menciones de algunos de los pensadores católicos más destacados de los años de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.7.1 Menéndez Pelayo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primer autor, de obligada mención, es Menéndez Pelayo (1856-1912).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En la historia de la intelectualidad española, pocos nombres resuenan con tanta fuerza y dignidad como el de '''Marcelino Menéndez Pelayo'''. Nacido en Santander en 1856 y fallecido en la misma ciudad en 1912, Menéndez Pelayo fue un faro luminoso en el oscuro panorama de una España que buscaba su identidad entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Primero y ante todo, Menéndez Pelayo fue un hombre de '''profunda fe católica'''. Su catolicismo no era una mera etiqueta, sino el núcleo que informaba toda su obra y pensamiento. Como bien apuntó Laín Entralgo, su catolicismo era su «más amplio y fundamental» modo de ser, '''un catolicismo que entendía como inseparable de su identidad española'''. En su juventud, ya alzaba su copa para brindar por «la fe católica, apostólica, romana» como la esencia y la inspiración de la cultura y la historia españolas (Valverde 1979, 534-35).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no solo fue un erudito, sino también un apasionado defensor de la cultura y la historia españolas. En una época en que muchos intelectuales se volcaban hacia corrientes extranjeras, él se erigía como un '''baluarte contra el olvido y la tergiversación de la riqueza intelectual y espiritual de España'''. Su obra ''Historia de los heterodoxos españoles'' es un testimonio de su profundo '''amor por la tradición católica y su influencia en la formación de la identidad nacional'''. Lo que distingue a Menéndez Pelayo de otros intelectuales de su tiempo es su '''apertura y su rigor científico'''. Rodeado de un espíritu en el que cundía un cierto fanatismo y división, entre «izquierda» y «derecha», católicos tradicionales e intelectuales krausistas, él '''supo elevarse por encima de las polémicas estériles''' para dedicarse a la verdadera ciencia. Su obra es un monumento a la erudición, abarcando campos tan diversos como la filología, la historia de la literatura, la filosofía y las ciencias políticas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no fue un hombre estático; '''su pensamiento evolucionó desde las posturas vehementes de su juventud hacia una mayor moderación y tolerancia'''. A medida que maduraba, su obra reflejaba una mayor serenidad y equilibrio. Aunque nunca abandonó su fe católica ni su amor por España, aprendió a dialogar con corrientes intelectuales diversas, incluidas las no católicas y extranjeras, enriqueciendo así su propia perspectiva.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de su monumental contribución a la cultura española, Menéndez Pelayo ha sido a menudo malentendido o ignorado, tanto por el lado «progresista» como por el «conservador». Sin embargo, su legado perdura como un testimonio de lo que significa ser un intelectual católico y español en el sentido más profundo y auténtico. Es una muestra de cómo el amor y la pasión por la propia tradición cultural no están reñidos con el rigor científico. En una época de confusión y polarización, la vida y obra de Menéndez Pelayo nos ofrecen una visión integradora y elevada de la fe y la cultura, que sigue siendo profundamente relevante en nuestro tiempo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.7.2. El catolicismo en la generación del 98 ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, ese conjunto de intelectuales que emergió en la España de fin de siglo, se presenta como un crisol de actitudes ante la Iglesia y el catolicismo que, aunque diversas, comparten una cierta distancia crítica. Este grupo, marcado por la crisis de 1898 tras la pérdida de las últimas colonias, se sumerge en una '''profunda reflexión sobre la identidad nacional y, por ende, sobre la Iglesia como institución intrínsecamente ligada a la historia de España'''. Criticaron la '''decadencia de España, atribuyéndola en parte al catolicismo''', y abogaron por una «europeización» del país que, entre otras cosas, comportaba la '''aceptación de los principios liberales y secularistas''' que regían otras naciones europeas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al mirar el conjunto de sus obras, se revela una complejidad en la relación de estos escritores con la Iglesia. Por un lado, se observa un '''laicismo marcado y una crítica a la influencia eclesiástica en la política y la educación'''. En esto son deudores del espíritu laicista de la '''Institución Libre de Enseñanza''', la cual formó a muchos de los escritores de la generación del 98 e influyó decisivamente en los otros. Las lecturas comunes en estos autores, imbuidos en gran medida de la filosofía nietzscheana y el positivismo de moda en Europa, los inclinaban inevitablemente hacia un rechazo de la religión. Rechazo que no se trata de mero anticlericalismo, en el sentido de crítica a ciertas formas anticuadas y ampulosas de manifestación de la fe, sino de algo más profundo, una '''dificultad para aceptar el hecho de la revelación cristiana''', en línea con el deísmo ilustrado y panteísta que imperaba en el pensamiento krausista de la Institución Libre de Enseñanza.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otro lado, se nota una cierta '''fascinación por elementos propios de la tradición religiosa católica''', como por ejemplo la figura del sacerdote, aunque a menudo teñida de crítica y estereotipo. Y también una lucha, en algunos autores, entre el deseo de la fe y el rechazo de ella. '''Unamuno''', quizás el más complejo de todos en su relación con la fe, encarna una vivencia «agónica» del cristianismo (Valverde 1979, 489). Su búsqueda espiritual se realiza en un terreno de '''conflicto entre la razón que rechaza la fe y el corazón que quiere aceptarla''', entre la Iglesia institucional y la religiosidad personal. No es anticlerical en el sentido estricto, pero sí crítico con una Iglesia que ve como anquilosada, al mismo tiempo que evidencia una sincera e intensa búsqueda religiosa. Baroja, por su parte, muestra un talante más anárquico. Su crítica a la Iglesia se inscribe en una crítica más amplia a todas las instituciones y estructuras de poder. No es tanto la religión lo que le causa rechazo, sino la institucionalización de la misma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En resumen, la Generación del 98 no presenta un pensamiento monolítico en lo que tiene que ver con el catolicismo y la Iglesia. Lo que sí comparten es una actitud de cuestionamiento y revisión crítica, una necesidad de redefinir la relación entre la fe y la identidad nacional en un momento de crisis profunda. Y aunque algunos puedan ver en esto un alejamiento de la Iglesia, quizás podría verse también como un llamado a la renovación y al diálogo, un anhelo, en última instancia, de encontrar en la fe y en la Iglesia respuestas a las preguntas eternas que agitaban sus inquietas almas. Por otro lado, también es cierto que los escritores de la generación del 98 eran más dados a la crítica generalizada que a la proposición de soluciones reales. Su afán renovador no cristalizó en proposiciones de cómo esa renovación podría llevarse a cabo, en lo que se refiere a la relación entre la fe católica y los nuevos desafíos sociales de la España del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.7.3. Otras corrientes importantes ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, queríamos mencionar un par de corrientes de pensamiento importantes de finales del XIX, y a sus principales representantes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La primera es el '''renacimiento de la filosofía escolástico-tomista'''. Su precursor fue el padre dominico '''Ceferino González''' (1831-1894), que empezó a publicar en la década de 1860. De este modo, creó un ambiente propicio para que hallase eco la encíclica ''Aeterni Patris'' escrita por León XIII en 1879 con el fin de promover los estudios de la filosofía y teología de Santo Tomás de Aquino. De este modo, la renovación intelectual en la que, como dijimos antes, intervinieron sobre todo los dominicos, jesuitas y agustinos, dio lugar a un número importante de obras de carácter neoescolástico. Estas obras tuvieron el mérito de animar intelectualmente los renovados centros de estudios teológicos que aparecieron en el pontificado de León XIII, si bien es cierto que les faltó un tanto de creatividad y capacidad de diálogo con su tiempo. De este renacimiento tomista surgiría un importante autor espiritual, el dominico '''Juan G. Arintero''' (1860-1928), cuya obra daría pie a un encendido debate en torno a la naturaleza de la ascética y la mística cristiana, que caracterizaría la teología espiritual española de comienzos del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La otra es el '''pensamiento católico integrista''', representado sobre todo en la figura del sacerdote de Sabadell '''Félix Sardá y Salvany''' (1831-1916). Se caracterizó por ser el principal ideólogo de la tendencia teológica, filosófica y política que dio en llamarse «integrista». Sus escritos tenían un carácter fuertemente apologético y popular, con títulos muy incisivos y no carentes de un cierto gracejo. Su obra más difundida, ''El liberalismo es pecado'' (1884), alcanzaría gran difusión e influiría en el pensamiento de muchos católicos españoles de finales de siglo. Su tesis principal era que, si bien las formas políticas creadas por el liberalismo podrían en teoría ser aceptables, en la práctica iban siempre acompañadas de los principios del liberalismo filosófico, con lo que debían ser rechazadas de pleno. En el momento en el que apareció, su doctrina estaba en plena sintonía con lo que la Iglesia había enseñado, particularmente con el ''Syllabus'' de Pío IX. Ahora bien, en 1888 León XIII publicaría ''Libertas Praestantissimum'', en la que abría la puerta a los católicos a la colaboración política en los regímenes liberales siempre que rechazaran los principios filosóficos. Este hecho, unido al daño que estaban haciendo las polémicas entre los católicos españoles, motivó que Sardá y Salvany moderase sus posturas hacia otras más conciliadoras, como se manifestó en el artículo ''¡Alto el fuego!'' de 1896.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Marcelino Menéndez Pelayo destacó por su profunda fe católica y su apasionada defensa de la cultura y la historia españolas, abogando por un enfoque riguroso y abierto en la erudición, y cuyo legado ofrece una visión integradora de la fe y la cultura en tiempos de polarización..&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, influida por la Institución Libre de Enseñanza, mantuvo una relación compleja y crítica con la Iglesia y el catolicismo, cuestionando su papel en la identidad nacional de España y abogando por una «europeización» que incluyera principios liberales y secularistas, a la vez que algunos manifestaban inquietud y búsqueda religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A finales del siglo XIX, destacan el renacimiento tomista representado por Ceferino González y el integrismo católico representado por Félix Sardá y Salvany.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=La_Iglesia_en_la_Restauracion&amp;diff=810</id>
		<title>La Iglesia en la Restauracion</title>
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		<updated>2023-09-06T17:24:06Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;= {{anchor|Toc459888455}} 5. La Iglesia en la Restauración =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281960}} 5.1. Introducción y objetivos ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En este tema, vamos a tratar el periodo de la Restauración de la monarquía borbónica (1875-1931). Es el periodo más largo de todos los que estudiamos en el curso, y eso ya nos da una indicación de que fue un periodo de relativa estabilidad, en el que la Iglesia pudo desarrollar su labor, no sin dificultades, pero con mayor libertad que en muchos de los periodos que hemos visto anteriormente.&amp;lt;/div&amp;gt;&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.2. Situación de la Iglesia al comenzar el periodo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Para empezar, demos algunas pinceladas acerca de la situación del catolicismo en España al acabar la fallida experiencia de la I República, con la llegada de Alfonso XII al trono en 1875.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dado lo convulso de los años del sexenio revolucionario, '''no disponemos de los datos estadísticos''' que sí teníamos en otros periodos. Podemos suponer que los números, en lo que al clero secular se refiere, no serían muy distintos a los de seis años antes pues, si bien durante la revolución hubo tumultos y ataques a templos y sacerdotes, no podemos hablar de exilios masivos o matanzas generalizadas de sacerdotes, como en otros periodos que estudiamos, que afecten significativamente a los números. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por lo que se refiere a los religiosos, ya vimos cómo '''la legislación antirreligiosa de la revolución dio al traste con la débil recuperación que empezaban a experimentar las órdenes''' después de las desamortizaciones y, si bien legislaciones posteriores mitigaron ese golpe, la situación era necesariamente precaria en cualquier caso. Las religiosas, que no habían sido tan perjudicadas por las medidas legislativas, habían sido '''víctimas de los tumultos anticatólicos en diferentes partes de España, con lo que se habían perdido bastantes conventos''' (Martí Gilabert 2007).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Recordamos también el '''gran auge fundacional''' que había experimentado la Iglesia en la segunda mitad del reinado de Isabel II, y que había incluso continuado durante el sexenio, en lo que a '''instituciones de educación, caridad y asistencia''' se refiere. Todo esto '''en medio de una situación de penuria económica para la Iglesia''', a todos los niveles, afectada por las desamortizaciones y la crisis general. Más allá de que en algunos lugares la revolución hubiera perjudicado esas obras, el espíritu emprendedor de la Iglesia para esa clase de iniciativas estaba muy vivo, como se demostraría a lo largo de los años del régimen de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el aspecto moral, existía una '''fuerte unión con el pontífice''' reinante en aquel momento, Pío IX, compartida por pueblo, clero y obispos. En sus relaciones con el poder político, l'''a Iglesia había acatado oficialmente la multitud de diferentes regímenes''' que se habían sucedido abruptamente en el espacio de seis años, pero los católicos en general '''veían con buenos ojos la restauración monárquica'''. Algunos de ellos '''simpatizaban con la causa carlista''', que había estado a punto de triunfar militarmente en los últimos años del sexenio. Pero, por lo general, los sacerdotes se habían inmiscuido poco en la política, estaban más bien dedicados a sus tareas propias. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por lo que se refiere al perfil moral del sacerdote, son interesantes las caracterizaciones que hacen de ellos los escritores de final del siglo XIX; hablaremos de ello más adelante en este mismo tema. Lo que sí podemos decir ahora es que, dado lo precario de la situación en la que tuvo que desenvolverse la Iglesia durante las décadas anteriores, '''los seminarios no habían ofrecido una buena formación''' doctrinal, humana ni espiritual. Por ese motivo, '''cundía una cierta ignorancia y relajación moral entre el clero''' de finales del XIX, perceptible sobre todo en los sacerdotes más jóvenes (Cárcel Ortí 2002, 364-65; Sala Balust y Martín Hernández 1966, 140-41).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a '''los laicos''', recordamos cómo había entrado con fuerza entre ellos el '''fenómeno asociativo'''. En el tema anterior hablamos de algunas de esas asociaciones, principalmente las que tenían que ver con la acción en el campo social, el caritativo y el apostólico. Pero también se crearon muchas otras de índole piadosa, como congregaciones y cofradías. Por contraste, también se habían formado en el pueblo español núcleos de un acerbo anticlericalismo, de los que hablaremos más adelante en este tema.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La libertad de cultos había permitido el establecimiento de comunidades protestantes. Se temía que alcanzaran cierta difusión, sobre todo en Andalucía, donde se juntaba la falta de formación cristiana del pueblo, que había sido causada por la supresión de las órdenes religiosas, con el carácter voluble y curioso de las gentes (Cárcel Ortí 1984, 108-21). Sin embargo, la realidad es que '''pocos se pasaron al protestantismo''', y en muchas ocasiones asistían a sus reuniones por mera curiosidad sin abandonar sus creencias católicas. Los testimonios de la época nos dicen también que algunos clérigos disconformes se hacían protestantes para evitar la autoridad de sus obispos (Vilarrasa 1875, 530).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;{{anchor|Toc459888457}} Al finalizar el sexenio revolucionario, el clero secular estaba bien nutrido en cuanto al número, pero con carencias en la formación doctrinal, moral y espiritual. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Los religiosos habían prácticamente desaparecido, los templos habían sufrido ataques, y las religiosas habían perdido bastantes conventos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de la pobreza, abundaban las iniciativas de creación de instituciones educativas, caritativas y asistenciales. Había fuerte unión con el Papa, y en lo político se acataba cualquier régimen pero se miraba con particular agrado a la monarquía.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc68866942}} {{anchor|Toc144281962}} 5.3. Los pontificados durante la Restauración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El periodo histórico conocido como la «Restauración» es largo, duró 56 años. A lo largo de ellos, se sucedieron cinco diferentes pontífices. Vamos ahora a caracterizar los rasgos principales de cada uno de ellos, fijándonos sobre todo en su relación con España. Obviamos a Pío IX, que fue el papa encargado de acoger el nuevo régimen, porque ya lo hemos tratado en el tema anterior. Hablaremos, por tanto, de León XIII, Pío X, Benedicto XV y Pío XI.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc144281963}} 5.3.1. León XIII ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El pontificado de León XIII fue bastante largo (1878-1903), pero sobre todo fue muy fecundo en la creación de nuevas iniciativas llamadas a contrarrestar la secularización de la sociedad, que ya se había hecho muy patente. Podemos caracterizar el pontificado de León XIII como una '''renovación eclesial '''a diversos niveles.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Uno de los campos en los que aparece esta revitalización es el ya mencionado del '''asociacionismo católico''', que comenzó durante el pontificado de Pío IX, pero en el de León XIII siguió cobrando fuerza. Sorprenden particularmente los números de las asociaciones obreras que, a finales del siglo XIX, contaban en España unos 80.000 afiliados. Por contraste, y para hacerse una idea de la evolución posterior, en las mismas fechas la UGT, el sindicato del partido socialista, no llegaba a 4.000 afiliados (Cárcel Ortí 2002, 418). En la asignatura «La Iglesia ante la secularización» hablamos más extenso de las asociaciones obreras, que tuvieron un gran crecimiento tras la encíclica de León XIII ''Rerum novarum ''(Carballo López 2017). Las asociaciones católicas desarrollaron una intensa actividad durante la Restauración en otros muchos ámbitos, como explicamos en el tema anterior y también en el tema correspondiente de «La Iglesia ante la secularización».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, esta actividad '''no tuvo un reflejo en el campo político'''. El motivo principal fue la división y enfrentamiento que existía entre los católicos, por un lado los «alfonsinos» representados por Cánovas, y por otro los tradicionalistas, que a su vez estaban divididos y enfrentados en «mestizos» representados por Pidal, e «integristas» representados por Nocedal. En la asignatura «La Iglesia ante la secularización» hablamos más en detalle de este enfrentamiento, que requirió la intervención papal para pedir que se eliminasen las discordias internas y se unieran las fuerzas de los católicos en pro de un fin común, sin lograr su objetivo. Por su parte, las fuerzas liberales y socialistas hacían uso de las instituciones políticas para llevar adelante su agenda (por usar un término contemporáneo), mientras '''los católicos estaban absorbidos por sus luchas internas'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Es cierto que no era fácil dar con una solución adecuada al dilema entre las exigencias del catolicismo, que de suyo no está vinculado a ninguna forma política, sino que ofrece unos principios morales que pueden ser realizados de diferentes formas concretas, con el régimen político liberal que, si bien en teoría podría compatibilizarse con los principios católicos, en la práctica iba siempre teñido de los principios del racionalismo, la autonomía moral del individuo y el indiferentismo religioso. Ese será el tema que tratará León XIII en su encíclica ''Libertas praestantissimum'' (1888) en la que, tras discernir cuál es el concepto verdadero de libertad y prevenir contra las falsas concepciones que se presentan bajo el nombre de «liberalismo», concluye que «'''no está prohibido en sí mismo preferir para el Estado una forma de gobierno moderada por el elemento democrático''', salva siempre la doctrina católica acerca del origen y el ejercicio del poder político» (León XIII 1888, párr. 32). Pero, en aquel momento, '''los católicos españoles no fueron capaces de llevar adecuadamente este principio general a la práctica'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Restauración trajo consigo una mayor apertura al '''desarrollo de las congregaciones religiosas'''. Durante el gobierno del partido conservador de Cánovas, prácticamente se eliminaron las barreras para ese desarrollo, al amparo del texto del concordato que, además, se interpretaba de manera amplia (como se diría en lenguaje coloquial, «se hacía la vista gorda» con frecuencia). Cierto es que, en 1875, la mayoría de ellas tenían que partir prácticamente de cero, pero poco a poco '''fueron restableciendo en España noviciados, casas de estudio, centros de caridad y enseñanza, etc'''. A esto se uniría, en los años siguientes, la '''llegada de un gran número de congregaciones extranjeras de reciente fundación''', dentro de esa explosión fundacional que experimentó la Iglesia en la segunda mitad del XX. Tantas fueron que, a principios del siglo XX, el gobierno liberal limitará la entrada de nuevas congregaciones, como veremos después.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El retorno de los religiosos trajo consigo una '''importante mejora en la altura intelectual de la teología española''', que en ese momento estaba en un nivel ínfimo. Las órdenes más destacadas en este aspecto fueron los dominicos, que impulsaron el renacimiento tomista del que luego hablaremos, los agustinos que fundaron revistas como «La ciudad de Dios», y los jesuitas, con obras como el Seminario Pontificio de Comillas que pronto se convertiría en Universidad Pontificia. El ejemplo de un papa intelectual promovió también la mejora de la enseñanza teológica en las instituciones dependientes de los obispos. '''Varias de esas instituciones de enseñanza superior eclesiástica serían constituidas universidades pontificias por León XIII''', como la de Salamanca, la de Granada o la de Toledo. Favoreció también la creación de un Colegio Español en Roma. Todas estas medidas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc144281964}} 5.3.2. Pío X ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El pontificado de Pío X (1903-1914), tuvo un impacto significativo en la vida religiosa y social de España, consolidando aún más la relación entre la Iglesia Católica y el Estado en un período crucial de la historia española. Pío X es especialmente recordado por su énfasis en la '''renovación espiritual y la defensa de la ortodoxia''' católica, aspectos que encontraron un eco favorable en España. Puede decirse que el estilo llano y directo de Pío X conectó mejor con el catolicismo español que la intelectualidad de León XIII. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Uno de los aspectos más notables del pontificado de Pío X fue su enfoque en la '''participación de los laicos''' en la vida de la Iglesia. Su decreto ''Quam Singulari'' de 1910, que permitía la Primera Comunión a niños más jóvenes, tuvo un impacto directo en la vida religiosa de las familias españolas, fomentando una '''devoción más temprana y profunda al sacramento de la Eucaristía'''. Esto no solo fortaleció la vida espiritual de los individuos, sino que también contribuyó a cimentar el papel central de la Iglesia en la sociedad española.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro elemento clave del pontificado de Pío X fue su '''combate contra el modernismo''' teológico, del que ya hablamos en la asignatura «La Iglesia ante la secularización». En España, la publicación de ''Pascendi Dominici Gregis'' (1907) '''marcó una línea en las universidades pontificias y seminarios''', que aún buscaban consolidarse tras el impulso que les había dado León XIII.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otra parte, la '''impronta fuertemente jerarquizada y el valor de la autoridad''', que fueron características del pontificado del papa Sarto, también hallaron resonancia en la Iglesia española: por un lado, porque la tendencia integrista aún tenía mucha fuerza y, por otro, porque el giro anticlerical que tomó el gobierno de Sagasta al comienzo del siglo XX favoreció el sentido de militancia y resistencia en las filas católicas españolas (García-Villoslada et&amp;amp;nbsp;al. 1979, V:305-6). En este ambiente, la firmeza de Pío X en la defensa de los valores y enseñanzas católicos sirvió de apoyo moral y espiritual para aquellos que buscaban preservar la influencia positiva de la Iglesia en la sociedad. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al respecto, cabe decir que '''la división de los católicos españoles, que venía arrastrándose desde el pontificado de León XIII, seguía aún sin resolverse'''. A principios del siglo XX, la polémica se centraba entre el ya mencionado periódico integrista, ''El siglo futuro,'' y la revista de los jesuitas ''Razón y fe ''(Cárcel Ortí 1989). El núcleo del conflicto estaba en que los integristas aspiraban a realizar el bien mayor, el del Estado plenamente confesional, que identificaban con la monarquía absoluta, y criticaban a los que, dentro de las circunstancias, se conformaban con el bien posible o el mal menor, aceptando la forma de estado liberal. '''El Papa escribió, como ya hiciera su antecesor, una carta a los católicos españoles con el fin de zanjar estas divisiones, ''Inter catholicos Hispaniae ''(1906)'''. Iría seguida de una serie de normas de conducta para los católicos y los obispos, y de algunas medidas como la de retirar al nuncio Vico (a petición del propio rey Alfonso XIII), que favorecía al bando integrista. El núcleo de las argumentaciones del Papa era que ambas posturas (las de los integristas y las de los posibilistas) eran aceptables para un católico, y que no debían dedicarse a la polémica entre ellos sino a unir fuerzas trabajar en el campo político y social, donde las fuerzas contrarias a la religión y a la sociedad estaban logrando grandes avances. De manera particular, en el caso de las elecciones, declaraba que los católicos debían apoyar al candidato que mejor miraría por los intereses de la religión y la patria. A pesar de los esfuerzos de la Santa Sede, la división no terminó de resolverse, y seguiría afectando a laicos, clero e incluso obispos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otra iniciativa para unir las fuerzas de los laicos en pro de la evangelización de la sociedad fueron las llamadas '''«ligas católicas», promovidas por el arzobispo primado de Toledo, el cardenal Ciriaco Mª Sancha''' (1833-1909), con los objetivos de defender los intereses de la Iglesia en la política, fomentar la acción social católica y la caridad y, sobre todo, la educación y formación cristiana del pueblo. Despertaron muchas esperanzas entre la clerecía y el laicado, pero les faltó aliento creador para concretar las buenas intenciones en proyectos verdaderamente eficaces. También en el pontificado de Pío X se fundó la '''Asociación Católica Nacional de Propagandistas''', por el P. Ayala y el joven laico Herrera Oria. El impacto de esta asociación sería limitado durante la Restauración (en parte por las fuertes críticas y oposiciones que encontró, en el mar), pero jugaría un papel clave durante la II República. Hablamos más sobre esta asociación en la asignatura «La Iglesia ante la secularización».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.3. Benedicto XV ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La llegada al pontificado de Benedicto XV (1914-1922), un Papa de talante conciliador, preconizaba una mejora en el entendimiento entre la Iglesia y el Estado en España. Su '''enfoque diplomático y su interés en cuestiones sociales''' resonaron con sectores significativos del clero y los fieles. Además, su experiencia previa en España y su simpatía hacia el país fortalecieron su popularidad entre los españoles. Sin embargo, las expectativas no llegaron a materializarse de manera significativa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otra parte, la volatilidad de la época se reflejó en la relación entre la Iglesia y la sociedad española. Un día podría haber una huelga general y al siguiente una consagración al Sagrado Corazón de Jesús. '''Esta oscilación entre momentos de fervor religioso y tensiones sociales''' y políticas muestra la complejidad de la relación Iglesia-Estado en este periodo. Durante este tiempo, España estaba sumida en una serie '''de tensiones políticas y sociales exacerbadas por la Primera Guerra Mundial'''. Aunque''' la «cuestión religiosa» fue temporalmente relegada''' debido a preocupaciones más urgentes, las tensiones subyacentes entre la Iglesia y el Estado seguían presentes. La Iglesia española, en particular, enfrentó momentos cruciales relacionados con el sindicalismo y otros movimientos sociales. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro acontecimiento importante de este pontificado fue la '''constitución de la «Junta de Metropolitanos» en 1921''', que contaba con representación de todos los obispos españoles, y en cierto modo sería la precursora de lo que hoy es la Conferencia Episcopal. Los obispos tomaron conciencia de la necesidad de organizarse para una acción conjunta, ante los crecientes retos que ofrecía la sociedad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, reseñar que en 1919, dentro de ese ambiente que caracterizó este pontificado, de apertura a las necesidades sociales y a la participación en las estructuras del estado democrático, apareció la '''Democracia Cristiana''', un pequeño grupo de intelectuales reunidos en torno a Severino Aznar (1870-1959). El grupo de la Democracia Cristiana buscaba '''promover la justicia social y la autonomía de las clases populares por obra de ellas mismas, en contraposición al paternalismo''' prevalente en la acción social de la Iglesia en España. Sin embargo, '''su enfoque fue criticado por ser considerado «liberal» y hasta «socialistoide»''' por los sectores más conservadores. La Santa Sede, preocupada por evitar divisiones, pidió a los obispos españoles que examinaran el caso. Aunque no encontraron errores doctrinales en el grupo, sí notaron una '''tendencia hacia la autonomía con respecto a la jerarquía''', que preocupaba a la autoridad eclesiástica. El grupo tuvo una '''vida corta y limitada en su impacto'''. Intentó formar parte de un partido más amplio, el Partido Social Popular, pero la iniciativa fracasó con el golpe militar de 1923.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El fracaso de estas iniciativas puede verse como un reflejo de la tensión entre la necesidad de modernización social y la resistencia al cambio dentro de la Iglesia y la sociedad españolas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.4. Pío XI ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Si bien el pontificado de Pío XI (1922-1939) se caracteriza, sobre todo, por ser el que correspondió con la II República y la guerra civil española, también podemos reseñar algunos elementos importantes que se tuvieron lugar durante la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primero de ellos fue la expansión de la Acción Católica, uno de los grandes proyectos del pontificado de Pío XI. La '''Acción Católica Española (ACE)''' fue impulsada en España por '''Claudio López Bru''', Marqués de Comillas, y '''Ángel Herrera'''. Surgió en el contexto favorable de la dictadura del general Primo de Rivera, lo que la Iglesia utilizó para organizar su estructura y métodos de formación. Se adoptó el '''modelo italiano '''para sus estatutos y se establecieron juntas diocesanas y parroquiales para coordinar actividades. El '''cardenal Segura''', jugó un papel clave en la consolidación de la ACE, fundando su Boletín Oficial en 1928 y organizando eventos nacionales para fortalecer el movimiento.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Hubo también '''esfuerzos por modernizar la Iglesia y aumentar su presencia en la sociedad'''. El más destacable fue la '''«gran campaña social» en 1922''', iniciativa que surgió de parte de Ángel Herrera Oria y el periódico ''El Debate'', y fue promovida inicialmente por los obispos. Buscaba una '''acción combinada en la enseñanza''' para formar líderes católicos, en '''el mundo del trabajo''' para formar sindicatos católicos, y en la '''promoción de la prensa y propaganda católicas'''. También quiso instruir una obra patriótica para paliar la grave crisis de la guerra de Marruecos, y realizar una colecta en favor de los niños de Rusia y Europa central. Pero esta iniciativa, al igual que otras similares, '''fracasó por la apatía y el encerramiento en intereses personales''', tanto de la gente de Iglesia (que debería haber financiado y apoyado la campaña), como del gobierno y el mismo rey, que temían la creación de un partido moderno «de derechas».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Durante la Restauración, los intentos de modernizar la Iglesia española dieron poco fruto, en gran medida por las divisiones, la falta de creatividad, la intransigencia de los integristas, y la falta de sentido social de gran parte de la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En el pontificado de León XIII, destacaron el desarrollo de las congregaciones religiosas, el auge del asociacionismo católico, y la mejora de la formación en los centros teológicos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En el pontificado de Pío X, tuvo lugar una renovación espiritual, sobre todo eucarística, y se intentó la creación de las «ligas católicas».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Durante el pontificado de Benedicto XV, hubo expectativas de mejora en las relaciones Iglesia-Estado en España, pero las tensiones sociales y políticas del momento limitaron los avances. La aparición de la Democracia Cristiana reflejó un intento de modernización y respuesta a los desafíos sociales, aunque tuvo poco impacto.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Durante el pontificado de Pío XI, la Acción Católica Española se expandió significativamente. A pesar de estos esfuerzos y de iniciativas como la «gran campaña social» de 1922, la modernización de la Iglesia enfrentó obstáculos como la apatía institucional y la resistencia política.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281966}} {{anchor|Toc68866943}} 5.4. Dificultades a la evangelización ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el apartado anterior, junto con los logros y avances de la Iglesia, hemos mencionado también algunas de las dificultades y resistencias internas que encontró el desarrollo de su labor evangelizadora y su adaptación a las nuevas circunstancias. Vamos ahora a mencionar algunos de los obstáculos externos que tuvo que enfrentar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.1. Descristianización de algunos sectores de la sociedad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un primer obstáculo importante fue la aparición de importantes masas de población que estaban, en la práctica, descristianizados. Si bien la inmensa mayoría de la población estaba bautizada, había muchos sectores que desconocían los rudimentos de la fe cristiana. Las causas que podemos encontrar son múltiples. En primer lugar, la extinción de los regulares (o religiosos) que, en muchos lugares, eran los que en realidad catequizaban al pueblo. Podemos añadir también la causa de la mala formación de los sacerdotes seculares, tanto en lo que se refiere a su falta de conocimientos adecuados para enseñar la doctrina católica, como a sus carencias morales que podían ser causa de escándalos. Pero esta realidad también se había dado en otros momentos de la historia de España, con la diferencia de que, en esas otras ocasiones, estaban los religiosos para suplir con las prédicas en monasterios y conventos, órdenes terciarias, misiones populares, y otros métodos de formación del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esta carencia se hizo sentir de manera más acusada en el levante y sur peninsular. Los ambientes rurales, que tradicionalmente habían constituido la reserva del catolicismo español, se veían cada vez más afectados por la irreligiosidad. La práctica religiosa era muy escasa, y teñida con mucha frecuencia de mero costumbrismo y superstición. El descenso en la práctica religiosa era aún más notorio entre la población masculina.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las zonas más industrializadas, el problema afectaba sobre todo a las masas de obreros, la mayoría de ellos emigrados desde el campo. En los ambientes urbanos, donde las condiciones de vida de los asalariados eran muy precarias, faltaba el apoyo social para la religión que habían tenido en sus pueblos de origen (eso cuando no venían de un ambiente rural ya descristianizado), con lo que la práctica religiosa de estos trabajadores era también prácticamente nula. No era tanto el caso de las mujeres emigradas del campo a la ciudad, pues en muchas ocasiones su dedicación era el servicio doméstico, en el que las circunstancias eran más propicias para la práctica religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se puede añadir también como causa de la descristianización la falta de sentido social de muchos de los católicos de clases sociales superiores, que no acabaron de ver la necesidad de hacer reformas en las estructuras. Limitaban su benevolencia hacia las clases desfavorecidas a una acción benéfica teñida de paternalismo, que no conectaba con las aspiraciones reales de las masas trabajadoras. Esta falta de comprensión de las necesidades reales de la situación afectó también en ocasiones a los pastores de la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas masas, entre las que además cundía el analfabetismo, eran presa fácil para la propaganda anticlerical liberal, y más adelante socialista o anarquista. Ambas tenían en común el presentar a la Iglesia como uno de los pilares del sistema injusto que los mantenía en la pobreza. En muchas ocasiones, los revolucionarios se servían del descontento de esas masas empobrecidas como un pasto seco en el que prendían fácilmente sus incitaciones a la rebelión contra el sistema establecido, para hacer avanzar sus propios fines políticos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Ya hemos mencionado algunas iniciativas que se tomaron para hacer llegar el evangelio a esos grupos sociales, tales como los círculos obreros o las numerosas congregaciones y asociaciones laicas que se fundaron para la formación de las mujeres en situación desfavorecida. En los ambientes rurales, tras la restauración de los religiosos, también se trabajó por reavivar la fe y mejorar la formación mediante misiones populares. Un ejemplo de ello es el del padre jesuita Francisco Tarín (1847-1910), que recorrió los ambientes rurales de España, sobre todo Andalucía y Extremadura, predicando y promoviendo obras de culto y devoción, desde 1885 hasta su muerte, o el también jesuita Carlos Mazuelos (Verdoy Herranz 1998). Pero esas iniciativas no fueron suficientes para alcanzar a la totalidad de las masas descristianizadas rurales y urbanas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un ejemplo de los efectos de la descristianización de las masas obreras urbanas, y el anticlericalismo que cundía entre ellas, pudo verse durante la «Semana Trágica» de Barcelona, en julio de 1909. Una manifestación que se convertiría en huelga revolucionaria, y dirigiría su violencia principalmente contra las iglesias y conventos, con la quema de muchos de ellos, la destrucción de un importante patrimonio artístico y cultural, y el asesinato de algunos sacerdotes. Para aquél entonces, Barcelona se había convertido en un epicentro de anticlericalismo en España, en el que cundían las proclamas anarquistas y revolucionarias, como la famosa incitación de Alejandro Lerroux en 1897 a la destrucción de templos y la violencia sexual contra las novicias (Bárcena 2019, 418).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.2. Obstáculos a las congregaciones religiosas y la enseñanza católica ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A comienzos del siglo XX, la Iglesia había logrado una importante recuperación de las congregaciones religiosas. Esto se hacía especialmente notorio en el campo de la educación, en el que la Iglesia había puesto mucho empeño a todos los niveles, desde la educación más básica de las clases humildes hasta la enseñanza superior para aquellos que podían permitírselo. En esta última línea, fue especialmente destacado el esfuerzo llevado a cabo por la Compañía de Jesús, que aprovechando la libertad que tuvo en el último cuarto del XIX reorganizó con energía e ilusión sus centros educativos. La buena preparación de los religiosos, y su dedicación total a la tarea educativa sin requerir siquiera un sueldo, hacía que los centros de la Iglesia tuvieran un nivel inalcanzable para los centros estatales que, además de ser pocos, estaban mal dotados económicamente y carecían de una organización adecuada.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Cuando el partido liberal ascendió al poder en 1901, cundió entre ellos la preocupación de que la Iglesia, que prácticamente monopolizaba la educación de las clases altas, usara de ese medio para «reconquistar» la sociedad. Eso motivó que se tomasen algunas medidas para reducir la influencia de la Iglesia en la educación y en la vida pública. Casi de inmediato, promulgó una orden que exigía el registro de todas las asociaciones religiosas en el registro civil, basándose en la ley de asociaciones de 1887. Este acto fue interpretado por muchos como un intento de someter a las congregaciones religiosas al control estatal, poniendo en peligro su autonomía y, por ende, su misión educativa y evangelizadora. Ante este desafío, la Santa Sede, apoyada por el Episcopado y el partido conservador, se opuso firmemente a la medida. Este acto de resistencia llevó a negociaciones que culminaron en el acuerdo de 1904 con la Santa Sede. Este acuerdo permitió que las congregaciones religiosas mantuvieran su independencia. Se preservaba así su papel crucial en la educación y en la formación de una sociedad que, con un alto grado de analfabetismo y una carencia manifiesta de personas con buena cualificación, necesitaba de esa labor educativa que sólo la Iglesia estaba en condiciones de ofrecer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La proliferación de órdenes religiosas llevó al gobierno liberal, en la persona de José Canalejas (uno de los exponentes más emblemáticos del anticlericalismo político del momento), a tomar otras medidas más directas contra ellas. La primera fue la ley de diciembre de 1910 que pasaría a conocerse como «ley del candado». Esta ley prohibió el establecimiento de nuevas órdenes religiosas en España por un periodo de dos años, sin el permiso expreso del gobierno. Las protestas de los católicos y de la Santa Sede no sirvieron para que se retirase. Para 1912, cuando la ley debía vencer, Canalejas preparó una prórroga que la mantuviese, pero su asesinato ese mismo año impidió que se llevara a efecto. Otras medidas llevadas a cabo contra la Iglesia durante estos años fue el recorte de la dotación para culto y clero, y la supresión de nombramientos de obispos desde 1910 hasta 1913 (Cárcel Ortí 2002, 137). Estas políticas anticlericales se correspondían con agitaciones y tumultos contra la Iglesia en las calles. La Iglesia, por su parte, dio muestras de una finísima diplomacia ante esta situación tan delicada, guiada por la clarividencia del cardenal español, secretario de estado vaticano, Merry del Val (1865-1930).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Tras el cambio de gobierno motivado por el asesinato de Canalejas, las tensiones entre el Gobierno y la Iglesia comenzaron a disiparse. El nuevo Gobierno de Romanones en 1913 marcó un período de relativa normalización, aunque la «cuestión religiosa» nunca desapareció por completo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El gobierno provisional revirtió muchas disposiciones de los gobiernos moderados, que habían devuelto a la Iglesia algunos de sus derechos, suprimiendo órdenes religiosas e incautando bienes eclesiásticos entre otras cosas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El matrimonio civil, que el gobierno provisional introdujo, fue rechazado por parte de la jerarquía eclesiástica y del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La constitución de la I República contemplaba la total separación de Iglesia y Estado, pero no llegó a aplicarse.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281970}} 5.5. Iglesia y Estado en la Restauración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Acabamos de mencionar algunas medidas legales que tomó el gobierno liberal en la primera década del siglo XX, referente a cuestiones religiosas. Mirando el conjunto de la Restauración, '''hubo un entendimiento razonablemente bueno entre la Iglesia y los gobiernos conservadores, no tanto con los gobiernos liberales'''. Vamos a seguir con la temática de las relaciones Iglesia-Estado en el periodo, fijándonos en algunos aspectos de particular relevancia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.5.1. La cuestión de la libertad de culto ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La cuestión de la libertad de culto en España ha sido un tema de debate y evolución constante, especialmente desde el siglo XIX hasta principios del siglo XX. La postura de los gobiernos liberales viene bien ejemplificada por Segismundo Moret, un prominente político liberal que llegó a ser presidente del Gobierno, que en 1908 '''defendía la libertad religiosa como un elemento esencial para unificar a los partidos de izquierda''' en España (Cárcel Ortí 2002, 132). Pero, por otro lado, '''tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado''', aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Los diferentes gobiernos, a pesar de sus promesas iniciales de mantener la exclusividad del catolicismo, mostrarían cierta flexibilidad hacia otros cultos''', impidiendo su propaganda pública, pero permitiendo que continuasen la actividad que habían iniciado en el sexenio. Aún dentro del partido liberal había tensiones en torno a la cuestión religiosa, entre una tendencia más conciliadora representada por el fundador Sagasta, y otra más agresiva contra la religión, representada por Canalejas. Estas tensiones se reflejarían en la crisis del partido a la muerte de Sagasta, en 1903, y finalmente sería la línea más anticatólica la que se impusiera. Cuando tuvo el poder, '''Canalejas buscó la secularización de la vida pública de diversas maneras, y con ese fin promovió leyes favorables a la libertad de culto, el matrimonio civil y la secularización de los cementerios'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En referencia a la '''libertad de culto, la Santa Sede se opuso a ella''', considerándola un «principio infausto y falso» (Cárcel Ortí 2002, 134) que estaba en contraposición a los acuerdos previos con el Estado español, y que era contrario a la realidad española (donde las religiones no católicas apenas tenían presencia). No obstante, el Gobierno justificó su posición presentándola como una adaptación necesaria a los tiempos cambiantes y a las circunstancias de otras naciones, arguyendo además que la constitución de 1875 dejaba la puerta abierta a esa libertad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.5.2. Manifestaciones públicas de fe de la monarquía ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El joven Alfonso XII, en diciembre de 1874, antes de ser proclamado rey de España, firmó un manifiesto que, redactado por Cánovas, sirvió de preludio y declaración de intenciones para la Restauración. En el llamado «Manifiesto de Sandhurst» se podía leer lo siguiente:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.5909in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;«Sea la que quiera mi propia suerte ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal» (Alfonso XII 1874).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas palabras serían programáticas en lo que se refiere al talante del régimen de '''la Restauración, que intentó compaginar la tradición española, el catolicismo la monarquía y el régimen constitucional liberal'''. De manera particular, reflejan lo que iba a ser la actitud de la monarquía que, siguiendo los pasos de Isabel II, procuró inclinar el peso de su autoridad en favor de la religión católica, aunque a veces se vio forzada a aprobar leyes que contrariaban a la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron especialmente significativas algunas '''manifestaciones públicas de fe llevadas a cabo por Alfonso XIII''', que tuvieron un gran impacto simbólico no sólo por los actos en sí, sino porque fueron llevados a cabo en el momento álgido de anticatolicismo del gobierno de Canalejas. En 1911, tuvo lugar el XXII '''Congreso Eucarístico Internacional '''en Madrid, un gran evento en el que se realizan diferentes actos de culto en torno a la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. La familia real tomó parte muy activa en dicho congreso, con la Infanta Isabel como presidenta de la junta organizadora y otros miembros participando en diferentes actos. El propio rey, sorteando los obstáculos que el gobierno liberal quiso poner a su asistencia, estuvo presente en las ceremonias solemnes conclusivas del evento. Más aún, el Rey tomó la iniciativa de, aprovechando la ocasión que brindaba el congreso, realizar una serie de actos de '''consagración de España a Cristo''' en las semanas siguientes, en los que él mismo estuvo presente ofreciendo la nación a Dios e implorando su protección (Bárcena 2019, 435-37).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estos actos públicos animarían a un grupo de personas destacadas dentro de la Iglesia, entre los que se encuentran algunos recientemente canonizados como la madre Maravillas de Jesús o el padre José María Rubio, a emprender una campaña para construir un '''gran monumento al Sagrado Corazón de Jesús''' en el centro geográfico de España, el conocido como «Cerro de los Ángeles» en Getafe. La campaña se financió enteramente por suscripción popular, y contó de nuevo con el apoyo de la familia real, así como del papa Benedicto XV. La inauguración del monumento tendría lugar en 1919, y de nuevo contó con la presencia solemne del Rey y la familia real. Fue el mismo '''Alfonso XIII el que leyó el texto de consagración de la nación''', llevada a cabo al término de una misa que se celebró a los pies del monumento a Cristo, en cuyo pedestal se leía la frase «Reino en España». En las palabras leídas por Alfonso XIII se traslucían los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, situando las leyes e instituciones humanas bajo la autoridad divina, fuente de paz y progreso social, y pidiendo el reinado de Dios en los hogares, las aulas, las leyes y las instituciones patrias.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Estas manifestaciones tan explícitas de catolicismo en la esfera pública causaron una enorme agitación en los ambientes liberales'''. Agitación que se reflejó en airadas críticas desde los periódicos y las tribunas, acusando al monarca de querer sumir a España en un clericalismo propio de otros tiempos. Existe un testimonio indirecto, aceptado por algunos historiadores y rechazado por otros, que habla de una visita de una delegación de la Masonería a Alfonso XIII, en la que le presentaron ante la disyuntiva de aceptar una serie de puntos conducentes a la secularización de la vida pública española, o perder la monarquía, amenaza ante la que Alfonso XIII no habría cedido (Bárcena 2019, 443). Al margen de que este hecho acaeciera realmente o no, nos parece que no es necesario recurrir a él: las críticas hechas de manera pública en la prensa y los discursos, por parte de pensadores y políticos liberales y anticatólicos, reprochando a la monarquía sus actos públicos y oficiales de adhesión al catolicismo, nos parecen un argumento suficientemente sólido para afirmar que '''esa adhesión fue un factor clave entre los que motivarían la caída de la monarquía en 1931'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.5.3. La Iglesia y la dictadura de Primo de Rivera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En un contexto de crisis social y política, '''la dictadura de Primo de Rivera fue inicialmente bien recibida por la Iglesia, que la consideró una oportunidad para restaurar el orden social y moral''' que se había deteriorado. Tengamos presente que, cuando el capitán general dio el golpe de estado en septiembre de 1923, apenas habían pasado dos meses desde el asesinato del arzobispo de Zaragoza, el Cardenal Soldevila, a manos de pistoleros anarquistas. Este fue solamente uno más de los episodios que se dieron en el ambiente de violencia social que se vivía.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La dictadura, a su vez, buscó estrechar lazos con la Iglesia''', especialmente en el proceso de nombramiento de obispos. Se creó una comisión de obispos y sacerdotes para proponer candidatos idóneos para cargos eclesiásticos, limitando así la influencia de los políticos en estas cuestiones, influencia que la Iglesia aceptaba con resignación pero no con agrado. De este modo, la medida fue acogida con entusiasmo tanto por la jerarquía eclesiástica española como por la Santa Sede.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, '''la relación entre la Iglesia y el régimen de Primo de Rivera no fue siempre fluida''' (García-Villoslada et&amp;amp;nbsp;al. 1979, V:286-87). En Cataluña, por ejemplo, la dictadura enfrentó resistencia de parte de la clerecía local respecto al uso del catalán en la liturgia. No obstante, a pesar de esta tensión, la dictadura encontró apoyo en otros sectores católicos para mantener su posición, lo que le permitió adoptar una postura más fuerte en sus negociaciones con Roma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro suceso problemático tuvo lugar hacia el final de la dictadura. Surgió una controversia en torno a una reforma del estatuto universitario que beneficiaría a las universidades eclesiásticas de María Cristina de El Escorial y de Deusto. La propuesta generó rechazo en las universidades estatales y finalmente fue abandonada. Este episodio mostró que, aunque la Iglesia había depositado grandes esperanzas en la dictadura, también había límites en lo que ciertos sectores estaban dispuestos a aceptar, en términos de influencia eclesiástica en la esfera pública de la sociedad. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero, '''en líneas generales''', antes de que la Constitución de 1931 hiciera oficial la separación entre la Iglesia y el Estado, podemos decir que el último parlamento de la época de Alfonso XIII '''intentó promover una relación equilibrada y productiva''' entre las dos instituciones.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Los partidos liberales defendían la libertad religiosa como un elemento esencial de su política. Por otro lado, tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado, aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua. Esta disyuntiva era fuente de conflictos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La monarquía de la Restauración realizó, en repetidas ocasiones, muestras de adhesión pública y oficial a la fe católica. Esto fue motivo de fuertes críticas desde ambientes liberales.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La dictadura de Primo de Rivera fue bien recibida por la Iglesia, y se procuró una relación equilibrada y productiva desde ambas partes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281977}} 5.6. Iniciativas católicas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al hilo de nuestra caracterización de los diferentes pontificados del periodo en su relación con España, hablamos de algunas iniciativas importantes que tuvieron lugar en cada uno de esos pontificados. Vamos ahora a mencionar otras iniciativas, que tienen un carácter más transversal a lo largo de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.6.1. Inquietud misionera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dentro del contexto de la explosión fundacional y la restauración de las órdenes religiosas que tuvo lugar en la segunda mitad del XIX, jugó un papel importante el movimiento misionero. Si mencionábamos antes las '''misiones populares''' que llevaron a cabo sacerdotes predicadores '''en la España peninsular''', añadimos ahora que, antes de que se produjera la emancipación de los territorios españoles de ultramar en 1898, '''las islas del Caribe y '''Filipinas recibieron también un gran número de sacerdotes misioneros que realizaron allí una amplia y abnegada labor. Esos territorios estuvieron menos afectados por las desamortizaciones y, de hecho, se permitió la permanencia de alguna casa en la Península para formar a los misioneros destinados a ellos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Destaca especialmente la '''labor de los padres dominicos en Filipinas''', tanto en la faceta evangelizadora como en la civilizadora y de promoción humana de las islas. Las Filipinas constituían una provincia dominica aparte, que aún perdura en nuestros días. Otro ejemplo es el trabajo de la '''Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María''', fundados por San Antonio María Claret en 1849. Él mismo había sido misionero popular en las tierras catalanas, y más tarde obispo misionero en Cuba, antes de ser llamado para confesor de la Reina. La labor de los misioneros claretianos continuaría a lo largo de los siglos XIX y XX, tanto en la Península como en otros lugares del mundo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.6.2. Formación y espiritualidad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La piedad del pueblo se mantuvo bastante viva''', aún en los periodos en los que había arreciado más la persecución religiosa. Ahora bien, se trataba de una '''piedad aún de corte barroco, muy afectiva y práctica, devocional y un tanto carente de formación intelectual''' profunda. Se refleja aquí esa pobreza doctrinal causada por la mala formación del clero y la extinción de los regulares. Prevalecía la devoción «sencilla, afectiva, humana, que viene de la baja Edad Media» (Jiménez Duque 1979, 417), de base franciscana en gran medida, si bien los frailes franciscanos ya no podían acompañarla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero '''con el retorno de las órdenes religiosas en la Restauración, el panorama cambió''' un tanto. La mejor formación religiosa que recibían los jóvenes en los centros de enseñanza de las órdenes, así como las misiones populares, los ejercicios espirituales, los libros y folletos religiosos, etc., ayudaron a que la religiosidad del pueblo, sobre todo entre las clases medias y altas, fuese '''evolucionando hacia una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron muchas las iniciativas que podrían nombrarse aquí. Se crearon un gran número de asociaciones piadosas, que con frecuencia tenían también un carácter benéfico y/o apostólico. Por lo que se refiere a las congregaciones religiosas, a las tradicionales que ya estaban en España anteriormente y se restauraron en este periodo, y a las fundaciones propiamente españolas, vinieron a unirse un gran número de congregaciones fundadas en otros países, sobre todo Francia e Italia. La mayoría de las congregaciones fundadas en estos países a finales del XIX, que fueron muchas, establecieron alguna casa en España.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.6.3. El feminismo católico y la Acción Católica de la Mujer ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX, la participación de la mujer en la vida pública, así como su acceso a la educación, distaba aún mucho de ser equiparable a la del varón. En lo que se refiere a la actividad política, esta realidad se daba tanto en los ámbitos más conservadores como en los liberales o socialistas. En este ambiente, se empezaron a fundar diferentes asociaciones encaminadas a lograr la equiparación de los derechos públicos de las mujeres con los de los hombres, tales como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, la Juventud Universitaria Femenina o la Sociedad Concepción Arenal. Estas asociaciones, sin bien contaban entre sus miembros muchas mujeres católicas, eran por lo general institucionalmente aconfesionales, y en ocasiones estaban incluso teñidas de una ideología laicista.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.6.3.a. Pensamiento feminista católico =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por parte católica, '''en las dos primeras décadas del siglo tiene lugar una reflexión importante que busca conciliar la fe católica con los principios feministas''', tomando como punto de partida la obra de Concepción Arenal. Destacó especialmente, por sus reflexiones feministas desde una óptica católica, la escritora Concepción Gimeno de Flaquer. Entre los teólogos que también emprendieron esta tarea, destacan el jesuita Julio Alarcón, el agustino Graciano Martínez, y el sacerdote secular Mariano Arboleya (González Miren 2018). Sus reflexiones partían de la afirmación bíblica de la igual dignidad del hombre y la mujer, así como sus diferencias y complementariedad. Insistían en rebatir a algunos autores contemporáneos que pretendían afirmar una menor capacidad intelectual en la mujer con respecto al hombre, que justificaría su menor participación en la vida política y cultural. Al mismo tiempo, siguiendo a Arenal y en sintonía con otras pensadoras católicas del siglo XX como Edith Stein, reflexionaban desde las diferencias entre hombres y mujeres sobre cuáles serían las tareas más apropiadas para cada uno de los sexos. En este sentido, la atribución de ciertos roles específicos podía estar en mayor o menor medida condicionada por la época, y no ser igual de válida para las circunstancias actuales. Pero lo importante es la '''afirmación de la igualdad en cuanto a dignidad y capacidades intelectuales de ambos sexos, que debe reflejarse en una igualdad de derechos políticos y sociales'''. Una evidencia que hoy tenemos muy asumida, pero por entonces era necesario defenderla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.6.3.b. La Acción Católica de la Mujer =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a las '''iniciativas de orden práctico, el gran proyecto en este ámbito fue la creación, en 1919, de la Acción Católica de la Mujer''' (Salas Larrazábal 2003). La idea era crear una institución en favor de la mujer que tuviese un carácter decididamente católico, a diferencia de las ya existentes que, como dijimos, oscilaban entre la aconfesionalidad y el laicismo. El principal promotor del proyecto fue el cardenal Guisasola, arzobispo de Toledo. Desde este momento, la ACM se convierte en un '''faro de feminismo cristiano''', una respuesta a la necesidad de incorporar a la mujer en el Movimiento Social Católico de España. Desde su comienzo, estuvo apoyada por importantes personajes de la época, como el político Antonio Maura o la escritora Emilia Pardo Bazán.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM no se limitó a ser una asociación de carácter piadoso o benéfico, como habían sido la mayoría de asociaciones de mujeres católicas hasta el momento. Fue una organización que buscó ir más allá, asumiendo como cometido la '''formación de la mujer en todos los ámbitos de la vida, desde lo laboral hasta lo espiritual'''. Se fomentó la educación y la sindicación femenina, y se debatió sobre el sufragio de la mujer. La ACM se convirtió en un espacio donde la mujer católica pudo ser tanto devota como activista social, sin que lo uno excluyera a lo otro.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El carácter nacional y federativo de la ACM permitió que sus iniciativas tuvieran un amplio alcance. Desde su primera asamblea en 1920, la organización se centró en mejorar las condiciones laborales de las mujeres, fomentar su educación y defender sus derechos. '''La ACM se convirtió en un puente entre la fe y la acción social, entre la Iglesia y la sociedad'''. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM también se destacó por su capacidad para adaptarse a los tiempos. En una época en la que el feminismo secular ganaba terreno, la ACM ofreció una alternativa que no sacrificó la fe en el altar de la igualdad. Se abogó por el sufragio femenino y otras formas de intervención en la vida pública, pero siempre dentro de un marco que respetase la doctrina católica y las funciones propias de la mujer como madre y esposa. Se preocupaba también de denunciar la explotación de la mujer en el orden social y laboral. Sin embargo, la ACM no fue inmune a las tendencias de la Iglesia del tiempo. La Acción Católica Española, en consonancia con la fuerte vinculación hacia Roma que tenía la Iglesia española en general, seguía muy de cerca los pasos que el Papa iba marcando para la Acción Católica Italiana. Cuando el auge del fascismo hizo que se reformaran los estatutos de la AC en Italia, para orientarla más hacia fines propiamente apostólicos y espirituales y menos hacia los sociales y políticos, en España se siguieron los mismos pasos. De ese modo, aunque en sus primeros años la ACM se centró en cuestiones sociales y laborales, '''a partir de 1926 se replegaría más hacia el campo de la espiritualidad, la formación cristiana y el apostolado'''. Pero incluso en ese repliegue, la ACM siguió siendo un testimonio de la capacidad de la Iglesia para dialogar con el mundo, para encontrar un equilibrio entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La restauración de las órdenes religiosas trajo consigo un auge del afán misionero, tanto en lo que se refiere a misiones populares en la España peninsular, como a la evangelización y promoción humana en los territorios de ultramar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Otro fruto del restablecimiento de los religiosos fue la mejora en la formación espiritual del pueblo cristiano, que dio lugar a una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX se trabajó por la promoción de los derechos de la mujer desde una óptica cristiana. Esto tuvo lugar en el ámbito del pensamiento, con escritoras como Concepción Gimeno y teólogos como Julio Alarcón, y en el ámbito práctico, con la creación en 1919 de la Acción Católica de la Mujer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.7. Pensamiento católico ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Terminamos con unas breves menciones de algunos de los pensadores católicos más destacados de los años de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.7.1 Menéndez Pelayo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primer autor, de obligada mención, es Menéndez Pelayo (1856-1912).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En la historia de la intelectualidad española, pocos nombres resuenan con tanta fuerza y dignidad como el de '''Marcelino Menéndez Pelayo'''. Nacido en Santander en 1856 y fallecido en la misma ciudad en 1912, Menéndez Pelayo fue un faro luminoso en el oscuro panorama de una España que buscaba su identidad entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Primero y ante todo, Menéndez Pelayo fue un hombre de '''profunda fe católica'''. Su catolicismo no era una mera etiqueta, sino el núcleo que informaba toda su obra y pensamiento. Como bien apuntó Laín Entralgo, su catolicismo era su «más amplio y fundamental» modo de ser, '''un catolicismo que entendía como inseparable de su identidad española'''. En su juventud, ya alzaba su copa para brindar por «la fe católica, apostólica, romana» como la esencia y la inspiración de la cultura y la historia españolas (Valverde 1979, 534-35).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no solo fue un erudito, sino también un apasionado defensor de la cultura y la historia españolas. En una época en que muchos intelectuales se volcaban hacia corrientes extranjeras, él se erigía como un '''baluarte contra el olvido y la tergiversación de la riqueza intelectual y espiritual de España'''. Su obra ''Historia de los heterodoxos españoles'' es un testimonio de su profundo '''amor por la tradición católica y su influencia en la formación de la identidad nacional'''. Lo que distingue a Menéndez Pelayo de otros intelectuales de su tiempo es su '''apertura y su rigor científico'''. Rodeado de un espíritu en el que cundía un cierto fanatismo y división, entre «izquierda» y «derecha», católicos tradicionales e intelectuales krausistas, él '''supo elevarse por encima de las polémicas estériles''' para dedicarse a la verdadera ciencia. Su obra es un monumento a la erudición, abarcando campos tan diversos como la filología, la historia de la literatura, la filosofía y las ciencias políticas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no fue un hombre estático; '''su pensamiento evolucionó desde las posturas vehementes de su juventud hacia una mayor moderación y tolerancia'''. A medida que maduraba, su obra reflejaba una mayor serenidad y equilibrio. Aunque nunca abandonó su fe católica ni su amor por España, aprendió a dialogar con corrientes intelectuales diversas, incluidas las no católicas y extranjeras, enriqueciendo así su propia perspectiva.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de su monumental contribución a la cultura española, Menéndez Pelayo ha sido a menudo malentendido o ignorado, tanto por el lado «progresista» como por el «conservador». Sin embargo, su legado perdura como un testimonio de lo que significa ser un intelectual católico y español en el sentido más profundo y auténtico. Es una muestra de cómo el amor y la pasión por la propia tradición cultural no están reñidos con el rigor científico. En una época de confusión y polarización, la vida y obra de Menéndez Pelayo nos ofrecen una visión integradora y elevada de la fe y la cultura, que sigue siendo profundamente relevante en nuestro tiempo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.7.2. El catolicismo en la generación del 98 ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, ese conjunto de intelectuales que emergió en la España de fin de siglo, se presenta como un crisol de actitudes ante la Iglesia y el catolicismo que, aunque diversas, comparten una cierta distancia crítica. Este grupo, marcado por la crisis de 1898 tras la pérdida de las últimas colonias, se sumerge en una '''profunda reflexión sobre la identidad nacional y, por ende, sobre la Iglesia como institución intrínsecamente ligada a la historia de España'''. Criticaron la '''decadencia de España, atribuyéndola en parte al catolicismo''', y abogaron por una «europeización» del país que, entre otras cosas, comportaba la '''aceptación de los principios liberales y secularistas''' que regían otras naciones europeas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al mirar el conjunto de sus obras, se revela una complejidad en la relación de estos escritores con la Iglesia. Por un lado, se observa un '''laicismo marcado y una crítica a la influencia eclesiástica en la política y la educación'''. En esto son deudores del espíritu laicista de la '''Institución Libre de Enseñanza''', la cual formó a muchos de los escritores de la generación del 98 e influyó decisivamente en los otros. Las lecturas comunes en estos autores, imbuidos en gran medida de la filosofía nietzscheana y el positivismo de moda en Europa, los inclinaban inevitablemente hacia un rechazo de la religión. Rechazo que no se trata de mero anticlericalismo, en el sentido de crítica a ciertas formas anticuadas y ampulosas de manifestación de la fe, sino de algo más profundo, una '''dificultad para aceptar el hecho de la revelación cristiana''', en línea con el deísmo ilustrado y panteísta que imperaba en el pensamiento krausista de la Institución Libre de Enseñanza.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otro lado, se nota una cierta '''fascinación por elementos propios de la tradición religiosa católica''', como por ejemplo la figura del sacerdote, aunque a menudo teñida de crítica y estereotipo. Y también una lucha, en algunos autores, entre el deseo de la fe y el rechazo de ella. '''Unamuno''', quizás el más complejo de todos en su relación con la fe, encarna una vivencia «agónica» del cristianismo (Valverde 1979, 489). Su búsqueda espiritual se realiza en un terreno de '''conflicto entre la razón que rechaza la fe y el corazón que quiere aceptarla''', entre la Iglesia institucional y la religiosidad personal. No es anticlerical en el sentido estricto, pero sí crítico con una Iglesia que ve como anquilosada, al mismo tiempo que evidencia una sincera e intensa búsqueda religiosa. Baroja, por su parte, muestra un talante más anárquico. Su crítica a la Iglesia se inscribe en una crítica más amplia a todas las instituciones y estructuras de poder. No es tanto la religión lo que le causa rechazo, sino la institucionalización de la misma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En resumen, la Generación del 98 no presenta un pensamiento monolítico en lo que tiene que ver con el catolicismo y la Iglesia. Lo que sí comparten es una actitud de cuestionamiento y revisión crítica, una necesidad de redefinir la relación entre la fe y la identidad nacional en un momento de crisis profunda. Y aunque algunos puedan ver en esto un alejamiento de la Iglesia, quizás podría verse también como un llamado a la renovación y al diálogo, un anhelo, en última instancia, de encontrar en la fe y en la Iglesia respuestas a las preguntas eternas que agitaban sus inquietas almas. Por otro lado, también es cierto que los escritores de la generación del 98 eran más dados a la crítica generalizada que a la proposición de soluciones reales. Su afán renovador no cristalizó en proposiciones de cómo esa renovación podría llevarse a cabo, en lo que se refiere a la relación entre la fe católica y los nuevos desafíos sociales de la España del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.7.3. Otras corrientes importantes ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, queríamos mencionar un par de corrientes de pensamiento importantes de finales del XIX, y a sus principales representantes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La primera es el '''renacimiento de la filosofía escolástico-tomista'''. Su precursor fue el padre dominico '''Ceferino González''' (1831-1894), que empezó a publicar en la década de 1860. De este modo, creó un ambiente propicio para que hallase eco la encíclica ''Aeterni Patris'' escrita por León XIII en 1879 con el fin de promover los estudios de la filosofía y teología de Santo Tomás de Aquino. De este modo, la renovación intelectual en la que, como dijimos antes, intervinieron sobre todo los dominicos, jesuitas y agustinos, dio lugar a un número importante de obras de carácter neoescolástico. Estas obras tuvieron el mérito de animar intelectualmente los renovados centros de estudios teológicos que aparecieron en el pontificado de León XIII, si bien es cierto que les faltó un tanto de creatividad y capacidad de diálogo con su tiempo. De este renacimiento tomista surgiría un importante autor espiritual, el dominico '''Juan G. Arintero''' (1860-1928), cuya obra daría pie a un encendido debate en torno a la naturaleza de la ascética y la mística cristiana, que caracterizaría la teología espiritual española de comienzos del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La otra es el '''pensamiento católico integrista''', representado sobre todo en la figura del sacerdote de Sabadell '''Félix Sardá y Salvany''' (1831-1916). Se caracterizó por ser el principal ideólogo de la tendencia teológica, filosófica y política que dio en llamarse «integrista». Sus escritos tenían un carácter fuertemente apologético y popular, con títulos muy incisivos y no carentes de un cierto gracejo. Su obra más difundida, ''El liberalismo es pecado'' (1884), alcanzaría gran difusión e influiría en el pensamiento de muchos católicos españoles de finales de siglo. Su tesis principal era que, si bien las formas políticas creadas por el liberalismo podrían en teoría ser aceptables, en la práctica iban siempre acompañadas de los principios del liberalismo filosófico, con lo que debían ser rechazadas de pleno. En el momento en el que apareció, su doctrina estaba en plena sintonía con lo que la Iglesia había enseñado, particularmente con el ''Syllabus'' de Pío IX. Ahora bien, en 1888 León XIII publicaría ''Libertas Praestantissimum'', en la que abría la puerta a los católicos a la colaboración política en los regímenes liberales siempre que rechazaran los principios filosóficos. Este hecho, unido al daño que estaban haciendo las polémicas entre los católicos españoles, motivó que Sardá y Salvany moderase sus posturas hacia otras más conciliadoras, como se manifestó en el artículo ''¡Alto el fuego!'' de 1896.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Marcelino Menéndez Pelayo destacó por su profunda fe católica y su apasionada defensa de la cultura y la historia españolas, abogando por un enfoque riguroso y abierto en la erudición, y cuyo legado ofrece una visión integradora de la fe y la cultura en tiempos de polarización..&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, influida por la Institución Libre de Enseñanza, mantuvo una relación compleja y crítica con la Iglesia y el catolicismo, cuestionando su papel en la identidad nacional de España y abogando por una «europeización» que incluyera principios liberales y secularistas, a la vez que algunos manifestaban inquietud y búsqueda religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A finales del siglo XIX, destacan el renacimiento tomista representado por Ceferino González y el integrismo católico representado por Félix Sardá y Salvany.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.8. Referencias bibliográficas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Alfonso XII. 1874. «Manifiesto de Sandhurst». https://es.wikisource.org/wiki/Manifiesto_de_Sandhurst.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Bárcena, Alberto. 2019. ''La pérdida de España 1 De Hispania romana al reinado de Alfonso XIII''. Madrid: San Román.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Carballo López, Francisco J. 2017. «La influencia de Rerum Novarum en el catolicismo social español». ''Aportes: Revista de historia contemporánea'' 32 (94): 41-78. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6163829&amp;amp;info=resumen&amp;amp;idioma=SPA.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Cárcel Ortí, Vicente. 1984. «Acatólicos españoles en los albores de la Restauración». ''Anales de Historia Contemporánea'', n.&amp;lt;sup&amp;gt;o&amp;lt;/sup&amp;gt; 3: 101-21. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4088240.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;———. 1989. «San Pío X, los jesuitas y los integristas españoles». ''Archivum Historiae Pontificiae'' 27: 249-355. https://www.jstor.org/stable/23564661.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;———. 2002. ''Historia de la Iglesia en la España contemporánea (siglos XIX y XX)''. Madrid: Palabra.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;García-Villoslada, Ricardo, Vicente Cárcel Ortí, José Manuel Cuenca Toribio, Baldomero Jiménez Duque, Joaquín Luis Ortega Martín, Manuel Revuelta González, Rafael María Sanz de Diego, y Carlos Valverde Mucientes. 1979. ''Historia de la Iglesia en España''. Editado por Ricardo García-Villoslada y Vicente Cárcel Ortí. Vol. V. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;González Miren, Llona. 2018. «El feminismo católico en los años veinte y sus antecedentes ideológicos». ''Vasconia'' 0 (25): 283-99. http://ojs.eusko-ikaskuntza.eus/index.php/vasconia/article/view/750.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Jiménez Duque, Baldomero. 1979. «Espiritualidad y apostolado». En ''Historia de la Iglesia en España V: La España contemporánea'', editado por Ricardo García-Villoslada, 395-474. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;León XIII. 1888. «Libertas praestantissimum». https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_20061888_libertas.html.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Martí Gilabert, Francisco. 2007. ''La Primera República Española 1873-1874''. Madrid: Rialp.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Sala Balust, Luis, y Francisco Martín Hernández. 1966. ''La formación sacerdotal en la Iglesia''. Barcelona: Juan Flors.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Salas Larrazábal, María. 2003. ''Las mujeres de la Acción Católica Española, 1919-1936''. Madrid: Federación de Movimientos de la Acción Católica Española.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Sardá y Salvany, Félix. 1884. ''El liberalismo es pecado''. Barcelona: Librería y tipografía católica. https://archive.org/details/elliberalismoes01salvgoog.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Valverde, Carlos. 1979. «Los católicos y la cultura española». En ''Historia de la Iglesia en España V: La España contemporánea'', editado por Ricardo García-Villoslada, 475-576. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Verdoy Herranz, Alfredo. 1998. «Un misionero popular andaluz de finales del siglo XIX: el jesuita padre Carlos Mazuelos (1836-1913)». En ''In memoriam: estudios dedicados a Antonio María Calero'', 179-88. Pozoblanco: Ayuntamiento de Pozoblanco. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4074085.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Vilarrasa, Eduardo. 1875. ''Historia de la revolución de setiembre: sus causas, sus personajes, sus doctrinas, sus episodios y sus resultados''. Barcelona: Fabricación: Heredero de Pablo Riera. https://bvpb.mcu.es/es/consulta/registro.cmd?id=422843.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
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		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=La_Iglesia_en_la_Restauracion_2&amp;diff=809</id>
		<title>La Iglesia en la Restauracion 2</title>
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		<updated>2023-09-06T17:22:32Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: /*  La Iglesia en la Restauración */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;= {{anchor|Toc459888455}} 5. La Iglesia en la Restauración =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281966}} {{anchor|Toc68866943}} 5.1. Dificultades a la evangelización ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el apartado anterior, junto con los logros y avances de la Iglesia, hemos mencionado también algunas de las dificultades y resistencias internas que encontró el desarrollo de su labor evangelizadora y su adaptación a las nuevas circunstancias. Vamos ahora a mencionar algunos de los obstáculos externos que tuvo que enfrentar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.1.1. Descristianización de algunos sectores de la sociedad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un primer obstáculo importante fue la aparición de importantes masas de población que estaban, en la práctica, descristianizados. Si bien la inmensa mayoría de la población estaba bautizada, había muchos sectores que desconocían los rudimentos de la fe cristiana. Las causas que podemos encontrar son múltiples. En primer lugar, la extinción de los regulares (o religiosos) que, en muchos lugares, eran los que en realidad catequizaban al pueblo. Podemos añadir también la causa de la mala formación de los sacerdotes seculares, tanto en lo que se refiere a su falta de conocimientos adecuados para enseñar la doctrina católica, como a sus carencias morales que podían ser causa de escándalos. Pero esta realidad también se había dado en otros momentos de la historia de España, con la diferencia de que, en esas otras ocasiones, estaban los religiosos para suplir con las prédicas en monasterios y conventos, órdenes terciarias, misiones populares, y otros métodos de formación del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esta carencia se hizo sentir de manera más acusada en el levante y sur peninsular. Los ambientes rurales, que tradicionalmente habían constituido la reserva del catolicismo español, se veían cada vez más afectados por la irreligiosidad. La práctica religiosa era muy escasa, y teñida con mucha frecuencia de mero costumbrismo y superstición. El descenso en la práctica religiosa era aún más notorio entre la población masculina.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las zonas más industrializadas, el problema afectaba sobre todo a las masas de obreros, la mayoría de ellos emigrados desde el campo. En los ambientes urbanos, donde las condiciones de vida de los asalariados eran muy precarias, faltaba el apoyo social para la religión que habían tenido en sus pueblos de origen (eso cuando no venían de un ambiente rural ya descristianizado), con lo que la práctica religiosa de estos trabajadores era también prácticamente nula. No era tanto el caso de las mujeres emigradas del campo a la ciudad, pues en muchas ocasiones su dedicación era el servicio doméstico, en el que las circunstancias eran más propicias para la práctica religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se puede añadir también como causa de la descristianización la falta de sentido social de muchos de los católicos de clases sociales superiores, que no acabaron de ver la necesidad de hacer reformas en las estructuras. Limitaban su benevolencia hacia las clases desfavorecidas a una acción benéfica teñida de paternalismo, que no conectaba con las aspiraciones reales de las masas trabajadoras. Esta falta de comprensión de las necesidades reales de la situación afectó también en ocasiones a los pastores de la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas masas, entre las que además cundía el analfabetismo, eran presa fácil para la propaganda anticlerical liberal, y más adelante socialista o anarquista. Ambas tenían en común el presentar a la Iglesia como uno de los pilares del sistema injusto que los mantenía en la pobreza. En muchas ocasiones, los revolucionarios se servían del descontento de esas masas empobrecidas como un pasto seco en el que prendían fácilmente sus incitaciones a la rebelión contra el sistema establecido, para hacer avanzar sus propios fines políticos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Ya hemos mencionado algunas iniciativas que se tomaron para hacer llegar el evangelio a esos grupos sociales, tales como los círculos obreros o las numerosas congregaciones y asociaciones laicas que se fundaron para la formación de las mujeres en situación desfavorecida. En los ambientes rurales, tras la restauración de los religiosos, también se trabajó por reavivar la fe y mejorar la formación mediante misiones populares. Un ejemplo de ello es el del padre jesuita Francisco Tarín (1847-1910), que recorrió los ambientes rurales de España, sobre todo Andalucía y Extremadura, predicando y promoviendo obras de culto y devoción, desde 1885 hasta su muerte, o el también jesuita Carlos Mazuelos (Verdoy Herranz 1998). Pero esas iniciativas no fueron suficientes para alcanzar a la totalidad de las masas descristianizadas rurales y urbanas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un ejemplo de los efectos de la descristianización de las masas obreras urbanas, y el anticlericalismo que cundía entre ellas, pudo verse durante la «Semana Trágica» de Barcelona, en julio de 1909. Una manifestación que se convertiría en huelga revolucionaria, y dirigiría su violencia principalmente contra las iglesias y conventos, con la quema de muchos de ellos, la destrucción de un importante patrimonio artístico y cultural, y el asesinato de algunos sacerdotes. Para aquél entonces, Barcelona se había convertido en un epicentro de anticlericalismo en España, en el que cundían las proclamas anarquistas y revolucionarias, como la famosa incitación de Alejandro Lerroux en 1897 a la destrucción de templos y la violencia sexual contra las novicias (Bárcena 2019, 418).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.1.2. Obstáculos a las congregaciones religiosas y la enseñanza católica ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A comienzos del siglo XX, la Iglesia había logrado una importante recuperación de las congregaciones religiosas. Esto se hacía especialmente notorio en el campo de la educación, en el que la Iglesia había puesto mucho empeño a todos los niveles, desde la educación más básica de las clases humildes hasta la enseñanza superior para aquellos que podían permitírselo. En esta última línea, fue especialmente destacado el esfuerzo llevado a cabo por la Compañía de Jesús, que aprovechando la libertad que tuvo en el último cuarto del XIX reorganizó con energía e ilusión sus centros educativos. La buena preparación de los religiosos, y su dedicación total a la tarea educativa sin requerir siquiera un sueldo, hacía que los centros de la Iglesia tuvieran un nivel inalcanzable para los centros estatales que, además de ser pocos, estaban mal dotados económicamente y carecían de una organización adecuada.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Cuando el partido liberal ascendió al poder en 1901, cundió entre ellos la preocupación de que la Iglesia, que prácticamente monopolizaba la educación de las clases altas, usara de ese medio para «reconquistar» la sociedad. Eso motivó que se tomasen algunas medidas para reducir la influencia de la Iglesia en la educación y en la vida pública. Casi de inmediato, promulgó una orden que exigía el registro de todas las asociaciones religiosas en el registro civil, basándose en la ley de asociaciones de 1887. Este acto fue interpretado por muchos como un intento de someter a las congregaciones religiosas al control estatal, poniendo en peligro su autonomía y, por ende, su misión educativa y evangelizadora. Ante este desafío, la Santa Sede, apoyada por el Episcopado y el partido conservador, se opuso firmemente a la medida. Este acto de resistencia llevó a negociaciones que culminaron en el acuerdo de 1904 con la Santa Sede. Este acuerdo permitió que las congregaciones religiosas mantuvieran su independencia. Se preservaba así su papel crucial en la educación y en la formación de una sociedad que, con un alto grado de analfabetismo y una carencia manifiesta de personas con buena cualificación, necesitaba de esa labor educativa que sólo la Iglesia estaba en condiciones de ofrecer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La proliferación de órdenes religiosas llevó al gobierno liberal, en la persona de José Canalejas (uno de los exponentes más emblemáticos del anticlericalismo político del momento), a tomar otras medidas más directas contra ellas. La primera fue la ley de diciembre de 1910 que pasaría a conocerse como «ley del candado». Esta ley prohibió el establecimiento de nuevas órdenes religiosas en España por un periodo de dos años, sin el permiso expreso del gobierno. Las protestas de los católicos y de la Santa Sede no sirvieron para que se retirase. Para 1912, cuando la ley debía vencer, Canalejas preparó una prórroga que la mantuviese, pero su asesinato ese mismo año impidió que se llevara a efecto. Otras medidas llevadas a cabo contra la Iglesia durante estos años fue el recorte de la dotación para culto y clero, y la supresión de nombramientos de obispos desde 1910 hasta 1913 (Cárcel Ortí 2002, 137). Estas políticas anticlericales se correspondían con agitaciones y tumultos contra la Iglesia en las calles. La Iglesia, por su parte, dio muestras de una finísima diplomacia ante esta situación tan delicada, guiada por la clarividencia del cardenal español, secretario de estado vaticano, Merry del Val (1865-1930).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Tras el cambio de gobierno motivado por el asesinato de Canalejas, las tensiones entre el Gobierno y la Iglesia comenzaron a disiparse. El nuevo Gobierno de Romanones en 1913 marcó un período de relativa normalización, aunque la «cuestión religiosa» nunca desapareció por completo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El gobierno provisional revirtió muchas disposiciones de los gobiernos moderados, que habían devuelto a la Iglesia algunos de sus derechos, suprimiendo órdenes religiosas e incautando bienes eclesiásticos entre otras cosas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El matrimonio civil, que el gobierno provisional introdujo, fue rechazado por parte de la jerarquía eclesiástica y del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La constitución de la I República contemplaba la total separación de Iglesia y Estado, pero no llegó a aplicarse.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281970}} 5.2. Iglesia y Estado en la Restauración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Acabamos de mencionar algunas medidas legales que tomó el gobierno liberal en la primera década del siglo XX, referente a cuestiones religiosas. Mirando el conjunto de la Restauración, '''hubo un entendimiento razonablemente bueno entre la Iglesia y los gobiernos conservadores, no tanto con los gobiernos liberales'''. Vamos a seguir con la temática de las relaciones Iglesia-Estado en el periodo, fijándonos en algunos aspectos de particular relevancia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.2.1. La cuestión de la libertad de culto ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La cuestión de la libertad de culto en España ha sido un tema de debate y evolución constante, especialmente desde el siglo XIX hasta principios del siglo XX. La postura de los gobiernos liberales viene bien ejemplificada por Segismundo Moret, un prominente político liberal que llegó a ser presidente del Gobierno, que en 1908 '''defendía la libertad religiosa como un elemento esencial para unificar a los partidos de izquierda''' en España (Cárcel Ortí 2002, 132). Pero, por otro lado, '''tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado''', aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Los diferentes gobiernos, a pesar de sus promesas iniciales de mantener la exclusividad del catolicismo, mostrarían cierta flexibilidad hacia otros cultos''', impidiendo su propaganda pública, pero permitiendo que continuasen la actividad que habían iniciado en el sexenio. Aún dentro del partido liberal había tensiones en torno a la cuestión religiosa, entre una tendencia más conciliadora representada por el fundador Sagasta, y otra más agresiva contra la religión, representada por Canalejas. Estas tensiones se reflejarían en la crisis del partido a la muerte de Sagasta, en 1903, y finalmente sería la línea más anticatólica la que se impusiera. Cuando tuvo el poder, '''Canalejas buscó la secularización de la vida pública de diversas maneras, y con ese fin promovió leyes favorables a la libertad de culto, el matrimonio civil y la secularización de los cementerios'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En referencia a la '''libertad de culto, la Santa Sede se opuso a ella''', considerándola un «principio infausto y falso» (Cárcel Ortí 2002, 134) que estaba en contraposición a los acuerdos previos con el Estado español, y que era contrario a la realidad española (donde las religiones no católicas apenas tenían presencia). No obstante, el Gobierno justificó su posición presentándola como una adaptación necesaria a los tiempos cambiantes y a las circunstancias de otras naciones, arguyendo además que la constitución de 1875 dejaba la puerta abierta a esa libertad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.2.2. Manifestaciones públicas de fe de la monarquía ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El joven Alfonso XII, en diciembre de 1874, antes de ser proclamado rey de España, firmó un manifiesto que, redactado por Cánovas, sirvió de preludio y declaración de intenciones para la Restauración. En el llamado «Manifiesto de Sandhurst» se podía leer lo siguiente:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.5909in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;«Sea la que quiera mi propia suerte ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal» (Alfonso XII 1874).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas palabras serían programáticas en lo que se refiere al talante del régimen de '''la Restauración, que intentó compaginar la tradición española, el catolicismo la monarquía y el régimen constitucional liberal'''. De manera particular, reflejan lo que iba a ser la actitud de la monarquía que, siguiendo los pasos de Isabel II, procuró inclinar el peso de su autoridad en favor de la religión católica, aunque a veces se vio forzada a aprobar leyes que contrariaban a la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron especialmente significativas algunas '''manifestaciones públicas de fe llevadas a cabo por Alfonso XIII''', que tuvieron un gran impacto simbólico no sólo por los actos en sí, sino porque fueron llevados a cabo en el momento álgido de anticatolicismo del gobierno de Canalejas. En 1911, tuvo lugar el XXII '''Congreso Eucarístico Internacional '''en Madrid, un gran evento en el que se realizan diferentes actos de culto en torno a la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. La familia real tomó parte muy activa en dicho congreso, con la Infanta Isabel como presidenta de la junta organizadora y otros miembros participando en diferentes actos. El propio rey, sorteando los obstáculos que el gobierno liberal quiso poner a su asistencia, estuvo presente en las ceremonias solemnes conclusivas del evento. Más aún, el Rey tomó la iniciativa de, aprovechando la ocasión que brindaba el congreso, realizar una serie de actos de '''consagración de España a Cristo''' en las semanas siguientes, en los que él mismo estuvo presente ofreciendo la nación a Dios e implorando su protección (Bárcena 2019, 435-37).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estos actos públicos animarían a un grupo de personas destacadas dentro de la Iglesia, entre los que se encuentran algunos recientemente canonizados como la madre Maravillas de Jesús o el padre José María Rubio, a emprender una campaña para construir un '''gran monumento al Sagrado Corazón de Jesús''' en el centro geográfico de España, el conocido como «Cerro de los Ángeles» en Getafe. La campaña se financió enteramente por suscripción popular, y contó de nuevo con el apoyo de la familia real, así como del papa Benedicto XV. La inauguración del monumento tendría lugar en 1919, y de nuevo contó con la presencia solemne del Rey y la familia real. Fue el mismo '''Alfonso XIII el que leyó el texto de consagración de la nación''', llevada a cabo al término de una misa que se celebró a los pies del monumento a Cristo, en cuyo pedestal se leía la frase «Reino en España». En las palabras leídas por Alfonso XIII se traslucían los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, situando las leyes e instituciones humanas bajo la autoridad divina, fuente de paz y progreso social, y pidiendo el reinado de Dios en los hogares, las aulas, las leyes y las instituciones patrias.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Estas manifestaciones tan explícitas de catolicismo en la esfera pública causaron una enorme agitación en los ambientes liberales'''. Agitación que se reflejó en airadas críticas desde los periódicos y las tribunas, acusando al monarca de querer sumir a España en un clericalismo propio de otros tiempos. Existe un testimonio indirecto, aceptado por algunos historiadores y rechazado por otros, que habla de una visita de una delegación de la Masonería a Alfonso XIII, en la que le presentaron ante la disyuntiva de aceptar una serie de puntos conducentes a la secularización de la vida pública española, o perder la monarquía, amenaza ante la que Alfonso XIII no habría cedido (Bárcena 2019, 443). Al margen de que este hecho acaeciera realmente o no, nos parece que no es necesario recurrir a él: las críticas hechas de manera pública en la prensa y los discursos, por parte de pensadores y políticos liberales y anticatólicos, reprochando a la monarquía sus actos públicos y oficiales de adhesión al catolicismo, nos parecen un argumento suficientemente sólido para afirmar que '''esa adhesión fue un factor clave entre los que motivarían la caída de la monarquía en 1931'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.2.3. La Iglesia y la dictadura de Primo de Rivera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En un contexto de crisis social y política, '''la dictadura de Primo de Rivera fue inicialmente bien recibida por la Iglesia, que la consideró una oportunidad para restaurar el orden social y moral''' que se había deteriorado. Tengamos presente que, cuando el capitán general dio el golpe de estado en septiembre de 1923, apenas habían pasado dos meses desde el asesinato del arzobispo de Zaragoza, el Cardenal Soldevila, a manos de pistoleros anarquistas. Este fue solamente uno más de los episodios que se dieron en el ambiente de violencia social que se vivía.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La dictadura, a su vez, buscó estrechar lazos con la Iglesia''', especialmente en el proceso de nombramiento de obispos. Se creó una comisión de obispos y sacerdotes para proponer candidatos idóneos para cargos eclesiásticos, limitando así la influencia de los políticos en estas cuestiones, influencia que la Iglesia aceptaba con resignación pero no con agrado. De este modo, la medida fue acogida con entusiasmo tanto por la jerarquía eclesiástica española como por la Santa Sede.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, '''la relación entre la Iglesia y el régimen de Primo de Rivera no fue siempre fluida''' (García-Villoslada et&amp;amp;nbsp;al. 1979, V:286-87). En Cataluña, por ejemplo, la dictadura enfrentó resistencia de parte de la clerecía local respecto al uso del catalán en la liturgia. No obstante, a pesar de esta tensión, la dictadura encontró apoyo en otros sectores católicos para mantener su posición, lo que le permitió adoptar una postura más fuerte en sus negociaciones con Roma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro suceso problemático tuvo lugar hacia el final de la dictadura. Surgió una controversia en torno a una reforma del estatuto universitario que beneficiaría a las universidades eclesiásticas de María Cristina de El Escorial y de Deusto. La propuesta generó rechazo en las universidades estatales y finalmente fue abandonada. Este episodio mostró que, aunque la Iglesia había depositado grandes esperanzas en la dictadura, también había límites en lo que ciertos sectores estaban dispuestos a aceptar, en términos de influencia eclesiástica en la esfera pública de la sociedad. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero, '''en líneas generales''', antes de que la Constitución de 1931 hiciera oficial la separación entre la Iglesia y el Estado, podemos decir que el último parlamento de la época de Alfonso XIII '''intentó promover una relación equilibrada y productiva''' entre las dos instituciones.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Los partidos liberales defendían la libertad religiosa como un elemento esencial de su política. Por otro lado, tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado, aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua. Esta disyuntiva era fuente de conflictos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La monarquía de la Restauración realizó, en repetidas ocasiones, muestras de adhesión pública y oficial a la fe católica. Esto fue motivo de fuertes críticas desde ambientes liberales.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La dictadura de Primo de Rivera fue bien recibida por la Iglesia, y se procuró una relación equilibrada y productiva desde ambas partes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281977}} 5.3. Iniciativas católicas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al hilo de nuestra caracterización de los diferentes pontificados del periodo en su relación con España, hablamos de algunas iniciativas importantes que tuvieron lugar en cada uno de esos pontificados. Vamos ahora a mencionar otras iniciativas, que tienen un carácter más transversal a lo largo de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.1. Inquietud misionera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dentro del contexto de la explosión fundacional y la restauración de las órdenes religiosas que tuvo lugar en la segunda mitad del XIX, jugó un papel importante el movimiento misionero. Si mencionábamos antes las '''misiones populares''' que llevaron a cabo sacerdotes predicadores '''en la España peninsular''', añadimos ahora que, antes de que se produjera la emancipación de los territorios españoles de ultramar en 1898, '''las islas del Caribe y '''Filipinas recibieron también un gran número de sacerdotes misioneros que realizaron allí una amplia y abnegada labor. Esos territorios estuvieron menos afectados por las desamortizaciones y, de hecho, se permitió la permanencia de alguna casa en la Península para formar a los misioneros destinados a ellos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Destaca especialmente la '''labor de los padres dominicos en Filipinas''', tanto en la faceta evangelizadora como en la civilizadora y de promoción humana de las islas. Las Filipinas constituían una provincia dominica aparte, que aún perdura en nuestros días. Otro ejemplo es el trabajo de la '''Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María''', fundados por San Antonio María Claret en 1849. Él mismo había sido misionero popular en las tierras catalanas, y más tarde obispo misionero en Cuba, antes de ser llamado para confesor de la Reina. La labor de los misioneros claretianos continuaría a lo largo de los siglos XIX y XX, tanto en la Península como en otros lugares del mundo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.2. Formación y espiritualidad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La piedad del pueblo se mantuvo bastante viva''', aún en los periodos en los que había arreciado más la persecución religiosa. Ahora bien, se trataba de una '''piedad aún de corte barroco, muy afectiva y práctica, devocional y un tanto carente de formación intelectual''' profunda. Se refleja aquí esa pobreza doctrinal causada por la mala formación del clero y la extinción de los regulares. Prevalecía la devoción «sencilla, afectiva, humana, que viene de la baja Edad Media» (Jiménez Duque 1979, 417), de base franciscana en gran medida, si bien los frailes franciscanos ya no podían acompañarla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero '''con el retorno de las órdenes religiosas en la Restauración, el panorama cambió''' un tanto. La mejor formación religiosa que recibían los jóvenes en los centros de enseñanza de las órdenes, así como las misiones populares, los ejercicios espirituales, los libros y folletos religiosos, etc., ayudaron a que la religiosidad del pueblo, sobre todo entre las clases medias y altas, fuese '''evolucionando hacia una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron muchas las iniciativas que podrían nombrarse aquí. Se crearon un gran número de asociaciones piadosas, que con frecuencia tenían también un carácter benéfico y/o apostólico. Por lo que se refiere a las congregaciones religiosas, a las tradicionales que ya estaban en España anteriormente y se restauraron en este periodo, y a las fundaciones propiamente españolas, vinieron a unirse un gran número de congregaciones fundadas en otros países, sobre todo Francia e Italia. La mayoría de las congregaciones fundadas en estos países a finales del XIX, que fueron muchas, establecieron alguna casa en España.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.3. El feminismo católico y la Acción Católica de la Mujer ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX, la participación de la mujer en la vida pública, así como su acceso a la educación, distaba aún mucho de ser equiparable a la del varón. En lo que se refiere a la actividad política, esta realidad se daba tanto en los ámbitos más conservadores como en los liberales o socialistas. En este ambiente, se empezaron a fundar diferentes asociaciones encaminadas a lograr la equiparación de los derechos públicos de las mujeres con los de los hombres, tales como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, la Juventud Universitaria Femenina o la Sociedad Concepción Arenal. Estas asociaciones, sin bien contaban entre sus miembros muchas mujeres católicas, eran por lo general institucionalmente aconfesionales, y en ocasiones estaban incluso teñidas de una ideología laicista.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.3.3.a. Pensamiento feminista católico =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por parte católica, '''en las dos primeras décadas del siglo tiene lugar una reflexión importante que busca conciliar la fe católica con los principios feministas''', tomando como punto de partida la obra de Concepción Arenal. Destacó especialmente, por sus reflexiones feministas desde una óptica católica, la escritora Concepción Gimeno de Flaquer. Entre los teólogos que también emprendieron esta tarea, destacan el jesuita Julio Alarcón, el agustino Graciano Martínez, y el sacerdote secular Mariano Arboleya (González Miren 2018). Sus reflexiones partían de la afirmación bíblica de la igual dignidad del hombre y la mujer, así como sus diferencias y complementariedad. Insistían en rebatir a algunos autores contemporáneos que pretendían afirmar una menor capacidad intelectual en la mujer con respecto al hombre, que justificaría su menor participación en la vida política y cultural. Al mismo tiempo, siguiendo a Arenal y en sintonía con otras pensadoras católicas del siglo XX como Edith Stein, reflexionaban desde las diferencias entre hombres y mujeres sobre cuáles serían las tareas más apropiadas para cada uno de los sexos. En este sentido, la atribución de ciertos roles específicos podía estar en mayor o menor medida condicionada por la época, y no ser igual de válida para las circunstancias actuales. Pero lo importante es la '''afirmación de la igualdad en cuanto a dignidad y capacidades intelectuales de ambos sexos, que debe reflejarse en una igualdad de derechos políticos y sociales'''. Una evidencia que hoy tenemos muy asumida, pero por entonces era necesario defenderla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.3.3.b. La Acción Católica de la Mujer =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a las '''iniciativas de orden práctico, el gran proyecto en este ámbito fue la creación, en 1919, de la Acción Católica de la Mujer''' (Salas Larrazábal 2003). La idea era crear una institución en favor de la mujer que tuviese un carácter decididamente católico, a diferencia de las ya existentes que, como dijimos, oscilaban entre la aconfesionalidad y el laicismo. El principal promotor del proyecto fue el cardenal Guisasola, arzobispo de Toledo. Desde este momento, la ACM se convierte en un '''faro de feminismo cristiano''', una respuesta a la necesidad de incorporar a la mujer en el Movimiento Social Católico de España. Desde su comienzo, estuvo apoyada por importantes personajes de la época, como el político Antonio Maura o la escritora Emilia Pardo Bazán.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM no se limitó a ser una asociación de carácter piadoso o benéfico, como habían sido la mayoría de asociaciones de mujeres católicas hasta el momento. Fue una organización que buscó ir más allá, asumiendo como cometido la '''formación de la mujer en todos los ámbitos de la vida, desde lo laboral hasta lo espiritual'''. Se fomentó la educación y la sindicación femenina, y se debatió sobre el sufragio de la mujer. La ACM se convirtió en un espacio donde la mujer católica pudo ser tanto devota como activista social, sin que lo uno excluyera a lo otro.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El carácter nacional y federativo de la ACM permitió que sus iniciativas tuvieran un amplio alcance. Desde su primera asamblea en 1920, la organización se centró en mejorar las condiciones laborales de las mujeres, fomentar su educación y defender sus derechos. '''La ACM se convirtió en un puente entre la fe y la acción social, entre la Iglesia y la sociedad'''. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM también se destacó por su capacidad para adaptarse a los tiempos. En una época en la que el feminismo secular ganaba terreno, la ACM ofreció una alternativa que no sacrificó la fe en el altar de la igualdad. Se abogó por el sufragio femenino y otras formas de intervención en la vida pública, pero siempre dentro de un marco que respetase la doctrina católica y las funciones propias de la mujer como madre y esposa. Se preocupaba también de denunciar la explotación de la mujer en el orden social y laboral. Sin embargo, la ACM no fue inmune a las tendencias de la Iglesia del tiempo. La Acción Católica Española, en consonancia con la fuerte vinculación hacia Roma que tenía la Iglesia española en general, seguía muy de cerca los pasos que el Papa iba marcando para la Acción Católica Italiana. Cuando el auge del fascismo hizo que se reformaran los estatutos de la AC en Italia, para orientarla más hacia fines propiamente apostólicos y espirituales y menos hacia los sociales y políticos, en España se siguieron los mismos pasos. De ese modo, aunque en sus primeros años la ACM se centró en cuestiones sociales y laborales, '''a partir de 1926 se replegaría más hacia el campo de la espiritualidad, la formación cristiana y el apostolado'''. Pero incluso en ese repliegue, la ACM siguió siendo un testimonio de la capacidad de la Iglesia para dialogar con el mundo, para encontrar un equilibrio entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La restauración de las órdenes religiosas trajo consigo un auge del afán misionero, tanto en lo que se refiere a misiones populares en la España peninsular, como a la evangelización y promoción humana en los territorios de ultramar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Otro fruto del restablecimiento de los religiosos fue la mejora en la formación espiritual del pueblo cristiano, que dio lugar a una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX se trabajó por la promoción de los derechos de la mujer desde una óptica cristiana. Esto tuvo lugar en el ámbito del pensamiento, con escritoras como Concepción Gimeno y teólogos como Julio Alarcón, y en el ámbito práctico, con la creación en 1919 de la Acción Católica de la Mujer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.4. Pensamiento católico ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Terminamos con unas breves menciones de algunos de los pensadores católicos más destacados de los años de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.1 Menéndez Pelayo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primer autor, de obligada mención, es Menéndez Pelayo (1856-1912).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En la historia de la intelectualidad española, pocos nombres resuenan con tanta fuerza y dignidad como el de '''Marcelino Menéndez Pelayo'''. Nacido en Santander en 1856 y fallecido en la misma ciudad en 1912, Menéndez Pelayo fue un faro luminoso en el oscuro panorama de una España que buscaba su identidad entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Primero y ante todo, Menéndez Pelayo fue un hombre de '''profunda fe católica'''. Su catolicismo no era una mera etiqueta, sino el núcleo que informaba toda su obra y pensamiento. Como bien apuntó Laín Entralgo, su catolicismo era su «más amplio y fundamental» modo de ser, '''un catolicismo que entendía como inseparable de su identidad española'''. En su juventud, ya alzaba su copa para brindar por «la fe católica, apostólica, romana» como la esencia y la inspiración de la cultura y la historia españolas (Valverde 1979, 534-35).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no solo fue un erudito, sino también un apasionado defensor de la cultura y la historia españolas. En una época en que muchos intelectuales se volcaban hacia corrientes extranjeras, él se erigía como un '''baluarte contra el olvido y la tergiversación de la riqueza intelectual y espiritual de España'''. Su obra ''Historia de los heterodoxos españoles'' es un testimonio de su profundo '''amor por la tradición católica y su influencia en la formación de la identidad nacional'''. Lo que distingue a Menéndez Pelayo de otros intelectuales de su tiempo es su '''apertura y su rigor científico'''. Rodeado de un espíritu en el que cundía un cierto fanatismo y división, entre «izquierda» y «derecha», católicos tradicionales e intelectuales krausistas, él '''supo elevarse por encima de las polémicas estériles''' para dedicarse a la verdadera ciencia. Su obra es un monumento a la erudición, abarcando campos tan diversos como la filología, la historia de la literatura, la filosofía y las ciencias políticas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no fue un hombre estático; '''su pensamiento evolucionó desde las posturas vehementes de su juventud hacia una mayor moderación y tolerancia'''. A medida que maduraba, su obra reflejaba una mayor serenidad y equilibrio. Aunque nunca abandonó su fe católica ni su amor por España, aprendió a dialogar con corrientes intelectuales diversas, incluidas las no católicas y extranjeras, enriqueciendo así su propia perspectiva.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de su monumental contribución a la cultura española, Menéndez Pelayo ha sido a menudo malentendido o ignorado, tanto por el lado «progresista» como por el «conservador». Sin embargo, su legado perdura como un testimonio de lo que significa ser un intelectual católico y español en el sentido más profundo y auténtico. Es una muestra de cómo el amor y la pasión por la propia tradición cultural no están reñidos con el rigor científico. En una época de confusión y polarización, la vida y obra de Menéndez Pelayo nos ofrecen una visión integradora y elevada de la fe y la cultura, que sigue siendo profundamente relevante en nuestro tiempo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.2. El catolicismo en la generación del 98 ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, ese conjunto de intelectuales que emergió en la España de fin de siglo, se presenta como un crisol de actitudes ante la Iglesia y el catolicismo que, aunque diversas, comparten una cierta distancia crítica. Este grupo, marcado por la crisis de 1898 tras la pérdida de las últimas colonias, se sumerge en una '''profunda reflexión sobre la identidad nacional y, por ende, sobre la Iglesia como institución intrínsecamente ligada a la historia de España'''. Criticaron la '''decadencia de España, atribuyéndola en parte al catolicismo''', y abogaron por una «europeización» del país que, entre otras cosas, comportaba la '''aceptación de los principios liberales y secularistas''' que regían otras naciones europeas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al mirar el conjunto de sus obras, se revela una complejidad en la relación de estos escritores con la Iglesia. Por un lado, se observa un '''laicismo marcado y una crítica a la influencia eclesiástica en la política y la educación'''. En esto son deudores del espíritu laicista de la '''Institución Libre de Enseñanza''', la cual formó a muchos de los escritores de la generación del 98 e influyó decisivamente en los otros. Las lecturas comunes en estos autores, imbuidos en gran medida de la filosofía nietzscheana y el positivismo de moda en Europa, los inclinaban inevitablemente hacia un rechazo de la religión. Rechazo que no se trata de mero anticlericalismo, en el sentido de crítica a ciertas formas anticuadas y ampulosas de manifestación de la fe, sino de algo más profundo, una '''dificultad para aceptar el hecho de la revelación cristiana''', en línea con el deísmo ilustrado y panteísta que imperaba en el pensamiento krausista de la Institución Libre de Enseñanza.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otro lado, se nota una cierta '''fascinación por elementos propios de la tradición religiosa católica''', como por ejemplo la figura del sacerdote, aunque a menudo teñida de crítica y estereotipo. Y también una lucha, en algunos autores, entre el deseo de la fe y el rechazo de ella. '''Unamuno''', quizás el más complejo de todos en su relación con la fe, encarna una vivencia «agónica» del cristianismo (Valverde 1979, 489). Su búsqueda espiritual se realiza en un terreno de '''conflicto entre la razón que rechaza la fe y el corazón que quiere aceptarla''', entre la Iglesia institucional y la religiosidad personal. No es anticlerical en el sentido estricto, pero sí crítico con una Iglesia que ve como anquilosada, al mismo tiempo que evidencia una sincera e intensa búsqueda religiosa. Baroja, por su parte, muestra un talante más anárquico. Su crítica a la Iglesia se inscribe en una crítica más amplia a todas las instituciones y estructuras de poder. No es tanto la religión lo que le causa rechazo, sino la institucionalización de la misma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En resumen, la Generación del 98 no presenta un pensamiento monolítico en lo que tiene que ver con el catolicismo y la Iglesia. Lo que sí comparten es una actitud de cuestionamiento y revisión crítica, una necesidad de redefinir la relación entre la fe y la identidad nacional en un momento de crisis profunda. Y aunque algunos puedan ver en esto un alejamiento de la Iglesia, quizás podría verse también como un llamado a la renovación y al diálogo, un anhelo, en última instancia, de encontrar en la fe y en la Iglesia respuestas a las preguntas eternas que agitaban sus inquietas almas. Por otro lado, también es cierto que los escritores de la generación del 98 eran más dados a la crítica generalizada que a la proposición de soluciones reales. Su afán renovador no cristalizó en proposiciones de cómo esa renovación podría llevarse a cabo, en lo que se refiere a la relación entre la fe católica y los nuevos desafíos sociales de la España del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.3. Otras corrientes importantes ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, queríamos mencionar un par de corrientes de pensamiento importantes de finales del XIX, y a sus principales representantes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La primera es el '''renacimiento de la filosofía escolástico-tomista'''. Su precursor fue el padre dominico '''Ceferino González''' (1831-1894), que empezó a publicar en la década de 1860. De este modo, creó un ambiente propicio para que hallase eco la encíclica ''Aeterni Patris'' escrita por León XIII en 1879 con el fin de promover los estudios de la filosofía y teología de Santo Tomás de Aquino. De este modo, la renovación intelectual en la que, como dijimos antes, intervinieron sobre todo los dominicos, jesuitas y agustinos, dio lugar a un número importante de obras de carácter neoescolástico. Estas obras tuvieron el mérito de animar intelectualmente los renovados centros de estudios teológicos que aparecieron en el pontificado de León XIII, si bien es cierto que les faltó un tanto de creatividad y capacidad de diálogo con su tiempo. De este renacimiento tomista surgiría un importante autor espiritual, el dominico '''Juan G. Arintero''' (1860-1928), cuya obra daría pie a un encendido debate en torno a la naturaleza de la ascética y la mística cristiana, que caracterizaría la teología espiritual española de comienzos del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La otra es el '''pensamiento católico integrista''', representado sobre todo en la figura del sacerdote de Sabadell '''Félix Sardá y Salvany''' (1831-1916). Se caracterizó por ser el principal ideólogo de la tendencia teológica, filosófica y política que dio en llamarse «integrista». Sus escritos tenían un carácter fuertemente apologético y popular, con títulos muy incisivos y no carentes de un cierto gracejo. Su obra más difundida, ''El liberalismo es pecado'' (1884), alcanzaría gran difusión e influiría en el pensamiento de muchos católicos españoles de finales de siglo. Su tesis principal era que, si bien las formas políticas creadas por el liberalismo podrían en teoría ser aceptables, en la práctica iban siempre acompañadas de los principios del liberalismo filosófico, con lo que debían ser rechazadas de pleno. En el momento en el que apareció, su doctrina estaba en plena sintonía con lo que la Iglesia había enseñado, particularmente con el ''Syllabus'' de Pío IX. Ahora bien, en 1888 León XIII publicaría ''Libertas Praestantissimum'', en la que abría la puerta a los católicos a la colaboración política en los regímenes liberales siempre que rechazaran los principios filosóficos. Este hecho, unido al daño que estaban haciendo las polémicas entre los católicos españoles, motivó que Sardá y Salvany moderase sus posturas hacia otras más conciliadoras, como se manifestó en el artículo ''¡Alto el fuego!'' de 1896.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Marcelino Menéndez Pelayo destacó por su profunda fe católica y su apasionada defensa de la cultura y la historia españolas, abogando por un enfoque riguroso y abierto en la erudición, y cuyo legado ofrece una visión integradora de la fe y la cultura en tiempos de polarización..&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, influida por la Institución Libre de Enseñanza, mantuvo una relación compleja y crítica con la Iglesia y el catolicismo, cuestionando su papel en la identidad nacional de España y abogando por una «europeización» que incluyera principios liberales y secularistas, a la vez que algunos manifestaban inquietud y búsqueda religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A finales del siglo XIX, destacan el renacimiento tomista representado por Ceferino González y el integrismo católico representado por Félix Sardá y Salvany.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
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		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=La_Iglesia_en_la_Restauracion_2&amp;diff=808</id>
		<title>La Iglesia en la Restauracion 2</title>
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		<updated>2023-09-06T17:22:16Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: /* 5.8. Referencias bibliográficas */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;= {{anchor|Toc459888455}} La Iglesia en la Restauración =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281966}} {{anchor|Toc68866943}} 5.1. Dificultades a la evangelización ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el apartado anterior, junto con los logros y avances de la Iglesia, hemos mencionado también algunas de las dificultades y resistencias internas que encontró el desarrollo de su labor evangelizadora y su adaptación a las nuevas circunstancias. Vamos ahora a mencionar algunos de los obstáculos externos que tuvo que enfrentar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.1.1. Descristianización de algunos sectores de la sociedad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un primer obstáculo importante fue la aparición de importantes masas de población que estaban, en la práctica, descristianizados. Si bien la inmensa mayoría de la población estaba bautizada, había muchos sectores que desconocían los rudimentos de la fe cristiana. Las causas que podemos encontrar son múltiples. En primer lugar, la extinción de los regulares (o religiosos) que, en muchos lugares, eran los que en realidad catequizaban al pueblo. Podemos añadir también la causa de la mala formación de los sacerdotes seculares, tanto en lo que se refiere a su falta de conocimientos adecuados para enseñar la doctrina católica, como a sus carencias morales que podían ser causa de escándalos. Pero esta realidad también se había dado en otros momentos de la historia de España, con la diferencia de que, en esas otras ocasiones, estaban los religiosos para suplir con las prédicas en monasterios y conventos, órdenes terciarias, misiones populares, y otros métodos de formación del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esta carencia se hizo sentir de manera más acusada en el levante y sur peninsular. Los ambientes rurales, que tradicionalmente habían constituido la reserva del catolicismo español, se veían cada vez más afectados por la irreligiosidad. La práctica religiosa era muy escasa, y teñida con mucha frecuencia de mero costumbrismo y superstición. El descenso en la práctica religiosa era aún más notorio entre la población masculina.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las zonas más industrializadas, el problema afectaba sobre todo a las masas de obreros, la mayoría de ellos emigrados desde el campo. En los ambientes urbanos, donde las condiciones de vida de los asalariados eran muy precarias, faltaba el apoyo social para la religión que habían tenido en sus pueblos de origen (eso cuando no venían de un ambiente rural ya descristianizado), con lo que la práctica religiosa de estos trabajadores era también prácticamente nula. No era tanto el caso de las mujeres emigradas del campo a la ciudad, pues en muchas ocasiones su dedicación era el servicio doméstico, en el que las circunstancias eran más propicias para la práctica religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se puede añadir también como causa de la descristianización la falta de sentido social de muchos de los católicos de clases sociales superiores, que no acabaron de ver la necesidad de hacer reformas en las estructuras. Limitaban su benevolencia hacia las clases desfavorecidas a una acción benéfica teñida de paternalismo, que no conectaba con las aspiraciones reales de las masas trabajadoras. Esta falta de comprensión de las necesidades reales de la situación afectó también en ocasiones a los pastores de la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas masas, entre las que además cundía el analfabetismo, eran presa fácil para la propaganda anticlerical liberal, y más adelante socialista o anarquista. Ambas tenían en común el presentar a la Iglesia como uno de los pilares del sistema injusto que los mantenía en la pobreza. En muchas ocasiones, los revolucionarios se servían del descontento de esas masas empobrecidas como un pasto seco en el que prendían fácilmente sus incitaciones a la rebelión contra el sistema establecido, para hacer avanzar sus propios fines políticos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Ya hemos mencionado algunas iniciativas que se tomaron para hacer llegar el evangelio a esos grupos sociales, tales como los círculos obreros o las numerosas congregaciones y asociaciones laicas que se fundaron para la formación de las mujeres en situación desfavorecida. En los ambientes rurales, tras la restauración de los religiosos, también se trabajó por reavivar la fe y mejorar la formación mediante misiones populares. Un ejemplo de ello es el del padre jesuita Francisco Tarín (1847-1910), que recorrió los ambientes rurales de España, sobre todo Andalucía y Extremadura, predicando y promoviendo obras de culto y devoción, desde 1885 hasta su muerte, o el también jesuita Carlos Mazuelos (Verdoy Herranz 1998). Pero esas iniciativas no fueron suficientes para alcanzar a la totalidad de las masas descristianizadas rurales y urbanas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un ejemplo de los efectos de la descristianización de las masas obreras urbanas, y el anticlericalismo que cundía entre ellas, pudo verse durante la «Semana Trágica» de Barcelona, en julio de 1909. Una manifestación que se convertiría en huelga revolucionaria, y dirigiría su violencia principalmente contra las iglesias y conventos, con la quema de muchos de ellos, la destrucción de un importante patrimonio artístico y cultural, y el asesinato de algunos sacerdotes. Para aquél entonces, Barcelona se había convertido en un epicentro de anticlericalismo en España, en el que cundían las proclamas anarquistas y revolucionarias, como la famosa incitación de Alejandro Lerroux en 1897 a la destrucción de templos y la violencia sexual contra las novicias (Bárcena 2019, 418).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.1.2. Obstáculos a las congregaciones religiosas y la enseñanza católica ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A comienzos del siglo XX, la Iglesia había logrado una importante recuperación de las congregaciones religiosas. Esto se hacía especialmente notorio en el campo de la educación, en el que la Iglesia había puesto mucho empeño a todos los niveles, desde la educación más básica de las clases humildes hasta la enseñanza superior para aquellos que podían permitírselo. En esta última línea, fue especialmente destacado el esfuerzo llevado a cabo por la Compañía de Jesús, que aprovechando la libertad que tuvo en el último cuarto del XIX reorganizó con energía e ilusión sus centros educativos. La buena preparación de los religiosos, y su dedicación total a la tarea educativa sin requerir siquiera un sueldo, hacía que los centros de la Iglesia tuvieran un nivel inalcanzable para los centros estatales que, además de ser pocos, estaban mal dotados económicamente y carecían de una organización adecuada.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Cuando el partido liberal ascendió al poder en 1901, cundió entre ellos la preocupación de que la Iglesia, que prácticamente monopolizaba la educación de las clases altas, usara de ese medio para «reconquistar» la sociedad. Eso motivó que se tomasen algunas medidas para reducir la influencia de la Iglesia en la educación y en la vida pública. Casi de inmediato, promulgó una orden que exigía el registro de todas las asociaciones religiosas en el registro civil, basándose en la ley de asociaciones de 1887. Este acto fue interpretado por muchos como un intento de someter a las congregaciones religiosas al control estatal, poniendo en peligro su autonomía y, por ende, su misión educativa y evangelizadora. Ante este desafío, la Santa Sede, apoyada por el Episcopado y el partido conservador, se opuso firmemente a la medida. Este acto de resistencia llevó a negociaciones que culminaron en el acuerdo de 1904 con la Santa Sede. Este acuerdo permitió que las congregaciones religiosas mantuvieran su independencia. Se preservaba así su papel crucial en la educación y en la formación de una sociedad que, con un alto grado de analfabetismo y una carencia manifiesta de personas con buena cualificación, necesitaba de esa labor educativa que sólo la Iglesia estaba en condiciones de ofrecer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La proliferación de órdenes religiosas llevó al gobierno liberal, en la persona de José Canalejas (uno de los exponentes más emblemáticos del anticlericalismo político del momento), a tomar otras medidas más directas contra ellas. La primera fue la ley de diciembre de 1910 que pasaría a conocerse como «ley del candado». Esta ley prohibió el establecimiento de nuevas órdenes religiosas en España por un periodo de dos años, sin el permiso expreso del gobierno. Las protestas de los católicos y de la Santa Sede no sirvieron para que se retirase. Para 1912, cuando la ley debía vencer, Canalejas preparó una prórroga que la mantuviese, pero su asesinato ese mismo año impidió que se llevara a efecto. Otras medidas llevadas a cabo contra la Iglesia durante estos años fue el recorte de la dotación para culto y clero, y la supresión de nombramientos de obispos desde 1910 hasta 1913 (Cárcel Ortí 2002, 137). Estas políticas anticlericales se correspondían con agitaciones y tumultos contra la Iglesia en las calles. La Iglesia, por su parte, dio muestras de una finísima diplomacia ante esta situación tan delicada, guiada por la clarividencia del cardenal español, secretario de estado vaticano, Merry del Val (1865-1930).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Tras el cambio de gobierno motivado por el asesinato de Canalejas, las tensiones entre el Gobierno y la Iglesia comenzaron a disiparse. El nuevo Gobierno de Romanones en 1913 marcó un período de relativa normalización, aunque la «cuestión religiosa» nunca desapareció por completo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El gobierno provisional revirtió muchas disposiciones de los gobiernos moderados, que habían devuelto a la Iglesia algunos de sus derechos, suprimiendo órdenes religiosas e incautando bienes eclesiásticos entre otras cosas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El matrimonio civil, que el gobierno provisional introdujo, fue rechazado por parte de la jerarquía eclesiástica y del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La constitución de la I República contemplaba la total separación de Iglesia y Estado, pero no llegó a aplicarse.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281970}} 5.2. Iglesia y Estado en la Restauración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Acabamos de mencionar algunas medidas legales que tomó el gobierno liberal en la primera década del siglo XX, referente a cuestiones religiosas. Mirando el conjunto de la Restauración, '''hubo un entendimiento razonablemente bueno entre la Iglesia y los gobiernos conservadores, no tanto con los gobiernos liberales'''. Vamos a seguir con la temática de las relaciones Iglesia-Estado en el periodo, fijándonos en algunos aspectos de particular relevancia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.2.1. La cuestión de la libertad de culto ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La cuestión de la libertad de culto en España ha sido un tema de debate y evolución constante, especialmente desde el siglo XIX hasta principios del siglo XX. La postura de los gobiernos liberales viene bien ejemplificada por Segismundo Moret, un prominente político liberal que llegó a ser presidente del Gobierno, que en 1908 '''defendía la libertad religiosa como un elemento esencial para unificar a los partidos de izquierda''' en España (Cárcel Ortí 2002, 132). Pero, por otro lado, '''tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado''', aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Los diferentes gobiernos, a pesar de sus promesas iniciales de mantener la exclusividad del catolicismo, mostrarían cierta flexibilidad hacia otros cultos''', impidiendo su propaganda pública, pero permitiendo que continuasen la actividad que habían iniciado en el sexenio. Aún dentro del partido liberal había tensiones en torno a la cuestión religiosa, entre una tendencia más conciliadora representada por el fundador Sagasta, y otra más agresiva contra la religión, representada por Canalejas. Estas tensiones se reflejarían en la crisis del partido a la muerte de Sagasta, en 1903, y finalmente sería la línea más anticatólica la que se impusiera. Cuando tuvo el poder, '''Canalejas buscó la secularización de la vida pública de diversas maneras, y con ese fin promovió leyes favorables a la libertad de culto, el matrimonio civil y la secularización de los cementerios'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En referencia a la '''libertad de culto, la Santa Sede se opuso a ella''', considerándola un «principio infausto y falso» (Cárcel Ortí 2002, 134) que estaba en contraposición a los acuerdos previos con el Estado español, y que era contrario a la realidad española (donde las religiones no católicas apenas tenían presencia). No obstante, el Gobierno justificó su posición presentándola como una adaptación necesaria a los tiempos cambiantes y a las circunstancias de otras naciones, arguyendo además que la constitución de 1875 dejaba la puerta abierta a esa libertad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.2.2. Manifestaciones públicas de fe de la monarquía ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El joven Alfonso XII, en diciembre de 1874, antes de ser proclamado rey de España, firmó un manifiesto que, redactado por Cánovas, sirvió de preludio y declaración de intenciones para la Restauración. En el llamado «Manifiesto de Sandhurst» se podía leer lo siguiente:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.5909in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;«Sea la que quiera mi propia suerte ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal» (Alfonso XII 1874).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas palabras serían programáticas en lo que se refiere al talante del régimen de '''la Restauración, que intentó compaginar la tradición española, el catolicismo la monarquía y el régimen constitucional liberal'''. De manera particular, reflejan lo que iba a ser la actitud de la monarquía que, siguiendo los pasos de Isabel II, procuró inclinar el peso de su autoridad en favor de la religión católica, aunque a veces se vio forzada a aprobar leyes que contrariaban a la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron especialmente significativas algunas '''manifestaciones públicas de fe llevadas a cabo por Alfonso XIII''', que tuvieron un gran impacto simbólico no sólo por los actos en sí, sino porque fueron llevados a cabo en el momento álgido de anticatolicismo del gobierno de Canalejas. En 1911, tuvo lugar el XXII '''Congreso Eucarístico Internacional '''en Madrid, un gran evento en el que se realizan diferentes actos de culto en torno a la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. La familia real tomó parte muy activa en dicho congreso, con la Infanta Isabel como presidenta de la junta organizadora y otros miembros participando en diferentes actos. El propio rey, sorteando los obstáculos que el gobierno liberal quiso poner a su asistencia, estuvo presente en las ceremonias solemnes conclusivas del evento. Más aún, el Rey tomó la iniciativa de, aprovechando la ocasión que brindaba el congreso, realizar una serie de actos de '''consagración de España a Cristo''' en las semanas siguientes, en los que él mismo estuvo presente ofreciendo la nación a Dios e implorando su protección (Bárcena 2019, 435-37).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estos actos públicos animarían a un grupo de personas destacadas dentro de la Iglesia, entre los que se encuentran algunos recientemente canonizados como la madre Maravillas de Jesús o el padre José María Rubio, a emprender una campaña para construir un '''gran monumento al Sagrado Corazón de Jesús''' en el centro geográfico de España, el conocido como «Cerro de los Ángeles» en Getafe. La campaña se financió enteramente por suscripción popular, y contó de nuevo con el apoyo de la familia real, así como del papa Benedicto XV. La inauguración del monumento tendría lugar en 1919, y de nuevo contó con la presencia solemne del Rey y la familia real. Fue el mismo '''Alfonso XIII el que leyó el texto de consagración de la nación''', llevada a cabo al término de una misa que se celebró a los pies del monumento a Cristo, en cuyo pedestal se leía la frase «Reino en España». En las palabras leídas por Alfonso XIII se traslucían los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, situando las leyes e instituciones humanas bajo la autoridad divina, fuente de paz y progreso social, y pidiendo el reinado de Dios en los hogares, las aulas, las leyes y las instituciones patrias.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Estas manifestaciones tan explícitas de catolicismo en la esfera pública causaron una enorme agitación en los ambientes liberales'''. Agitación que se reflejó en airadas críticas desde los periódicos y las tribunas, acusando al monarca de querer sumir a España en un clericalismo propio de otros tiempos. Existe un testimonio indirecto, aceptado por algunos historiadores y rechazado por otros, que habla de una visita de una delegación de la Masonería a Alfonso XIII, en la que le presentaron ante la disyuntiva de aceptar una serie de puntos conducentes a la secularización de la vida pública española, o perder la monarquía, amenaza ante la que Alfonso XIII no habría cedido (Bárcena 2019, 443). Al margen de que este hecho acaeciera realmente o no, nos parece que no es necesario recurrir a él: las críticas hechas de manera pública en la prensa y los discursos, por parte de pensadores y políticos liberales y anticatólicos, reprochando a la monarquía sus actos públicos y oficiales de adhesión al catolicismo, nos parecen un argumento suficientemente sólido para afirmar que '''esa adhesión fue un factor clave entre los que motivarían la caída de la monarquía en 1931'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.2.3. La Iglesia y la dictadura de Primo de Rivera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En un contexto de crisis social y política, '''la dictadura de Primo de Rivera fue inicialmente bien recibida por la Iglesia, que la consideró una oportunidad para restaurar el orden social y moral''' que se había deteriorado. Tengamos presente que, cuando el capitán general dio el golpe de estado en septiembre de 1923, apenas habían pasado dos meses desde el asesinato del arzobispo de Zaragoza, el Cardenal Soldevila, a manos de pistoleros anarquistas. Este fue solamente uno más de los episodios que se dieron en el ambiente de violencia social que se vivía.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La dictadura, a su vez, buscó estrechar lazos con la Iglesia''', especialmente en el proceso de nombramiento de obispos. Se creó una comisión de obispos y sacerdotes para proponer candidatos idóneos para cargos eclesiásticos, limitando así la influencia de los políticos en estas cuestiones, influencia que la Iglesia aceptaba con resignación pero no con agrado. De este modo, la medida fue acogida con entusiasmo tanto por la jerarquía eclesiástica española como por la Santa Sede.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, '''la relación entre la Iglesia y el régimen de Primo de Rivera no fue siempre fluida''' (García-Villoslada et&amp;amp;nbsp;al. 1979, V:286-87). En Cataluña, por ejemplo, la dictadura enfrentó resistencia de parte de la clerecía local respecto al uso del catalán en la liturgia. No obstante, a pesar de esta tensión, la dictadura encontró apoyo en otros sectores católicos para mantener su posición, lo que le permitió adoptar una postura más fuerte en sus negociaciones con Roma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro suceso problemático tuvo lugar hacia el final de la dictadura. Surgió una controversia en torno a una reforma del estatuto universitario que beneficiaría a las universidades eclesiásticas de María Cristina de El Escorial y de Deusto. La propuesta generó rechazo en las universidades estatales y finalmente fue abandonada. Este episodio mostró que, aunque la Iglesia había depositado grandes esperanzas en la dictadura, también había límites en lo que ciertos sectores estaban dispuestos a aceptar, en términos de influencia eclesiástica en la esfera pública de la sociedad. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero, '''en líneas generales''', antes de que la Constitución de 1931 hiciera oficial la separación entre la Iglesia y el Estado, podemos decir que el último parlamento de la época de Alfonso XIII '''intentó promover una relación equilibrada y productiva''' entre las dos instituciones.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Los partidos liberales defendían la libertad religiosa como un elemento esencial de su política. Por otro lado, tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado, aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua. Esta disyuntiva era fuente de conflictos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La monarquía de la Restauración realizó, en repetidas ocasiones, muestras de adhesión pública y oficial a la fe católica. Esto fue motivo de fuertes críticas desde ambientes liberales.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La dictadura de Primo de Rivera fue bien recibida por la Iglesia, y se procuró una relación equilibrada y productiva desde ambas partes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281977}} 5.3. Iniciativas católicas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al hilo de nuestra caracterización de los diferentes pontificados del periodo en su relación con España, hablamos de algunas iniciativas importantes que tuvieron lugar en cada uno de esos pontificados. Vamos ahora a mencionar otras iniciativas, que tienen un carácter más transversal a lo largo de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.1. Inquietud misionera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dentro del contexto de la explosión fundacional y la restauración de las órdenes religiosas que tuvo lugar en la segunda mitad del XIX, jugó un papel importante el movimiento misionero. Si mencionábamos antes las '''misiones populares''' que llevaron a cabo sacerdotes predicadores '''en la España peninsular''', añadimos ahora que, antes de que se produjera la emancipación de los territorios españoles de ultramar en 1898, '''las islas del Caribe y '''Filipinas recibieron también un gran número de sacerdotes misioneros que realizaron allí una amplia y abnegada labor. Esos territorios estuvieron menos afectados por las desamortizaciones y, de hecho, se permitió la permanencia de alguna casa en la Península para formar a los misioneros destinados a ellos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Destaca especialmente la '''labor de los padres dominicos en Filipinas''', tanto en la faceta evangelizadora como en la civilizadora y de promoción humana de las islas. Las Filipinas constituían una provincia dominica aparte, que aún perdura en nuestros días. Otro ejemplo es el trabajo de la '''Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María''', fundados por San Antonio María Claret en 1849. Él mismo había sido misionero popular en las tierras catalanas, y más tarde obispo misionero en Cuba, antes de ser llamado para confesor de la Reina. La labor de los misioneros claretianos continuaría a lo largo de los siglos XIX y XX, tanto en la Península como en otros lugares del mundo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.2. Formación y espiritualidad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La piedad del pueblo se mantuvo bastante viva''', aún en los periodos en los que había arreciado más la persecución religiosa. Ahora bien, se trataba de una '''piedad aún de corte barroco, muy afectiva y práctica, devocional y un tanto carente de formación intelectual''' profunda. Se refleja aquí esa pobreza doctrinal causada por la mala formación del clero y la extinción de los regulares. Prevalecía la devoción «sencilla, afectiva, humana, que viene de la baja Edad Media» (Jiménez Duque 1979, 417), de base franciscana en gran medida, si bien los frailes franciscanos ya no podían acompañarla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero '''con el retorno de las órdenes religiosas en la Restauración, el panorama cambió''' un tanto. La mejor formación religiosa que recibían los jóvenes en los centros de enseñanza de las órdenes, así como las misiones populares, los ejercicios espirituales, los libros y folletos religiosos, etc., ayudaron a que la religiosidad del pueblo, sobre todo entre las clases medias y altas, fuese '''evolucionando hacia una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron muchas las iniciativas que podrían nombrarse aquí. Se crearon un gran número de asociaciones piadosas, que con frecuencia tenían también un carácter benéfico y/o apostólico. Por lo que se refiere a las congregaciones religiosas, a las tradicionales que ya estaban en España anteriormente y se restauraron en este periodo, y a las fundaciones propiamente españolas, vinieron a unirse un gran número de congregaciones fundadas en otros países, sobre todo Francia e Italia. La mayoría de las congregaciones fundadas en estos países a finales del XIX, que fueron muchas, establecieron alguna casa en España.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.3. El feminismo católico y la Acción Católica de la Mujer ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX, la participación de la mujer en la vida pública, así como su acceso a la educación, distaba aún mucho de ser equiparable a la del varón. En lo que se refiere a la actividad política, esta realidad se daba tanto en los ámbitos más conservadores como en los liberales o socialistas. En este ambiente, se empezaron a fundar diferentes asociaciones encaminadas a lograr la equiparación de los derechos públicos de las mujeres con los de los hombres, tales como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, la Juventud Universitaria Femenina o la Sociedad Concepción Arenal. Estas asociaciones, sin bien contaban entre sus miembros muchas mujeres católicas, eran por lo general institucionalmente aconfesionales, y en ocasiones estaban incluso teñidas de una ideología laicista.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.3.3.a. Pensamiento feminista católico =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por parte católica, '''en las dos primeras décadas del siglo tiene lugar una reflexión importante que busca conciliar la fe católica con los principios feministas''', tomando como punto de partida la obra de Concepción Arenal. Destacó especialmente, por sus reflexiones feministas desde una óptica católica, la escritora Concepción Gimeno de Flaquer. Entre los teólogos que también emprendieron esta tarea, destacan el jesuita Julio Alarcón, el agustino Graciano Martínez, y el sacerdote secular Mariano Arboleya (González Miren 2018). Sus reflexiones partían de la afirmación bíblica de la igual dignidad del hombre y la mujer, así como sus diferencias y complementariedad. Insistían en rebatir a algunos autores contemporáneos que pretendían afirmar una menor capacidad intelectual en la mujer con respecto al hombre, que justificaría su menor participación en la vida política y cultural. Al mismo tiempo, siguiendo a Arenal y en sintonía con otras pensadoras católicas del siglo XX como Edith Stein, reflexionaban desde las diferencias entre hombres y mujeres sobre cuáles serían las tareas más apropiadas para cada uno de los sexos. En este sentido, la atribución de ciertos roles específicos podía estar en mayor o menor medida condicionada por la época, y no ser igual de válida para las circunstancias actuales. Pero lo importante es la '''afirmación de la igualdad en cuanto a dignidad y capacidades intelectuales de ambos sexos, que debe reflejarse en una igualdad de derechos políticos y sociales'''. Una evidencia que hoy tenemos muy asumida, pero por entonces era necesario defenderla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.3.3.b. La Acción Católica de la Mujer =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a las '''iniciativas de orden práctico, el gran proyecto en este ámbito fue la creación, en 1919, de la Acción Católica de la Mujer''' (Salas Larrazábal 2003). La idea era crear una institución en favor de la mujer que tuviese un carácter decididamente católico, a diferencia de las ya existentes que, como dijimos, oscilaban entre la aconfesionalidad y el laicismo. El principal promotor del proyecto fue el cardenal Guisasola, arzobispo de Toledo. Desde este momento, la ACM se convierte en un '''faro de feminismo cristiano''', una respuesta a la necesidad de incorporar a la mujer en el Movimiento Social Católico de España. Desde su comienzo, estuvo apoyada por importantes personajes de la época, como el político Antonio Maura o la escritora Emilia Pardo Bazán.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM no se limitó a ser una asociación de carácter piadoso o benéfico, como habían sido la mayoría de asociaciones de mujeres católicas hasta el momento. Fue una organización que buscó ir más allá, asumiendo como cometido la '''formación de la mujer en todos los ámbitos de la vida, desde lo laboral hasta lo espiritual'''. Se fomentó la educación y la sindicación femenina, y se debatió sobre el sufragio de la mujer. La ACM se convirtió en un espacio donde la mujer católica pudo ser tanto devota como activista social, sin que lo uno excluyera a lo otro.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El carácter nacional y federativo de la ACM permitió que sus iniciativas tuvieran un amplio alcance. Desde su primera asamblea en 1920, la organización se centró en mejorar las condiciones laborales de las mujeres, fomentar su educación y defender sus derechos. '''La ACM se convirtió en un puente entre la fe y la acción social, entre la Iglesia y la sociedad'''. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM también se destacó por su capacidad para adaptarse a los tiempos. En una época en la que el feminismo secular ganaba terreno, la ACM ofreció una alternativa que no sacrificó la fe en el altar de la igualdad. Se abogó por el sufragio femenino y otras formas de intervención en la vida pública, pero siempre dentro de un marco que respetase la doctrina católica y las funciones propias de la mujer como madre y esposa. Se preocupaba también de denunciar la explotación de la mujer en el orden social y laboral. Sin embargo, la ACM no fue inmune a las tendencias de la Iglesia del tiempo. La Acción Católica Española, en consonancia con la fuerte vinculación hacia Roma que tenía la Iglesia española en general, seguía muy de cerca los pasos que el Papa iba marcando para la Acción Católica Italiana. Cuando el auge del fascismo hizo que se reformaran los estatutos de la AC en Italia, para orientarla más hacia fines propiamente apostólicos y espirituales y menos hacia los sociales y políticos, en España se siguieron los mismos pasos. De ese modo, aunque en sus primeros años la ACM se centró en cuestiones sociales y laborales, '''a partir de 1926 se replegaría más hacia el campo de la espiritualidad, la formación cristiana y el apostolado'''. Pero incluso en ese repliegue, la ACM siguió siendo un testimonio de la capacidad de la Iglesia para dialogar con el mundo, para encontrar un equilibrio entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La restauración de las órdenes religiosas trajo consigo un auge del afán misionero, tanto en lo que se refiere a misiones populares en la España peninsular, como a la evangelización y promoción humana en los territorios de ultramar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Otro fruto del restablecimiento de los religiosos fue la mejora en la formación espiritual del pueblo cristiano, que dio lugar a una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX se trabajó por la promoción de los derechos de la mujer desde una óptica cristiana. Esto tuvo lugar en el ámbito del pensamiento, con escritoras como Concepción Gimeno y teólogos como Julio Alarcón, y en el ámbito práctico, con la creación en 1919 de la Acción Católica de la Mujer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.4. Pensamiento católico ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Terminamos con unas breves menciones de algunos de los pensadores católicos más destacados de los años de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.1 Menéndez Pelayo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primer autor, de obligada mención, es Menéndez Pelayo (1856-1912).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En la historia de la intelectualidad española, pocos nombres resuenan con tanta fuerza y dignidad como el de '''Marcelino Menéndez Pelayo'''. Nacido en Santander en 1856 y fallecido en la misma ciudad en 1912, Menéndez Pelayo fue un faro luminoso en el oscuro panorama de una España que buscaba su identidad entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Primero y ante todo, Menéndez Pelayo fue un hombre de '''profunda fe católica'''. Su catolicismo no era una mera etiqueta, sino el núcleo que informaba toda su obra y pensamiento. Como bien apuntó Laín Entralgo, su catolicismo era su «más amplio y fundamental» modo de ser, '''un catolicismo que entendía como inseparable de su identidad española'''. En su juventud, ya alzaba su copa para brindar por «la fe católica, apostólica, romana» como la esencia y la inspiración de la cultura y la historia españolas (Valverde 1979, 534-35).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no solo fue un erudito, sino también un apasionado defensor de la cultura y la historia españolas. En una época en que muchos intelectuales se volcaban hacia corrientes extranjeras, él se erigía como un '''baluarte contra el olvido y la tergiversación de la riqueza intelectual y espiritual de España'''. Su obra ''Historia de los heterodoxos españoles'' es un testimonio de su profundo '''amor por la tradición católica y su influencia en la formación de la identidad nacional'''. Lo que distingue a Menéndez Pelayo de otros intelectuales de su tiempo es su '''apertura y su rigor científico'''. Rodeado de un espíritu en el que cundía un cierto fanatismo y división, entre «izquierda» y «derecha», católicos tradicionales e intelectuales krausistas, él '''supo elevarse por encima de las polémicas estériles''' para dedicarse a la verdadera ciencia. Su obra es un monumento a la erudición, abarcando campos tan diversos como la filología, la historia de la literatura, la filosofía y las ciencias políticas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no fue un hombre estático; '''su pensamiento evolucionó desde las posturas vehementes de su juventud hacia una mayor moderación y tolerancia'''. A medida que maduraba, su obra reflejaba una mayor serenidad y equilibrio. Aunque nunca abandonó su fe católica ni su amor por España, aprendió a dialogar con corrientes intelectuales diversas, incluidas las no católicas y extranjeras, enriqueciendo así su propia perspectiva.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de su monumental contribución a la cultura española, Menéndez Pelayo ha sido a menudo malentendido o ignorado, tanto por el lado «progresista» como por el «conservador». Sin embargo, su legado perdura como un testimonio de lo que significa ser un intelectual católico y español en el sentido más profundo y auténtico. Es una muestra de cómo el amor y la pasión por la propia tradición cultural no están reñidos con el rigor científico. En una época de confusión y polarización, la vida y obra de Menéndez Pelayo nos ofrecen una visión integradora y elevada de la fe y la cultura, que sigue siendo profundamente relevante en nuestro tiempo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.2. El catolicismo en la generación del 98 ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, ese conjunto de intelectuales que emergió en la España de fin de siglo, se presenta como un crisol de actitudes ante la Iglesia y el catolicismo que, aunque diversas, comparten una cierta distancia crítica. Este grupo, marcado por la crisis de 1898 tras la pérdida de las últimas colonias, se sumerge en una '''profunda reflexión sobre la identidad nacional y, por ende, sobre la Iglesia como institución intrínsecamente ligada a la historia de España'''. Criticaron la '''decadencia de España, atribuyéndola en parte al catolicismo''', y abogaron por una «europeización» del país que, entre otras cosas, comportaba la '''aceptación de los principios liberales y secularistas''' que regían otras naciones europeas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al mirar el conjunto de sus obras, se revela una complejidad en la relación de estos escritores con la Iglesia. Por un lado, se observa un '''laicismo marcado y una crítica a la influencia eclesiástica en la política y la educación'''. En esto son deudores del espíritu laicista de la '''Institución Libre de Enseñanza''', la cual formó a muchos de los escritores de la generación del 98 e influyó decisivamente en los otros. Las lecturas comunes en estos autores, imbuidos en gran medida de la filosofía nietzscheana y el positivismo de moda en Europa, los inclinaban inevitablemente hacia un rechazo de la religión. Rechazo que no se trata de mero anticlericalismo, en el sentido de crítica a ciertas formas anticuadas y ampulosas de manifestación de la fe, sino de algo más profundo, una '''dificultad para aceptar el hecho de la revelación cristiana''', en línea con el deísmo ilustrado y panteísta que imperaba en el pensamiento krausista de la Institución Libre de Enseñanza.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otro lado, se nota una cierta '''fascinación por elementos propios de la tradición religiosa católica''', como por ejemplo la figura del sacerdote, aunque a menudo teñida de crítica y estereotipo. Y también una lucha, en algunos autores, entre el deseo de la fe y el rechazo de ella. '''Unamuno''', quizás el más complejo de todos en su relación con la fe, encarna una vivencia «agónica» del cristianismo (Valverde 1979, 489). Su búsqueda espiritual se realiza en un terreno de '''conflicto entre la razón que rechaza la fe y el corazón que quiere aceptarla''', entre la Iglesia institucional y la religiosidad personal. No es anticlerical en el sentido estricto, pero sí crítico con una Iglesia que ve como anquilosada, al mismo tiempo que evidencia una sincera e intensa búsqueda religiosa. Baroja, por su parte, muestra un talante más anárquico. Su crítica a la Iglesia se inscribe en una crítica más amplia a todas las instituciones y estructuras de poder. No es tanto la religión lo que le causa rechazo, sino la institucionalización de la misma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En resumen, la Generación del 98 no presenta un pensamiento monolítico en lo que tiene que ver con el catolicismo y la Iglesia. Lo que sí comparten es una actitud de cuestionamiento y revisión crítica, una necesidad de redefinir la relación entre la fe y la identidad nacional en un momento de crisis profunda. Y aunque algunos puedan ver en esto un alejamiento de la Iglesia, quizás podría verse también como un llamado a la renovación y al diálogo, un anhelo, en última instancia, de encontrar en la fe y en la Iglesia respuestas a las preguntas eternas que agitaban sus inquietas almas. Por otro lado, también es cierto que los escritores de la generación del 98 eran más dados a la crítica generalizada que a la proposición de soluciones reales. Su afán renovador no cristalizó en proposiciones de cómo esa renovación podría llevarse a cabo, en lo que se refiere a la relación entre la fe católica y los nuevos desafíos sociales de la España del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.3. Otras corrientes importantes ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, queríamos mencionar un par de corrientes de pensamiento importantes de finales del XIX, y a sus principales representantes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La primera es el '''renacimiento de la filosofía escolástico-tomista'''. Su precursor fue el padre dominico '''Ceferino González''' (1831-1894), que empezó a publicar en la década de 1860. De este modo, creó un ambiente propicio para que hallase eco la encíclica ''Aeterni Patris'' escrita por León XIII en 1879 con el fin de promover los estudios de la filosofía y teología de Santo Tomás de Aquino. De este modo, la renovación intelectual en la que, como dijimos antes, intervinieron sobre todo los dominicos, jesuitas y agustinos, dio lugar a un número importante de obras de carácter neoescolástico. Estas obras tuvieron el mérito de animar intelectualmente los renovados centros de estudios teológicos que aparecieron en el pontificado de León XIII, si bien es cierto que les faltó un tanto de creatividad y capacidad de diálogo con su tiempo. De este renacimiento tomista surgiría un importante autor espiritual, el dominico '''Juan G. Arintero''' (1860-1928), cuya obra daría pie a un encendido debate en torno a la naturaleza de la ascética y la mística cristiana, que caracterizaría la teología espiritual española de comienzos del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La otra es el '''pensamiento católico integrista''', representado sobre todo en la figura del sacerdote de Sabadell '''Félix Sardá y Salvany''' (1831-1916). Se caracterizó por ser el principal ideólogo de la tendencia teológica, filosófica y política que dio en llamarse «integrista». Sus escritos tenían un carácter fuertemente apologético y popular, con títulos muy incisivos y no carentes de un cierto gracejo. Su obra más difundida, ''El liberalismo es pecado'' (1884), alcanzaría gran difusión e influiría en el pensamiento de muchos católicos españoles de finales de siglo. Su tesis principal era que, si bien las formas políticas creadas por el liberalismo podrían en teoría ser aceptables, en la práctica iban siempre acompañadas de los principios del liberalismo filosófico, con lo que debían ser rechazadas de pleno. En el momento en el que apareció, su doctrina estaba en plena sintonía con lo que la Iglesia había enseñado, particularmente con el ''Syllabus'' de Pío IX. Ahora bien, en 1888 León XIII publicaría ''Libertas Praestantissimum'', en la que abría la puerta a los católicos a la colaboración política en los regímenes liberales siempre que rechazaran los principios filosóficos. Este hecho, unido al daño que estaban haciendo las polémicas entre los católicos españoles, motivó que Sardá y Salvany moderase sus posturas hacia otras más conciliadoras, como se manifestó en el artículo ''¡Alto el fuego!'' de 1896.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Marcelino Menéndez Pelayo destacó por su profunda fe católica y su apasionada defensa de la cultura y la historia españolas, abogando por un enfoque riguroso y abierto en la erudición, y cuyo legado ofrece una visión integradora de la fe y la cultura en tiempos de polarización..&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, influida por la Institución Libre de Enseñanza, mantuvo una relación compleja y crítica con la Iglesia y el catolicismo, cuestionando su papel en la identidad nacional de España y abogando por una «europeización» que incluyera principios liberales y secularistas, a la vez que algunos manifestaban inquietud y búsqueda religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A finales del siglo XIX, destacan el renacimiento tomista representado por Ceferino González y el integrismo católico representado por Félix Sardá y Salvany.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
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		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=La_Iglesia_en_la_Restauracion_2&amp;diff=807</id>
		<title>La Iglesia en la Restauracion 2</title>
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		<updated>2023-09-06T17:22:03Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;= {{anchor|Toc459888455}} La Iglesia en la Restauración =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281966}} {{anchor|Toc68866943}} 5.1. Dificultades a la evangelización ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el apartado anterior, junto con los logros y avances de la Iglesia, hemos mencionado también algunas de las dificultades y resistencias internas que encontró el desarrollo de su labor evangelizadora y su adaptación a las nuevas circunstancias. Vamos ahora a mencionar algunos de los obstáculos externos que tuvo que enfrentar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.1.1. Descristianización de algunos sectores de la sociedad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un primer obstáculo importante fue la aparición de importantes masas de población que estaban, en la práctica, descristianizados. Si bien la inmensa mayoría de la población estaba bautizada, había muchos sectores que desconocían los rudimentos de la fe cristiana. Las causas que podemos encontrar son múltiples. En primer lugar, la extinción de los regulares (o religiosos) que, en muchos lugares, eran los que en realidad catequizaban al pueblo. Podemos añadir también la causa de la mala formación de los sacerdotes seculares, tanto en lo que se refiere a su falta de conocimientos adecuados para enseñar la doctrina católica, como a sus carencias morales que podían ser causa de escándalos. Pero esta realidad también se había dado en otros momentos de la historia de España, con la diferencia de que, en esas otras ocasiones, estaban los religiosos para suplir con las prédicas en monasterios y conventos, órdenes terciarias, misiones populares, y otros métodos de formación del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esta carencia se hizo sentir de manera más acusada en el levante y sur peninsular. Los ambientes rurales, que tradicionalmente habían constituido la reserva del catolicismo español, se veían cada vez más afectados por la irreligiosidad. La práctica religiosa era muy escasa, y teñida con mucha frecuencia de mero costumbrismo y superstición. El descenso en la práctica religiosa era aún más notorio entre la población masculina.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las zonas más industrializadas, el problema afectaba sobre todo a las masas de obreros, la mayoría de ellos emigrados desde el campo. En los ambientes urbanos, donde las condiciones de vida de los asalariados eran muy precarias, faltaba el apoyo social para la religión que habían tenido en sus pueblos de origen (eso cuando no venían de un ambiente rural ya descristianizado), con lo que la práctica religiosa de estos trabajadores era también prácticamente nula. No era tanto el caso de las mujeres emigradas del campo a la ciudad, pues en muchas ocasiones su dedicación era el servicio doméstico, en el que las circunstancias eran más propicias para la práctica religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se puede añadir también como causa de la descristianización la falta de sentido social de muchos de los católicos de clases sociales superiores, que no acabaron de ver la necesidad de hacer reformas en las estructuras. Limitaban su benevolencia hacia las clases desfavorecidas a una acción benéfica teñida de paternalismo, que no conectaba con las aspiraciones reales de las masas trabajadoras. Esta falta de comprensión de las necesidades reales de la situación afectó también en ocasiones a los pastores de la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas masas, entre las que además cundía el analfabetismo, eran presa fácil para la propaganda anticlerical liberal, y más adelante socialista o anarquista. Ambas tenían en común el presentar a la Iglesia como uno de los pilares del sistema injusto que los mantenía en la pobreza. En muchas ocasiones, los revolucionarios se servían del descontento de esas masas empobrecidas como un pasto seco en el que prendían fácilmente sus incitaciones a la rebelión contra el sistema establecido, para hacer avanzar sus propios fines políticos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Ya hemos mencionado algunas iniciativas que se tomaron para hacer llegar el evangelio a esos grupos sociales, tales como los círculos obreros o las numerosas congregaciones y asociaciones laicas que se fundaron para la formación de las mujeres en situación desfavorecida. En los ambientes rurales, tras la restauración de los religiosos, también se trabajó por reavivar la fe y mejorar la formación mediante misiones populares. Un ejemplo de ello es el del padre jesuita Francisco Tarín (1847-1910), que recorrió los ambientes rurales de España, sobre todo Andalucía y Extremadura, predicando y promoviendo obras de culto y devoción, desde 1885 hasta su muerte, o el también jesuita Carlos Mazuelos (Verdoy Herranz 1998). Pero esas iniciativas no fueron suficientes para alcanzar a la totalidad de las masas descristianizadas rurales y urbanas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un ejemplo de los efectos de la descristianización de las masas obreras urbanas, y el anticlericalismo que cundía entre ellas, pudo verse durante la «Semana Trágica» de Barcelona, en julio de 1909. Una manifestación que se convertiría en huelga revolucionaria, y dirigiría su violencia principalmente contra las iglesias y conventos, con la quema de muchos de ellos, la destrucción de un importante patrimonio artístico y cultural, y el asesinato de algunos sacerdotes. Para aquél entonces, Barcelona se había convertido en un epicentro de anticlericalismo en España, en el que cundían las proclamas anarquistas y revolucionarias, como la famosa incitación de Alejandro Lerroux en 1897 a la destrucción de templos y la violencia sexual contra las novicias (Bárcena 2019, 418).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.1.2. Obstáculos a las congregaciones religiosas y la enseñanza católica ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A comienzos del siglo XX, la Iglesia había logrado una importante recuperación de las congregaciones religiosas. Esto se hacía especialmente notorio en el campo de la educación, en el que la Iglesia había puesto mucho empeño a todos los niveles, desde la educación más básica de las clases humildes hasta la enseñanza superior para aquellos que podían permitírselo. En esta última línea, fue especialmente destacado el esfuerzo llevado a cabo por la Compañía de Jesús, que aprovechando la libertad que tuvo en el último cuarto del XIX reorganizó con energía e ilusión sus centros educativos. La buena preparación de los religiosos, y su dedicación total a la tarea educativa sin requerir siquiera un sueldo, hacía que los centros de la Iglesia tuvieran un nivel inalcanzable para los centros estatales que, además de ser pocos, estaban mal dotados económicamente y carecían de una organización adecuada.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Cuando el partido liberal ascendió al poder en 1901, cundió entre ellos la preocupación de que la Iglesia, que prácticamente monopolizaba la educación de las clases altas, usara de ese medio para «reconquistar» la sociedad. Eso motivó que se tomasen algunas medidas para reducir la influencia de la Iglesia en la educación y en la vida pública. Casi de inmediato, promulgó una orden que exigía el registro de todas las asociaciones religiosas en el registro civil, basándose en la ley de asociaciones de 1887. Este acto fue interpretado por muchos como un intento de someter a las congregaciones religiosas al control estatal, poniendo en peligro su autonomía y, por ende, su misión educativa y evangelizadora. Ante este desafío, la Santa Sede, apoyada por el Episcopado y el partido conservador, se opuso firmemente a la medida. Este acto de resistencia llevó a negociaciones que culminaron en el acuerdo de 1904 con la Santa Sede. Este acuerdo permitió que las congregaciones religiosas mantuvieran su independencia. Se preservaba así su papel crucial en la educación y en la formación de una sociedad que, con un alto grado de analfabetismo y una carencia manifiesta de personas con buena cualificación, necesitaba de esa labor educativa que sólo la Iglesia estaba en condiciones de ofrecer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La proliferación de órdenes religiosas llevó al gobierno liberal, en la persona de José Canalejas (uno de los exponentes más emblemáticos del anticlericalismo político del momento), a tomar otras medidas más directas contra ellas. La primera fue la ley de diciembre de 1910 que pasaría a conocerse como «ley del candado». Esta ley prohibió el establecimiento de nuevas órdenes religiosas en España por un periodo de dos años, sin el permiso expreso del gobierno. Las protestas de los católicos y de la Santa Sede no sirvieron para que se retirase. Para 1912, cuando la ley debía vencer, Canalejas preparó una prórroga que la mantuviese, pero su asesinato ese mismo año impidió que se llevara a efecto. Otras medidas llevadas a cabo contra la Iglesia durante estos años fue el recorte de la dotación para culto y clero, y la supresión de nombramientos de obispos desde 1910 hasta 1913 (Cárcel Ortí 2002, 137). Estas políticas anticlericales se correspondían con agitaciones y tumultos contra la Iglesia en las calles. La Iglesia, por su parte, dio muestras de una finísima diplomacia ante esta situación tan delicada, guiada por la clarividencia del cardenal español, secretario de estado vaticano, Merry del Val (1865-1930).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Tras el cambio de gobierno motivado por el asesinato de Canalejas, las tensiones entre el Gobierno y la Iglesia comenzaron a disiparse. El nuevo Gobierno de Romanones en 1913 marcó un período de relativa normalización, aunque la «cuestión religiosa» nunca desapareció por completo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El gobierno provisional revirtió muchas disposiciones de los gobiernos moderados, que habían devuelto a la Iglesia algunos de sus derechos, suprimiendo órdenes religiosas e incautando bienes eclesiásticos entre otras cosas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El matrimonio civil, que el gobierno provisional introdujo, fue rechazado por parte de la jerarquía eclesiástica y del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La constitución de la I República contemplaba la total separación de Iglesia y Estado, pero no llegó a aplicarse.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281970}} 5.2. Iglesia y Estado en la Restauración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Acabamos de mencionar algunas medidas legales que tomó el gobierno liberal en la primera década del siglo XX, referente a cuestiones religiosas. Mirando el conjunto de la Restauración, '''hubo un entendimiento razonablemente bueno entre la Iglesia y los gobiernos conservadores, no tanto con los gobiernos liberales'''. Vamos a seguir con la temática de las relaciones Iglesia-Estado en el periodo, fijándonos en algunos aspectos de particular relevancia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.2.1. La cuestión de la libertad de culto ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La cuestión de la libertad de culto en España ha sido un tema de debate y evolución constante, especialmente desde el siglo XIX hasta principios del siglo XX. La postura de los gobiernos liberales viene bien ejemplificada por Segismundo Moret, un prominente político liberal que llegó a ser presidente del Gobierno, que en 1908 '''defendía la libertad religiosa como un elemento esencial para unificar a los partidos de izquierda''' en España (Cárcel Ortí 2002, 132). Pero, por otro lado, '''tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado''', aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Los diferentes gobiernos, a pesar de sus promesas iniciales de mantener la exclusividad del catolicismo, mostrarían cierta flexibilidad hacia otros cultos''', impidiendo su propaganda pública, pero permitiendo que continuasen la actividad que habían iniciado en el sexenio. Aún dentro del partido liberal había tensiones en torno a la cuestión religiosa, entre una tendencia más conciliadora representada por el fundador Sagasta, y otra más agresiva contra la religión, representada por Canalejas. Estas tensiones se reflejarían en la crisis del partido a la muerte de Sagasta, en 1903, y finalmente sería la línea más anticatólica la que se impusiera. Cuando tuvo el poder, '''Canalejas buscó la secularización de la vida pública de diversas maneras, y con ese fin promovió leyes favorables a la libertad de culto, el matrimonio civil y la secularización de los cementerios'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En referencia a la '''libertad de culto, la Santa Sede se opuso a ella''', considerándola un «principio infausto y falso» (Cárcel Ortí 2002, 134) que estaba en contraposición a los acuerdos previos con el Estado español, y que era contrario a la realidad española (donde las religiones no católicas apenas tenían presencia). No obstante, el Gobierno justificó su posición presentándola como una adaptación necesaria a los tiempos cambiantes y a las circunstancias de otras naciones, arguyendo además que la constitución de 1875 dejaba la puerta abierta a esa libertad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.2.2. Manifestaciones públicas de fe de la monarquía ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El joven Alfonso XII, en diciembre de 1874, antes de ser proclamado rey de España, firmó un manifiesto que, redactado por Cánovas, sirvió de preludio y declaración de intenciones para la Restauración. En el llamado «Manifiesto de Sandhurst» se podía leer lo siguiente:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.5909in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;«Sea la que quiera mi propia suerte ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal» (Alfonso XII 1874).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas palabras serían programáticas en lo que se refiere al talante del régimen de '''la Restauración, que intentó compaginar la tradición española, el catolicismo la monarquía y el régimen constitucional liberal'''. De manera particular, reflejan lo que iba a ser la actitud de la monarquía que, siguiendo los pasos de Isabel II, procuró inclinar el peso de su autoridad en favor de la religión católica, aunque a veces se vio forzada a aprobar leyes que contrariaban a la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron especialmente significativas algunas '''manifestaciones públicas de fe llevadas a cabo por Alfonso XIII''', que tuvieron un gran impacto simbólico no sólo por los actos en sí, sino porque fueron llevados a cabo en el momento álgido de anticatolicismo del gobierno de Canalejas. En 1911, tuvo lugar el XXII '''Congreso Eucarístico Internacional '''en Madrid, un gran evento en el que se realizan diferentes actos de culto en torno a la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. La familia real tomó parte muy activa en dicho congreso, con la Infanta Isabel como presidenta de la junta organizadora y otros miembros participando en diferentes actos. El propio rey, sorteando los obstáculos que el gobierno liberal quiso poner a su asistencia, estuvo presente en las ceremonias solemnes conclusivas del evento. Más aún, el Rey tomó la iniciativa de, aprovechando la ocasión que brindaba el congreso, realizar una serie de actos de '''consagración de España a Cristo''' en las semanas siguientes, en los que él mismo estuvo presente ofreciendo la nación a Dios e implorando su protección (Bárcena 2019, 435-37).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estos actos públicos animarían a un grupo de personas destacadas dentro de la Iglesia, entre los que se encuentran algunos recientemente canonizados como la madre Maravillas de Jesús o el padre José María Rubio, a emprender una campaña para construir un '''gran monumento al Sagrado Corazón de Jesús''' en el centro geográfico de España, el conocido como «Cerro de los Ángeles» en Getafe. La campaña se financió enteramente por suscripción popular, y contó de nuevo con el apoyo de la familia real, así como del papa Benedicto XV. La inauguración del monumento tendría lugar en 1919, y de nuevo contó con la presencia solemne del Rey y la familia real. Fue el mismo '''Alfonso XIII el que leyó el texto de consagración de la nación''', llevada a cabo al término de una misa que se celebró a los pies del monumento a Cristo, en cuyo pedestal se leía la frase «Reino en España». En las palabras leídas por Alfonso XIII se traslucían los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, situando las leyes e instituciones humanas bajo la autoridad divina, fuente de paz y progreso social, y pidiendo el reinado de Dios en los hogares, las aulas, las leyes y las instituciones patrias.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Estas manifestaciones tan explícitas de catolicismo en la esfera pública causaron una enorme agitación en los ambientes liberales'''. Agitación que se reflejó en airadas críticas desde los periódicos y las tribunas, acusando al monarca de querer sumir a España en un clericalismo propio de otros tiempos. Existe un testimonio indirecto, aceptado por algunos historiadores y rechazado por otros, que habla de una visita de una delegación de la Masonería a Alfonso XIII, en la que le presentaron ante la disyuntiva de aceptar una serie de puntos conducentes a la secularización de la vida pública española, o perder la monarquía, amenaza ante la que Alfonso XIII no habría cedido (Bárcena 2019, 443). Al margen de que este hecho acaeciera realmente o no, nos parece que no es necesario recurrir a él: las críticas hechas de manera pública en la prensa y los discursos, por parte de pensadores y políticos liberales y anticatólicos, reprochando a la monarquía sus actos públicos y oficiales de adhesión al catolicismo, nos parecen un argumento suficientemente sólido para afirmar que '''esa adhesión fue un factor clave entre los que motivarían la caída de la monarquía en 1931'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.2.3. La Iglesia y la dictadura de Primo de Rivera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En un contexto de crisis social y política, '''la dictadura de Primo de Rivera fue inicialmente bien recibida por la Iglesia, que la consideró una oportunidad para restaurar el orden social y moral''' que se había deteriorado. Tengamos presente que, cuando el capitán general dio el golpe de estado en septiembre de 1923, apenas habían pasado dos meses desde el asesinato del arzobispo de Zaragoza, el Cardenal Soldevila, a manos de pistoleros anarquistas. Este fue solamente uno más de los episodios que se dieron en el ambiente de violencia social que se vivía.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La dictadura, a su vez, buscó estrechar lazos con la Iglesia''', especialmente en el proceso de nombramiento de obispos. Se creó una comisión de obispos y sacerdotes para proponer candidatos idóneos para cargos eclesiásticos, limitando así la influencia de los políticos en estas cuestiones, influencia que la Iglesia aceptaba con resignación pero no con agrado. De este modo, la medida fue acogida con entusiasmo tanto por la jerarquía eclesiástica española como por la Santa Sede.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, '''la relación entre la Iglesia y el régimen de Primo de Rivera no fue siempre fluida''' (García-Villoslada et&amp;amp;nbsp;al. 1979, V:286-87). En Cataluña, por ejemplo, la dictadura enfrentó resistencia de parte de la clerecía local respecto al uso del catalán en la liturgia. No obstante, a pesar de esta tensión, la dictadura encontró apoyo en otros sectores católicos para mantener su posición, lo que le permitió adoptar una postura más fuerte en sus negociaciones con Roma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro suceso problemático tuvo lugar hacia el final de la dictadura. Surgió una controversia en torno a una reforma del estatuto universitario que beneficiaría a las universidades eclesiásticas de María Cristina de El Escorial y de Deusto. La propuesta generó rechazo en las universidades estatales y finalmente fue abandonada. Este episodio mostró que, aunque la Iglesia había depositado grandes esperanzas en la dictadura, también había límites en lo que ciertos sectores estaban dispuestos a aceptar, en términos de influencia eclesiástica en la esfera pública de la sociedad. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero, '''en líneas generales''', antes de que la Constitución de 1931 hiciera oficial la separación entre la Iglesia y el Estado, podemos decir que el último parlamento de la época de Alfonso XIII '''intentó promover una relación equilibrada y productiva''' entre las dos instituciones.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Los partidos liberales defendían la libertad religiosa como un elemento esencial de su política. Por otro lado, tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado, aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua. Esta disyuntiva era fuente de conflictos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La monarquía de la Restauración realizó, en repetidas ocasiones, muestras de adhesión pública y oficial a la fe católica. Esto fue motivo de fuertes críticas desde ambientes liberales.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La dictadura de Primo de Rivera fue bien recibida por la Iglesia, y se procuró una relación equilibrada y productiva desde ambas partes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281977}} 5.3. Iniciativas católicas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al hilo de nuestra caracterización de los diferentes pontificados del periodo en su relación con España, hablamos de algunas iniciativas importantes que tuvieron lugar en cada uno de esos pontificados. Vamos ahora a mencionar otras iniciativas, que tienen un carácter más transversal a lo largo de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.1. Inquietud misionera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dentro del contexto de la explosión fundacional y la restauración de las órdenes religiosas que tuvo lugar en la segunda mitad del XIX, jugó un papel importante el movimiento misionero. Si mencionábamos antes las '''misiones populares''' que llevaron a cabo sacerdotes predicadores '''en la España peninsular''', añadimos ahora que, antes de que se produjera la emancipación de los territorios españoles de ultramar en 1898, '''las islas del Caribe y '''Filipinas recibieron también un gran número de sacerdotes misioneros que realizaron allí una amplia y abnegada labor. Esos territorios estuvieron menos afectados por las desamortizaciones y, de hecho, se permitió la permanencia de alguna casa en la Península para formar a los misioneros destinados a ellos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Destaca especialmente la '''labor de los padres dominicos en Filipinas''', tanto en la faceta evangelizadora como en la civilizadora y de promoción humana de las islas. Las Filipinas constituían una provincia dominica aparte, que aún perdura en nuestros días. Otro ejemplo es el trabajo de la '''Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María''', fundados por San Antonio María Claret en 1849. Él mismo había sido misionero popular en las tierras catalanas, y más tarde obispo misionero en Cuba, antes de ser llamado para confesor de la Reina. La labor de los misioneros claretianos continuaría a lo largo de los siglos XIX y XX, tanto en la Península como en otros lugares del mundo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.2. Formación y espiritualidad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La piedad del pueblo se mantuvo bastante viva''', aún en los periodos en los que había arreciado más la persecución religiosa. Ahora bien, se trataba de una '''piedad aún de corte barroco, muy afectiva y práctica, devocional y un tanto carente de formación intelectual''' profunda. Se refleja aquí esa pobreza doctrinal causada por la mala formación del clero y la extinción de los regulares. Prevalecía la devoción «sencilla, afectiva, humana, que viene de la baja Edad Media» (Jiménez Duque 1979, 417), de base franciscana en gran medida, si bien los frailes franciscanos ya no podían acompañarla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero '''con el retorno de las órdenes religiosas en la Restauración, el panorama cambió''' un tanto. La mejor formación religiosa que recibían los jóvenes en los centros de enseñanza de las órdenes, así como las misiones populares, los ejercicios espirituales, los libros y folletos religiosos, etc., ayudaron a que la religiosidad del pueblo, sobre todo entre las clases medias y altas, fuese '''evolucionando hacia una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron muchas las iniciativas que podrían nombrarse aquí. Se crearon un gran número de asociaciones piadosas, que con frecuencia tenían también un carácter benéfico y/o apostólico. Por lo que se refiere a las congregaciones religiosas, a las tradicionales que ya estaban en España anteriormente y se restauraron en este periodo, y a las fundaciones propiamente españolas, vinieron a unirse un gran número de congregaciones fundadas en otros países, sobre todo Francia e Italia. La mayoría de las congregaciones fundadas en estos países a finales del XIX, que fueron muchas, establecieron alguna casa en España.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.3. El feminismo católico y la Acción Católica de la Mujer ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX, la participación de la mujer en la vida pública, así como su acceso a la educación, distaba aún mucho de ser equiparable a la del varón. En lo que se refiere a la actividad política, esta realidad se daba tanto en los ámbitos más conservadores como en los liberales o socialistas. En este ambiente, se empezaron a fundar diferentes asociaciones encaminadas a lograr la equiparación de los derechos públicos de las mujeres con los de los hombres, tales como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, la Juventud Universitaria Femenina o la Sociedad Concepción Arenal. Estas asociaciones, sin bien contaban entre sus miembros muchas mujeres católicas, eran por lo general institucionalmente aconfesionales, y en ocasiones estaban incluso teñidas de una ideología laicista.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.3.3.a. Pensamiento feminista católico =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por parte católica, '''en las dos primeras décadas del siglo tiene lugar una reflexión importante que busca conciliar la fe católica con los principios feministas''', tomando como punto de partida la obra de Concepción Arenal. Destacó especialmente, por sus reflexiones feministas desde una óptica católica, la escritora Concepción Gimeno de Flaquer. Entre los teólogos que también emprendieron esta tarea, destacan el jesuita Julio Alarcón, el agustino Graciano Martínez, y el sacerdote secular Mariano Arboleya (González Miren 2018). Sus reflexiones partían de la afirmación bíblica de la igual dignidad del hombre y la mujer, así como sus diferencias y complementariedad. Insistían en rebatir a algunos autores contemporáneos que pretendían afirmar una menor capacidad intelectual en la mujer con respecto al hombre, que justificaría su menor participación en la vida política y cultural. Al mismo tiempo, siguiendo a Arenal y en sintonía con otras pensadoras católicas del siglo XX como Edith Stein, reflexionaban desde las diferencias entre hombres y mujeres sobre cuáles serían las tareas más apropiadas para cada uno de los sexos. En este sentido, la atribución de ciertos roles específicos podía estar en mayor o menor medida condicionada por la época, y no ser igual de válida para las circunstancias actuales. Pero lo importante es la '''afirmación de la igualdad en cuanto a dignidad y capacidades intelectuales de ambos sexos, que debe reflejarse en una igualdad de derechos políticos y sociales'''. Una evidencia que hoy tenemos muy asumida, pero por entonces era necesario defenderla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.3.3.b. La Acción Católica de la Mujer =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a las '''iniciativas de orden práctico, el gran proyecto en este ámbito fue la creación, en 1919, de la Acción Católica de la Mujer''' (Salas Larrazábal 2003). La idea era crear una institución en favor de la mujer que tuviese un carácter decididamente católico, a diferencia de las ya existentes que, como dijimos, oscilaban entre la aconfesionalidad y el laicismo. El principal promotor del proyecto fue el cardenal Guisasola, arzobispo de Toledo. Desde este momento, la ACM se convierte en un '''faro de feminismo cristiano''', una respuesta a la necesidad de incorporar a la mujer en el Movimiento Social Católico de España. Desde su comienzo, estuvo apoyada por importantes personajes de la época, como el político Antonio Maura o la escritora Emilia Pardo Bazán.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM no se limitó a ser una asociación de carácter piadoso o benéfico, como habían sido la mayoría de asociaciones de mujeres católicas hasta el momento. Fue una organización que buscó ir más allá, asumiendo como cometido la '''formación de la mujer en todos los ámbitos de la vida, desde lo laboral hasta lo espiritual'''. Se fomentó la educación y la sindicación femenina, y se debatió sobre el sufragio de la mujer. La ACM se convirtió en un espacio donde la mujer católica pudo ser tanto devota como activista social, sin que lo uno excluyera a lo otro.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El carácter nacional y federativo de la ACM permitió que sus iniciativas tuvieran un amplio alcance. Desde su primera asamblea en 1920, la organización se centró en mejorar las condiciones laborales de las mujeres, fomentar su educación y defender sus derechos. '''La ACM se convirtió en un puente entre la fe y la acción social, entre la Iglesia y la sociedad'''. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM también se destacó por su capacidad para adaptarse a los tiempos. En una época en la que el feminismo secular ganaba terreno, la ACM ofreció una alternativa que no sacrificó la fe en el altar de la igualdad. Se abogó por el sufragio femenino y otras formas de intervención en la vida pública, pero siempre dentro de un marco que respetase la doctrina católica y las funciones propias de la mujer como madre y esposa. Se preocupaba también de denunciar la explotación de la mujer en el orden social y laboral. Sin embargo, la ACM no fue inmune a las tendencias de la Iglesia del tiempo. La Acción Católica Española, en consonancia con la fuerte vinculación hacia Roma que tenía la Iglesia española en general, seguía muy de cerca los pasos que el Papa iba marcando para la Acción Católica Italiana. Cuando el auge del fascismo hizo que se reformaran los estatutos de la AC en Italia, para orientarla más hacia fines propiamente apostólicos y espirituales y menos hacia los sociales y políticos, en España se siguieron los mismos pasos. De ese modo, aunque en sus primeros años la ACM se centró en cuestiones sociales y laborales, '''a partir de 1926 se replegaría más hacia el campo de la espiritualidad, la formación cristiana y el apostolado'''. Pero incluso en ese repliegue, la ACM siguió siendo un testimonio de la capacidad de la Iglesia para dialogar con el mundo, para encontrar un equilibrio entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La restauración de las órdenes religiosas trajo consigo un auge del afán misionero, tanto en lo que se refiere a misiones populares en la España peninsular, como a la evangelización y promoción humana en los territorios de ultramar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Otro fruto del restablecimiento de los religiosos fue la mejora en la formación espiritual del pueblo cristiano, que dio lugar a una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX se trabajó por la promoción de los derechos de la mujer desde una óptica cristiana. Esto tuvo lugar en el ámbito del pensamiento, con escritoras como Concepción Gimeno y teólogos como Julio Alarcón, y en el ámbito práctico, con la creación en 1919 de la Acción Católica de la Mujer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.4. Pensamiento católico ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Terminamos con unas breves menciones de algunos de los pensadores católicos más destacados de los años de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.1 Menéndez Pelayo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primer autor, de obligada mención, es Menéndez Pelayo (1856-1912).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En la historia de la intelectualidad española, pocos nombres resuenan con tanta fuerza y dignidad como el de '''Marcelino Menéndez Pelayo'''. Nacido en Santander en 1856 y fallecido en la misma ciudad en 1912, Menéndez Pelayo fue un faro luminoso en el oscuro panorama de una España que buscaba su identidad entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Primero y ante todo, Menéndez Pelayo fue un hombre de '''profunda fe católica'''. Su catolicismo no era una mera etiqueta, sino el núcleo que informaba toda su obra y pensamiento. Como bien apuntó Laín Entralgo, su catolicismo era su «más amplio y fundamental» modo de ser, '''un catolicismo que entendía como inseparable de su identidad española'''. En su juventud, ya alzaba su copa para brindar por «la fe católica, apostólica, romana» como la esencia y la inspiración de la cultura y la historia españolas (Valverde 1979, 534-35).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no solo fue un erudito, sino también un apasionado defensor de la cultura y la historia españolas. En una época en que muchos intelectuales se volcaban hacia corrientes extranjeras, él se erigía como un '''baluarte contra el olvido y la tergiversación de la riqueza intelectual y espiritual de España'''. Su obra ''Historia de los heterodoxos españoles'' es un testimonio de su profundo '''amor por la tradición católica y su influencia en la formación de la identidad nacional'''. Lo que distingue a Menéndez Pelayo de otros intelectuales de su tiempo es su '''apertura y su rigor científico'''. Rodeado de un espíritu en el que cundía un cierto fanatismo y división, entre «izquierda» y «derecha», católicos tradicionales e intelectuales krausistas, él '''supo elevarse por encima de las polémicas estériles''' para dedicarse a la verdadera ciencia. Su obra es un monumento a la erudición, abarcando campos tan diversos como la filología, la historia de la literatura, la filosofía y las ciencias políticas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no fue un hombre estático; '''su pensamiento evolucionó desde las posturas vehementes de su juventud hacia una mayor moderación y tolerancia'''. A medida que maduraba, su obra reflejaba una mayor serenidad y equilibrio. Aunque nunca abandonó su fe católica ni su amor por España, aprendió a dialogar con corrientes intelectuales diversas, incluidas las no católicas y extranjeras, enriqueciendo así su propia perspectiva.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de su monumental contribución a la cultura española, Menéndez Pelayo ha sido a menudo malentendido o ignorado, tanto por el lado «progresista» como por el «conservador». Sin embargo, su legado perdura como un testimonio de lo que significa ser un intelectual católico y español en el sentido más profundo y auténtico. Es una muestra de cómo el amor y la pasión por la propia tradición cultural no están reñidos con el rigor científico. En una época de confusión y polarización, la vida y obra de Menéndez Pelayo nos ofrecen una visión integradora y elevada de la fe y la cultura, que sigue siendo profundamente relevante en nuestro tiempo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.2. El catolicismo en la generación del 98 ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, ese conjunto de intelectuales que emergió en la España de fin de siglo, se presenta como un crisol de actitudes ante la Iglesia y el catolicismo que, aunque diversas, comparten una cierta distancia crítica. Este grupo, marcado por la crisis de 1898 tras la pérdida de las últimas colonias, se sumerge en una '''profunda reflexión sobre la identidad nacional y, por ende, sobre la Iglesia como institución intrínsecamente ligada a la historia de España'''. Criticaron la '''decadencia de España, atribuyéndola en parte al catolicismo''', y abogaron por una «europeización» del país que, entre otras cosas, comportaba la '''aceptación de los principios liberales y secularistas''' que regían otras naciones europeas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al mirar el conjunto de sus obras, se revela una complejidad en la relación de estos escritores con la Iglesia. Por un lado, se observa un '''laicismo marcado y una crítica a la influencia eclesiástica en la política y la educación'''. En esto son deudores del espíritu laicista de la '''Institución Libre de Enseñanza''', la cual formó a muchos de los escritores de la generación del 98 e influyó decisivamente en los otros. Las lecturas comunes en estos autores, imbuidos en gran medida de la filosofía nietzscheana y el positivismo de moda en Europa, los inclinaban inevitablemente hacia un rechazo de la religión. Rechazo que no se trata de mero anticlericalismo, en el sentido de crítica a ciertas formas anticuadas y ampulosas de manifestación de la fe, sino de algo más profundo, una '''dificultad para aceptar el hecho de la revelación cristiana''', en línea con el deísmo ilustrado y panteísta que imperaba en el pensamiento krausista de la Institución Libre de Enseñanza.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otro lado, se nota una cierta '''fascinación por elementos propios de la tradición religiosa católica''', como por ejemplo la figura del sacerdote, aunque a menudo teñida de crítica y estereotipo. Y también una lucha, en algunos autores, entre el deseo de la fe y el rechazo de ella. '''Unamuno''', quizás el más complejo de todos en su relación con la fe, encarna una vivencia «agónica» del cristianismo (Valverde 1979, 489). Su búsqueda espiritual se realiza en un terreno de '''conflicto entre la razón que rechaza la fe y el corazón que quiere aceptarla''', entre la Iglesia institucional y la religiosidad personal. No es anticlerical en el sentido estricto, pero sí crítico con una Iglesia que ve como anquilosada, al mismo tiempo que evidencia una sincera e intensa búsqueda religiosa. Baroja, por su parte, muestra un talante más anárquico. Su crítica a la Iglesia se inscribe en una crítica más amplia a todas las instituciones y estructuras de poder. No es tanto la religión lo que le causa rechazo, sino la institucionalización de la misma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En resumen, la Generación del 98 no presenta un pensamiento monolítico en lo que tiene que ver con el catolicismo y la Iglesia. Lo que sí comparten es una actitud de cuestionamiento y revisión crítica, una necesidad de redefinir la relación entre la fe y la identidad nacional en un momento de crisis profunda. Y aunque algunos puedan ver en esto un alejamiento de la Iglesia, quizás podría verse también como un llamado a la renovación y al diálogo, un anhelo, en última instancia, de encontrar en la fe y en la Iglesia respuestas a las preguntas eternas que agitaban sus inquietas almas. Por otro lado, también es cierto que los escritores de la generación del 98 eran más dados a la crítica generalizada que a la proposición de soluciones reales. Su afán renovador no cristalizó en proposiciones de cómo esa renovación podría llevarse a cabo, en lo que se refiere a la relación entre la fe católica y los nuevos desafíos sociales de la España del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.3. Otras corrientes importantes ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, queríamos mencionar un par de corrientes de pensamiento importantes de finales del XIX, y a sus principales representantes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La primera es el '''renacimiento de la filosofía escolástico-tomista'''. Su precursor fue el padre dominico '''Ceferino González''' (1831-1894), que empezó a publicar en la década de 1860. De este modo, creó un ambiente propicio para que hallase eco la encíclica ''Aeterni Patris'' escrita por León XIII en 1879 con el fin de promover los estudios de la filosofía y teología de Santo Tomás de Aquino. De este modo, la renovación intelectual en la que, como dijimos antes, intervinieron sobre todo los dominicos, jesuitas y agustinos, dio lugar a un número importante de obras de carácter neoescolástico. Estas obras tuvieron el mérito de animar intelectualmente los renovados centros de estudios teológicos que aparecieron en el pontificado de León XIII, si bien es cierto que les faltó un tanto de creatividad y capacidad de diálogo con su tiempo. De este renacimiento tomista surgiría un importante autor espiritual, el dominico '''Juan G. Arintero''' (1860-1928), cuya obra daría pie a un encendido debate en torno a la naturaleza de la ascética y la mística cristiana, que caracterizaría la teología espiritual española de comienzos del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La otra es el '''pensamiento católico integrista''', representado sobre todo en la figura del sacerdote de Sabadell '''Félix Sardá y Salvany''' (1831-1916). Se caracterizó por ser el principal ideólogo de la tendencia teológica, filosófica y política que dio en llamarse «integrista». Sus escritos tenían un carácter fuertemente apologético y popular, con títulos muy incisivos y no carentes de un cierto gracejo. Su obra más difundida, ''El liberalismo es pecado'' (1884), alcanzaría gran difusión e influiría en el pensamiento de muchos católicos españoles de finales de siglo. Su tesis principal era que, si bien las formas políticas creadas por el liberalismo podrían en teoría ser aceptables, en la práctica iban siempre acompañadas de los principios del liberalismo filosófico, con lo que debían ser rechazadas de pleno. En el momento en el que apareció, su doctrina estaba en plena sintonía con lo que la Iglesia había enseñado, particularmente con el ''Syllabus'' de Pío IX. Ahora bien, en 1888 León XIII publicaría ''Libertas Praestantissimum'', en la que abría la puerta a los católicos a la colaboración política en los regímenes liberales siempre que rechazaran los principios filosóficos. Este hecho, unido al daño que estaban haciendo las polémicas entre los católicos españoles, motivó que Sardá y Salvany moderase sus posturas hacia otras más conciliadoras, como se manifestó en el artículo ''¡Alto el fuego!'' de 1896.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Marcelino Menéndez Pelayo destacó por su profunda fe católica y su apasionada defensa de la cultura y la historia españolas, abogando por un enfoque riguroso y abierto en la erudición, y cuyo legado ofrece una visión integradora de la fe y la cultura en tiempos de polarización..&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, influida por la Institución Libre de Enseñanza, mantuvo una relación compleja y crítica con la Iglesia y el catolicismo, cuestionando su papel en la identidad nacional de España y abogando por una «europeización» que incluyera principios liberales y secularistas, a la vez que algunos manifestaban inquietud y búsqueda religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A finales del siglo XIX, destacan el renacimiento tomista representado por Ceferino González y el integrismo católico representado por Félix Sardá y Salvany.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.8. Referencias bibliográficas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Alfonso XII. 1874. «Manifiesto de Sandhurst». https://es.wikisource.org/wiki/Manifiesto_de_Sandhurst.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Bárcena, Alberto. 2019. ''La pérdida de España 1 De Hispania romana al reinado de Alfonso XIII''. Madrid: San Román.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Carballo López, Francisco J. 2017. «La influencia de Rerum Novarum en el catolicismo social español». ''Aportes: Revista de historia contemporánea'' 32 (94): 41-78. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6163829&amp;amp;info=resumen&amp;amp;idioma=SPA.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Cárcel Ortí, Vicente. 1984. «Acatólicos españoles en los albores de la Restauración». ''Anales de Historia Contemporánea'', n.&amp;lt;sup&amp;gt;o&amp;lt;/sup&amp;gt; 3: 101-21. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4088240.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;———. 1989. «San Pío X, los jesuitas y los integristas españoles». ''Archivum Historiae Pontificiae'' 27: 249-355. https://www.jstor.org/stable/23564661.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;———. 2002. ''Historia de la Iglesia en la España contemporánea (siglos XIX y XX)''. Madrid: Palabra.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;García-Villoslada, Ricardo, Vicente Cárcel Ortí, José Manuel Cuenca Toribio, Baldomero Jiménez Duque, Joaquín Luis Ortega Martín, Manuel Revuelta González, Rafael María Sanz de Diego, y Carlos Valverde Mucientes. 1979. ''Historia de la Iglesia en España''. Editado por Ricardo García-Villoslada y Vicente Cárcel Ortí. Vol. V. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;González Miren, Llona. 2018. «El feminismo católico en los años veinte y sus antecedentes ideológicos». ''Vasconia'' 0 (25): 283-99. http://ojs.eusko-ikaskuntza.eus/index.php/vasconia/article/view/750.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Jiménez Duque, Baldomero. 1979. «Espiritualidad y apostolado». En ''Historia de la Iglesia en España V: La España contemporánea'', editado por Ricardo García-Villoslada, 395-474. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;León XIII. 1888. «Libertas praestantissimum». https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_20061888_libertas.html.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Martí Gilabert, Francisco. 2007. ''La Primera República Española 1873-1874''. Madrid: Rialp.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Sala Balust, Luis, y Francisco Martín Hernández. 1966. ''La formación sacerdotal en la Iglesia''. Barcelona: Juan Flors.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Salas Larrazábal, María. 2003. ''Las mujeres de la Acción Católica Española, 1919-1936''. Madrid: Federación de Movimientos de la Acción Católica Española.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Sardá y Salvany, Félix. 1884. ''El liberalismo es pecado''. Barcelona: Librería y tipografía católica. https://archive.org/details/elliberalismoes01salvgoog.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Valverde, Carlos. 1979. «Los católicos y la cultura española». En ''Historia de la Iglesia en España V: La España contemporánea'', editado por Ricardo García-Villoslada, 475-576. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Verdoy Herranz, Alfredo. 1998. «Un misionero popular andaluz de finales del siglo XIX: el jesuita padre Carlos Mazuelos (1836-1913)». En ''In memoriam: estudios dedicados a Antonio María Calero'', 179-88. Pozoblanco: Ayuntamiento de Pozoblanco. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4074085.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Vilarrasa, Eduardo. 1875. ''Historia de la revolución de setiembre: sus causas, sus personajes, sus doctrinas, sus episodios y sus resultados''. Barcelona: Fabricación: Heredero de Pablo Riera. https://bvpb.mcu.es/es/consulta/registro.cmd?id=422843.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
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		<title>La Iglesia en la Restauracion 2</title>
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		<updated>2023-09-06T17:20:28Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Página creada con «= {{anchor|Toc459888455}} La Iglesia en la Restauración =  == {{anchor|Toc144281960}} 5.1. Introducción y objetivos ==  &amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En este tema, vamos a tratar el periodo de la Restauración de la monarquía borbónica (1875-1931). Es el periodo más largo de todos los que estudiamos en el curso, y eso ya nos da una indicación de que fue un periodo de relativa estabilidad, en el que la Iglesia pudo desarrollar su labor, no sin dificultades, pero co…»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;= {{anchor|Toc459888455}} La Iglesia en la Restauración =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281960}} 5.1. Introducción y objetivos ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En este tema, vamos a tratar el periodo de la Restauración de la monarquía borbónica (1875-1931). Es el periodo más largo de todos los que estudiamos en el curso, y eso ya nos da una indicación de que fue un periodo de relativa estabilidad, en el que la Iglesia pudo desarrollar su labor, no sin dificultades, pero con mayor libertad que en muchos de los periodos que hemos visto anteriormente.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En este quinto tema nos proponemos los siguientes objetivos:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* {{anchor|Toc459888456}} {{anchor|Toc144281961}} Hacer un balance del estado de la Iglesia en el comienzo de la Restauración.&lt;br /&gt;
* Recorrer los distintos pontificados que se sucedieron en este periodo, fijándonos en algunos hechos relevantes en relación con la Iglesia española.&lt;br /&gt;
* Mostrar algunas dificultades a la evangelización que aparecieron.&lt;br /&gt;
* Tratar algunas cuestiones particularmente delicadas en torno a la relación Iglesia-Estado.&lt;br /&gt;
* Presentar iniciativas novedosas e importantes de la Iglesia en este periodo.&lt;br /&gt;
* Mencionar algunos pensadores católicos, así como dar algunas pinceladas sobre la relación que tuvieron con el catolicismo los de la generación del 98.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.2. Situación de la Iglesia al comenzar el periodo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Para empezar, demos algunas pinceladas acerca de la situación del catolicismo en España al acabar la fallida experiencia de la I República, con la llegada de Alfonso XII al trono en 1875.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dado lo convulso de los años del sexenio revolucionario, '''no disponemos de los datos estadísticos''' que sí teníamos en otros periodos. Podemos suponer que los números, en lo que al clero secular se refiere, no serían muy distintos a los de seis años antes pues, si bien durante la revolución hubo tumultos y ataques a templos y sacerdotes, no podemos hablar de exilios masivos o matanzas generalizadas de sacerdotes, como en otros periodos que estudiamos, que afecten significativamente a los números. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por lo que se refiere a los religiosos, ya vimos cómo '''la legislación antirreligiosa de la revolución dio al traste con la débil recuperación que empezaban a experimentar las órdenes''' después de las desamortizaciones y, si bien legislaciones posteriores mitigaron ese golpe, la situación era necesariamente precaria en cualquier caso. Las religiosas, que no habían sido tan perjudicadas por las medidas legislativas, habían sido '''víctimas de los tumultos anticatólicos en diferentes partes de España, con lo que se habían perdido bastantes conventos''' (Martí Gilabert 2007).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Recordamos también el '''gran auge fundacional''' que había experimentado la Iglesia en la segunda mitad del reinado de Isabel II, y que había incluso continuado durante el sexenio, en lo que a '''instituciones de educación, caridad y asistencia''' se refiere. Todo esto '''en medio de una situación de penuria económica para la Iglesia''', a todos los niveles, afectada por las desamortizaciones y la crisis general. Más allá de que en algunos lugares la revolución hubiera perjudicado esas obras, el espíritu emprendedor de la Iglesia para esa clase de iniciativas estaba muy vivo, como se demostraría a lo largo de los años del régimen de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el aspecto moral, existía una '''fuerte unión con el pontífice''' reinante en aquel momento, Pío IX, compartida por pueblo, clero y obispos. En sus relaciones con el poder político, l'''a Iglesia había acatado oficialmente la multitud de diferentes regímenes''' que se habían sucedido abruptamente en el espacio de seis años, pero los católicos en general '''veían con buenos ojos la restauración monárquica'''. Algunos de ellos '''simpatizaban con la causa carlista''', que había estado a punto de triunfar militarmente en los últimos años del sexenio. Pero, por lo general, los sacerdotes se habían inmiscuido poco en la política, estaban más bien dedicados a sus tareas propias. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por lo que se refiere al perfil moral del sacerdote, son interesantes las caracterizaciones que hacen de ellos los escritores de final del siglo XIX; hablaremos de ello más adelante en este mismo tema. Lo que sí podemos decir ahora es que, dado lo precario de la situación en la que tuvo que desenvolverse la Iglesia durante las décadas anteriores, '''los seminarios no habían ofrecido una buena formación''' doctrinal, humana ni espiritual. Por ese motivo, '''cundía una cierta ignorancia y relajación moral entre el clero''' de finales del XIX, perceptible sobre todo en los sacerdotes más jóvenes (Cárcel Ortí 2002, 364-65; Sala Balust y Martín Hernández 1966, 140-41).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a '''los laicos''', recordamos cómo había entrado con fuerza entre ellos el '''fenómeno asociativo'''. En el tema anterior hablamos de algunas de esas asociaciones, principalmente las que tenían que ver con la acción en el campo social, el caritativo y el apostólico. Pero también se crearon muchas otras de índole piadosa, como congregaciones y cofradías. Por contraste, también se habían formado en el pueblo español núcleos de un acerbo anticlericalismo, de los que hablaremos más adelante en este tema.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La libertad de cultos había permitido el establecimiento de comunidades protestantes. Se temía que alcanzaran cierta difusión, sobre todo en Andalucía, donde se juntaba la falta de formación cristiana del pueblo, que había sido causada por la supresión de las órdenes religiosas, con el carácter voluble y curioso de las gentes (Cárcel Ortí 1984, 108-21). Sin embargo, la realidad es que '''pocos se pasaron al protestantismo''', y en muchas ocasiones asistían a sus reuniones por mera curiosidad sin abandonar sus creencias católicas. Los testimonios de la época nos dicen también que algunos clérigos disconformes se hacían protestantes para evitar la autoridad de sus obispos (Vilarrasa 1875, 530).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;{{anchor|Toc459888457}} Al finalizar el sexenio revolucionario, el clero secular estaba bien nutrido en cuanto al número, pero con carencias en la formación doctrinal, moral y espiritual. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Los religiosos habían prácticamente desaparecido, los templos habían sufrido ataques, y las religiosas habían perdido bastantes conventos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de la pobreza, abundaban las iniciativas de creación de instituciones educativas, caritativas y asistenciales. Había fuerte unión con el Papa, y en lo político se acataba cualquier régimen pero se miraba con particular agrado a la monarquía.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc68866942}} {{anchor|Toc144281962}} 5.3. Los pontificados durante la Restauración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El periodo histórico conocido como la «Restauración» es largo, duró 56 años. A lo largo de ellos, se sucedieron cinco diferentes pontífices. Vamos ahora a caracterizar los rasgos principales de cada uno de ellos, fijándonos sobre todo en su relación con España. Obviamos a Pío IX, que fue el papa encargado de acoger el nuevo régimen, porque ya lo hemos tratado en el tema anterior. Hablaremos, por tanto, de León XIII, Pío X, Benedicto XV y Pío XI.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc144281963}} 5.3.1. León XIII ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El pontificado de León XIII fue bastante largo (1878-1903), pero sobre todo fue muy fecundo en la creación de nuevas iniciativas llamadas a contrarrestar la secularización de la sociedad, que ya se había hecho muy patente. Podemos caracterizar el pontificado de León XIII como una '''renovación eclesial '''a diversos niveles.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Uno de los campos en los que aparece esta revitalización es el ya mencionado del '''asociacionismo católico''', que comenzó durante el pontificado de Pío IX, pero en el de León XIII siguió cobrando fuerza. Sorprenden particularmente los números de las asociaciones obreras que, a finales del siglo XIX, contaban en España unos 80.000 afiliados. Por contraste, y para hacerse una idea de la evolución posterior, en las mismas fechas la UGT, el sindicato del partido socialista, no llegaba a 4.000 afiliados (Cárcel Ortí 2002, 418). En la asignatura «La Iglesia ante la secularización» hablamos más extenso de las asociaciones obreras, que tuvieron un gran crecimiento tras la encíclica de León XIII ''Rerum novarum ''(Carballo López 2017). Las asociaciones católicas desarrollaron una intensa actividad durante la Restauración en otros muchos ámbitos, como explicamos en el tema anterior y también en el tema correspondiente de «La Iglesia ante la secularización».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, esta actividad '''no tuvo un reflejo en el campo político'''. El motivo principal fue la división y enfrentamiento que existía entre los católicos, por un lado los «alfonsinos» representados por Cánovas, y por otro los tradicionalistas, que a su vez estaban divididos y enfrentados en «mestizos» representados por Pidal, e «integristas» representados por Nocedal. En la asignatura «La Iglesia ante la secularización» hablamos más en detalle de este enfrentamiento, que requirió la intervención papal para pedir que se eliminasen las discordias internas y se unieran las fuerzas de los católicos en pro de un fin común, sin lograr su objetivo. Por su parte, las fuerzas liberales y socialistas hacían uso de las instituciones políticas para llevar adelante su agenda (por usar un término contemporáneo), mientras '''los católicos estaban absorbidos por sus luchas internas'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Es cierto que no era fácil dar con una solución adecuada al dilema entre las exigencias del catolicismo, que de suyo no está vinculado a ninguna forma política, sino que ofrece unos principios morales que pueden ser realizados de diferentes formas concretas, con el régimen político liberal que, si bien en teoría podría compatibilizarse con los principios católicos, en la práctica iba siempre teñido de los principios del racionalismo, la autonomía moral del individuo y el indiferentismo religioso. Ese será el tema que tratará León XIII en su encíclica ''Libertas praestantissimum'' (1888) en la que, tras discernir cuál es el concepto verdadero de libertad y prevenir contra las falsas concepciones que se presentan bajo el nombre de «liberalismo», concluye que «'''no está prohibido en sí mismo preferir para el Estado una forma de gobierno moderada por el elemento democrático''', salva siempre la doctrina católica acerca del origen y el ejercicio del poder político» (León XIII 1888, párr. 32). Pero, en aquel momento, '''los católicos españoles no fueron capaces de llevar adecuadamente este principio general a la práctica'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Restauración trajo consigo una mayor apertura al '''desarrollo de las congregaciones religiosas'''. Durante el gobierno del partido conservador de Cánovas, prácticamente se eliminaron las barreras para ese desarrollo, al amparo del texto del concordato que, además, se interpretaba de manera amplia (como se diría en lenguaje coloquial, «se hacía la vista gorda» con frecuencia). Cierto es que, en 1875, la mayoría de ellas tenían que partir prácticamente de cero, pero poco a poco '''fueron restableciendo en España noviciados, casas de estudio, centros de caridad y enseñanza, etc'''. A esto se uniría, en los años siguientes, la '''llegada de un gran número de congregaciones extranjeras de reciente fundación''', dentro de esa explosión fundacional que experimentó la Iglesia en la segunda mitad del XX. Tantas fueron que, a principios del siglo XX, el gobierno liberal limitará la entrada de nuevas congregaciones, como veremos después.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El retorno de los religiosos trajo consigo una '''importante mejora en la altura intelectual de la teología española''', que en ese momento estaba en un nivel ínfimo. Las órdenes más destacadas en este aspecto fueron los dominicos, que impulsaron el renacimiento tomista del que luego hablaremos, los agustinos que fundaron revistas como «La ciudad de Dios», y los jesuitas, con obras como el Seminario Pontificio de Comillas que pronto se convertiría en Universidad Pontificia. El ejemplo de un papa intelectual promovió también la mejora de la enseñanza teológica en las instituciones dependientes de los obispos. '''Varias de esas instituciones de enseñanza superior eclesiástica serían constituidas universidades pontificias por León XIII''', como la de Salamanca, la de Granada o la de Toledo. Favoreció también la creación de un Colegio Español en Roma. Todas estas medidas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc144281964}} 5.3.2. Pío X ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El pontificado de Pío X (1903-1914), tuvo un impacto significativo en la vida religiosa y social de España, consolidando aún más la relación entre la Iglesia Católica y el Estado en un período crucial de la historia española. Pío X es especialmente recordado por su énfasis en la '''renovación espiritual y la defensa de la ortodoxia''' católica, aspectos que encontraron un eco favorable en España. Puede decirse que el estilo llano y directo de Pío X conectó mejor con el catolicismo español que la intelectualidad de León XIII. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Uno de los aspectos más notables del pontificado de Pío X fue su enfoque en la '''participación de los laicos''' en la vida de la Iglesia. Su decreto ''Quam Singulari'' de 1910, que permitía la Primera Comunión a niños más jóvenes, tuvo un impacto directo en la vida religiosa de las familias españolas, fomentando una '''devoción más temprana y profunda al sacramento de la Eucaristía'''. Esto no solo fortaleció la vida espiritual de los individuos, sino que también contribuyó a cimentar el papel central de la Iglesia en la sociedad española.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro elemento clave del pontificado de Pío X fue su '''combate contra el modernismo''' teológico, del que ya hablamos en la asignatura «La Iglesia ante la secularización». En España, la publicación de ''Pascendi Dominici Gregis'' (1907) '''marcó una línea en las universidades pontificias y seminarios''', que aún buscaban consolidarse tras el impulso que les había dado León XIII.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otra parte, la '''impronta fuertemente jerarquizada y el valor de la autoridad''', que fueron características del pontificado del papa Sarto, también hallaron resonancia en la Iglesia española: por un lado, porque la tendencia integrista aún tenía mucha fuerza y, por otro, porque el giro anticlerical que tomó el gobierno de Sagasta al comienzo del siglo XX favoreció el sentido de militancia y resistencia en las filas católicas españolas (García-Villoslada et&amp;amp;nbsp;al. 1979, V:305-6). En este ambiente, la firmeza de Pío X en la defensa de los valores y enseñanzas católicos sirvió de apoyo moral y espiritual para aquellos que buscaban preservar la influencia positiva de la Iglesia en la sociedad. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al respecto, cabe decir que '''la división de los católicos españoles, que venía arrastrándose desde el pontificado de León XIII, seguía aún sin resolverse'''. A principios del siglo XX, la polémica se centraba entre el ya mencionado periódico integrista, ''El siglo futuro,'' y la revista de los jesuitas ''Razón y fe ''(Cárcel Ortí 1989). El núcleo del conflicto estaba en que los integristas aspiraban a realizar el bien mayor, el del Estado plenamente confesional, que identificaban con la monarquía absoluta, y criticaban a los que, dentro de las circunstancias, se conformaban con el bien posible o el mal menor, aceptando la forma de estado liberal. '''El Papa escribió, como ya hiciera su antecesor, una carta a los católicos españoles con el fin de zanjar estas divisiones, ''Inter catholicos Hispaniae ''(1906)'''. Iría seguida de una serie de normas de conducta para los católicos y los obispos, y de algunas medidas como la de retirar al nuncio Vico (a petición del propio rey Alfonso XIII), que favorecía al bando integrista. El núcleo de las argumentaciones del Papa era que ambas posturas (las de los integristas y las de los posibilistas) eran aceptables para un católico, y que no debían dedicarse a la polémica entre ellos sino a unir fuerzas trabajar en el campo político y social, donde las fuerzas contrarias a la religión y a la sociedad estaban logrando grandes avances. De manera particular, en el caso de las elecciones, declaraba que los católicos debían apoyar al candidato que mejor miraría por los intereses de la religión y la patria. A pesar de los esfuerzos de la Santa Sede, la división no terminó de resolverse, y seguiría afectando a laicos, clero e incluso obispos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otra iniciativa para unir las fuerzas de los laicos en pro de la evangelización de la sociedad fueron las llamadas '''«ligas católicas», promovidas por el arzobispo primado de Toledo, el cardenal Ciriaco Mª Sancha''' (1833-1909), con los objetivos de defender los intereses de la Iglesia en la política, fomentar la acción social católica y la caridad y, sobre todo, la educación y formación cristiana del pueblo. Despertaron muchas esperanzas entre la clerecía y el laicado, pero les faltó aliento creador para concretar las buenas intenciones en proyectos verdaderamente eficaces. También en el pontificado de Pío X se fundó la '''Asociación Católica Nacional de Propagandistas''', por el P. Ayala y el joven laico Herrera Oria. El impacto de esta asociación sería limitado durante la Restauración (en parte por las fuertes críticas y oposiciones que encontró, en el mar), pero jugaría un papel clave durante la II República. Hablamos más sobre esta asociación en la asignatura «La Iglesia ante la secularización».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.3. Benedicto XV ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La llegada al pontificado de Benedicto XV (1914-1922), un Papa de talante conciliador, preconizaba una mejora en el entendimiento entre la Iglesia y el Estado en España. Su '''enfoque diplomático y su interés en cuestiones sociales''' resonaron con sectores significativos del clero y los fieles. Además, su experiencia previa en España y su simpatía hacia el país fortalecieron su popularidad entre los españoles. Sin embargo, las expectativas no llegaron a materializarse de manera significativa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otra parte, la volatilidad de la época se reflejó en la relación entre la Iglesia y la sociedad española. Un día podría haber una huelga general y al siguiente una consagración al Sagrado Corazón de Jesús. '''Esta oscilación entre momentos de fervor religioso y tensiones sociales''' y políticas muestra la complejidad de la relación Iglesia-Estado en este periodo. Durante este tiempo, España estaba sumida en una serie '''de tensiones políticas y sociales exacerbadas por la Primera Guerra Mundial'''. Aunque''' la «cuestión religiosa» fue temporalmente relegada''' debido a preocupaciones más urgentes, las tensiones subyacentes entre la Iglesia y el Estado seguían presentes. La Iglesia española, en particular, enfrentó momentos cruciales relacionados con el sindicalismo y otros movimientos sociales. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro acontecimiento importante de este pontificado fue la '''constitución de la «Junta de Metropolitanos» en 1921''', que contaba con representación de todos los obispos españoles, y en cierto modo sería la precursora de lo que hoy es la Conferencia Episcopal. Los obispos tomaron conciencia de la necesidad de organizarse para una acción conjunta, ante los crecientes retos que ofrecía la sociedad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, reseñar que en 1919, dentro de ese ambiente que caracterizó este pontificado, de apertura a las necesidades sociales y a la participación en las estructuras del estado democrático, apareció la '''Democracia Cristiana''', un pequeño grupo de intelectuales reunidos en torno a Severino Aznar (1870-1959). El grupo de la Democracia Cristiana buscaba '''promover la justicia social y la autonomía de las clases populares por obra de ellas mismas, en contraposición al paternalismo''' prevalente en la acción social de la Iglesia en España. Sin embargo, '''su enfoque fue criticado por ser considerado «liberal» y hasta «socialistoide»''' por los sectores más conservadores. La Santa Sede, preocupada por evitar divisiones, pidió a los obispos españoles que examinaran el caso. Aunque no encontraron errores doctrinales en el grupo, sí notaron una '''tendencia hacia la autonomía con respecto a la jerarquía''', que preocupaba a la autoridad eclesiástica. El grupo tuvo una '''vida corta y limitada en su impacto'''. Intentó formar parte de un partido más amplio, el Partido Social Popular, pero la iniciativa fracasó con el golpe militar de 1923.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El fracaso de estas iniciativas puede verse como un reflejo de la tensión entre la necesidad de modernización social y la resistencia al cambio dentro de la Iglesia y la sociedad españolas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.4. Pío XI ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Si bien el pontificado de Pío XI (1922-1939) se caracteriza, sobre todo, por ser el que correspondió con la II República y la guerra civil española, también podemos reseñar algunos elementos importantes que se tuvieron lugar durante la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primero de ellos fue la expansión de la Acción Católica, uno de los grandes proyectos del pontificado de Pío XI. La '''Acción Católica Española (ACE)''' fue impulsada en España por '''Claudio López Bru''', Marqués de Comillas, y '''Ángel Herrera'''. Surgió en el contexto favorable de la dictadura del general Primo de Rivera, lo que la Iglesia utilizó para organizar su estructura y métodos de formación. Se adoptó el '''modelo italiano '''para sus estatutos y se establecieron juntas diocesanas y parroquiales para coordinar actividades. El '''cardenal Segura''', jugó un papel clave en la consolidación de la ACE, fundando su Boletín Oficial en 1928 y organizando eventos nacionales para fortalecer el movimiento.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Hubo también '''esfuerzos por modernizar la Iglesia y aumentar su presencia en la sociedad'''. El más destacable fue la '''«gran campaña social» en 1922''', iniciativa que surgió de parte de Ángel Herrera Oria y el periódico ''El Debate'', y fue promovida inicialmente por los obispos. Buscaba una '''acción combinada en la enseñanza''' para formar líderes católicos, en '''el mundo del trabajo''' para formar sindicatos católicos, y en la '''promoción de la prensa y propaganda católicas'''. También quiso instruir una obra patriótica para paliar la grave crisis de la guerra de Marruecos, y realizar una colecta en favor de los niños de Rusia y Europa central. Pero esta iniciativa, al igual que otras similares, '''fracasó por la apatía y el encerramiento en intereses personales''', tanto de la gente de Iglesia (que debería haber financiado y apoyado la campaña), como del gobierno y el mismo rey, que temían la creación de un partido moderno «de derechas».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Durante la Restauración, los intentos de modernizar la Iglesia española dieron poco fruto, en gran medida por las divisiones, la falta de creatividad, la intransigencia de los integristas, y la falta de sentido social de gran parte de la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En el pontificado de León XIII, destacaron el desarrollo de las congregaciones religiosas, el auge del asociacionismo católico, y la mejora de la formación en los centros teológicos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En el pontificado de Pío X, tuvo lugar una renovación espiritual, sobre todo eucarística, y se intentó la creación de las «ligas católicas».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Durante el pontificado de Benedicto XV, hubo expectativas de mejora en las relaciones Iglesia-Estado en España, pero las tensiones sociales y políticas del momento limitaron los avances. La aparición de la Democracia Cristiana reflejó un intento de modernización y respuesta a los desafíos sociales, aunque tuvo poco impacto.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Durante el pontificado de Pío XI, la Acción Católica Española se expandió significativamente. A pesar de estos esfuerzos y de iniciativas como la «gran campaña social» de 1922, la modernización de la Iglesia enfrentó obstáculos como la apatía institucional y la resistencia política.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281966}} {{anchor|Toc68866943}} 5.4. Dificultades a la evangelización ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el apartado anterior, junto con los logros y avances de la Iglesia, hemos mencionado también algunas de las dificultades y resistencias internas que encontró el desarrollo de su labor evangelizadora y su adaptación a las nuevas circunstancias. Vamos ahora a mencionar algunos de los obstáculos externos que tuvo que enfrentar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.1. Descristianización de algunos sectores de la sociedad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un primer obstáculo importante fue la aparición de importantes masas de población que estaban, en la práctica, descristianizados. Si bien la inmensa mayoría de la población estaba bautizada, había muchos sectores que desconocían los rudimentos de la fe cristiana. Las causas que podemos encontrar son múltiples. En primer lugar, la extinción de los regulares (o religiosos) que, en muchos lugares, eran los que en realidad catequizaban al pueblo. Podemos añadir también la causa de la mala formación de los sacerdotes seculares, tanto en lo que se refiere a su falta de conocimientos adecuados para enseñar la doctrina católica, como a sus carencias morales que podían ser causa de escándalos. Pero esta realidad también se había dado en otros momentos de la historia de España, con la diferencia de que, en esas otras ocasiones, estaban los religiosos para suplir con las prédicas en monasterios y conventos, órdenes terciarias, misiones populares, y otros métodos de formación del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esta carencia se hizo sentir de manera más acusada en el levante y sur peninsular. Los ambientes rurales, que tradicionalmente habían constituido la reserva del catolicismo español, se veían cada vez más afectados por la irreligiosidad. La práctica religiosa era muy escasa, y teñida con mucha frecuencia de mero costumbrismo y superstición. El descenso en la práctica religiosa era aún más notorio entre la población masculina.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las zonas más industrializadas, el problema afectaba sobre todo a las masas de obreros, la mayoría de ellos emigrados desde el campo. En los ambientes urbanos, donde las condiciones de vida de los asalariados eran muy precarias, faltaba el apoyo social para la religión que habían tenido en sus pueblos de origen (eso cuando no venían de un ambiente rural ya descristianizado), con lo que la práctica religiosa de estos trabajadores era también prácticamente nula. No era tanto el caso de las mujeres emigradas del campo a la ciudad, pues en muchas ocasiones su dedicación era el servicio doméstico, en el que las circunstancias eran más propicias para la práctica religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se puede añadir también como causa de la descristianización la falta de sentido social de muchos de los católicos de clases sociales superiores, que no acabaron de ver la necesidad de hacer reformas en las estructuras. Limitaban su benevolencia hacia las clases desfavorecidas a una acción benéfica teñida de paternalismo, que no conectaba con las aspiraciones reales de las masas trabajadoras. Esta falta de comprensión de las necesidades reales de la situación afectó también en ocasiones a los pastores de la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas masas, entre las que además cundía el analfabetismo, eran presa fácil para la propaganda anticlerical liberal, y más adelante socialista o anarquista. Ambas tenían en común el presentar a la Iglesia como uno de los pilares del sistema injusto que los mantenía en la pobreza. En muchas ocasiones, los revolucionarios se servían del descontento de esas masas empobrecidas como un pasto seco en el que prendían fácilmente sus incitaciones a la rebelión contra el sistema establecido, para hacer avanzar sus propios fines políticos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Ya hemos mencionado algunas iniciativas que se tomaron para hacer llegar el evangelio a esos grupos sociales, tales como los círculos obreros o las numerosas congregaciones y asociaciones laicas que se fundaron para la formación de las mujeres en situación desfavorecida. En los ambientes rurales, tras la restauración de los religiosos, también se trabajó por reavivar la fe y mejorar la formación mediante misiones populares. Un ejemplo de ello es el del padre jesuita Francisco Tarín (1847-1910), que recorrió los ambientes rurales de España, sobre todo Andalucía y Extremadura, predicando y promoviendo obras de culto y devoción, desde 1885 hasta su muerte, o el también jesuita Carlos Mazuelos (Verdoy Herranz 1998). Pero esas iniciativas no fueron suficientes para alcanzar a la totalidad de las masas descristianizadas rurales y urbanas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un ejemplo de los efectos de la descristianización de las masas obreras urbanas, y el anticlericalismo que cundía entre ellas, pudo verse durante la «Semana Trágica» de Barcelona, en julio de 1909. Una manifestación que se convertiría en huelga revolucionaria, y dirigiría su violencia principalmente contra las iglesias y conventos, con la quema de muchos de ellos, la destrucción de un importante patrimonio artístico y cultural, y el asesinato de algunos sacerdotes. Para aquél entonces, Barcelona se había convertido en un epicentro de anticlericalismo en España, en el que cundían las proclamas anarquistas y revolucionarias, como la famosa incitación de Alejandro Lerroux en 1897 a la destrucción de templos y la violencia sexual contra las novicias (Bárcena 2019, 418).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.2. Obstáculos a las congregaciones religiosas y la enseñanza católica ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A comienzos del siglo XX, la Iglesia había logrado una importante recuperación de las congregaciones religiosas. Esto se hacía especialmente notorio en el campo de la educación, en el que la Iglesia había puesto mucho empeño a todos los niveles, desde la educación más básica de las clases humildes hasta la enseñanza superior para aquellos que podían permitírselo. En esta última línea, fue especialmente destacado el esfuerzo llevado a cabo por la Compañía de Jesús, que aprovechando la libertad que tuvo en el último cuarto del XIX reorganizó con energía e ilusión sus centros educativos. La buena preparación de los religiosos, y su dedicación total a la tarea educativa sin requerir siquiera un sueldo, hacía que los centros de la Iglesia tuvieran un nivel inalcanzable para los centros estatales que, además de ser pocos, estaban mal dotados económicamente y carecían de una organización adecuada.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Cuando el partido liberal ascendió al poder en 1901, cundió entre ellos la preocupación de que la Iglesia, que prácticamente monopolizaba la educación de las clases altas, usara de ese medio para «reconquistar» la sociedad. Eso motivó que se tomasen algunas medidas para reducir la influencia de la Iglesia en la educación y en la vida pública. Casi de inmediato, promulgó una orden que exigía el registro de todas las asociaciones religiosas en el registro civil, basándose en la ley de asociaciones de 1887. Este acto fue interpretado por muchos como un intento de someter a las congregaciones religiosas al control estatal, poniendo en peligro su autonomía y, por ende, su misión educativa y evangelizadora. Ante este desafío, la Santa Sede, apoyada por el Episcopado y el partido conservador, se opuso firmemente a la medida. Este acto de resistencia llevó a negociaciones que culminaron en el acuerdo de 1904 con la Santa Sede. Este acuerdo permitió que las congregaciones religiosas mantuvieran su independencia. Se preservaba así su papel crucial en la educación y en la formación de una sociedad que, con un alto grado de analfabetismo y una carencia manifiesta de personas con buena cualificación, necesitaba de esa labor educativa que sólo la Iglesia estaba en condiciones de ofrecer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La proliferación de órdenes religiosas llevó al gobierno liberal, en la persona de José Canalejas (uno de los exponentes más emblemáticos del anticlericalismo político del momento), a tomar otras medidas más directas contra ellas. La primera fue la ley de diciembre de 1910 que pasaría a conocerse como «ley del candado». Esta ley prohibió el establecimiento de nuevas órdenes religiosas en España por un periodo de dos años, sin el permiso expreso del gobierno. Las protestas de los católicos y de la Santa Sede no sirvieron para que se retirase. Para 1912, cuando la ley debía vencer, Canalejas preparó una prórroga que la mantuviese, pero su asesinato ese mismo año impidió que se llevara a efecto. Otras medidas llevadas a cabo contra la Iglesia durante estos años fue el recorte de la dotación para culto y clero, y la supresión de nombramientos de obispos desde 1910 hasta 1913 (Cárcel Ortí 2002, 137). Estas políticas anticlericales se correspondían con agitaciones y tumultos contra la Iglesia en las calles. La Iglesia, por su parte, dio muestras de una finísima diplomacia ante esta situación tan delicada, guiada por la clarividencia del cardenal español, secretario de estado vaticano, Merry del Val (1865-1930).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Tras el cambio de gobierno motivado por el asesinato de Canalejas, las tensiones entre el Gobierno y la Iglesia comenzaron a disiparse. El nuevo Gobierno de Romanones en 1913 marcó un período de relativa normalización, aunque la «cuestión religiosa» nunca desapareció por completo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El gobierno provisional revirtió muchas disposiciones de los gobiernos moderados, que habían devuelto a la Iglesia algunos de sus derechos, suprimiendo órdenes religiosas e incautando bienes eclesiásticos entre otras cosas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El matrimonio civil, que el gobierno provisional introdujo, fue rechazado por parte de la jerarquía eclesiástica y del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La constitución de la I República contemplaba la total separación de Iglesia y Estado, pero no llegó a aplicarse.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281970}} 5.5. Iglesia y Estado en la Restauración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Acabamos de mencionar algunas medidas legales que tomó el gobierno liberal en la primera década del siglo XX, referente a cuestiones religiosas. Mirando el conjunto de la Restauración, '''hubo un entendimiento razonablemente bueno entre la Iglesia y los gobiernos conservadores, no tanto con los gobiernos liberales'''. Vamos a seguir con la temática de las relaciones Iglesia-Estado en el periodo, fijándonos en algunos aspectos de particular relevancia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.5.1. La cuestión de la libertad de culto ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La cuestión de la libertad de culto en España ha sido un tema de debate y evolución constante, especialmente desde el siglo XIX hasta principios del siglo XX. La postura de los gobiernos liberales viene bien ejemplificada por Segismundo Moret, un prominente político liberal que llegó a ser presidente del Gobierno, que en 1908 '''defendía la libertad religiosa como un elemento esencial para unificar a los partidos de izquierda''' en España (Cárcel Ortí 2002, 132). Pero, por otro lado, '''tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado''', aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Los diferentes gobiernos, a pesar de sus promesas iniciales de mantener la exclusividad del catolicismo, mostrarían cierta flexibilidad hacia otros cultos''', impidiendo su propaganda pública, pero permitiendo que continuasen la actividad que habían iniciado en el sexenio. Aún dentro del partido liberal había tensiones en torno a la cuestión religiosa, entre una tendencia más conciliadora representada por el fundador Sagasta, y otra más agresiva contra la religión, representada por Canalejas. Estas tensiones se reflejarían en la crisis del partido a la muerte de Sagasta, en 1903, y finalmente sería la línea más anticatólica la que se impusiera. Cuando tuvo el poder, '''Canalejas buscó la secularización de la vida pública de diversas maneras, y con ese fin promovió leyes favorables a la libertad de culto, el matrimonio civil y la secularización de los cementerios'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En referencia a la '''libertad de culto, la Santa Sede se opuso a ella''', considerándola un «principio infausto y falso» (Cárcel Ortí 2002, 134) que estaba en contraposición a los acuerdos previos con el Estado español, y que era contrario a la realidad española (donde las religiones no católicas apenas tenían presencia). No obstante, el Gobierno justificó su posición presentándola como una adaptación necesaria a los tiempos cambiantes y a las circunstancias de otras naciones, arguyendo además que la constitución de 1875 dejaba la puerta abierta a esa libertad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.5.2. Manifestaciones públicas de fe de la monarquía ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El joven Alfonso XII, en diciembre de 1874, antes de ser proclamado rey de España, firmó un manifiesto que, redactado por Cánovas, sirvió de preludio y declaración de intenciones para la Restauración. En el llamado «Manifiesto de Sandhurst» se podía leer lo siguiente:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.5909in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;«Sea la que quiera mi propia suerte ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal» (Alfonso XII 1874).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas palabras serían programáticas en lo que se refiere al talante del régimen de '''la Restauración, que intentó compaginar la tradición española, el catolicismo la monarquía y el régimen constitucional liberal'''. De manera particular, reflejan lo que iba a ser la actitud de la monarquía que, siguiendo los pasos de Isabel II, procuró inclinar el peso de su autoridad en favor de la religión católica, aunque a veces se vio forzada a aprobar leyes que contrariaban a la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron especialmente significativas algunas '''manifestaciones públicas de fe llevadas a cabo por Alfonso XIII''', que tuvieron un gran impacto simbólico no sólo por los actos en sí, sino porque fueron llevados a cabo en el momento álgido de anticatolicismo del gobierno de Canalejas. En 1911, tuvo lugar el XXII '''Congreso Eucarístico Internacional '''en Madrid, un gran evento en el que se realizan diferentes actos de culto en torno a la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. La familia real tomó parte muy activa en dicho congreso, con la Infanta Isabel como presidenta de la junta organizadora y otros miembros participando en diferentes actos. El propio rey, sorteando los obstáculos que el gobierno liberal quiso poner a su asistencia, estuvo presente en las ceremonias solemnes conclusivas del evento. Más aún, el Rey tomó la iniciativa de, aprovechando la ocasión que brindaba el congreso, realizar una serie de actos de '''consagración de España a Cristo''' en las semanas siguientes, en los que él mismo estuvo presente ofreciendo la nación a Dios e implorando su protección (Bárcena 2019, 435-37).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estos actos públicos animarían a un grupo de personas destacadas dentro de la Iglesia, entre los que se encuentran algunos recientemente canonizados como la madre Maravillas de Jesús o el padre José María Rubio, a emprender una campaña para construir un '''gran monumento al Sagrado Corazón de Jesús''' en el centro geográfico de España, el conocido como «Cerro de los Ángeles» en Getafe. La campaña se financió enteramente por suscripción popular, y contó de nuevo con el apoyo de la familia real, así como del papa Benedicto XV. La inauguración del monumento tendría lugar en 1919, y de nuevo contó con la presencia solemne del Rey y la familia real. Fue el mismo '''Alfonso XIII el que leyó el texto de consagración de la nación''', llevada a cabo al término de una misa que se celebró a los pies del monumento a Cristo, en cuyo pedestal se leía la frase «Reino en España». En las palabras leídas por Alfonso XIII se traslucían los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, situando las leyes e instituciones humanas bajo la autoridad divina, fuente de paz y progreso social, y pidiendo el reinado de Dios en los hogares, las aulas, las leyes y las instituciones patrias.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Estas manifestaciones tan explícitas de catolicismo en la esfera pública causaron una enorme agitación en los ambientes liberales'''. Agitación que se reflejó en airadas críticas desde los periódicos y las tribunas, acusando al monarca de querer sumir a España en un clericalismo propio de otros tiempos. Existe un testimonio indirecto, aceptado por algunos historiadores y rechazado por otros, que habla de una visita de una delegación de la Masonería a Alfonso XIII, en la que le presentaron ante la disyuntiva de aceptar una serie de puntos conducentes a la secularización de la vida pública española, o perder la monarquía, amenaza ante la que Alfonso XIII no habría cedido (Bárcena 2019, 443). Al margen de que este hecho acaeciera realmente o no, nos parece que no es necesario recurrir a él: las críticas hechas de manera pública en la prensa y los discursos, por parte de pensadores y políticos liberales y anticatólicos, reprochando a la monarquía sus actos públicos y oficiales de adhesión al catolicismo, nos parecen un argumento suficientemente sólido para afirmar que '''esa adhesión fue un factor clave entre los que motivarían la caída de la monarquía en 1931'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.5.3. La Iglesia y la dictadura de Primo de Rivera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En un contexto de crisis social y política, '''la dictadura de Primo de Rivera fue inicialmente bien recibida por la Iglesia, que la consideró una oportunidad para restaurar el orden social y moral''' que se había deteriorado. Tengamos presente que, cuando el capitán general dio el golpe de estado en septiembre de 1923, apenas habían pasado dos meses desde el asesinato del arzobispo de Zaragoza, el Cardenal Soldevila, a manos de pistoleros anarquistas. Este fue solamente uno más de los episodios que se dieron en el ambiente de violencia social que se vivía.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La dictadura, a su vez, buscó estrechar lazos con la Iglesia''', especialmente en el proceso de nombramiento de obispos. Se creó una comisión de obispos y sacerdotes para proponer candidatos idóneos para cargos eclesiásticos, limitando así la influencia de los políticos en estas cuestiones, influencia que la Iglesia aceptaba con resignación pero no con agrado. De este modo, la medida fue acogida con entusiasmo tanto por la jerarquía eclesiástica española como por la Santa Sede.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, '''la relación entre la Iglesia y el régimen de Primo de Rivera no fue siempre fluida''' (García-Villoslada et&amp;amp;nbsp;al. 1979, V:286-87). En Cataluña, por ejemplo, la dictadura enfrentó resistencia de parte de la clerecía local respecto al uso del catalán en la liturgia. No obstante, a pesar de esta tensión, la dictadura encontró apoyo en otros sectores católicos para mantener su posición, lo que le permitió adoptar una postura más fuerte en sus negociaciones con Roma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro suceso problemático tuvo lugar hacia el final de la dictadura. Surgió una controversia en torno a una reforma del estatuto universitario que beneficiaría a las universidades eclesiásticas de María Cristina de El Escorial y de Deusto. La propuesta generó rechazo en las universidades estatales y finalmente fue abandonada. Este episodio mostró que, aunque la Iglesia había depositado grandes esperanzas en la dictadura, también había límites en lo que ciertos sectores estaban dispuestos a aceptar, en términos de influencia eclesiástica en la esfera pública de la sociedad. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero, '''en líneas generales''', antes de que la Constitución de 1931 hiciera oficial la separación entre la Iglesia y el Estado, podemos decir que el último parlamento de la época de Alfonso XIII '''intentó promover una relación equilibrada y productiva''' entre las dos instituciones.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Los partidos liberales defendían la libertad religiosa como un elemento esencial de su política. Por otro lado, tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado, aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua. Esta disyuntiva era fuente de conflictos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La monarquía de la Restauración realizó, en repetidas ocasiones, muestras de adhesión pública y oficial a la fe católica. Esto fue motivo de fuertes críticas desde ambientes liberales.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La dictadura de Primo de Rivera fue bien recibida por la Iglesia, y se procuró una relación equilibrada y productiva desde ambas partes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281977}} 5.6. Iniciativas católicas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al hilo de nuestra caracterización de los diferentes pontificados del periodo en su relación con España, hablamos de algunas iniciativas importantes que tuvieron lugar en cada uno de esos pontificados. Vamos ahora a mencionar otras iniciativas, que tienen un carácter más transversal a lo largo de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.6.1. Inquietud misionera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dentro del contexto de la explosión fundacional y la restauración de las órdenes religiosas que tuvo lugar en la segunda mitad del XIX, jugó un papel importante el movimiento misionero. Si mencionábamos antes las '''misiones populares''' que llevaron a cabo sacerdotes predicadores '''en la España peninsular''', añadimos ahora que, antes de que se produjera la emancipación de los territorios españoles de ultramar en 1898, '''las islas del Caribe y '''Filipinas recibieron también un gran número de sacerdotes misioneros que realizaron allí una amplia y abnegada labor. Esos territorios estuvieron menos afectados por las desamortizaciones y, de hecho, se permitió la permanencia de alguna casa en la Península para formar a los misioneros destinados a ellos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Destaca especialmente la '''labor de los padres dominicos en Filipinas''', tanto en la faceta evangelizadora como en la civilizadora y de promoción humana de las islas. Las Filipinas constituían una provincia dominica aparte, que aún perdura en nuestros días. Otro ejemplo es el trabajo de la '''Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María''', fundados por San Antonio María Claret en 1849. Él mismo había sido misionero popular en las tierras catalanas, y más tarde obispo misionero en Cuba, antes de ser llamado para confesor de la Reina. La labor de los misioneros claretianos continuaría a lo largo de los siglos XIX y XX, tanto en la Península como en otros lugares del mundo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.6.2. Formación y espiritualidad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La piedad del pueblo se mantuvo bastante viva''', aún en los periodos en los que había arreciado más la persecución religiosa. Ahora bien, se trataba de una '''piedad aún de corte barroco, muy afectiva y práctica, devocional y un tanto carente de formación intelectual''' profunda. Se refleja aquí esa pobreza doctrinal causada por la mala formación del clero y la extinción de los regulares. Prevalecía la devoción «sencilla, afectiva, humana, que viene de la baja Edad Media» (Jiménez Duque 1979, 417), de base franciscana en gran medida, si bien los frailes franciscanos ya no podían acompañarla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero '''con el retorno de las órdenes religiosas en la Restauración, el panorama cambió''' un tanto. La mejor formación religiosa que recibían los jóvenes en los centros de enseñanza de las órdenes, así como las misiones populares, los ejercicios espirituales, los libros y folletos religiosos, etc., ayudaron a que la religiosidad del pueblo, sobre todo entre las clases medias y altas, fuese '''evolucionando hacia una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron muchas las iniciativas que podrían nombrarse aquí. Se crearon un gran número de asociaciones piadosas, que con frecuencia tenían también un carácter benéfico y/o apostólico. Por lo que se refiere a las congregaciones religiosas, a las tradicionales que ya estaban en España anteriormente y se restauraron en este periodo, y a las fundaciones propiamente españolas, vinieron a unirse un gran número de congregaciones fundadas en otros países, sobre todo Francia e Italia. La mayoría de las congregaciones fundadas en estos países a finales del XIX, que fueron muchas, establecieron alguna casa en España.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.6.3. El feminismo católico y la Acción Católica de la Mujer ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX, la participación de la mujer en la vida pública, así como su acceso a la educación, distaba aún mucho de ser equiparable a la del varón. En lo que se refiere a la actividad política, esta realidad se daba tanto en los ámbitos más conservadores como en los liberales o socialistas. En este ambiente, se empezaron a fundar diferentes asociaciones encaminadas a lograr la equiparación de los derechos públicos de las mujeres con los de los hombres, tales como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, la Juventud Universitaria Femenina o la Sociedad Concepción Arenal. Estas asociaciones, sin bien contaban entre sus miembros muchas mujeres católicas, eran por lo general institucionalmente aconfesionales, y en ocasiones estaban incluso teñidas de una ideología laicista.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.6.3.a. Pensamiento feminista católico =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por parte católica, '''en las dos primeras décadas del siglo tiene lugar una reflexión importante que busca conciliar la fe católica con los principios feministas''', tomando como punto de partida la obra de Concepción Arenal. Destacó especialmente, por sus reflexiones feministas desde una óptica católica, la escritora Concepción Gimeno de Flaquer. Entre los teólogos que también emprendieron esta tarea, destacan el jesuita Julio Alarcón, el agustino Graciano Martínez, y el sacerdote secular Mariano Arboleya (González Miren 2018). Sus reflexiones partían de la afirmación bíblica de la igual dignidad del hombre y la mujer, así como sus diferencias y complementariedad. Insistían en rebatir a algunos autores contemporáneos que pretendían afirmar una menor capacidad intelectual en la mujer con respecto al hombre, que justificaría su menor participación en la vida política y cultural. Al mismo tiempo, siguiendo a Arenal y en sintonía con otras pensadoras católicas del siglo XX como Edith Stein, reflexionaban desde las diferencias entre hombres y mujeres sobre cuáles serían las tareas más apropiadas para cada uno de los sexos. En este sentido, la atribución de ciertos roles específicos podía estar en mayor o menor medida condicionada por la época, y no ser igual de válida para las circunstancias actuales. Pero lo importante es la '''afirmación de la igualdad en cuanto a dignidad y capacidades intelectuales de ambos sexos, que debe reflejarse en una igualdad de derechos políticos y sociales'''. Una evidencia que hoy tenemos muy asumida, pero por entonces era necesario defenderla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.6.3.b. La Acción Católica de la Mujer =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a las '''iniciativas de orden práctico, el gran proyecto en este ámbito fue la creación, en 1919, de la Acción Católica de la Mujer''' (Salas Larrazábal 2003). La idea era crear una institución en favor de la mujer que tuviese un carácter decididamente católico, a diferencia de las ya existentes que, como dijimos, oscilaban entre la aconfesionalidad y el laicismo. El principal promotor del proyecto fue el cardenal Guisasola, arzobispo de Toledo. Desde este momento, la ACM se convierte en un '''faro de feminismo cristiano''', una respuesta a la necesidad de incorporar a la mujer en el Movimiento Social Católico de España. Desde su comienzo, estuvo apoyada por importantes personajes de la época, como el político Antonio Maura o la escritora Emilia Pardo Bazán.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM no se limitó a ser una asociación de carácter piadoso o benéfico, como habían sido la mayoría de asociaciones de mujeres católicas hasta el momento. Fue una organización que buscó ir más allá, asumiendo como cometido la '''formación de la mujer en todos los ámbitos de la vida, desde lo laboral hasta lo espiritual'''. Se fomentó la educación y la sindicación femenina, y se debatió sobre el sufragio de la mujer. La ACM se convirtió en un espacio donde la mujer católica pudo ser tanto devota como activista social, sin que lo uno excluyera a lo otro.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El carácter nacional y federativo de la ACM permitió que sus iniciativas tuvieran un amplio alcance. Desde su primera asamblea en 1920, la organización se centró en mejorar las condiciones laborales de las mujeres, fomentar su educación y defender sus derechos. '''La ACM se convirtió en un puente entre la fe y la acción social, entre la Iglesia y la sociedad'''. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM también se destacó por su capacidad para adaptarse a los tiempos. En una época en la que el feminismo secular ganaba terreno, la ACM ofreció una alternativa que no sacrificó la fe en el altar de la igualdad. Se abogó por el sufragio femenino y otras formas de intervención en la vida pública, pero siempre dentro de un marco que respetase la doctrina católica y las funciones propias de la mujer como madre y esposa. Se preocupaba también de denunciar la explotación de la mujer en el orden social y laboral. Sin embargo, la ACM no fue inmune a las tendencias de la Iglesia del tiempo. La Acción Católica Española, en consonancia con la fuerte vinculación hacia Roma que tenía la Iglesia española en general, seguía muy de cerca los pasos que el Papa iba marcando para la Acción Católica Italiana. Cuando el auge del fascismo hizo que se reformaran los estatutos de la AC en Italia, para orientarla más hacia fines propiamente apostólicos y espirituales y menos hacia los sociales y políticos, en España se siguieron los mismos pasos. De ese modo, aunque en sus primeros años la ACM se centró en cuestiones sociales y laborales, '''a partir de 1926 se replegaría más hacia el campo de la espiritualidad, la formación cristiana y el apostolado'''. Pero incluso en ese repliegue, la ACM siguió siendo un testimonio de la capacidad de la Iglesia para dialogar con el mundo, para encontrar un equilibrio entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La restauración de las órdenes religiosas trajo consigo un auge del afán misionero, tanto en lo que se refiere a misiones populares en la España peninsular, como a la evangelización y promoción humana en los territorios de ultramar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Otro fruto del restablecimiento de los religiosos fue la mejora en la formación espiritual del pueblo cristiano, que dio lugar a una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX se trabajó por la promoción de los derechos de la mujer desde una óptica cristiana. Esto tuvo lugar en el ámbito del pensamiento, con escritoras como Concepción Gimeno y teólogos como Julio Alarcón, y en el ámbito práctico, con la creación en 1919 de la Acción Católica de la Mujer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.7. Pensamiento católico ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Terminamos con unas breves menciones de algunos de los pensadores católicos más destacados de los años de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.7.1 Menéndez Pelayo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primer autor, de obligada mención, es Menéndez Pelayo (1856-1912).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En la historia de la intelectualidad española, pocos nombres resuenan con tanta fuerza y dignidad como el de '''Marcelino Menéndez Pelayo'''. Nacido en Santander en 1856 y fallecido en la misma ciudad en 1912, Menéndez Pelayo fue un faro luminoso en el oscuro panorama de una España que buscaba su identidad entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Primero y ante todo, Menéndez Pelayo fue un hombre de '''profunda fe católica'''. Su catolicismo no era una mera etiqueta, sino el núcleo que informaba toda su obra y pensamiento. Como bien apuntó Laín Entralgo, su catolicismo era su «más amplio y fundamental» modo de ser, '''un catolicismo que entendía como inseparable de su identidad española'''. En su juventud, ya alzaba su copa para brindar por «la fe católica, apostólica, romana» como la esencia y la inspiración de la cultura y la historia españolas (Valverde 1979, 534-35).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no solo fue un erudito, sino también un apasionado defensor de la cultura y la historia españolas. En una época en que muchos intelectuales se volcaban hacia corrientes extranjeras, él se erigía como un '''baluarte contra el olvido y la tergiversación de la riqueza intelectual y espiritual de España'''. Su obra ''Historia de los heterodoxos españoles'' es un testimonio de su profundo '''amor por la tradición católica y su influencia en la formación de la identidad nacional'''. Lo que distingue a Menéndez Pelayo de otros intelectuales de su tiempo es su '''apertura y su rigor científico'''. Rodeado de un espíritu en el que cundía un cierto fanatismo y división, entre «izquierda» y «derecha», católicos tradicionales e intelectuales krausistas, él '''supo elevarse por encima de las polémicas estériles''' para dedicarse a la verdadera ciencia. Su obra es un monumento a la erudición, abarcando campos tan diversos como la filología, la historia de la literatura, la filosofía y las ciencias políticas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no fue un hombre estático; '''su pensamiento evolucionó desde las posturas vehementes de su juventud hacia una mayor moderación y tolerancia'''. A medida que maduraba, su obra reflejaba una mayor serenidad y equilibrio. Aunque nunca abandonó su fe católica ni su amor por España, aprendió a dialogar con corrientes intelectuales diversas, incluidas las no católicas y extranjeras, enriqueciendo así su propia perspectiva.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de su monumental contribución a la cultura española, Menéndez Pelayo ha sido a menudo malentendido o ignorado, tanto por el lado «progresista» como por el «conservador». Sin embargo, su legado perdura como un testimonio de lo que significa ser un intelectual católico y español en el sentido más profundo y auténtico. Es una muestra de cómo el amor y la pasión por la propia tradición cultural no están reñidos con el rigor científico. En una época de confusión y polarización, la vida y obra de Menéndez Pelayo nos ofrecen una visión integradora y elevada de la fe y la cultura, que sigue siendo profundamente relevante en nuestro tiempo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.7.2. El catolicismo en la generación del 98 ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, ese conjunto de intelectuales que emergió en la España de fin de siglo, se presenta como un crisol de actitudes ante la Iglesia y el catolicismo que, aunque diversas, comparten una cierta distancia crítica. Este grupo, marcado por la crisis de 1898 tras la pérdida de las últimas colonias, se sumerge en una '''profunda reflexión sobre la identidad nacional y, por ende, sobre la Iglesia como institución intrínsecamente ligada a la historia de España'''. Criticaron la '''decadencia de España, atribuyéndola en parte al catolicismo''', y abogaron por una «europeización» del país que, entre otras cosas, comportaba la '''aceptación de los principios liberales y secularistas''' que regían otras naciones europeas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al mirar el conjunto de sus obras, se revela una complejidad en la relación de estos escritores con la Iglesia. Por un lado, se observa un '''laicismo marcado y una crítica a la influencia eclesiástica en la política y la educación'''. En esto son deudores del espíritu laicista de la '''Institución Libre de Enseñanza''', la cual formó a muchos de los escritores de la generación del 98 e influyó decisivamente en los otros. Las lecturas comunes en estos autores, imbuidos en gran medida de la filosofía nietzscheana y el positivismo de moda en Europa, los inclinaban inevitablemente hacia un rechazo de la religión. Rechazo que no se trata de mero anticlericalismo, en el sentido de crítica a ciertas formas anticuadas y ampulosas de manifestación de la fe, sino de algo más profundo, una '''dificultad para aceptar el hecho de la revelación cristiana''', en línea con el deísmo ilustrado y panteísta que imperaba en el pensamiento krausista de la Institución Libre de Enseñanza.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otro lado, se nota una cierta '''fascinación por elementos propios de la tradición religiosa católica''', como por ejemplo la figura del sacerdote, aunque a menudo teñida de crítica y estereotipo. Y también una lucha, en algunos autores, entre el deseo de la fe y el rechazo de ella. '''Unamuno''', quizás el más complejo de todos en su relación con la fe, encarna una vivencia «agónica» del cristianismo (Valverde 1979, 489). Su búsqueda espiritual se realiza en un terreno de '''conflicto entre la razón que rechaza la fe y el corazón que quiere aceptarla''', entre la Iglesia institucional y la religiosidad personal. No es anticlerical en el sentido estricto, pero sí crítico con una Iglesia que ve como anquilosada, al mismo tiempo que evidencia una sincera e intensa búsqueda religiosa. Baroja, por su parte, muestra un talante más anárquico. Su crítica a la Iglesia se inscribe en una crítica más amplia a todas las instituciones y estructuras de poder. No es tanto la religión lo que le causa rechazo, sino la institucionalización de la misma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En resumen, la Generación del 98 no presenta un pensamiento monolítico en lo que tiene que ver con el catolicismo y la Iglesia. Lo que sí comparten es una actitud de cuestionamiento y revisión crítica, una necesidad de redefinir la relación entre la fe y la identidad nacional en un momento de crisis profunda. Y aunque algunos puedan ver en esto un alejamiento de la Iglesia, quizás podría verse también como un llamado a la renovación y al diálogo, un anhelo, en última instancia, de encontrar en la fe y en la Iglesia respuestas a las preguntas eternas que agitaban sus inquietas almas. Por otro lado, también es cierto que los escritores de la generación del 98 eran más dados a la crítica generalizada que a la proposición de soluciones reales. Su afán renovador no cristalizó en proposiciones de cómo esa renovación podría llevarse a cabo, en lo que se refiere a la relación entre la fe católica y los nuevos desafíos sociales de la España del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.7.3. Otras corrientes importantes ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, queríamos mencionar un par de corrientes de pensamiento importantes de finales del XIX, y a sus principales representantes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La primera es el '''renacimiento de la filosofía escolástico-tomista'''. Su precursor fue el padre dominico '''Ceferino González''' (1831-1894), que empezó a publicar en la década de 1860. De este modo, creó un ambiente propicio para que hallase eco la encíclica ''Aeterni Patris'' escrita por León XIII en 1879 con el fin de promover los estudios de la filosofía y teología de Santo Tomás de Aquino. De este modo, la renovación intelectual en la que, como dijimos antes, intervinieron sobre todo los dominicos, jesuitas y agustinos, dio lugar a un número importante de obras de carácter neoescolástico. Estas obras tuvieron el mérito de animar intelectualmente los renovados centros de estudios teológicos que aparecieron en el pontificado de León XIII, si bien es cierto que les faltó un tanto de creatividad y capacidad de diálogo con su tiempo. De este renacimiento tomista surgiría un importante autor espiritual, el dominico '''Juan G. Arintero''' (1860-1928), cuya obra daría pie a un encendido debate en torno a la naturaleza de la ascética y la mística cristiana, que caracterizaría la teología espiritual española de comienzos del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La otra es el '''pensamiento católico integrista''', representado sobre todo en la figura del sacerdote de Sabadell '''Félix Sardá y Salvany''' (1831-1916). Se caracterizó por ser el principal ideólogo de la tendencia teológica, filosófica y política que dio en llamarse «integrista». Sus escritos tenían un carácter fuertemente apologético y popular, con títulos muy incisivos y no carentes de un cierto gracejo. Su obra más difundida, ''El liberalismo es pecado'' (1884), alcanzaría gran difusión e influiría en el pensamiento de muchos católicos españoles de finales de siglo. Su tesis principal era que, si bien las formas políticas creadas por el liberalismo podrían en teoría ser aceptables, en la práctica iban siempre acompañadas de los principios del liberalismo filosófico, con lo que debían ser rechazadas de pleno. En el momento en el que apareció, su doctrina estaba en plena sintonía con lo que la Iglesia había enseñado, particularmente con el ''Syllabus'' de Pío IX. Ahora bien, en 1888 León XIII publicaría ''Libertas Praestantissimum'', en la que abría la puerta a los católicos a la colaboración política en los regímenes liberales siempre que rechazaran los principios filosóficos. Este hecho, unido al daño que estaban haciendo las polémicas entre los católicos españoles, motivó que Sardá y Salvany moderase sus posturas hacia otras más conciliadoras, como se manifestó en el artículo ''¡Alto el fuego!'' de 1896.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Marcelino Menéndez Pelayo destacó por su profunda fe católica y su apasionada defensa de la cultura y la historia españolas, abogando por un enfoque riguroso y abierto en la erudición, y cuyo legado ofrece una visión integradora de la fe y la cultura en tiempos de polarización..&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, influida por la Institución Libre de Enseñanza, mantuvo una relación compleja y crítica con la Iglesia y el catolicismo, cuestionando su papel en la identidad nacional de España y abogando por una «europeización» que incluyera principios liberales y secularistas, a la vez que algunos manifestaban inquietud y búsqueda religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A finales del siglo XIX, destacan el renacimiento tomista representado por Ceferino González y el integrismo católico representado por Félix Sardá y Salvany.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.8. Referencias bibliográficas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Alfonso XII. 1874. «Manifiesto de Sandhurst». https://es.wikisource.org/wiki/Manifiesto_de_Sandhurst.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Bárcena, Alberto. 2019. ''La pérdida de España 1 De Hispania romana al reinado de Alfonso XIII''. Madrid: San Román.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Carballo López, Francisco J. 2017. «La influencia de Rerum Novarum en el catolicismo social español». ''Aportes: Revista de historia contemporánea'' 32 (94): 41-78. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6163829&amp;amp;info=resumen&amp;amp;idioma=SPA.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Cárcel Ortí, Vicente. 1984. «Acatólicos españoles en los albores de la Restauración». ''Anales de Historia Contemporánea'', n.&amp;lt;sup&amp;gt;o&amp;lt;/sup&amp;gt; 3: 101-21. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4088240.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;———. 1989. «San Pío X, los jesuitas y los integristas españoles». ''Archivum Historiae Pontificiae'' 27: 249-355. https://www.jstor.org/stable/23564661.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;———. 2002. ''Historia de la Iglesia en la España contemporánea (siglos XIX y XX)''. Madrid: Palabra.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;García-Villoslada, Ricardo, Vicente Cárcel Ortí, José Manuel Cuenca Toribio, Baldomero Jiménez Duque, Joaquín Luis Ortega Martín, Manuel Revuelta González, Rafael María Sanz de Diego, y Carlos Valverde Mucientes. 1979. ''Historia de la Iglesia en España''. Editado por Ricardo García-Villoslada y Vicente Cárcel Ortí. Vol. V. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;González Miren, Llona. 2018. «El feminismo católico en los años veinte y sus antecedentes ideológicos». ''Vasconia'' 0 (25): 283-99. http://ojs.eusko-ikaskuntza.eus/index.php/vasconia/article/view/750.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Jiménez Duque, Baldomero. 1979. «Espiritualidad y apostolado». En ''Historia de la Iglesia en España V: La España contemporánea'', editado por Ricardo García-Villoslada, 395-474. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;León XIII. 1888. «Libertas praestantissimum». https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_20061888_libertas.html.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Martí Gilabert, Francisco. 2007. ''La Primera República Española 1873-1874''. Madrid: Rialp.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Sala Balust, Luis, y Francisco Martín Hernández. 1966. ''La formación sacerdotal en la Iglesia''. Barcelona: Juan Flors.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Salas Larrazábal, María. 2003. ''Las mujeres de la Acción Católica Española, 1919-1936''. Madrid: Federación de Movimientos de la Acción Católica Española.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Sardá y Salvany, Félix. 1884. ''El liberalismo es pecado''. Barcelona: Librería y tipografía católica. https://archive.org/details/elliberalismoes01salvgoog.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Valverde, Carlos. 1979. «Los católicos y la cultura española». En ''Historia de la Iglesia en España V: La España contemporánea'', editado por Ricardo García-Villoslada, 475-576. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Verdoy Herranz, Alfredo. 1998. «Un misionero popular andaluz de finales del siglo XIX: el jesuita padre Carlos Mazuelos (1836-1913)». En ''In memoriam: estudios dedicados a Antonio María Calero'', 179-88. Pozoblanco: Ayuntamiento de Pozoblanco. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4074085.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Vilarrasa, Eduardo. 1875. ''Historia de la revolución de setiembre: sus causas, sus personajes, sus doctrinas, sus episodios y sus resultados''. Barcelona: Fabricación: Heredero de Pablo Riera. https://bvpb.mcu.es/es/consulta/registro.cmd?id=422843.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<title>La Iglesia en la Restauracion</title>
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		<updated>2023-09-06T16:48:32Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: /* 5.7.1 Menéndez Pelayo */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;= {{anchor|Toc459888455}} La Iglesia en la Restauración =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281960}} 5.1. Introducción y objetivos ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En este tema, vamos a tratar el periodo de la Restauración de la monarquía borbónica (1875-1931). Es el periodo más largo de todos los que estudiamos en el curso, y eso ya nos da una indicación de que fue un periodo de relativa estabilidad, en el que la Iglesia pudo desarrollar su labor, no sin dificultades, pero con mayor libertad que en muchos de los periodos que hemos visto anteriormente.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En este quinto tema nos proponemos los siguientes objetivos:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* {{anchor|Toc459888456}} {{anchor|Toc144281961}} Hacer un balance del estado de la Iglesia en el comienzo de la Restauración.&lt;br /&gt;
* Recorrer los distintos pontificados que se sucedieron en este periodo, fijándonos en algunos hechos relevantes en relación con la Iglesia española.&lt;br /&gt;
* Mostrar algunas dificultades a la evangelización que aparecieron.&lt;br /&gt;
* Tratar algunas cuestiones particularmente delicadas en torno a la relación Iglesia-Estado.&lt;br /&gt;
* Presentar iniciativas novedosas e importantes de la Iglesia en este periodo.&lt;br /&gt;
* Mencionar algunos pensadores católicos, así como dar algunas pinceladas sobre la relación que tuvieron con el catolicismo los de la generación del 98.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.2. Situación de la Iglesia al comenzar el periodo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Para empezar, demos algunas pinceladas acerca de la situación del catolicismo en España al acabar la fallida experiencia de la I República, con la llegada de Alfonso XII al trono en 1875.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dado lo convulso de los años del sexenio revolucionario, '''no disponemos de los datos estadísticos''' que sí teníamos en otros periodos. Podemos suponer que los números, en lo que al clero secular se refiere, no serían muy distintos a los de seis años antes pues, si bien durante la revolución hubo tumultos y ataques a templos y sacerdotes, no podemos hablar de exilios masivos o matanzas generalizadas de sacerdotes, como en otros periodos que estudiamos, que afecten significativamente a los números. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por lo que se refiere a los religiosos, ya vimos cómo '''la legislación antirreligiosa de la revolución dio al traste con la débil recuperación que empezaban a experimentar las órdenes''' después de las desamortizaciones y, si bien legislaciones posteriores mitigaron ese golpe, la situación era necesariamente precaria en cualquier caso. Las religiosas, que no habían sido tan perjudicadas por las medidas legislativas, habían sido '''víctimas de los tumultos anticatólicos en diferentes partes de España, con lo que se habían perdido bastantes conventos''' (Martí Gilabert 2007).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Recordamos también el '''gran auge fundacional''' que había experimentado la Iglesia en la segunda mitad del reinado de Isabel II, y que había incluso continuado durante el sexenio, en lo que a '''instituciones de educación, caridad y asistencia''' se refiere. Todo esto '''en medio de una situación de penuria económica para la Iglesia''', a todos los niveles, afectada por las desamortizaciones y la crisis general. Más allá de que en algunos lugares la revolución hubiera perjudicado esas obras, el espíritu emprendedor de la Iglesia para esa clase de iniciativas estaba muy vivo, como se demostraría a lo largo de los años del régimen de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el aspecto moral, existía una '''fuerte unión con el pontífice''' reinante en aquel momento, Pío IX, compartida por pueblo, clero y obispos. En sus relaciones con el poder político, l'''a Iglesia había acatado oficialmente la multitud de diferentes regímenes''' que se habían sucedido abruptamente en el espacio de seis años, pero los católicos en general '''veían con buenos ojos la restauración monárquica'''. Algunos de ellos '''simpatizaban con la causa carlista''', que había estado a punto de triunfar militarmente en los últimos años del sexenio. Pero, por lo general, los sacerdotes se habían inmiscuido poco en la política, estaban más bien dedicados a sus tareas propias. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por lo que se refiere al perfil moral del sacerdote, son interesantes las caracterizaciones que hacen de ellos los escritores de final del siglo XIX; hablaremos de ello más adelante en este mismo tema. Lo que sí podemos decir ahora es que, dado lo precario de la situación en la que tuvo que desenvolverse la Iglesia durante las décadas anteriores, '''los seminarios no habían ofrecido una buena formación''' doctrinal, humana ni espiritual. Por ese motivo, '''cundía una cierta ignorancia y relajación moral entre el clero''' de finales del XIX, perceptible sobre todo en los sacerdotes más jóvenes (Cárcel Ortí 2002, 364-65; Sala Balust y Martín Hernández 1966, 140-41).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a '''los laicos''', recordamos cómo había entrado con fuerza entre ellos el '''fenómeno asociativo'''. En el tema anterior hablamos de algunas de esas asociaciones, principalmente las que tenían que ver con la acción en el campo social, el caritativo y el apostólico. Pero también se crearon muchas otras de índole piadosa, como congregaciones y cofradías. Por contraste, también se habían formado en el pueblo español núcleos de un acerbo anticlericalismo, de los que hablaremos más adelante en este tema.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La libertad de cultos había permitido el establecimiento de comunidades protestantes. Se temía que alcanzaran cierta difusión, sobre todo en Andalucía, donde se juntaba la falta de formación cristiana del pueblo, que había sido causada por la supresión de las órdenes religiosas, con el carácter voluble y curioso de las gentes (Cárcel Ortí 1984, 108-21). Sin embargo, la realidad es que '''pocos se pasaron al protestantismo''', y en muchas ocasiones asistían a sus reuniones por mera curiosidad sin abandonar sus creencias católicas. Los testimonios de la época nos dicen también que algunos clérigos disconformes se hacían protestantes para evitar la autoridad de sus obispos (Vilarrasa 1875, 530).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;{{anchor|Toc459888457}} Al finalizar el sexenio revolucionario, el clero secular estaba bien nutrido en cuanto al número, pero con carencias en la formación doctrinal, moral y espiritual. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Los religiosos habían prácticamente desaparecido, los templos habían sufrido ataques, y las religiosas habían perdido bastantes conventos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de la pobreza, abundaban las iniciativas de creación de instituciones educativas, caritativas y asistenciales. Había fuerte unión con el Papa, y en lo político se acataba cualquier régimen pero se miraba con particular agrado a la monarquía.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc68866942}} {{anchor|Toc144281962}} 5.3. Los pontificados durante la Restauración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El periodo histórico conocido como la «Restauración» es largo, duró 56 años. A lo largo de ellos, se sucedieron cinco diferentes pontífices. Vamos ahora a caracterizar los rasgos principales de cada uno de ellos, fijándonos sobre todo en su relación con España. Obviamos a Pío IX, que fue el papa encargado de acoger el nuevo régimen, porque ya lo hemos tratado en el tema anterior. Hablaremos, por tanto, de León XIII, Pío X, Benedicto XV y Pío XI.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc144281963}} 5.3.1. León XIII ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El pontificado de León XIII fue bastante largo (1878-1903), pero sobre todo fue muy fecundo en la creación de nuevas iniciativas llamadas a contrarrestar la secularización de la sociedad, que ya se había hecho muy patente. Podemos caracterizar el pontificado de León XIII como una '''renovación eclesial '''a diversos niveles.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Uno de los campos en los que aparece esta revitalización es el ya mencionado del '''asociacionismo católico''', que comenzó durante el pontificado de Pío IX, pero en el de León XIII siguió cobrando fuerza. Sorprenden particularmente los números de las asociaciones obreras que, a finales del siglo XIX, contaban en España unos 80.000 afiliados. Por contraste, y para hacerse una idea de la evolución posterior, en las mismas fechas la UGT, el sindicato del partido socialista, no llegaba a 4.000 afiliados (Cárcel Ortí 2002, 418). En la asignatura «La Iglesia ante la secularización» hablamos más extenso de las asociaciones obreras, que tuvieron un gran crecimiento tras la encíclica de León XIII ''Rerum novarum ''(Carballo López 2017). Las asociaciones católicas desarrollaron una intensa actividad durante la Restauración en otros muchos ámbitos, como explicamos en el tema anterior y también en el tema correspondiente de «La Iglesia ante la secularización».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, esta actividad '''no tuvo un reflejo en el campo político'''. El motivo principal fue la división y enfrentamiento que existía entre los católicos, por un lado los «alfonsinos» representados por Cánovas, y por otro los tradicionalistas, que a su vez estaban divididos y enfrentados en «mestizos» representados por Pidal, e «integristas» representados por Nocedal. En la asignatura «La Iglesia ante la secularización» hablamos más en detalle de este enfrentamiento, que requirió la intervención papal para pedir que se eliminasen las discordias internas y se unieran las fuerzas de los católicos en pro de un fin común, sin lograr su objetivo. Por su parte, las fuerzas liberales y socialistas hacían uso de las instituciones políticas para llevar adelante su agenda (por usar un término contemporáneo), mientras '''los católicos estaban absorbidos por sus luchas internas'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Es cierto que no era fácil dar con una solución adecuada al dilema entre las exigencias del catolicismo, que de suyo no está vinculado a ninguna forma política, sino que ofrece unos principios morales que pueden ser realizados de diferentes formas concretas, con el régimen político liberal que, si bien en teoría podría compatibilizarse con los principios católicos, en la práctica iba siempre teñido de los principios del racionalismo, la autonomía moral del individuo y el indiferentismo religioso. Ese será el tema que tratará León XIII en su encíclica ''Libertas praestantissimum'' (1888) en la que, tras discernir cuál es el concepto verdadero de libertad y prevenir contra las falsas concepciones que se presentan bajo el nombre de «liberalismo», concluye que «'''no está prohibido en sí mismo preferir para el Estado una forma de gobierno moderada por el elemento democrático''', salva siempre la doctrina católica acerca del origen y el ejercicio del poder político» (León XIII 1888, párr. 32). Pero, en aquel momento, '''los católicos españoles no fueron capaces de llevar adecuadamente este principio general a la práctica'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Restauración trajo consigo una mayor apertura al '''desarrollo de las congregaciones religiosas'''. Durante el gobierno del partido conservador de Cánovas, prácticamente se eliminaron las barreras para ese desarrollo, al amparo del texto del concordato que, además, se interpretaba de manera amplia (como se diría en lenguaje coloquial, «se hacía la vista gorda» con frecuencia). Cierto es que, en 1875, la mayoría de ellas tenían que partir prácticamente de cero, pero poco a poco '''fueron restableciendo en España noviciados, casas de estudio, centros de caridad y enseñanza, etc'''. A esto se uniría, en los años siguientes, la '''llegada de un gran número de congregaciones extranjeras de reciente fundación''', dentro de esa explosión fundacional que experimentó la Iglesia en la segunda mitad del XX. Tantas fueron que, a principios del siglo XX, el gobierno liberal limitará la entrada de nuevas congregaciones, como veremos después.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El retorno de los religiosos trajo consigo una '''importante mejora en la altura intelectual de la teología española''', que en ese momento estaba en un nivel ínfimo. Las órdenes más destacadas en este aspecto fueron los dominicos, que impulsaron el renacimiento tomista del que luego hablaremos, los agustinos que fundaron revistas como «La ciudad de Dios», y los jesuitas, con obras como el Seminario Pontificio de Comillas que pronto se convertiría en Universidad Pontificia. El ejemplo de un papa intelectual promovió también la mejora de la enseñanza teológica en las instituciones dependientes de los obispos. '''Varias de esas instituciones de enseñanza superior eclesiástica serían constituidas universidades pontificias por León XIII''', como la de Salamanca, la de Granada o la de Toledo. Favoreció también la creación de un Colegio Español en Roma. Todas estas medidas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc144281964}} 5.3.2. Pío X ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El pontificado de Pío X (1903-1914), tuvo un impacto significativo en la vida religiosa y social de España, consolidando aún más la relación entre la Iglesia Católica y el Estado en un período crucial de la historia española. Pío X es especialmente recordado por su énfasis en la '''renovación espiritual y la defensa de la ortodoxia''' católica, aspectos que encontraron un eco favorable en España. Puede decirse que el estilo llano y directo de Pío X conectó mejor con el catolicismo español que la intelectualidad de León XIII. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Uno de los aspectos más notables del pontificado de Pío X fue su enfoque en la '''participación de los laicos''' en la vida de la Iglesia. Su decreto ''Quam Singulari'' de 1910, que permitía la Primera Comunión a niños más jóvenes, tuvo un impacto directo en la vida religiosa de las familias españolas, fomentando una '''devoción más temprana y profunda al sacramento de la Eucaristía'''. Esto no solo fortaleció la vida espiritual de los individuos, sino que también contribuyó a cimentar el papel central de la Iglesia en la sociedad española.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro elemento clave del pontificado de Pío X fue su '''combate contra el modernismo''' teológico, del que ya hablamos en la asignatura «La Iglesia ante la secularización». En España, la publicación de ''Pascendi Dominici Gregis'' (1907) '''marcó una línea en las universidades pontificias y seminarios''', que aún buscaban consolidarse tras el impulso que les había dado León XIII.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otra parte, la '''impronta fuertemente jerarquizada y el valor de la autoridad''', que fueron características del pontificado del papa Sarto, también hallaron resonancia en la Iglesia española: por un lado, porque la tendencia integrista aún tenía mucha fuerza y, por otro, porque el giro anticlerical que tomó el gobierno de Sagasta al comienzo del siglo XX favoreció el sentido de militancia y resistencia en las filas católicas españolas (García-Villoslada et&amp;amp;nbsp;al. 1979, V:305-6). En este ambiente, la firmeza de Pío X en la defensa de los valores y enseñanzas católicos sirvió de apoyo moral y espiritual para aquellos que buscaban preservar la influencia positiva de la Iglesia en la sociedad. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al respecto, cabe decir que '''la división de los católicos españoles, que venía arrastrándose desde el pontificado de León XIII, seguía aún sin resolverse'''. A principios del siglo XX, la polémica se centraba entre el ya mencionado periódico integrista, ''El siglo futuro,'' y la revista de los jesuitas ''Razón y fe ''(Cárcel Ortí 1989). El núcleo del conflicto estaba en que los integristas aspiraban a realizar el bien mayor, el del Estado plenamente confesional, que identificaban con la monarquía absoluta, y criticaban a los que, dentro de las circunstancias, se conformaban con el bien posible o el mal menor, aceptando la forma de estado liberal. '''El Papa escribió, como ya hiciera su antecesor, una carta a los católicos españoles con el fin de zanjar estas divisiones, ''Inter catholicos Hispaniae ''(1906)'''. Iría seguida de una serie de normas de conducta para los católicos y los obispos, y de algunas medidas como la de retirar al nuncio Vico (a petición del propio rey Alfonso XIII), que favorecía al bando integrista. El núcleo de las argumentaciones del Papa era que ambas posturas (las de los integristas y las de los posibilistas) eran aceptables para un católico, y que no debían dedicarse a la polémica entre ellos sino a unir fuerzas trabajar en el campo político y social, donde las fuerzas contrarias a la religión y a la sociedad estaban logrando grandes avances. De manera particular, en el caso de las elecciones, declaraba que los católicos debían apoyar al candidato que mejor miraría por los intereses de la religión y la patria. A pesar de los esfuerzos de la Santa Sede, la división no terminó de resolverse, y seguiría afectando a laicos, clero e incluso obispos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otra iniciativa para unir las fuerzas de los laicos en pro de la evangelización de la sociedad fueron las llamadas '''«ligas católicas», promovidas por el arzobispo primado de Toledo, el cardenal Ciriaco Mª Sancha''' (1833-1909), con los objetivos de defender los intereses de la Iglesia en la política, fomentar la acción social católica y la caridad y, sobre todo, la educación y formación cristiana del pueblo. Despertaron muchas esperanzas entre la clerecía y el laicado, pero les faltó aliento creador para concretar las buenas intenciones en proyectos verdaderamente eficaces. También en el pontificado de Pío X se fundó la '''Asociación Católica Nacional de Propagandistas''', por el P. Ayala y el joven laico Herrera Oria. El impacto de esta asociación sería limitado durante la Restauración (en parte por las fuertes críticas y oposiciones que encontró, en el mar), pero jugaría un papel clave durante la II República. Hablamos más sobre esta asociación en la asignatura «La Iglesia ante la secularización».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.3. Benedicto XV ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La llegada al pontificado de Benedicto XV (1914-1922), un Papa de talante conciliador, preconizaba una mejora en el entendimiento entre la Iglesia y el Estado en España. Su '''enfoque diplomático y su interés en cuestiones sociales''' resonaron con sectores significativos del clero y los fieles. Además, su experiencia previa en España y su simpatía hacia el país fortalecieron su popularidad entre los españoles. Sin embargo, las expectativas no llegaron a materializarse de manera significativa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otra parte, la volatilidad de la época se reflejó en la relación entre la Iglesia y la sociedad española. Un día podría haber una huelga general y al siguiente una consagración al Sagrado Corazón de Jesús. '''Esta oscilación entre momentos de fervor religioso y tensiones sociales''' y políticas muestra la complejidad de la relación Iglesia-Estado en este periodo. Durante este tiempo, España estaba sumida en una serie '''de tensiones políticas y sociales exacerbadas por la Primera Guerra Mundial'''. Aunque''' la «cuestión religiosa» fue temporalmente relegada''' debido a preocupaciones más urgentes, las tensiones subyacentes entre la Iglesia y el Estado seguían presentes. La Iglesia española, en particular, enfrentó momentos cruciales relacionados con el sindicalismo y otros movimientos sociales. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro acontecimiento importante de este pontificado fue la '''constitución de la «Junta de Metropolitanos» en 1921''', que contaba con representación de todos los obispos españoles, y en cierto modo sería la precursora de lo que hoy es la Conferencia Episcopal. Los obispos tomaron conciencia de la necesidad de organizarse para una acción conjunta, ante los crecientes retos que ofrecía la sociedad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, reseñar que en 1919, dentro de ese ambiente que caracterizó este pontificado, de apertura a las necesidades sociales y a la participación en las estructuras del estado democrático, apareció la '''Democracia Cristiana''', un pequeño grupo de intelectuales reunidos en torno a Severino Aznar (1870-1959). El grupo de la Democracia Cristiana buscaba '''promover la justicia social y la autonomía de las clases populares por obra de ellas mismas, en contraposición al paternalismo''' prevalente en la acción social de la Iglesia en España. Sin embargo, '''su enfoque fue criticado por ser considerado «liberal» y hasta «socialistoide»''' por los sectores más conservadores. La Santa Sede, preocupada por evitar divisiones, pidió a los obispos españoles que examinaran el caso. Aunque no encontraron errores doctrinales en el grupo, sí notaron una '''tendencia hacia la autonomía con respecto a la jerarquía''', que preocupaba a la autoridad eclesiástica. El grupo tuvo una '''vida corta y limitada en su impacto'''. Intentó formar parte de un partido más amplio, el Partido Social Popular, pero la iniciativa fracasó con el golpe militar de 1923.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El fracaso de estas iniciativas puede verse como un reflejo de la tensión entre la necesidad de modernización social y la resistencia al cambio dentro de la Iglesia y la sociedad españolas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.3.4. Pío XI ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Si bien el pontificado de Pío XI (1922-1939) se caracteriza, sobre todo, por ser el que correspondió con la II República y la guerra civil española, también podemos reseñar algunos elementos importantes que se tuvieron lugar durante la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primero de ellos fue la expansión de la Acción Católica, uno de los grandes proyectos del pontificado de Pío XI. La '''Acción Católica Española (ACE)''' fue impulsada en España por '''Claudio López Bru''', Marqués de Comillas, y '''Ángel Herrera'''. Surgió en el contexto favorable de la dictadura del general Primo de Rivera, lo que la Iglesia utilizó para organizar su estructura y métodos de formación. Se adoptó el '''modelo italiano '''para sus estatutos y se establecieron juntas diocesanas y parroquiales para coordinar actividades. El '''cardenal Segura''', jugó un papel clave en la consolidación de la ACE, fundando su Boletín Oficial en 1928 y organizando eventos nacionales para fortalecer el movimiento.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Hubo también '''esfuerzos por modernizar la Iglesia y aumentar su presencia en la sociedad'''. El más destacable fue la '''«gran campaña social» en 1922''', iniciativa que surgió de parte de Ángel Herrera Oria y el periódico ''El Debate'', y fue promovida inicialmente por los obispos. Buscaba una '''acción combinada en la enseñanza''' para formar líderes católicos, en '''el mundo del trabajo''' para formar sindicatos católicos, y en la '''promoción de la prensa y propaganda católicas'''. También quiso instruir una obra patriótica para paliar la grave crisis de la guerra de Marruecos, y realizar una colecta en favor de los niños de Rusia y Europa central. Pero esta iniciativa, al igual que otras similares, '''fracasó por la apatía y el encerramiento en intereses personales''', tanto de la gente de Iglesia (que debería haber financiado y apoyado la campaña), como del gobierno y el mismo rey, que temían la creación de un partido moderno «de derechas».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Durante la Restauración, los intentos de modernizar la Iglesia española dieron poco fruto, en gran medida por las divisiones, la falta de creatividad, la intransigencia de los integristas, y la falta de sentido social de gran parte de la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En el pontificado de León XIII, destacaron el desarrollo de las congregaciones religiosas, el auge del asociacionismo católico, y la mejora de la formación en los centros teológicos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En el pontificado de Pío X, tuvo lugar una renovación espiritual, sobre todo eucarística, y se intentó la creación de las «ligas católicas».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Durante el pontificado de Benedicto XV, hubo expectativas de mejora en las relaciones Iglesia-Estado en España, pero las tensiones sociales y políticas del momento limitaron los avances. La aparición de la Democracia Cristiana reflejó un intento de modernización y respuesta a los desafíos sociales, aunque tuvo poco impacto.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Durante el pontificado de Pío XI, la Acción Católica Española se expandió significativamente. A pesar de estos esfuerzos y de iniciativas como la «gran campaña social» de 1922, la modernización de la Iglesia enfrentó obstáculos como la apatía institucional y la resistencia política.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281966}} {{anchor|Toc68866943}} 5.4. Dificultades a la evangelización ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el apartado anterior, junto con los logros y avances de la Iglesia, hemos mencionado también algunas de las dificultades y resistencias internas que encontró el desarrollo de su labor evangelizadora y su adaptación a las nuevas circunstancias. Vamos ahora a mencionar algunos de los obstáculos externos que tuvo que enfrentar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.1. Descristianización de algunos sectores de la sociedad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un primer obstáculo importante fue la aparición de importantes masas de población que estaban, en la práctica, descristianizados. Si bien la inmensa mayoría de la población estaba bautizada, había muchos sectores que desconocían los rudimentos de la fe cristiana. Las causas que podemos encontrar son múltiples. En primer lugar, la extinción de los regulares (o religiosos) que, en muchos lugares, eran los que en realidad catequizaban al pueblo. Podemos añadir también la causa de la mala formación de los sacerdotes seculares, tanto en lo que se refiere a su falta de conocimientos adecuados para enseñar la doctrina católica, como a sus carencias morales que podían ser causa de escándalos. Pero esta realidad también se había dado en otros momentos de la historia de España, con la diferencia de que, en esas otras ocasiones, estaban los religiosos para suplir con las prédicas en monasterios y conventos, órdenes terciarias, misiones populares, y otros métodos de formación del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esta carencia se hizo sentir de manera más acusada en el levante y sur peninsular. Los ambientes rurales, que tradicionalmente habían constituido la reserva del catolicismo español, se veían cada vez más afectados por la irreligiosidad. La práctica religiosa era muy escasa, y teñida con mucha frecuencia de mero costumbrismo y superstición. El descenso en la práctica religiosa era aún más notorio entre la población masculina.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las zonas más industrializadas, el problema afectaba sobre todo a las masas de obreros, la mayoría de ellos emigrados desde el campo. En los ambientes urbanos, donde las condiciones de vida de los asalariados eran muy precarias, faltaba el apoyo social para la religión que habían tenido en sus pueblos de origen (eso cuando no venían de un ambiente rural ya descristianizado), con lo que la práctica religiosa de estos trabajadores era también prácticamente nula. No era tanto el caso de las mujeres emigradas del campo a la ciudad, pues en muchas ocasiones su dedicación era el servicio doméstico, en el que las circunstancias eran más propicias para la práctica religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se puede añadir también como causa de la descristianización la falta de sentido social de muchos de los católicos de clases sociales superiores, que no acabaron de ver la necesidad de hacer reformas en las estructuras. Limitaban su benevolencia hacia las clases desfavorecidas a una acción benéfica teñida de paternalismo, que no conectaba con las aspiraciones reales de las masas trabajadoras. Esta falta de comprensión de las necesidades reales de la situación afectó también en ocasiones a los pastores de la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas masas, entre las que además cundía el analfabetismo, eran presa fácil para la propaganda anticlerical liberal, y más adelante socialista o anarquista. Ambas tenían en común el presentar a la Iglesia como uno de los pilares del sistema injusto que los mantenía en la pobreza. En muchas ocasiones, los revolucionarios se servían del descontento de esas masas empobrecidas como un pasto seco en el que prendían fácilmente sus incitaciones a la rebelión contra el sistema establecido, para hacer avanzar sus propios fines políticos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Ya hemos mencionado algunas iniciativas que se tomaron para hacer llegar el evangelio a esos grupos sociales, tales como los círculos obreros o las numerosas congregaciones y asociaciones laicas que se fundaron para la formación de las mujeres en situación desfavorecida. En los ambientes rurales, tras la restauración de los religiosos, también se trabajó por reavivar la fe y mejorar la formación mediante misiones populares. Un ejemplo de ello es el del padre jesuita Francisco Tarín (1847-1910), que recorrió los ambientes rurales de España, sobre todo Andalucía y Extremadura, predicando y promoviendo obras de culto y devoción, desde 1885 hasta su muerte, o el también jesuita Carlos Mazuelos (Verdoy Herranz 1998). Pero esas iniciativas no fueron suficientes para alcanzar a la totalidad de las masas descristianizadas rurales y urbanas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Un ejemplo de los efectos de la descristianización de las masas obreras urbanas, y el anticlericalismo que cundía entre ellas, pudo verse durante la «Semana Trágica» de Barcelona, en julio de 1909. Una manifestación que se convertiría en huelga revolucionaria, y dirigiría su violencia principalmente contra las iglesias y conventos, con la quema de muchos de ellos, la destrucción de un importante patrimonio artístico y cultural, y el asesinato de algunos sacerdotes. Para aquél entonces, Barcelona se había convertido en un epicentro de anticlericalismo en España, en el que cundían las proclamas anarquistas y revolucionarias, como la famosa incitación de Alejandro Lerroux en 1897 a la destrucción de templos y la violencia sexual contra las novicias (Bárcena 2019, 418).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.4.2. Obstáculos a las congregaciones religiosas y la enseñanza católica ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A comienzos del siglo XX, la Iglesia había logrado una importante recuperación de las congregaciones religiosas. Esto se hacía especialmente notorio en el campo de la educación, en el que la Iglesia había puesto mucho empeño a todos los niveles, desde la educación más básica de las clases humildes hasta la enseñanza superior para aquellos que podían permitírselo. En esta última línea, fue especialmente destacado el esfuerzo llevado a cabo por la Compañía de Jesús, que aprovechando la libertad que tuvo en el último cuarto del XIX reorganizó con energía e ilusión sus centros educativos. La buena preparación de los religiosos, y su dedicación total a la tarea educativa sin requerir siquiera un sueldo, hacía que los centros de la Iglesia tuvieran un nivel inalcanzable para los centros estatales que, además de ser pocos, estaban mal dotados económicamente y carecían de una organización adecuada.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Cuando el partido liberal ascendió al poder en 1901, cundió entre ellos la preocupación de que la Iglesia, que prácticamente monopolizaba la educación de las clases altas, usara de ese medio para «reconquistar» la sociedad. Eso motivó que se tomasen algunas medidas para reducir la influencia de la Iglesia en la educación y en la vida pública. Casi de inmediato, promulgó una orden que exigía el registro de todas las asociaciones religiosas en el registro civil, basándose en la ley de asociaciones de 1887. Este acto fue interpretado por muchos como un intento de someter a las congregaciones religiosas al control estatal, poniendo en peligro su autonomía y, por ende, su misión educativa y evangelizadora. Ante este desafío, la Santa Sede, apoyada por el Episcopado y el partido conservador, se opuso firmemente a la medida. Este acto de resistencia llevó a negociaciones que culminaron en el acuerdo de 1904 con la Santa Sede. Este acuerdo permitió que las congregaciones religiosas mantuvieran su independencia. Se preservaba así su papel crucial en la educación y en la formación de una sociedad que, con un alto grado de analfabetismo y una carencia manifiesta de personas con buena cualificación, necesitaba de esa labor educativa que sólo la Iglesia estaba en condiciones de ofrecer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La proliferación de órdenes religiosas llevó al gobierno liberal, en la persona de José Canalejas (uno de los exponentes más emblemáticos del anticlericalismo político del momento), a tomar otras medidas más directas contra ellas. La primera fue la ley de diciembre de 1910 que pasaría a conocerse como «ley del candado». Esta ley prohibió el establecimiento de nuevas órdenes religiosas en España por un periodo de dos años, sin el permiso expreso del gobierno. Las protestas de los católicos y de la Santa Sede no sirvieron para que se retirase. Para 1912, cuando la ley debía vencer, Canalejas preparó una prórroga que la mantuviese, pero su asesinato ese mismo año impidió que se llevara a efecto. Otras medidas llevadas a cabo contra la Iglesia durante estos años fue el recorte de la dotación para culto y clero, y la supresión de nombramientos de obispos desde 1910 hasta 1913 (Cárcel Ortí 2002, 137). Estas políticas anticlericales se correspondían con agitaciones y tumultos contra la Iglesia en las calles. La Iglesia, por su parte, dio muestras de una finísima diplomacia ante esta situación tan delicada, guiada por la clarividencia del cardenal español, secretario de estado vaticano, Merry del Val (1865-1930).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Tras el cambio de gobierno motivado por el asesinato de Canalejas, las tensiones entre el Gobierno y la Iglesia comenzaron a disiparse. El nuevo Gobierno de Romanones en 1913 marcó un período de relativa normalización, aunque la «cuestión religiosa» nunca desapareció por completo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El gobierno provisional revirtió muchas disposiciones de los gobiernos moderados, que habían devuelto a la Iglesia algunos de sus derechos, suprimiendo órdenes religiosas e incautando bienes eclesiásticos entre otras cosas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;El matrimonio civil, que el gobierno provisional introdujo, fue rechazado por parte de la jerarquía eclesiástica y del pueblo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La constitución de la I República contemplaba la total separación de Iglesia y Estado, pero no llegó a aplicarse.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281970}} 5.5. Iglesia y Estado en la Restauración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Acabamos de mencionar algunas medidas legales que tomó el gobierno liberal en la primera década del siglo XX, referente a cuestiones religiosas. Mirando el conjunto de la Restauración, '''hubo un entendimiento razonablemente bueno entre la Iglesia y los gobiernos conservadores, no tanto con los gobiernos liberales'''. Vamos a seguir con la temática de las relaciones Iglesia-Estado en el periodo, fijándonos en algunos aspectos de particular relevancia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.5.1. La cuestión de la libertad de culto ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La cuestión de la libertad de culto en España ha sido un tema de debate y evolución constante, especialmente desde el siglo XIX hasta principios del siglo XX. La postura de los gobiernos liberales viene bien ejemplificada por Segismundo Moret, un prominente político liberal que llegó a ser presidente del Gobierno, que en 1908 '''defendía la libertad religiosa como un elemento esencial para unificar a los partidos de izquierda''' en España (Cárcel Ortí 2002, 132). Pero, por otro lado, '''tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado''', aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Los diferentes gobiernos, a pesar de sus promesas iniciales de mantener la exclusividad del catolicismo, mostrarían cierta flexibilidad hacia otros cultos''', impidiendo su propaganda pública, pero permitiendo que continuasen la actividad que habían iniciado en el sexenio. Aún dentro del partido liberal había tensiones en torno a la cuestión religiosa, entre una tendencia más conciliadora representada por el fundador Sagasta, y otra más agresiva contra la religión, representada por Canalejas. Estas tensiones se reflejarían en la crisis del partido a la muerte de Sagasta, en 1903, y finalmente sería la línea más anticatólica la que se impusiera. Cuando tuvo el poder, '''Canalejas buscó la secularización de la vida pública de diversas maneras, y con ese fin promovió leyes favorables a la libertad de culto, el matrimonio civil y la secularización de los cementerios'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En referencia a la '''libertad de culto, la Santa Sede se opuso a ella''', considerándola un «principio infausto y falso» (Cárcel Ortí 2002, 134) que estaba en contraposición a los acuerdos previos con el Estado español, y que era contrario a la realidad española (donde las religiones no católicas apenas tenían presencia). No obstante, el Gobierno justificó su posición presentándola como una adaptación necesaria a los tiempos cambiantes y a las circunstancias de otras naciones, arguyendo además que la constitución de 1875 dejaba la puerta abierta a esa libertad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.5.2. Manifestaciones públicas de fe de la monarquía ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El joven Alfonso XII, en diciembre de 1874, antes de ser proclamado rey de España, firmó un manifiesto que, redactado por Cánovas, sirvió de preludio y declaración de intenciones para la Restauración. En el llamado «Manifiesto de Sandhurst» se podía leer lo siguiente:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.5909in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;«Sea la que quiera mi propia suerte ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal» (Alfonso XII 1874).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estas palabras serían programáticas en lo que se refiere al talante del régimen de '''la Restauración, que intentó compaginar la tradición española, el catolicismo la monarquía y el régimen constitucional liberal'''. De manera particular, reflejan lo que iba a ser la actitud de la monarquía que, siguiendo los pasos de Isabel II, procuró inclinar el peso de su autoridad en favor de la religión católica, aunque a veces se vio forzada a aprobar leyes que contrariaban a la Iglesia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron especialmente significativas algunas '''manifestaciones públicas de fe llevadas a cabo por Alfonso XIII''', que tuvieron un gran impacto simbólico no sólo por los actos en sí, sino porque fueron llevados a cabo en el momento álgido de anticatolicismo del gobierno de Canalejas. En 1911, tuvo lugar el XXII '''Congreso Eucarístico Internacional '''en Madrid, un gran evento en el que se realizan diferentes actos de culto en torno a la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. La familia real tomó parte muy activa en dicho congreso, con la Infanta Isabel como presidenta de la junta organizadora y otros miembros participando en diferentes actos. El propio rey, sorteando los obstáculos que el gobierno liberal quiso poner a su asistencia, estuvo presente en las ceremonias solemnes conclusivas del evento. Más aún, el Rey tomó la iniciativa de, aprovechando la ocasión que brindaba el congreso, realizar una serie de actos de '''consagración de España a Cristo''' en las semanas siguientes, en los que él mismo estuvo presente ofreciendo la nación a Dios e implorando su protección (Bárcena 2019, 435-37).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estos actos públicos animarían a un grupo de personas destacadas dentro de la Iglesia, entre los que se encuentran algunos recientemente canonizados como la madre Maravillas de Jesús o el padre José María Rubio, a emprender una campaña para construir un '''gran monumento al Sagrado Corazón de Jesús''' en el centro geográfico de España, el conocido como «Cerro de los Ángeles» en Getafe. La campaña se financió enteramente por suscripción popular, y contó de nuevo con el apoyo de la familia real, así como del papa Benedicto XV. La inauguración del monumento tendría lugar en 1919, y de nuevo contó con la presencia solemne del Rey y la familia real. Fue el mismo '''Alfonso XIII el que leyó el texto de consagración de la nación''', llevada a cabo al término de una misa que se celebró a los pies del monumento a Cristo, en cuyo pedestal se leía la frase «Reino en España». En las palabras leídas por Alfonso XIII se traslucían los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, situando las leyes e instituciones humanas bajo la autoridad divina, fuente de paz y progreso social, y pidiendo el reinado de Dios en los hogares, las aulas, las leyes y las instituciones patrias.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Estas manifestaciones tan explícitas de catolicismo en la esfera pública causaron una enorme agitación en los ambientes liberales'''. Agitación que se reflejó en airadas críticas desde los periódicos y las tribunas, acusando al monarca de querer sumir a España en un clericalismo propio de otros tiempos. Existe un testimonio indirecto, aceptado por algunos historiadores y rechazado por otros, que habla de una visita de una delegación de la Masonería a Alfonso XIII, en la que le presentaron ante la disyuntiva de aceptar una serie de puntos conducentes a la secularización de la vida pública española, o perder la monarquía, amenaza ante la que Alfonso XIII no habría cedido (Bárcena 2019, 443). Al margen de que este hecho acaeciera realmente o no, nos parece que no es necesario recurrir a él: las críticas hechas de manera pública en la prensa y los discursos, por parte de pensadores y políticos liberales y anticatólicos, reprochando a la monarquía sus actos públicos y oficiales de adhesión al catolicismo, nos parecen un argumento suficientemente sólido para afirmar que '''esa adhesión fue un factor clave entre los que motivarían la caída de la monarquía en 1931'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.5.3. La Iglesia y la dictadura de Primo de Rivera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En un contexto de crisis social y política, '''la dictadura de Primo de Rivera fue inicialmente bien recibida por la Iglesia, que la consideró una oportunidad para restaurar el orden social y moral''' que se había deteriorado. Tengamos presente que, cuando el capitán general dio el golpe de estado en septiembre de 1923, apenas habían pasado dos meses desde el asesinato del arzobispo de Zaragoza, el Cardenal Soldevila, a manos de pistoleros anarquistas. Este fue solamente uno más de los episodios que se dieron en el ambiente de violencia social que se vivía.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La dictadura, a su vez, buscó estrechar lazos con la Iglesia''', especialmente en el proceso de nombramiento de obispos. Se creó una comisión de obispos y sacerdotes para proponer candidatos idóneos para cargos eclesiásticos, limitando así la influencia de los políticos en estas cuestiones, influencia que la Iglesia aceptaba con resignación pero no con agrado. De este modo, la medida fue acogida con entusiasmo tanto por la jerarquía eclesiástica española como por la Santa Sede.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, '''la relación entre la Iglesia y el régimen de Primo de Rivera no fue siempre fluida''' (García-Villoslada et&amp;amp;nbsp;al. 1979, V:286-87). En Cataluña, por ejemplo, la dictadura enfrentó resistencia de parte de la clerecía local respecto al uso del catalán en la liturgia. No obstante, a pesar de esta tensión, la dictadura encontró apoyo en otros sectores católicos para mantener su posición, lo que le permitió adoptar una postura más fuerte en sus negociaciones con Roma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otro suceso problemático tuvo lugar hacia el final de la dictadura. Surgió una controversia en torno a una reforma del estatuto universitario que beneficiaría a las universidades eclesiásticas de María Cristina de El Escorial y de Deusto. La propuesta generó rechazo en las universidades estatales y finalmente fue abandonada. Este episodio mostró que, aunque la Iglesia había depositado grandes esperanzas en la dictadura, también había límites en lo que ciertos sectores estaban dispuestos a aceptar, en términos de influencia eclesiástica en la esfera pública de la sociedad. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero, '''en líneas generales''', antes de que la Constitución de 1931 hiciera oficial la separación entre la Iglesia y el Estado, podemos decir que el último parlamento de la época de Alfonso XIII '''intentó promover una relación equilibrada y productiva''' entre las dos instituciones.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Los partidos liberales defendían la libertad religiosa como un elemento esencial de su política. Por otro lado, tanto la Constitución de 1875 como el Concordato de 1851 establecieron a la religión católica como la religión oficial del Estado, aunque no estaba claro que garantizasen una exclusividad perpetua. Esta disyuntiva era fuente de conflictos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La monarquía de la Restauración realizó, en repetidas ocasiones, muestras de adhesión pública y oficial a la fe católica. Esto fue motivo de fuertes críticas desde ambientes liberales.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La dictadura de Primo de Rivera fue bien recibida por la Iglesia, y se procuró una relación equilibrada y productiva desde ambas partes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc144281977}} 5.6. Iniciativas católicas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al hilo de nuestra caracterización de los diferentes pontificados del periodo en su relación con España, hablamos de algunas iniciativas importantes que tuvieron lugar en cada uno de esos pontificados. Vamos ahora a mencionar otras iniciativas, que tienen un carácter más transversal a lo largo de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.6.1. Inquietud misionera ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Dentro del contexto de la explosión fundacional y la restauración de las órdenes religiosas que tuvo lugar en la segunda mitad del XIX, jugó un papel importante el movimiento misionero. Si mencionábamos antes las '''misiones populares''' que llevaron a cabo sacerdotes predicadores '''en la España peninsular''', añadimos ahora que, antes de que se produjera la emancipación de los territorios españoles de ultramar en 1898, '''las islas del Caribe y '''Filipinas recibieron también un gran número de sacerdotes misioneros que realizaron allí una amplia y abnegada labor. Esos territorios estuvieron menos afectados por las desamortizaciones y, de hecho, se permitió la permanencia de alguna casa en la Península para formar a los misioneros destinados a ellos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Destaca especialmente la '''labor de los padres dominicos en Filipinas''', tanto en la faceta evangelizadora como en la civilizadora y de promoción humana de las islas. Las Filipinas constituían una provincia dominica aparte, que aún perdura en nuestros días. Otro ejemplo es el trabajo de la '''Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María''', fundados por San Antonio María Claret en 1849. Él mismo había sido misionero popular en las tierras catalanas, y más tarde obispo misionero en Cuba, antes de ser llamado para confesor de la Reina. La labor de los misioneros claretianos continuaría a lo largo de los siglos XIX y XX, tanto en la Península como en otros lugares del mundo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.6.2. Formación y espiritualidad ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La piedad del pueblo se mantuvo bastante viva''', aún en los periodos en los que había arreciado más la persecución religiosa. Ahora bien, se trataba de una '''piedad aún de corte barroco, muy afectiva y práctica, devocional y un tanto carente de formación intelectual''' profunda. Se refleja aquí esa pobreza doctrinal causada por la mala formación del clero y la extinción de los regulares. Prevalecía la devoción «sencilla, afectiva, humana, que viene de la baja Edad Media» (Jiménez Duque 1979, 417), de base franciscana en gran medida, si bien los frailes franciscanos ya no podían acompañarla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero '''con el retorno de las órdenes religiosas en la Restauración, el panorama cambió''' un tanto. La mejor formación religiosa que recibían los jóvenes en los centros de enseñanza de las órdenes, así como las misiones populares, los ejercicios espirituales, los libros y folletos religiosos, etc., ayudaron a que la religiosidad del pueblo, sobre todo entre las clases medias y altas, fuese '''evolucionando hacia una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Fueron muchas las iniciativas que podrían nombrarse aquí. Se crearon un gran número de asociaciones piadosas, que con frecuencia tenían también un carácter benéfico y/o apostólico. Por lo que se refiere a las congregaciones religiosas, a las tradicionales que ya estaban en España anteriormente y se restauraron en este periodo, y a las fundaciones propiamente españolas, vinieron a unirse un gran número de congregaciones fundadas en otros países, sobre todo Francia e Italia. La mayoría de las congregaciones fundadas en estos países a finales del XIX, que fueron muchas, establecieron alguna casa en España.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.6.3. El feminismo católico y la Acción Católica de la Mujer ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX, la participación de la mujer en la vida pública, así como su acceso a la educación, distaba aún mucho de ser equiparable a la del varón. En lo que se refiere a la actividad política, esta realidad se daba tanto en los ámbitos más conservadores como en los liberales o socialistas. En este ambiente, se empezaron a fundar diferentes asociaciones encaminadas a lograr la equiparación de los derechos públicos de las mujeres con los de los hombres, tales como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, la Juventud Universitaria Femenina o la Sociedad Concepción Arenal. Estas asociaciones, sin bien contaban entre sus miembros muchas mujeres católicas, eran por lo general institucionalmente aconfesionales, y en ocasiones estaban incluso teñidas de una ideología laicista.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.6.3.a. Pensamiento feminista católico =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por parte católica, '''en las dos primeras décadas del siglo tiene lugar una reflexión importante que busca conciliar la fe católica con los principios feministas''', tomando como punto de partida la obra de Concepción Arenal. Destacó especialmente, por sus reflexiones feministas desde una óptica católica, la escritora Concepción Gimeno de Flaquer. Entre los teólogos que también emprendieron esta tarea, destacan el jesuita Julio Alarcón, el agustino Graciano Martínez, y el sacerdote secular Mariano Arboleya (González Miren 2018). Sus reflexiones partían de la afirmación bíblica de la igual dignidad del hombre y la mujer, así como sus diferencias y complementariedad. Insistían en rebatir a algunos autores contemporáneos que pretendían afirmar una menor capacidad intelectual en la mujer con respecto al hombre, que justificaría su menor participación en la vida política y cultural. Al mismo tiempo, siguiendo a Arenal y en sintonía con otras pensadoras católicas del siglo XX como Edith Stein, reflexionaban desde las diferencias entre hombres y mujeres sobre cuáles serían las tareas más apropiadas para cada uno de los sexos. En este sentido, la atribución de ciertos roles específicos podía estar en mayor o menor medida condicionada por la época, y no ser igual de válida para las circunstancias actuales. Pero lo importante es la '''afirmación de la igualdad en cuanto a dignidad y capacidades intelectuales de ambos sexos, que debe reflejarse en una igualdad de derechos políticos y sociales'''. Una evidencia que hoy tenemos muy asumida, pero por entonces era necesario defenderla.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== 5.6.3.b. La Acción Católica de la Mujer =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En cuanto a las '''iniciativas de orden práctico, el gran proyecto en este ámbito fue la creación, en 1919, de la Acción Católica de la Mujer''' (Salas Larrazábal 2003). La idea era crear una institución en favor de la mujer que tuviese un carácter decididamente católico, a diferencia de las ya existentes que, como dijimos, oscilaban entre la aconfesionalidad y el laicismo. El principal promotor del proyecto fue el cardenal Guisasola, arzobispo de Toledo. Desde este momento, la ACM se convierte en un '''faro de feminismo cristiano''', una respuesta a la necesidad de incorporar a la mujer en el Movimiento Social Católico de España. Desde su comienzo, estuvo apoyada por importantes personajes de la época, como el político Antonio Maura o la escritora Emilia Pardo Bazán.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM no se limitó a ser una asociación de carácter piadoso o benéfico, como habían sido la mayoría de asociaciones de mujeres católicas hasta el momento. Fue una organización que buscó ir más allá, asumiendo como cometido la '''formación de la mujer en todos los ámbitos de la vida, desde lo laboral hasta lo espiritual'''. Se fomentó la educación y la sindicación femenina, y se debatió sobre el sufragio de la mujer. La ACM se convirtió en un espacio donde la mujer católica pudo ser tanto devota como activista social, sin que lo uno excluyera a lo otro.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El carácter nacional y federativo de la ACM permitió que sus iniciativas tuvieran un amplio alcance. Desde su primera asamblea en 1920, la organización se centró en mejorar las condiciones laborales de las mujeres, fomentar su educación y defender sus derechos. '''La ACM se convirtió en un puente entre la fe y la acción social, entre la Iglesia y la sociedad'''. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La ACM también se destacó por su capacidad para adaptarse a los tiempos. En una época en la que el feminismo secular ganaba terreno, la ACM ofreció una alternativa que no sacrificó la fe en el altar de la igualdad. Se abogó por el sufragio femenino y otras formas de intervención en la vida pública, pero siempre dentro de un marco que respetase la doctrina católica y las funciones propias de la mujer como madre y esposa. Se preocupaba también de denunciar la explotación de la mujer en el orden social y laboral. Sin embargo, la ACM no fue inmune a las tendencias de la Iglesia del tiempo. La Acción Católica Española, en consonancia con la fuerte vinculación hacia Roma que tenía la Iglesia española en general, seguía muy de cerca los pasos que el Papa iba marcando para la Acción Católica Italiana. Cuando el auge del fascismo hizo que se reformaran los estatutos de la AC en Italia, para orientarla más hacia fines propiamente apostólicos y espirituales y menos hacia los sociales y políticos, en España se siguieron los mismos pasos. De ese modo, aunque en sus primeros años la ACM se centró en cuestiones sociales y laborales, '''a partir de 1926 se replegaría más hacia el campo de la espiritualidad, la formación cristiana y el apostolado'''. Pero incluso en ese repliegue, la ACM siguió siendo un testimonio de la capacidad de la Iglesia para dialogar con el mundo, para encontrar un equilibrio entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La restauración de las órdenes religiosas trajo consigo un auge del afán misionero, tanto en lo que se refiere a misiones populares en la España peninsular, como a la evangelización y promoción humana en los territorios de ultramar.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Otro fruto del restablecimiento de los religiosos fue la mejora en la formación espiritual del pueblo cristiano, que dio lugar a una piedad más instruida, menos romántica y más conforme al espíritu de la época.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;En las primeras décadas del siglo XX se trabajó por la promoción de los derechos de la mujer desde una óptica cristiana. Esto tuvo lugar en el ámbito del pensamiento, con escritoras como Concepción Gimeno y teólogos como Julio Alarcón, y en el ámbito práctico, con la creación en 1919 de la Acción Católica de la Mujer.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.7. Pensamiento católico ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Terminamos con unas breves menciones de algunos de los pensadores católicos más destacados de los años de la Restauración.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.7.1 Menéndez Pelayo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El primer autor, de obligada mención, es Menéndez Pelayo (1856-1912).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En la historia de la intelectualidad española, pocos nombres resuenan con tanta fuerza y dignidad como el de '''Marcelino Menéndez Pelayo'''. Nacido en Santander en 1856 y fallecido en la misma ciudad en 1912, Menéndez Pelayo fue un faro luminoso en el oscuro panorama de una España que buscaba su identidad entre la tradición y la modernidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Primero y ante todo, Menéndez Pelayo fue un hombre de '''profunda fe católica'''. Su catolicismo no era una mera etiqueta, sino el núcleo que informaba toda su obra y pensamiento. Como bien apuntó Laín Entralgo, su catolicismo era su «más amplio y fundamental» modo de ser, '''un catolicismo que entendía como inseparable de su identidad española'''. En su juventud, ya alzaba su copa para brindar por «la fe católica, apostólica, romana» como la esencia y la inspiración de la cultura y la historia españolas (Valverde 1979, 534-35).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no solo fue un erudito, sino también un apasionado defensor de la cultura y la historia españolas. En una época en que muchos intelectuales se volcaban hacia corrientes extranjeras, él se erigía como un '''baluarte contra el olvido y la tergiversación de la riqueza intelectual y espiritual de España'''. Su obra ''Historia de los heterodoxos españoles'' es un testimonio de su profundo '''amor por la tradición católica y su influencia en la formación de la identidad nacional'''. Lo que distingue a Menéndez Pelayo de otros intelectuales de su tiempo es su '''apertura y su rigor científico'''. Rodeado de un espíritu en el que cundía un cierto fanatismo y división, entre «izquierda» y «derecha», católicos tradicionales e intelectuales krausistas, él '''supo elevarse por encima de las polémicas estériles''' para dedicarse a la verdadera ciencia. Su obra es un monumento a la erudición, abarcando campos tan diversos como la filología, la historia de la literatura, la filosofía y las ciencias políticas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Menéndez Pelayo no fue un hombre estático; '''su pensamiento evolucionó desde las posturas vehementes de su juventud hacia una mayor moderación y tolerancia'''. A medida que maduraba, su obra reflejaba una mayor serenidad y equilibrio. Aunque nunca abandonó su fe católica ni su amor por España, aprendió a dialogar con corrientes intelectuales diversas, incluidas las no católicas y extranjeras, enriqueciendo así su propia perspectiva.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;A pesar de su monumental contribución a la cultura española, Menéndez Pelayo ha sido a menudo malentendido o ignorado, tanto por el lado «progresista» como por el «conservador». Sin embargo, su legado perdura como un testimonio de lo que significa ser un intelectual católico y español en el sentido más profundo y auténtico. Es una muestra de cómo el amor y la pasión por la propia tradición cultural no están reñidos con el rigor científico. En una época de confusión y polarización, la vida y obra de Menéndez Pelayo nos ofrecen una visión integradora y elevada de la fe y la cultura, que sigue siendo profundamente relevante en nuestro tiempo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.7.2. El catolicismo en la generación del 98 ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, ese conjunto de intelectuales que emergió en la España de fin de siglo, se presenta como un crisol de actitudes ante la Iglesia y el catolicismo que, aunque diversas, comparten una cierta distancia crítica. Este grupo, marcado por la crisis de 1898 tras la pérdida de las últimas colonias, se sumerge en una '''profunda reflexión sobre la identidad nacional y, por ende, sobre la Iglesia como institución intrínsecamente ligada a la historia de España'''. Criticaron la '''decadencia de España, atribuyéndola en parte al catolicismo''', y abogaron por una «europeización» del país que, entre otras cosas, comportaba la '''aceptación de los principios liberales y secularistas''' que regían otras naciones europeas.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Al mirar el conjunto de sus obras, se revela una complejidad en la relación de estos escritores con la Iglesia. Por un lado, se observa un '''laicismo marcado y una crítica a la influencia eclesiástica en la política y la educación'''. En esto son deudores del espíritu laicista de la '''Institución Libre de Enseñanza''', la cual formó a muchos de los escritores de la generación del 98 e influyó decisivamente en los otros. Las lecturas comunes en estos autores, imbuidos en gran medida de la filosofía nietzscheana y el positivismo de moda en Europa, los inclinaban inevitablemente hacia un rechazo de la religión. Rechazo que no se trata de mero anticlericalismo, en el sentido de crítica a ciertas formas anticuadas y ampulosas de manifestación de la fe, sino de algo más profundo, una '''dificultad para aceptar el hecho de la revelación cristiana''', en línea con el deísmo ilustrado y panteísta que imperaba en el pensamiento krausista de la Institución Libre de Enseñanza.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otro lado, se nota una cierta '''fascinación por elementos propios de la tradición religiosa católica''', como por ejemplo la figura del sacerdote, aunque a menudo teñida de crítica y estereotipo. Y también una lucha, en algunos autores, entre el deseo de la fe y el rechazo de ella. '''Unamuno''', quizás el más complejo de todos en su relación con la fe, encarna una vivencia «agónica» del cristianismo (Valverde 1979, 489). Su búsqueda espiritual se realiza en un terreno de '''conflicto entre la razón que rechaza la fe y el corazón que quiere aceptarla''', entre la Iglesia institucional y la religiosidad personal. No es anticlerical en el sentido estricto, pero sí crítico con una Iglesia que ve como anquilosada, al mismo tiempo que evidencia una sincera e intensa búsqueda religiosa. Baroja, por su parte, muestra un talante más anárquico. Su crítica a la Iglesia se inscribe en una crítica más amplia a todas las instituciones y estructuras de poder. No es tanto la religión lo que le causa rechazo, sino la institucionalización de la misma.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En resumen, la Generación del 98 no presenta un pensamiento monolítico en lo que tiene que ver con el catolicismo y la Iglesia. Lo que sí comparten es una actitud de cuestionamiento y revisión crítica, una necesidad de redefinir la relación entre la fe y la identidad nacional en un momento de crisis profunda. Y aunque algunos puedan ver en esto un alejamiento de la Iglesia, quizás podría verse también como un llamado a la renovación y al diálogo, un anhelo, en última instancia, de encontrar en la fe y en la Iglesia respuestas a las preguntas eternas que agitaban sus inquietas almas. Por otro lado, también es cierto que los escritores de la generación del 98 eran más dados a la crítica generalizada que a la proposición de soluciones reales. Su afán renovador no cristalizó en proposiciones de cómo esa renovación podría llevarse a cabo, en lo que se refiere a la relación entre la fe católica y los nuevos desafíos sociales de la España del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== 5.7.3. Otras corrientes importantes ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por último, queríamos mencionar un par de corrientes de pensamiento importantes de finales del XIX, y a sus principales representantes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La primera es el '''renacimiento de la filosofía escolástico-tomista'''. Su precursor fue el padre dominico '''Ceferino González''' (1831-1894), que empezó a publicar en la década de 1860. De este modo, creó un ambiente propicio para que hallase eco la encíclica ''Aeterni Patris'' escrita por León XIII en 1879 con el fin de promover los estudios de la filosofía y teología de Santo Tomás de Aquino. De este modo, la renovación intelectual en la que, como dijimos antes, intervinieron sobre todo los dominicos, jesuitas y agustinos, dio lugar a un número importante de obras de carácter neoescolástico. Estas obras tuvieron el mérito de animar intelectualmente los renovados centros de estudios teológicos que aparecieron en el pontificado de León XIII, si bien es cierto que les faltó un tanto de creatividad y capacidad de diálogo con su tiempo. De este renacimiento tomista surgiría un importante autor espiritual, el dominico '''Juan G. Arintero''' (1860-1928), cuya obra daría pie a un encendido debate en torno a la naturaleza de la ascética y la mística cristiana, que caracterizaría la teología espiritual española de comienzos del siglo XX.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La otra es el '''pensamiento católico integrista''', representado sobre todo en la figura del sacerdote de Sabadell '''Félix Sardá y Salvany''' (1831-1916). Se caracterizó por ser el principal ideólogo de la tendencia teológica, filosófica y política que dio en llamarse «integrista». Sus escritos tenían un carácter fuertemente apologético y popular, con títulos muy incisivos y no carentes de un cierto gracejo. Su obra más difundida, ''El liberalismo es pecado'' (1884), alcanzaría gran difusión e influiría en el pensamiento de muchos católicos españoles de finales de siglo. Su tesis principal era que, si bien las formas políticas creadas por el liberalismo podrían en teoría ser aceptables, en la práctica iban siempre acompañadas de los principios del liberalismo filosófico, con lo que debían ser rechazadas de pleno. En el momento en el que apareció, su doctrina estaba en plena sintonía con lo que la Iglesia había enseñado, particularmente con el ''Syllabus'' de Pío IX. Ahora bien, en 1888 León XIII publicaría ''Libertas Praestantissimum'', en la que abría la puerta a los católicos a la colaboración política en los regímenes liberales siempre que rechazaran los principios filosóficos. Este hecho, unido al daño que estaban haciendo las polémicas entre los católicos españoles, motivó que Sardá y Salvany moderase sus posturas hacia otras más conciliadoras, como se manifestó en el artículo ''¡Alto el fuego!'' de 1896.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;Marcelino Menéndez Pelayo destacó por su profunda fe católica y su apasionada defensa de la cultura y la historia españolas, abogando por un enfoque riguroso y abierto en la erudición, y cuyo legado ofrece una visión integradora de la fe y la cultura en tiempos de polarización..&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;La Generación del 98, influida por la Institución Libre de Enseñanza, mantuvo una relación compleja y crítica con la Iglesia y el catolicismo, cuestionando su papel en la identidad nacional de España y abogando por una «europeización» que incluyera principios liberales y secularistas, a la vez que algunos manifestaban inquietud y búsqueda religiosa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:center;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1953in;&amp;quot;&amp;gt;A finales del siglo XIX, destacan el renacimiento tomista representado por Ceferino González y el integrismo católico representado por Félix Sardá y Salvany.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== 5.8. Referencias bibliográficas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Alfonso XII. 1874. «Manifiesto de Sandhurst». https://es.wikisource.org/wiki/Manifiesto_de_Sandhurst.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Bárcena, Alberto. 2019. ''La pérdida de España 1 De Hispania romana al reinado de Alfonso XIII''. Madrid: San Román.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Carballo López, Francisco J. 2017. «La influencia de Rerum Novarum en el catolicismo social español». ''Aportes: Revista de historia contemporánea'' 32 (94): 41-78. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6163829&amp;amp;info=resumen&amp;amp;idioma=SPA.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Cárcel Ortí, Vicente. 1984. «Acatólicos españoles en los albores de la Restauración». ''Anales de Historia Contemporánea'', n.&amp;lt;sup&amp;gt;o&amp;lt;/sup&amp;gt; 3: 101-21. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4088240.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;———. 1989. «San Pío X, los jesuitas y los integristas españoles». ''Archivum Historiae Pontificiae'' 27: 249-355. https://www.jstor.org/stable/23564661.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;———. 2002. ''Historia de la Iglesia en la España contemporánea (siglos XIX y XX)''. Madrid: Palabra.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;García-Villoslada, Ricardo, Vicente Cárcel Ortí, José Manuel Cuenca Toribio, Baldomero Jiménez Duque, Joaquín Luis Ortega Martín, Manuel Revuelta González, Rafael María Sanz de Diego, y Carlos Valverde Mucientes. 1979. ''Historia de la Iglesia en España''. Editado por Ricardo García-Villoslada y Vicente Cárcel Ortí. Vol. V. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;González Miren, Llona. 2018. «El feminismo católico en los años veinte y sus antecedentes ideológicos». ''Vasconia'' 0 (25): 283-99. http://ojs.eusko-ikaskuntza.eus/index.php/vasconia/article/view/750.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Jiménez Duque, Baldomero. 1979. «Espiritualidad y apostolado». En ''Historia de la Iglesia en España V: La España contemporánea'', editado por Ricardo García-Villoslada, 395-474. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;León XIII. 1888. «Libertas praestantissimum». https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_20061888_libertas.html.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Martí Gilabert, Francisco. 2007. ''La Primera República Española 1873-1874''. Madrid: Rialp.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Sala Balust, Luis, y Francisco Martín Hernández. 1966. ''La formación sacerdotal en la Iglesia''. Barcelona: Juan Flors.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Salas Larrazábal, María. 2003. ''Las mujeres de la Acción Católica Española, 1919-1936''. Madrid: Federación de Movimientos de la Acción Católica Española.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Sardá y Salvany, Félix. 1884. ''El liberalismo es pecado''. Barcelona: Librería y tipografía católica. https://archive.org/details/elliberalismoes01salvgoog.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Valverde, Carlos. 1979. «Los católicos y la cultura española». En ''Historia de la Iglesia en España V: La España contemporánea'', editado por Ricardo García-Villoslada, 475-576. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Verdoy Herranz, Alfredo. 1998. «Un misionero popular andaluz de finales del siglo XIX: el jesuita padre Carlos Mazuelos (1836-1913)». En ''In memoriam: estudios dedicados a Antonio María Calero'', 179-88. Pozoblanco: Ayuntamiento de Pozoblanco. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4074085.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.3335in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;Vilarrasa, Eduardo. 1875. ''Historia de la revolución de setiembre: sus causas, sus personajes, sus doctrinas, sus episodios y sus resultados''. Barcelona: Fabricación: Heredero de Pablo Riera. https://bvpb.mcu.es/es/consulta/registro.cmd?id=422843.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<title>La Iglesia en España durante el reinado de Isabel II</title>
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		<updated>2023-08-25T08:25:20Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Juancc trasladó la página La Iglesia en España durante el reinado de Isabel II a La Iglesia en Espana durante el reinado de Isabel II&lt;/p&gt;
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&lt;div&gt;#REDIRECCIÓN [[La Iglesia en Espana durante el reinado de Isabel II]]&lt;/div&gt;</summary>
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		<updated>2023-08-12T19:56:34Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Juancc subió una nueva versión de Archivo:Ruiz Andrés - 2020 - Una mirada a la Transición desde el cambio sociorreligioso (1976-1981) entre la aceleración del proceso de seculari.pdf&lt;/p&gt;
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		<updated>2023-08-10T11:17:31Z</updated>

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&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;</summary>
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		<title>Tema 8 Igl ante secularizacion recortado</title>
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		<updated>2023-08-07T07:28:09Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Juancc trasladó la página Tema 8 Igl ante secularizacion recortado a El proceso secularizador III: pensamiento contemporáneo&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;#REDIRECCIÓN [[El proceso secularizador III: pensamiento contemporáneo]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<title>La secularización en la Ilustración</title>
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		<updated>2023-07-27T10:21:59Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;= {{anchor|Toc459888455}} La Ilustración y la secularización =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292290}} 7.2. Ideas generales sobre la Ilustración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pasamos pues a analizar la siguiente etapa del proceso secularizador: la Ilustración. Este movimiento intelectual, que se prolonga a lo largo de dos siglos, es demasiado extenso y complejo para exponer aquí siquiera el pensamiento de los principales autores. En realidad, la Ilustración puede verse como un esfuerzo combinado, «multidisciplinar» que diríamos hoy, para crear un nuevo orden en todos los ámbitos (cultural, científico, social, político, etc.), que reemplazase al de la Cristiandad. De este modo, entre los pensadores que llamamos ilustrados podemos encontrar aportaciones en todos los ámbitos del saber, como lo ejemplifica la obra característica por excelencia de la Ilustración: la Enciclopedia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Siendo esto así, y teniendo en cuenta las limitaciones a las que debemos ceñirnos en esta exposición, optaremos por presentar de manera general las ideas principales acerca de lo que supone la Ilustración en el proceso secularizador, mencionando acaso a algún autor que ejemplifique un determinado punto, o que haya sido clave para su desarrollo. Por supuesto, entre los distintos pensadores que pueden considerarse ilustrados, que son muchos, habrá diferencias en lo que se refiere a los asuntos que aquí tratamos. No a todos se les pueden aplicar en la misma medida y por igual las afirmaciones que haremos. Más bien, estas ideas generales que presentamos son las que han llegado a formar parte de la cultura secularizada, como si dijéramos el legado o el «poso» que ha quedado en nuestra cultura del conjunto de la Ilustración, y las exponemos en la medida en la que han contribuido a secularizar nuestra cultura.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292291}} 7.3. Imposibilidad del conocimiento de Dios ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Los pensadores ilustrados sólo admitían como fuentes de conocimiento la razón y la experiencia. La fe en una revelación divina queda absolutamente descartada como verdadera fuente de conocimiento. Y, aún la razón y la experiencia, las entendían de manera distinta a como lo hacía el pensamiento clásico cristiano, que veía en ellas un medio para comunicarse con Dios. Vamos a explicar más despacio cómo en la Ilustración se cierran las dos vías de conocimiento de Dios que existen en el pensamiento cristiano clásico y medieval: la razón que es capaz de conocer el mundo y a su Creador, y la fe en la Palabra revelada de Dios. El filósofo ilustrado que asentó los grandes postulados sobre conocimiento humano y su relación con Dios fue I. Kant (1724-1804), cuyo pensamiento daría lugar al idealismo filosófico. El lector ya estará familiarizado con el pensamiento de Kant y los idealistas alemanes, o puede estudiarlo en muchas otras fuentes; por eso consideramos innecesario cargar la exposición con citas y terminología de estos filósofos, prefiriendo comparar las líneas fundamentales del pensamiento ilustrado en general, como indicábamos en la introducción, frente al pensamiento cristiano clásico.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc141292292}} 7.3.1. Negación del conocimiento natural de Dios ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el pensamiento cristiano clásico, recogido por los teólogos medievales, la razón y la experiencia están unidas en el proceso de conocimiento. El ser humano experimenta la realidad sensible a través de sus sentidos, y con su inteligencia es capaz de leer, en esa realidad sensible, el orden racional que Dios ha puesto en ella. Esto es posible porque su inteligencia es una participación en la de Dios, pues está hecho a su imagen. De esta manera, el mundo es un medio por el que Dios se comunica con el hombre. Eso es lo que llamábamos la «revelación natural» de Dios al hombre.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En esta manera de entender el conocimiento humano, Dios es la medida de la verdad. El pensamiento del hombre será verdadero cuando se corresponda con la realidad objetiva que Dios ha creado, y será falso cuando no se corresponda.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Para los ilustrados, esas conexiones entre la experiencia sensible y la razón, entre el hombre y el mundo, y entre el hombre y Dios, se han roto. El hombre ilustrado no tiene interés en conocer el mundo como es, y directamente '''descarta la posibilidad de que haya una verdad objetiva, anterior a él, que pueda y deba descubrir'''. En su lugar, '''se sitúa a sí mismo como fuente de la verdad'''. Es él mismo el que debe utilizar su razón para ir creando una verdad que no tendrá pretensión de ser absoluta y objetiva para todos. En la primera etapa de la Ilustración, se daba por sentado que la razón humana, a la que se consideraba prácticamente infalible, llegaría a unos principios universales aceptados por todos, pues todo el mundo usaría bien de su razón. Pero lo que después iría sucediendo es que el concepto de verdad evolucionaría hacia una verdad no única y absoluta sino múltiple y opinable, que solamente será válida para el que la ha creado usando su propia razón, o para todos aquellos que decidan aceptarla mediante el consenso. Por consiguiente, la verdad estará sujeta a cambios dependiendo del individuo o las circunstancias. Es lo que se llama el «subjetivismo» y el «relativismo».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otra parte, Dios aparece como un mero postulado, como un creador que ha hecho el mundo, y le ha dado sus leyes, pero después lo ha dejado que siga su curso, desentendiéndose por completo de él. '''El mundo no es un medio para que el hombre conozca a Dios usando su razón: ni es esa la intención del creador, ni el hombre puede conocer en realidad ni el mundo ni a Dios''', pues su conocimiento no puede alcanzar la verdad de las cosas. El conocimiento del hombre se limita a los fenómenos, a las cosas tal y como le aparecen a él, sin ninguna garantía de que se correspondan con la realidad. A lo más que puede llegar el conocimiento humano en referencia al mundo, es a establecer una serie de leyes que le sirven para dominarlo mediante la técnica, y de esa manera utilizarlo para su provecho.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc141292293}} 7.3.2. Negación del conocimiento sobrenatural por la fe ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El pensamiento cristiano distingue dos fuentes de conocimiento en el ser humano. Una es la razón, que examina la realidad y aprende de ella. La otra es la fe, que escucha la Palabra que Dios dirige al hombre, y cree en ella. Dios ha querido intervenir en la historia, y hablar a los hombres directamente, como amigos: eso es lo que se llama la «revelación sobrenatural». La finalidad por la que Dios ha llevado a cabo esta iniciativa es doble:&amp;lt;/div&amp;gt;* Para ayudarnos a conocer con certeza verdades importantes que son de orden natural, y podríamos conocer con nuestra razón y la experiencia, pero dada nuestra debilidad tendemos a equivocarnos.&lt;br /&gt;
* Para darnos a conocer otras muchas cosas que nunca podríamos haber aprendido con nuestra razón, pues nos superan enormemente, y tienen que ver con el ser mismo de Dios y con su plan para el hombre y el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.1972in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pues bien, los ilustrados niegan radicalmente la posibilidad de que Dios se revele. Su Dios, como hemos dicho, no se preocupa en absoluto del desarrollo del mundo, y mucho menos pretende intervenir en él. Además, el escuchar una revelación divina y aceptarla, sin comprenderla con su propia razón, sería una actitud infantil, impropia del hombre, adulto que debe adquirir él mismo su propio conocimiento y normas de conducta a través de su razón.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La fe''' queda así reducida, como máximo, a un mero '''acto de voluntad subjetivo''': consiste meramente en una creencia en que Dios existe, a manera de '''postulado de la moral'''. Nosotros experimentamos un sentido del deber, que nos compele a actual moralmente, y eso solamente tiene sentido si hay un Dios ante el que tengamos que responder. Por tanto, aunque no podamos saber si Dios existe o no, hay que actuar «como si Dios existiera». La fe no es una fuente de conocimiento, es simplemente un fundamento necesario para la moral. Por lo tanto, el alcance de la fe queda reducido a la esfera individual: es una motivación subjetiva para que el individuo actúe moralmente. Pero de ninguna manera tiene la fe algo que decir en los asuntos públicos, sociales, políticos, científicos, o cualquier otro ámbito fuera de la intimidad de la conciencia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En general, los ilustrados rechazan la idea de una revelación sobrenatural de Dios que deba ser aceptada por la fe, pero en algunos de ellos este rechazo toma la forma de una crítica vehemente, que es particularmente notoria en los ilustrados franceses. Todo lo que hay de sobrenatural en el cristianismo, y en la Iglesia Católica de manera particular, es rechazado como contrario a la razón y supersticioso. Los ataques a la Iglesia y a la Biblia toman en estos autores un cariz muy agresivo, que acabaría derivando en persecución religiosa contra los cristianos a partir de la Revolución Francesa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292294}} 7.4. Antropocentrismo exclusivo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estamos acostumbrados a estudiar, en la historia del pensamiento occidental, que el Renacimiento y el Humanismo marcaron el cambio de orientación en ese pensamiento, de una mentalidad teocéntrica a una antropocéntrica, y que luego la Modernidad sería el desarrollo de ese antropocentrismo. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esa explicación puede ser bien entendida, siempre que se tenga presente una distinción de crucial importancia. Como dijimos en el tema anterior, '''el humanismo renacentista es esencialmente cristiano, y no se entiende sin la referencia a Dios'''. El hombre es grande y digno de atención porque es imagen de Dios. El colocar a Dios en el centro no quita grandeza al hombre, sino al contrario, se la aumenta. Eso es porque no se ve a Dios como un competidor del hombre por ocupar el papel protagonista en el desarrollo de este mundo, sino como un Padre que quiere promover a sus hijos a la más alta dignidad posible. En este sentido, el pensamiento humanista del Renacimiento está en plena continuidad con el medieval: antropocentrismo y teocentrismo van de la mano, porque el hombre y Dios no compiten por el mismo lugar, sino que cada uno ocupa el que les corresponde, en su relación como criatura y Creador.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Podríamos usar la comparación de una obra teatral, de la que Dios sería el productor y director, y el hombre estuviera llamado a ser el protagonista. Cuanto más se eleve la calidad artística del director y de la obra, más relieve adquirirá también el papel del actor principal, y a su vez el buen trabajo que desempeñe este último redundará en mayor prestigio para el director y su obra. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La verdadera revolución es la que se introduce con el '''paso a la Modernidad,''' pues es ahí donde se introduce un '''antropocentrismo exclusivo'''. Se introduce la idea de que el asumir una dependencia con respecto a Dios disminuiría la dignidad del hombre, en lugar de acrecentarla. Por tanto, para ensalzar al ser humano es necesario eliminar a Dios de la ecuación.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La Ilustración da un primer paso: sin negar la existencia de Dios, simplemente lo arrincona''', convirtiéndolo en un postulado no demostrable, y afirmando que en cualquier caso Dios no interviene en el mundo. El proceso culminará más adelante, con los humanismos ateos de finales del s. XIX y principios del XX, que negarán militantemente la existencia de Dios.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Ilustración, por su parte, '''buscará construir una fundamentación para la dignidad humana que no requiera de ninguna referencia a Dios'''. Fundamenta el valor del hombre desde el mismo hombre. Esto lo hace, fundamentalmente, por cuatro vías:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
# '''Fe en el poder humano''': Los pensadores de la Ilustración tenían una gran confianza en la razón humana y su capacidad para entender y mejorar el mundo. Este enfoque se centraba en lo que los humanos pueden lograr por sí mismos, en lugar de depender de fuerzas divinas o sobrenaturales.&lt;br /&gt;
# '''Humanismo secular''': Muchos de los valores de la Ilustración, como la dignidad y la libertad humanas, se centran en el bienestar humano. Aunque algunos pensadores de la Ilustración daban un cierto valor a la creencia en Dios, la tendencia general fue hacia un humanismo secular que pone el énfasis en la vida humana en este mundo, y la religión es válida en cuanto ofrece un soporte subjetivo que ayuda a conseguir los bienes intramundanos.&lt;br /&gt;
# '''Control sobre la naturaleza''': La Ilustración también se caracteriza por la creencia en la capacidad de la humanidad para controlar y manipular la naturaleza para su beneficio. Esto se vio en el auge de la ciencia y la tecnología durante este periodo.&lt;br /&gt;
# '''Antropocentrismo en la ética y la política''': En la ética y la política, la Ilustración insistía en la necesidad de una autonomía moral del hombre. Debe ser el propio ser humano el que determine, empleando su razón, las normas de su conducta. El recibir normas morales de una instancia superior sería indigno del hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292295}} 7.5. Deísmo y religión ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Aunque entre los pensadores ilustrados hubo una amplia gama de posturas religiosas, desde el ateísmo de Holbach hasta el teísmo piadoso de Newton, la postura más característica de la Ilustración con respecto a la relación con Dios es el '''deísmo'''. Ya lo hemos descrito como una creencia teológica que '''sostiene la existencia de un Dios creador, pero niega que éste interfiera en los asuntos del universo después de su creación'''. En esta visión, Dios no se revela sobrenaturalmente a través de textos sagrados o profetas, ni tampoco podemos conocerlo por analogía con las cosas creadas. A lo más que podemos llegar es a postular su existencia como una hipótesis necesaria de trabajo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el pensamiento deísta, ese Dios que no tiene interés por intervenir en el mundo '''tampoco muestra ningún aprecio por el culto que se le tribute'''. Se trata más bien de un '''ente abstracto, impersonal, con el que no tiene sentido establecer una relación'''. En ese sentido, los cultos y ritos religiosos carecerían de valor en sí mismos. Como consecuencia, las instituciones religiosas tampoco son necesarias.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Para los ilustrados''', la religión consiste esencialmente en llevar una vida moralmente correcta'''. En esta manera de entender la religión, '''la verdadera Iglesia sería invisible''' (obsérvese la conexión con Lutero), y consistiría en una comunidad ética de personas bienintencionadas. La religión, ante todo, es un acto racional, por el que el hombre determina las obras que debe hacer y las que debe evitar, y se determina a vivir conforme a esos principios.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Las instituciones religiosas, los ritos y cultos, serían solamente útiles en la medida en la que ayuden al hombre a vivir de manera moral'''. La Ilustración rechaza la superstición, que pretende ganarse el favor divino mediante la realización de determinadas ceremonias, atribuyéndoles un significado cuasi mágico, y con eso podemos estar de acuerdo. Pero rechaza de la misma manera que la oración o los ritos litúrgicos sean una manera de entablar una relación personal con Dios y de recibir el auxilio de su gracia. Todos esos actos sólo sirven como apoyo subjetivo, para quien lo necesite, y como tal son perfectamente prescindibles. No entra dentro de su pensamiento el hablar de una Iglesia o unos ritos necesarios para la salvación.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Más aún, el mismo concepto de salvación es criticable para los ilustrados, por cuanto implica obrar en vistas a una recompensa o castigo. El hombre moral ilustrado debe obrar únicamente por sentido del deber, por fidelidad a su propia conciencia. Lo contrario es una «heteronomía» infantil, impropia de una humanidad que ha alcanzado la mayoría de edad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292296}} 7.6. Moral autónoma ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otra característica clave de la Ilustración es la defensa de la '''autonomía moral'''. Es decir, '''el ser humano debe darse a sí mismo su propia ley moral por medio de su razón'''. Del mismo modo, también debe encontrar en esa razón la motivación para obrar bien. Es decir: tiene que usar su razón para discernir cuáles son los principios de comportamiento que considera correctos, y también aceptar racionalmente el deber de obrar conforme a ellos. Este discernimiento de la razón, en teoría, debería llevar a todos los seres humanos a coincidir en los mismos principios morales, pues la razón bien usada por parte de todos debería conducir a ese resultado.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Según Kant, la ética debe limitarse a esto, a decir a los individuos cuál debe ser el criterio para que disciernan lo que es bueno (que no obren según sus sentimientos o intereses personales, sino conforme a las leyes universales que disciernan con su razón), y dejar que sean ellos los que usen su razón para discernir los principios particulares. Habrá otros autores entre los ilustrados, sobre todo en el ámbito anglosajón, que sí enunciarán preceptos concretos, en la forma de '''derechos naturales inalienables del ser humano''', como el derecho a la vida, la libertad o la propiedad. Pero siempre '''fundamentando estos derechos en el juicio de la razón que los ha discernido, nunca fundándolos en una autoridad externa o una revelación divina'''. Para la Ilustración, recordemos, Dios es un postulado indemostrable, cuya existencia se asume, pero no tiene influencia directa en el comportamiento moral. El único fundamento para la moral es la propia razón humana.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esta '''moral autónoma se considera el requisito necesario para que exista verdadera libertad'''. El hombre será libre cuando sea él mismo el que se dé sus propias leyes morales. Por el contrario, acoger leyes de conducta dadas por una instancia superior («heteronomía»), como puede ser Dios que se revela al hombre, se considera un estado de inmadurez y falta de libertad, propio del pasado y ya superado. Debemos tener presente que la concepción de libertad ilustrada es la que definíamos como '''libertad absoluta, una libertad como simple arbitrio''' para elegir o no, donde el mayor número de opciones disponibles conlleva una mayor cantidad de libertad. Se diferencia de la concepción cristiana de libertad, que no se considera un fin en sí misma, sino que está orientada hacia su plena realización en el amor: en el pensamiento cristiano, no prima la cantidad de opciones disponibles, sino la cualidad, el cómo se usa esa libertad, para hacer que la libertad sea buena.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292297}} 7.7. Origen de la autoridad y del derecho ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El principio de autonomía rige la moral del individuo. Al mismo tiempo, el ideal de la moral ilustrada es una libertad lo más amplia posible, en lo que se refiere a la posibilidad de elegir: se trata de eliminar todos los límites posibles en el ejercicio del libre arbitrio. Nos preguntamos ahora: ¿cómo se refleja esto a nivel colectivo, en la organización de la sociedad? Bien, a partir de los principios ilustrados se desarrollará la teoría del '''liberalismo político''', que aboga por la protección de los derechos individuales y la limitación del poder del Estado, con el objetivo de salvaguardar la libertad individual.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero, a pesar de esta insistencia en la autonomía y la libertad del individuo, sigue siendo necesario justificar la existencia de una sociedad, y de una autoridad que la rija. En el pensamiento cristiano, recordemos, la cohesión social viene dada por la referencia a Dios, origen último de la autoridad, que la delega en los gobernantes, a quienes los súbditos obedecen como representantes de Dios. ¿Qué dice la Ilustración?&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el pensamiento ilustrado, eliminada la referencia a Dios, hay que buscar otro fundamento para la autoridad, que aglutine a la sociedad. Este fundamento será la '''teoría del «contrato social»'''. Simplificando, esta teoría viene a decir lo siguiente: Los individuos están dotados de derechos naturales inalienables por ser seres humanos, derechos que la razón pone de manifiesto. Todos los hombres son libres e iguales por naturaleza, y tienen una serie de derechos que les pertenecen. Pero, '''para poder garantizar el ejercicio de sus derechos sin que otros se lo impidan, los individuos ceden parcialmente esos derechos''' a un estado, que se encargará de gobernar la sociedad de hombres libres. Eso lo pueden hacer porque son totalmente dueños de sí y de sus derechos, '''cada hombre es «soberano» de sí mismo, y cede su soberanía al estado'''. Por lo tanto, el origen de la autoridad y la soberanía están en el mismo individuo, sin que haya ninguna instancia ulterior (divina) ante la que respondan, y sólo por una decisión libre de los individuos, esa soberanía será cedida a los gobernantes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Si nos preguntamos por el origen del derecho, según lo que hemos dicho los ilustrados, inicialmente, defendían una forma de derecho natural. Ahora bien, se distinguían claramente de la concepción cristiana por el hecho de que no veían en las leyes naturales un reflejo de la sabiduría divina que había creado la naturaleza, sino simplemente un reflejo de la razón humana que las descubre. El paso siguiente, cuando Kant diga que la razón humana no puede conocer cómo son las cosas en sí, sino solamente postular ideas que rijan nuestro comportamiento, será decir que '''la razón no descubre las leyes naturales, sino que las crea'''. Esa será la concepción que se impondrá con el liberalismo, tras la Revolución Francesa. '''Los derechos del hombre ya no serán algo inherente a ellos por naturaleza''', anterior al estado, '''sino algo que el estado''', usando de la soberanía que le han otorgado los individuos libres mediante el consenso, '''les otorga a los ciudadanos'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por lo tanto, puede observarse cómo el iusnaturalismo inicial reconocía una ley natural: las leyes son obligatorias porque son justas, el legislador debe reconocer una justicia natural anterior a él y adaptarse a ella. Pero le quitaba su fundamento en Dios, poniéndolo solamente en el hombre (iusnaturalismo antropocéntrico). Obsérvese que hay en ello una incoherencia: se reconoce una ley en la naturaleza, en una naturaleza que el hombre no ha creado, pero la ley misma sí sería creada por el hombre. Al final, se elimina este equilibrio inestable, y '''la Ilustración acaba derivando en el iuspositivismo: las leyes son justas porque son obligatorias''', el legislador es fuente de la justicia. Esta será la concepción del derecho que se imponga en los estados liberales (Hanisch 1974, 161).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292298}} 7.8. Valoración: la Ilustración como desvinculación ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Hemos titulado esta parte «La Ilustración y la desvinculación de la revelación divina», insertándola así dentro de un proceso de progresiva ruptura de los vínculos del hombre con Dios, que es la esencia de la secularización. En este proceso, vendría a recoger la herencia del protestantismo, que había roto el vínculo del creyente con la comunidad eclesial, dejando al individuo solo en su relación con Dios; y el vínculo entre fe y razón o entre lo sobrenatural y lo natural, negando al ámbito de la fe cualquier influencia sobre el ámbito secular.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Ilustración profundizará esta desvinculación, dando el paso de '''negar la posibilidad de una comunicación entre Dios y el hombre'''. Aún se mantiene la creencia en que Dios existe, ya como un postulado necesario para explicar la existencia del mundo (es decir, como Creador), ya como un postulado de la moral que nos mueva a obrar bien. Pero se le niega toda posibilidad de intervenir en el mundo una vez lo ha creado, ni de relacionarse con el hombre.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;También se mantiene un cierto vínculo con la naturaleza, principalmente al comienzo de la Ilustración, reconociendo que el ser humano puede conocerla y descubrir leyes en ella, no solamente en lo que se refiere a las nacientes ciencias empíricas, sino además en aspectos morales: se reconoce una ley natural. Pero hacia el final de la Ilustración, fruto sobre todo del Idealismo alemán iniciado por Kant, '''se abandonará también la vinculación con una naturaleza que es normativa para el comportamiento humano, y se proclamará una razón humana creadora de los principios morales''', referencia última del bien y del mal.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se ha hablado en ocasiones de la Ilustración como el «endiosamiento de la razón», concepto que fue materialmente realizado en la Revolución Francesa proclamando el culto a la razón como la religión oficial del estado, y dedicando de manera burlesca la catedral de Notre Dame a la Diosa Razón. Pero más allá de esos excesos violentos, lo cierto es que para los pensadores ilustrados, en general, '''la razón humana viene a ocupar el lugar que antes ocupaba Dios'''. Puede aquí hablarse de una '''pretensión de autodivinización''' del hombre.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se tenía una confianza absoluta en la razón humana, de manera análoga a la confianza absoluta que el cristiano tiene en Dios. Se pensaba que esa confianza en la razón llevaría a la humanidad a su estado de plenitud, una plenitud que se habría dado el hombre a sí mismo: ya sería autónomo, y no necesitaría de Dios. Todo gracias a su razón.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A la larga, y en vista de las grandes catástrofes causadas en nombre de la razón y la ciencia durante los siglos XIX y XX, donde han tenido lugar las peores guerras y genocidios de la historia de la humanidad, esa confianza ilimitada en la razón se vendrá abajo. Tendrá lugar un enérgico movimiento pendular hacia el lado contrario, con una total desconfianza hacia la razón humana y su capacidad de hallar la verdad. Se dará así lugar a la posmodernidad, una época caracterizada por la minusvaloración de lo racional y objetivo en favor de lo emocional y subjetivo, que llega hasta nuestros días. Pero esto es adelantar acontecimientos, lo trataremos en detalle en el próximo tema.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292299}} 7.9. Expansión de las ideas ilustradas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Los Ilustrados pensaban que su época era el fruto de la madurez o mayoría de edad de la humanidad, la salida de la «culpable minoría de edad» de los tiempos pasados, en los que se dependía de la autoridad y la tradición en lugar de confiar en el uso de la razón. Por lo tanto, desde este punto de vista, podría decirse que consideraban los avances hacia la secularización que se dieron durante la Ilustración como el fruto de una ley histórica en la que la humanidad progresa hacia su madurez. En cualquier caso, esta ha sido la idea que ha quedado a manera de poso en nuestra cultura actual: la Ilustración, y la secularización que trajo consigo, serían un avance en la evolución del ser humano, dentro de una concepción de la historia humana como un progreso indefinido.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A este respecto, nosotros seguimos repitiendo nuestra tesis principal: el proceso secularizador no ha sido el fruto de una ley histórica ineludible, ni del necesario progreso de la humanidad, sino de las acciones libres de las personas que han elegido orientar los acontecimientos en una determinada dirección. Cuando hablábamos del protestantismo, poníamos estas acciones libres en la decisión de los llamados reformadores de romper con la Iglesia, y en el apoyo que los gobernantes dieron a estas ideas con el fin de extender su poder al ámbito religioso desvinculándose de la autoridad papal. Ahora, en el caso de la Ilustración, nos parece que también se debe señalar que '''el triunfo de la secularización ilustrada no se fue dando en los pueblos de manera simplemente espontánea''', sino que hubo al menos dos '''factores que fueron claves''' para orientar las sociedades europeas en esa dirección:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
# '''La violencia revolucionaria''': Las ideas de la Ilustración, en lo que se refiere al orden social, y particularmente a la secularización de la sociedad, fueron impuestas primero en Francia por la acción violenta de la revolución de 1789, en sus sucesivas etapas de Asamblea, Convención y Directorio, y luego a partir de 1799 se extendería al resto de Europa mediante la fuerza militar de los ejércitos napoleónicos. A lo largo del siglo XIX se seguirían produciendo revoluciones violentas en diferentes naciones europeas, que buscaban imponer el orden social liberal que era fruto de la Ilustración. En esas revoluciones, el espíritu antirreligioso solía estar presente en mayor o menor medida. Por otro lado, la revolución de las colonias británicas norteamericanas de 1775 tuvo también su fundamento en las ideas ilustradas, pero es cierto que en su desarrollo no estuvo tan presente el espíritu contrario a la religión como en las revoluciones que tuvieron lugar en la Europa continental. Algo similar se puede decir de las revoluciones que llevaron a la independencia de los países de la América hispana a principios del siglo XIX , que en un primer momento fueron respetuosas con la religión católica de la población. Aunque en este punto debemos hacer distinciones, pues hay algunos casos de naciones de la América hispana que derivarían después, ya avanzado el siglo XIX, en un secularismo agresivo y violento.&lt;br /&gt;
# '''Las sociedades secretas''': A partir del siglo XVIII, con el desarrollo de la Ilustración, se crearon asociaciones para promover la implantación de las ideas ilustradas en la sociedad, generalmente de carácter secreto. La más conocida y la principal es la Masonería, nacida en Londres en 1717, que luego se iría escindiendo en diferentes ramas a lo largo de distintas naciones. Existen numerosos testimonios de conexiones de estas sociedades con la organización de las revoluciones, así como de las persecuciones religiosas que han llevado aparejadas. Testimonios que son tanto más elocuentes cuando se tiene en cuenta la naturaleza secreta de las sociedades en cuestión, que tiende precisamente a silenciar los testimonios de su actividad. La Iglesia Católica ha declarado en numerosas ocasiones la incompatibilidad de la pertenencia a estas sociedades con la pertenencia a la Iglesia, debido a que sus doctrinas fundamentales chocan con los principios de la fe en asuntos como el deísmo, el antropocentrismo exclusivo, la concepción autónoma de la razón, la libertad y la moral humanas, o la negación de la revelación sobrenatural (Bárcena 2016).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292300}} 7.10. Particularidades de España y la América española ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El comienzo de la Ilustración coincidió aproximadamente con el reinado de Felipe V (1700-1746), el primero de la dinastía borbónica en el trono español. Sería durante el reinado de su hijo y tercer sucesor, Carlos III (1759-1788), cuando las ideas de lo que se llamó el «despotismo ilustrado», proveniente de Francia, penetrarían con fuerza en la Corte y en algunos ambientes intelectuales. No obstante, '''los primeros ilustrados españoles''' (Jovellanos, Floridablanca, Feijoo, Florez, etc.), '''si bien acogieron el espíritu crítico y racional de la Ilustración, no secundaron con tanto ahínco el aspecto anticatólico''' que cundía entre los ilustrados franceses.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Ciertamente, en algunos sectores de las clases altas empezaba a aparecer una actitud de recelo o desdén hacia la religión católica, pero todo el mundo profesaba esta religión al menos externamente. La Iglesia seguía presente en todos los ámbitos de la sociedad, desde el pueblo llano que seguía considerándose íntegramente católico, hasta la política, en la que la colaboración del Estado con la Iglesia seguía sin cuestionarse. Recordemos que fue en tiempos de Carlos III cuando tuvo lugar el último gran impulso de las misiones españolas en América, bajo el patrocinio de la Corona: la evangelización de la Alta California, cuya figura más destacada fue Fray Junípero Serra. Bien es cierto que hubo desencuentros en este sentido, como la expulsión de los jesuitas, pero también habían sucedido episodios similares en la Cristiandad medieval sin que eso supusiera un cambio en el paradigma social.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc141292301}} 7.10.1. En la España peninsular ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Los eventos acaecidos en Francia a finales del XVIII durante la Revolución causaron un profundo rechazo en España, de manera similar a lo que había sucedido antes con el protestantismo. Incluso se unió a la Primera Coalición para hacer la guerra a la Francia revolucionaria en 1793, pero el poderío militar español de entonces no era el de dos siglos antes, y no tuvo éxito. Tampoco disponía de las armas intelectuales para combatir las ideas revolucionarias, como hicieron las universidades españolas del siglo XVI con las ideas de Lutero. Con todo, esto no obstaba para que el rechazo por las ideas revolucionarias fuera absoluto.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Cuando las tropas napoleónicas entraron en la Península Ibérica en 1808, dando lugar a la Guerra de la Independencia, ésta tomó un cariz esencialmente religioso'''. Entre las motivaciones de los españoles que se sublevaban contra el dominio francés, la defensa del catolicismo ocupaba un papel principal. Asimismo, la Constitución promulgada en Cádiz en 1812, durante la guerra, seguía siendo confesionalmente católica, a pesar de incluir muchos de los principios liberales.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, aunque el resultado de la guerra expulsó al invasor francés, '''las doctrinas liberales y secularistas que traía se quedaron a partir de entonces en el territorio español'''. No ciertamente aceptadas por la totalidad de la población, pero sí por una porción que fue creciendo, dando lugar a lo que se ha conocido como '''«las dos Españas»'''. El enfrentamiento entre esas dos maneras de entender la sociedad, '''una fiel al tradicional orden social cristiano, otra partidaria del orden secularista liberal''', caracterizará la historia contemporánea de España, siendo la causa profunda de numerosos enfrentamientos, persecuciones y guerras.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc141292302}} 7.10.2. En la América hispana ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Lo dicho para la España peninsular hasta el comienzo del siglo XIX vale también para la entonces España americana, pues aún existía esa unidad moral de la que hablábamos en el tema anterior.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero a partir de la invasión napoleónica, se iniciaron una serie de procesos de independencia, cuyo año de comienzo se suele señalar en 1810. El detonante fue, en gran medida, el rechazo a la nueva monarquía impuesta por Napoleón en la persona de José Bonaparte, que '''se veía como una amenaza para la fe católica''' que los pueblos de la América hispana tenían como seña de identidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Entre las principales figuras de esos procesos de independencia, los llamados «libertadores» (Bolívar, San Martín, Hidalgo)), la tónica general es la de declararse personalmente católicos e ideológicamente propensos al liberalismo. Con respecto al papel de la Iglesia en la sociedad, '''solían ser defensores de la separación Iglesia-Estado, y criticaban la tendencia del clero a apoyar la monarquía española, pero al mismo tiempo respetaron la religión católica de la población y las instituciones religiosas'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero '''a medida que avanzara el siglo XIX, irían haciendo acto de presencia el anticatolicismo y la persecución religiosa''' en las recién creadas naciones hispanoamericanas. Por supuesto, el proceso fue distinto en cada una de ellas, y habría que pormenorizar los casos particulares (tema que corresponde a otra asignatura). Podemos mencionar como caso destacado el de México: Durante y después de la Guerra de Reforma (1857-1861), los liberales mexicanos, liderados por Benito Juárez, implementaron una serie de reformas anticlericales para reducir el poder y la influencia de la Iglesia Católica. Estas reformas incluyeron la expropiación de bienes eclesiásticos, la supresión de órdenes religiosas y la secularización de la educación. Su ejemplo sería seguido, por mencionar otro ejemplo, en Guatemala, donde el gobierno de Justo Rufino Barrios (1873-1885) implementó reformas anticlericales similares a las de México. Nos encontraremos también con casos como el de Ecuador, en el que un presidente como Gabriel García Moreno (1861-1875), favorable a la presencia de la religión católica en la sociedad, sería asesinado por grupos anticatólicos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
	<entry>
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		<title>La secularización en la Ilustración</title>
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		<updated>2023-07-27T10:06:26Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;= {{anchor|Toc459888455}} La Ilustración y la secularización =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292289}} 7.1. Introducción y objetivos ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Seguimos recorriendo el proceso histórico de la secularización. Tras haber estudiado el protestantismo, nos fijamos ahora en el siguiente hito, que se corresponde con la Ilustración. La clave para comprender el papel de la Ilustración en la secularización está en verla como la desvinculación del hombre con la revelación divina. Es decir, la ilustración corta el hilo de comunicación entre Dios y el hombre, aun cuando siga admitiendo la existencia de Dios en abstracto. En la práctica, eso es como hacer desaparecer a Dios, paso que darán explícitamente los autores que estudiemos en el próximo tema.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En este séptimo tema nos proponemos los siguientes objetivos:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Explicar cómo la Ilustración niega la posibilidad del conocimiento de Dios, que el pensamiento cristiano afirma.&lt;br /&gt;
* Mostrar las diferencias entre el antropocentrismo exclusivo de la ilustración y el antropocentrismo cristiano renacentista.&lt;br /&gt;
* Explicar el lugar de la religión en la concepción deísta ilustrada.&lt;br /&gt;
* Exponer el concepto de moral autónoma y sus reflejos en la política y el derecho: el liberalismo y iuspositivismo, característicos de la Ilustración.&lt;br /&gt;
* Valorar la Ilustración en cuanto supone un paso más en la desvinculación del hombre con respecto a Dios.&lt;br /&gt;
* Explicar cómo se difundieron las ideas ilustradas y la secularización que llevaban consigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292294}} 7.4. Antropocentrismo exclusivo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estamos acostumbrados a estudiar, en la historia del pensamiento occidental, que el Renacimiento y el Humanismo marcaron el cambio de orientación en ese pensamiento, de una mentalidad teocéntrica a una antropocéntrica, y que luego la Modernidad sería el desarrollo de ese antropocentrismo. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esa explicación puede ser bien entendida, siempre que se tenga presente una distinción de crucial importancia. Como dijimos en el tema anterior, '''el humanismo renacentista es esencialmente cristiano, y no se entiende sin la referencia a Dios'''. El hombre es grande y digno de atención porque es imagen de Dios. El colocar a Dios en el centro no quita grandeza al hombre, sino al contrario, se la aumenta. Eso es porque no se ve a Dios como un competidor del hombre por ocupar el papel protagonista en el desarrollo de este mundo, sino como un Padre que quiere promover a sus hijos a la más alta dignidad posible. En este sentido, el pensamiento humanista del Renacimiento está en plena continuidad con el medieval: antropocentrismo y teocentrismo van de la mano, porque el hombre y Dios no compiten por el mismo lugar, sino que cada uno ocupa el que les corresponde, en su relación como criatura y Creador.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Podríamos usar la comparación de una obra teatral, de la que Dios sería el productor y director, y el hombre estuviera llamado a ser el protagonista. Cuanto más se eleve la calidad artística del director y de la obra, más relieve adquirirá también el papel del actor principal, y a su vez el buen trabajo que desempeñe este último redundará en mayor prestigio para el director y su obra. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La verdadera revolución es la que se introduce con el '''paso a la Modernidad,''' pues es ahí donde se introduce un '''antropocentrismo exclusivo'''. Se introduce la idea de que el asumir una dependencia con respecto a Dios disminuiría la dignidad del hombre, en lugar de acrecentarla. Por tanto, para ensalzar al ser humano es necesario eliminar a Dios de la ecuación.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La Ilustración da un primer paso: sin negar la existencia de Dios, simplemente lo arrincona''', convirtiéndolo en un postulado no demostrable, y afirmando que en cualquier caso Dios no interviene en el mundo. El proceso culminará más adelante, con los humanismos ateos de finales del s. XIX y principios del XX, que negarán militantemente la existencia de Dios.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Ilustración, por su parte, '''buscará construir una fundamentación para la dignidad humana que no requiera de ninguna referencia a Dios'''. Fundamenta el valor del hombre desde el mismo hombre. Esto lo hace, fundamentalmente, por cuatro vías:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
# '''Fe en el poder humano''': Los pensadores de la Ilustración tenían una gran confianza en la razón humana y su capacidad para entender y mejorar el mundo. Este enfoque se centraba en lo que los humanos pueden lograr por sí mismos, en lugar de depender de fuerzas divinas o sobrenaturales.&lt;br /&gt;
# '''Humanismo secular''': Muchos de los valores de la Ilustración, como la dignidad y la libertad humanas, se centran en el bienestar humano. Aunque algunos pensadores de la Ilustración daban un cierto valor a la creencia en Dios, la tendencia general fue hacia un humanismo secular que pone el énfasis en la vida humana en este mundo, y la religión es válida en cuanto ofrece un soporte subjetivo que ayuda a conseguir los bienes intramundanos.&lt;br /&gt;
# '''Control sobre la naturaleza''': La Ilustración también se caracteriza por la creencia en la capacidad de la humanidad para controlar y manipular la naturaleza para su beneficio. Esto se vio en el auge de la ciencia y la tecnología durante este periodo.&lt;br /&gt;
# '''Antropocentrismo en la ética y la política''': En la ética y la política, la Ilustración insistía en la necesidad de una autonomía moral del hombre. Debe ser el propio ser humano el que determine, empleando su razón, las normas de su conducta. El recibir normas morales de una instancia superior sería indigno del hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292297}} 7.7. Origen de la autoridad y del derecho ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El principio de autonomía rige la moral del individuo. Al mismo tiempo, el ideal de la moral ilustrada es una libertad lo más amplia posible, en lo que se refiere a la posibilidad de elegir: se trata de eliminar todos los límites posibles en el ejercicio del libre arbitrio. Nos preguntamos ahora: ¿cómo se refleja esto a nivel colectivo, en la organización de la sociedad? Bien, a partir de los principios ilustrados se desarrollará la teoría del '''liberalismo político''', que aboga por la protección de los derechos individuales y la limitación del poder del Estado, con el objetivo de salvaguardar la libertad individual.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero, a pesar de esta insistencia en la autonomía y la libertad del individuo, sigue siendo necesario justificar la existencia de una sociedad, y de una autoridad que la rija. En el pensamiento cristiano, recordemos, la cohesión social viene dada por la referencia a Dios, origen último de la autoridad, que la delega en los gobernantes, a quienes los súbditos obedecen como representantes de Dios. ¿Qué dice la Ilustración?&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el pensamiento ilustrado, eliminada la referencia a Dios, hay que buscar otro fundamento para la autoridad, que aglutine a la sociedad. Este fundamento será la '''teoría del «contrato social»'''. Simplificando, esta teoría viene a decir lo siguiente: Los individuos están dotados de derechos naturales inalienables por ser seres humanos, derechos que la razón pone de manifiesto. Todos los hombres son libres e iguales por naturaleza, y tienen una serie de derechos que les pertenecen. Pero, '''para poder garantizar el ejercicio de sus derechos sin que otros se lo impidan, los individuos ceden parcialmente esos derechos''' a un estado, que se encargará de gobernar la sociedad de hombres libres. Eso lo pueden hacer porque son totalmente dueños de sí y de sus derechos, '''cada hombre es «soberano» de sí mismo, y cede su soberanía al estado'''. Por lo tanto, el origen de la autoridad y la soberanía están en el mismo individuo, sin que haya ninguna instancia ulterior (divina) ante la que respondan, y sólo por una decisión libre de los individuos, esa soberanía será cedida a los gobernantes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Si nos preguntamos por el origen del derecho, según lo que hemos dicho los ilustrados, inicialmente, defendían una forma de derecho natural. Ahora bien, se distinguían claramente de la concepción cristiana por el hecho de que no veían en las leyes naturales un reflejo de la sabiduría divina que había creado la naturaleza, sino simplemente un reflejo de la razón humana que las descubre. El paso siguiente, cuando Kant diga que la razón humana no puede conocer cómo son las cosas en sí, sino solamente postular ideas que rijan nuestro comportamiento, será decir que '''la razón no descubre las leyes naturales, sino que las crea'''. Esa será la concepción que se impondrá con el liberalismo, tras la Revolución Francesa. '''Los derechos del hombre ya no serán algo inherente a ellos por naturaleza''', anterior al estado, '''sino algo que el estado''', usando de la soberanía que le han otorgado los individuos libres mediante el consenso, '''les otorga a los ciudadanos'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por lo tanto, puede observarse cómo el iusnaturalismo inicial reconocía una ley natural: las leyes son obligatorias porque son justas, el legislador debe reconocer una justicia natural anterior a él y adaptarse a ella. Pero le quitaba su fundamento en Dios, poniéndolo solamente en el hombre (iusnaturalismo antropocéntrico). Obsérvese que hay en ello una incoherencia: se reconoce una ley en la naturaleza, en una naturaleza que el hombre no ha creado, pero la ley misma sí sería creada por el hombre. Al final, se elimina este equilibrio inestable, y '''la Ilustración acaba derivando en el iuspositivismo: las leyes son justas porque son obligatorias''', el legislador es fuente de la justicia. Esta será la concepción del derecho que se imponga en los estados liberales (Hanisch 1974, 161).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292298}} 7.8. Valoración: la Ilustración como desvinculación ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Hemos titulado esta parte «La Ilustración y la desvinculación de la revelación divina», insertándola así dentro de un proceso de progresiva ruptura de los vínculos del hombre con Dios, que es la esencia de la secularización. En este proceso, vendría a recoger la herencia del protestantismo, que había roto el vínculo del creyente con la comunidad eclesial, dejando al individuo solo en su relación con Dios; y el vínculo entre fe y razón o entre lo sobrenatural y lo natural, negando al ámbito de la fe cualquier influencia sobre el ámbito secular.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Ilustración profundizará esta desvinculación, dando el paso de '''negar la posibilidad de una comunicación entre Dios y el hombre'''. Aún se mantiene la creencia en que Dios existe, ya como un postulado necesario para explicar la existencia del mundo (es decir, como Creador), ya como un postulado de la moral que nos mueva a obrar bien. Pero se le niega toda posibilidad de intervenir en el mundo una vez lo ha creado, ni de relacionarse con el hombre.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;También se mantiene un cierto vínculo con la naturaleza, principalmente al comienzo de la Ilustración, reconociendo que el ser humano puede conocerla y descubrir leyes en ella, no solamente en lo que se refiere a las nacientes ciencias empíricas, sino además en aspectos morales: se reconoce una ley natural. Pero hacia el final de la Ilustración, fruto sobre todo del Idealismo alemán iniciado por Kant, '''se abandonará también la vinculación con una naturaleza que es normativa para el comportamiento humano, y se proclamará una razón humana creadora de los principios morales''', referencia última del bien y del mal.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se ha hablado en ocasiones de la Ilustración como el «endiosamiento de la razón», concepto que fue materialmente realizado en la Revolución Francesa proclamando el culto a la razón como la religión oficial del estado, y dedicando de manera burlesca la catedral de Notre Dame a la Diosa Razón. Pero más allá de esos excesos violentos, lo cierto es que para los pensadores ilustrados, en general, '''la razón humana viene a ocupar el lugar que antes ocupaba Dios'''. Puede aquí hablarse de una '''pretensión de autodivinización''' del hombre.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se tenía una confianza absoluta en la razón humana, de manera análoga a la confianza absoluta que el cristiano tiene en Dios. Se pensaba que esa confianza en la razón llevaría a la humanidad a su estado de plenitud, una plenitud que se habría dado el hombre a sí mismo: ya sería autónomo, y no necesitaría de Dios. Todo gracias a su razón.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A la larga, y en vista de las grandes catástrofes causadas en nombre de la razón y la ciencia durante los siglos XIX y XX, donde han tenido lugar las peores guerras y genocidios de la historia de la humanidad, esa confianza ilimitada en la razón se vendrá abajo. Tendrá lugar un enérgico movimiento pendular hacia el lado contrario, con una total desconfianza hacia la razón humana y su capacidad de hallar la verdad. Se dará así lugar a la posmodernidad, una época caracterizada por la minusvaloración de lo racional y objetivo en favor de lo emocional y subjetivo, que llega hasta nuestros días. Pero esto es adelantar acontecimientos, lo trataremos en detalle en el próximo tema.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292299}} 7.9. Expansión de las ideas ilustradas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Los Ilustrados pensaban que su época era el fruto de la madurez o mayoría de edad de la humanidad, la salida de la «culpable minoría de edad» de los tiempos pasados, en los que se dependía de la autoridad y la tradición en lugar de confiar en el uso de la razón. Por lo tanto, desde este punto de vista, podría decirse que consideraban los avances hacia la secularización que se dieron durante la Ilustración como el fruto de una ley histórica en la que la humanidad progresa hacia su madurez. En cualquier caso, esta ha sido la idea que ha quedado a manera de poso en nuestra cultura actual: la Ilustración, y la secularización que trajo consigo, serían un avance en la evolución del ser humano, dentro de una concepción de la historia humana como un progreso indefinido.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A este respecto, nosotros seguimos repitiendo nuestra tesis principal: el proceso secularizador no ha sido el fruto de una ley histórica ineludible, ni del necesario progreso de la humanidad, sino de las acciones libres de las personas que han elegido orientar los acontecimientos en una determinada dirección. Cuando hablábamos del protestantismo, poníamos estas acciones libres en la decisión de los llamados reformadores de romper con la Iglesia, y en el apoyo que los gobernantes dieron a estas ideas con el fin de extender su poder al ámbito religioso desvinculándose de la autoridad papal. Ahora, en el caso de la Ilustración, nos parece que también se debe señalar que '''el triunfo de la secularización ilustrada no se fue dando en los pueblos de manera simplemente espontánea''', sino que hubo al menos dos '''factores que fueron claves''' para orientar las sociedades europeas en esa dirección:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
# '''La violencia revolucionaria''': Las ideas de la Ilustración, en lo que se refiere al orden social, y particularmente a la secularización de la sociedad, fueron impuestas primero en Francia por la acción violenta de la revolución de 1789, en sus sucesivas etapas de Asamblea, Convención y Directorio, y luego a partir de 1799 se extendería al resto de Europa mediante la fuerza militar de los ejércitos napoleónicos. A lo largo del siglo XIX se seguirían produciendo revoluciones violentas en diferentes naciones europeas, que buscaban imponer el orden social liberal que era fruto de la Ilustración. En esas revoluciones, el espíritu antirreligioso solía estar presente en mayor o menor medida. Por otro lado, la revolución de las colonias británicas norteamericanas de 1775 tuvo también su fundamento en las ideas ilustradas, pero es cierto que en su desarrollo no estuvo tan presente el espíritu contrario a la religión como en las revoluciones que tuvieron lugar en la Europa continental. Algo similar se puede decir de las revoluciones que llevaron a la independencia de los países de la América hispana a principios del siglo XIX , que en un primer momento fueron respetuosas con la religión católica de la población. Aunque en este punto debemos hacer distinciones, pues hay algunos casos de naciones de la América hispana que derivarían después, ya avanzado el siglo XIX, en un secularismo agresivo y violento.&lt;br /&gt;
# '''Las sociedades secretas''': A partir del siglo XVIII, con el desarrollo de la Ilustración, se crearon asociaciones para promover la implantación de las ideas ilustradas en la sociedad, generalmente de carácter secreto. La más conocida y la principal es la Masonería, nacida en Londres en 1717, que luego se iría escindiendo en diferentes ramas a lo largo de distintas naciones. Existen numerosos testimonios de conexiones de estas sociedades con la organización de las revoluciones, así como de las persecuciones religiosas que han llevado aparejadas. Testimonios que son tanto más elocuentes cuando se tiene en cuenta la naturaleza secreta de las sociedades en cuestión, que tiende precisamente a silenciar los testimonios de su actividad. La Iglesia Católica ha declarado en numerosas ocasiones la incompatibilidad de la pertenencia a estas sociedades con la pertenencia a la Iglesia, debido a que sus doctrinas fundamentales chocan con los principios de la fe en asuntos como el deísmo, el antropocentrismo exclusivo, la concepción autónoma de la razón, la libertad y la moral humanas, o la negación de la revelación sobrenatural (Bárcena 2016).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292300}} 7.10. Particularidades de España y la América española ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El comienzo de la Ilustración coincidió aproximadamente con el reinado de Felipe V (1700-1746), el primero de la dinastía borbónica en el trono español. Sería durante el reinado de su hijo y tercer sucesor, Carlos III (1759-1788), cuando las ideas de lo que se llamó el «despotismo ilustrado», proveniente de Francia, penetrarían con fuerza en la Corte y en algunos ambientes intelectuales. No obstante, '''los primeros ilustrados españoles''' (Jovellanos, Floridablanca, Feijoo, Florez, etc.), '''si bien acogieron el espíritu crítico y racional de la Ilustración, no secundaron con tanto ahínco el aspecto anticatólico''' que cundía entre los ilustrados franceses.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Ciertamente, en algunos sectores de las clases altas empezaba a aparecer una actitud de recelo o desdén hacia la religión católica, pero todo el mundo profesaba esta religión al menos externamente. La Iglesia seguía presente en todos los ámbitos de la sociedad, desde el pueblo llano que seguía considerándose íntegramente católico, hasta la política, en la que la colaboración del Estado con la Iglesia seguía sin cuestionarse. Recordemos que fue en tiempos de Carlos III cuando tuvo lugar el último gran impulso de las misiones españolas en América, bajo el patrocinio de la Corona: la evangelización de la Alta California, cuya figura más destacada fue Fray Junípero Serra. Bien es cierto que hubo desencuentros en este sentido, como la expulsión de los jesuitas, pero también habían sucedido episodios similares en la Cristiandad medieval sin que eso supusiera un cambio en el paradigma social.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc141292301}} 7.10.1. En la España peninsular ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Los eventos acaecidos en Francia a finales del XVIII durante la Revolución causaron un profundo rechazo en España, de manera similar a lo que había sucedido antes con el protestantismo. Incluso se unió a la Primera Coalición para hacer la guerra a la Francia revolucionaria en 1793, pero el poderío militar español de entonces no era el de dos siglos antes, y no tuvo éxito. Tampoco disponía de las armas intelectuales para combatir las ideas revolucionarias, como hicieron las universidades españolas del siglo XVI con las ideas de Lutero. Con todo, esto no obstaba para que el rechazo por las ideas revolucionarias fuera absoluto.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Cuando las tropas napoleónicas entraron en la Península Ibérica en 1808, dando lugar a la Guerra de la Independencia, ésta tomó un cariz esencialmente religioso'''. Entre las motivaciones de los españoles que se sublevaban contra el dominio francés, la defensa del catolicismo ocupaba un papel principal. Asimismo, la Constitución promulgada en Cádiz en 1812, durante la guerra, seguía siendo confesionalmente católica, a pesar de incluir muchos de los principios liberales.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, aunque el resultado de la guerra expulsó al invasor francés, '''las doctrinas liberales y secularistas que traía se quedaron a partir de entonces en el territorio español'''. No ciertamente aceptadas por la totalidad de la población, pero sí por una porción que fue creciendo, dando lugar a lo que se ha conocido como '''«las dos Españas»'''. El enfrentamiento entre esas dos maneras de entender la sociedad, '''una fiel al tradicional orden social cristiano, otra partidaria del orden secularista liberal''', caracterizará la historia contemporánea de España, siendo la causa profunda de numerosos enfrentamientos, persecuciones y guerras.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc141292302}} 7.10.2. En la América hispana ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Lo dicho para la España peninsular hasta el comienzo del siglo XIX vale también para la entonces España americana, pues aún existía esa unidad moral de la que hablábamos en el tema anterior.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero a partir de la invasión napoleónica, se iniciaron una serie de procesos de independencia, cuyo año de comienzo se suele señalar en 1810. El detonante fue, en gran medida, el rechazo a la nueva monarquía impuesta por Napoleón en la persona de José Bonaparte, que '''se veía como una amenaza para la fe católica''' que los pueblos de la América hispana tenían como seña de identidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Entre las principales figuras de esos procesos de independencia, los llamados «libertadores» (Bolívar, San Martín, Hidalgo)), la tónica general es la de declararse personalmente católicos e ideológicamente propensos al liberalismo. Con respecto al papel de la Iglesia en la sociedad, '''solían ser defensores de la separación Iglesia-Estado, y criticaban la tendencia del clero a apoyar la monarquía española, pero al mismo tiempo respetaron la religión católica de la población y las instituciones religiosas'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero '''a medida que avanzara el siglo XIX, irían haciendo acto de presencia el anticatolicismo y la persecución religiosa''' en las recién creadas naciones hispanoamericanas. Por supuesto, el proceso fue distinto en cada una de ellas, y habría que pormenorizar los casos particulares (tema que corresponde a otra asignatura). Podemos mencionar como caso destacado el de México: Durante y después de la Guerra de Reforma (1857-1861), los liberales mexicanos, liderados por Benito Juárez, implementaron una serie de reformas anticlericales para reducir el poder y la influencia de la Iglesia Católica. Estas reformas incluyeron la expropiación de bienes eclesiásticos, la supresión de órdenes religiosas y la secularización de la educación. Su ejemplo sería seguido, por mencionar otro ejemplo, en Guatemala, donde el gobierno de Justo Rufino Barrios (1873-1885) implementó reformas anticlericales similares a las de México. Nos encontraremos también con casos como el de Ecuador, en el que un presidente como Gabriel García Moreno (1861-1875), favorable a la presencia de la religión católica en la sociedad, sería asesinado por grupos anticatólicos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
	<entry>
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		<title>La secularización en la Ilustración</title>
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		<updated>2023-07-27T09:29:36Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: /*  7.3.1. Negación del conocimiento natural de Dios */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;= {{anchor|Toc459888455}} La Ilustración y la secularización =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292289}} 7.1. Introducción y objetivos ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Seguimos recorriendo el proceso histórico de la secularización. Tras haber estudiado el protestantismo, nos fijamos ahora en el siguiente hito, que se corresponde con la Ilustración. La clave para comprender el papel de la Ilustración en la secularización está en verla como la desvinculación del hombre con la revelación divina. Es decir, la ilustración corta el hilo de comunicación entre Dios y el hombre, aun cuando siga admitiendo la existencia de Dios en abstracto. En la práctica, eso es como hacer desaparecer a Dios, paso que darán explícitamente los autores que estudiemos en el próximo tema.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En este séptimo tema nos proponemos los siguientes objetivos:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Explicar cómo la Ilustración niega la posibilidad del conocimiento de Dios, que el pensamiento cristiano afirma.&lt;br /&gt;
* Mostrar las diferencias entre el antropocentrismo exclusivo de la ilustración y el antropocentrismo cristiano renacentista.&lt;br /&gt;
* Explicar el lugar de la religión en la concepción deísta ilustrada.&lt;br /&gt;
* Exponer el concepto de moral autónoma y sus reflejos en la política y el derecho: el liberalismo y iuspositivismo, característicos de la Ilustración.&lt;br /&gt;
* Valorar la Ilustración en cuanto supone un paso más en la desvinculación del hombre con respecto a Dios.&lt;br /&gt;
* Explicar cómo se difundieron las ideas ilustradas y la secularización que llevaban consigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;{{anchor|Toc68866943}} &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292290}} 7.2. Ideas generales sobre la Ilustración ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pasamos pues a analizar la siguiente etapa del proceso secularizador: la Ilustración. Este movimiento intelectual, que se prolonga a lo largo de dos siglos, es demasiado extenso y complejo para exponer aquí siquiera el pensamiento de los principales autores. En realidad, la Ilustración puede verse como un esfuerzo combinado, «multidisciplinar» que diríamos hoy, para crear un nuevo orden en todos los ámbitos (cultural, científico, social, político, etc.), que reemplazase al de la Cristiandad. De este modo, entre los pensadores que llamamos ilustrados podemos encontrar aportaciones en todos los ámbitos del saber, como lo ejemplifica la obra característica por excelencia de la Ilustración: la Enciclopedia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Siendo esto así, y teniendo en cuenta las limitaciones a las que debemos ceñirnos en esta exposición, optaremos por presentar de manera general las ideas principales acerca de lo que supone la Ilustración en el proceso secularizador, mencionando acaso a algún autor que ejemplifique un determinado punto, o que haya sido clave para su desarrollo. Por supuesto, entre los distintos pensadores que pueden considerarse ilustrados, que son muchos, habrá diferencias en lo que se refiere a los asuntos que aquí tratamos. No a todos se les pueden aplicar en la misma medida y por igual las afirmaciones que haremos. Más bien, estas ideas generales que presentamos son las que han llegado a formar parte de la cultura secularizada, como si dijéramos el legado o el «poso» que ha quedado en nuestra cultura del conjunto de la Ilustración, y las exponemos en la medida en la que han contribuido a secularizar nuestra cultura.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292291}} 7.3. Imposibilidad del conocimiento de Dios ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Los pensadores ilustrados sólo admitían como fuentes de conocimiento la razón y la experiencia. La fe en una revelación divina queda absolutamente descartada como verdadera fuente de conocimiento. Y, aún la razón y la experiencia, las entendían de manera distinta a como lo hacía el pensamiento clásico cristiano, que veía en ellas un medio para comunicarse con Dios. Vamos a explicar más despacio cómo en la Ilustración se cierran las dos vías de conocimiento de Dios que existen en el pensamiento cristiano clásico y medieval: la razón que es capaz de conocer el mundo y a su Creador, y la fe en la Palabra revelada de Dios. El filósofo ilustrado que asentó los grandes postulados sobre conocimiento humano y su relación con Dios fue I. Kant (1724-1804), cuyo pensamiento daría lugar al idealismo filosófico. El lector ya estará familiarizado con el pensamiento de Kant y los idealistas alemanes, o puede estudiarlo en muchas otras fuentes; por eso consideramos innecesario cargar la exposición con citas y terminología de estos filósofos, prefiriendo comparar las líneas fundamentales del pensamiento ilustrado en general, como indicábamos en la introducción, frente al pensamiento cristiano clásico.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc141292292}} 7.3.1. Negación del conocimiento natural de Dios ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el pensamiento cristiano clásico, recogido por los teólogos medievales, la razón y la experiencia están unidas en el proceso de conocimiento. El ser humano experimenta la realidad sensible a través de sus sentidos, y con su inteligencia es capaz de leer, en esa realidad sensible, el orden racional que Dios ha puesto en ella. Esto es posible porque su inteligencia es una participación en la de Dios, pues está hecho a su imagen. De esta manera, el mundo es un medio por el que Dios se comunica con el hombre. Eso es lo que llamábamos la «revelación natural» de Dios al hombre.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En esta manera de entender el conocimiento humano, Dios es la medida de la verdad. El pensamiento del hombre será verdadero cuando se corresponda con la realidad objetiva que Dios ha creado, y será falso cuando no se corresponda.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Para los ilustrados, esas conexiones entre la experiencia sensible y la razón, entre el hombre y el mundo, y entre el hombre y Dios, se han roto. El hombre ilustrado no tiene interés en conocer el mundo como es, y directamente '''descarta la posibilidad de que haya una verdad objetiva, anterior a él, que pueda y deba descubrir'''. En su lugar, '''se sitúa a sí mismo como fuente de la verdad'''. Es él mismo el que debe utilizar su razón para ir creando una verdad que no tendrá pretensión de ser absoluta y objetiva para todos. En la primera etapa de la Ilustración, se daba por sentado que la razón humana, a la que se consideraba prácticamente infalible, llegaría a unos principios universales aceptados por todos, pues todo el mundo usaría bien de su razón. Pero lo que después iría sucediendo es que el concepto de verdad evolucionaría hacia una verdad no única y absoluta sino múltiple y opinable, que solamente será válida para el que la ha creado usando su propia razón, o para todos aquellos que decidan aceptarla mediante el consenso. Por consiguiente, la verdad estará sujeta a cambios dependiendo del individuo o las circunstancias. Es lo que se llama el «subjetivismo» y el «relativismo».&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por otra parte, Dios aparece como un mero postulado, como un creador que ha hecho el mundo, y le ha dado sus leyes, pero después lo ha dejado que siga su curso, desentendiéndose por completo de él. '''El mundo no es un medio para que el hombre conozca a Dios usando su razón: ni es esa la intención del creador, ni el hombre puede conocer en realidad ni el mundo ni a Dios''', pues su conocimiento no puede alcanzar la verdad de las cosas. El conocimiento del hombre se limita a los fenómenos, a las cosas tal y como le aparecen a él, sin ninguna garantía de que se correspondan con la realidad. A lo más que puede llegar el conocimiento humano en referencia al mundo, es a establecer una serie de leyes que le sirven para dominarlo mediante la técnica, y de esa manera utilizarlo para su provecho.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc141292293}} 7.3.2. Negación del conocimiento sobrenatural por la fe ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El pensamiento cristiano distingue dos fuentes de conocimiento en el ser humano. Una es la razón, que examina la realidad y aprende de ella. La otra es la fe, que escucha la Palabra que Dios dirige al hombre, y cree en ella. Dios ha querido intervenir en la historia, y hablar a los hombres directamente, como amigos: eso es lo que se llama la «revelación sobrenatural». La finalidad por la que Dios ha llevado a cabo esta iniciativa es doble:&amp;lt;/div&amp;gt;* Para ayudarnos a conocer con certeza verdades importantes que son de orden natural, y podríamos conocer con nuestra razón y la experiencia, pero dada nuestra debilidad tendemos a equivocarnos.&lt;br /&gt;
* Para darnos a conocer otras muchas cosas que nunca podríamos haber aprendido con nuestra razón, pues nos superan enormemente, y tienen que ver con el ser mismo de Dios y con su plan para el hombre y el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;margin-left:0.1972in;margin-right:0in;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pues bien, los ilustrados niegan radicalmente la posibilidad de que Dios se revele. Su Dios, como hemos dicho, no se preocupa en absoluto del desarrollo del mundo, y mucho menos pretende intervenir en él. Además, el escuchar una revelación divina y aceptarla, sin comprenderla con su propia razón, sería una actitud infantil, impropia del hombre, adulto que debe adquirir él mismo su propio conocimiento y normas de conducta a través de su razón.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La fe''' queda así reducida, como máximo, a un mero '''acto de voluntad subjetivo''': consiste meramente en una creencia en que Dios existe, a manera de '''postulado de la moral'''. Nosotros experimentamos un sentido del deber, que nos compele a actual moralmente, y eso solamente tiene sentido si hay un Dios ante el que tengamos que responder. Por tanto, aunque no podamos saber si Dios existe o no, hay que actuar «como si Dios existiera». La fe no es una fuente de conocimiento, es simplemente un fundamento necesario para la moral. Por lo tanto, el alcance de la fe queda reducido a la esfera individual: es una motivación subjetiva para que el individuo actúe moralmente. Pero de ninguna manera tiene la fe algo que decir en los asuntos públicos, sociales, políticos, científicos, o cualquier otro ámbito fuera de la intimidad de la conciencia.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En general, los ilustrados rechazan la idea de una revelación sobrenatural de Dios que deba ser aceptada por la fe, pero en algunos de ellos este rechazo toma la forma de una crítica vehemente, que es particularmente notoria en los ilustrados franceses. Todo lo que hay de sobrenatural en el cristianismo, y en la Iglesia Católica de manera particular, es rechazado como contrario a la razón y supersticioso. Los ataques a la Iglesia y a la Biblia toman en estos autores un cariz muy agresivo, que acabaría derivando en persecución religiosa contra los cristianos a partir de la Revolución Francesa.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292294}} 7.4. Antropocentrismo exclusivo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Estamos acostumbrados a estudiar, en la historia del pensamiento occidental, que el Renacimiento y el Humanismo marcaron el cambio de orientación en ese pensamiento, de una mentalidad teocéntrica a una antropocéntrica, y que luego la Modernidad sería el desarrollo de ese antropocentrismo. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esa explicación puede ser bien entendida, siempre que se tenga presente una distinción de crucial importancia. Como dijimos en el tema anterior, '''el humanismo renacentista es esencialmente cristiano, y no se entiende sin la referencia a Dios'''. El hombre es grande y digno de atención porque es imagen de Dios. El colocar a Dios en el centro no quita grandeza al hombre, sino al contrario, se la aumenta. Eso es porque no se ve a Dios como un competidor del hombre por ocupar el papel protagonista en el desarrollo de este mundo, sino como un Padre que quiere promover a sus hijos a la más alta dignidad posible. En este sentido, el pensamiento humanista del Renacimiento está en plena continuidad con el medieval: antropocentrismo y teocentrismo van de la mano, porque el hombre y Dios no compiten por el mismo lugar, sino que cada uno ocupa el que les corresponde, en su relación como criatura y Creador.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#595959;margin-left:0.1972in;margin-right:0.1972in;&amp;quot;&amp;gt;Podríamos usar la comparación de una obra teatral, de la que Dios sería el productor y director, y el hombre estuviera llamado a ser el protagonista. Cuanto más se eleve la calidad artística del director y de la obra, más relieve adquirirá también el papel del actor principal, y a su vez el buen trabajo que desempeñe este último redundará en mayor prestigio para el director y su obra. &amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La verdadera revolución es la que se introduce con el '''paso a la Modernidad,''' pues es ahí donde se introduce un '''antropocentrismo exclusivo'''. Se introduce la idea de que el asumir una dependencia con respecto a Dios disminuiría la dignidad del hombre, en lugar de acrecentarla. Por tanto, para ensalzar al ser humano es necesario eliminar a Dios de la ecuación.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''La Ilustración da un primer paso: sin negar la existencia de Dios, simplemente lo arrincona''', convirtiéndolo en un postulado no demostrable, y afirmando que en cualquier caso Dios no interviene en el mundo. El proceso culminará más adelante, con los humanismos ateos de finales del s. XIX y principios del XX, que negarán militantemente la existencia de Dios.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Ilustración, por su parte, '''buscará construir una fundamentación para la dignidad humana que no requiera de ninguna referencia a Dios'''. Fundamenta el valor del hombre desde el mismo hombre. Esto lo hace, fundamentalmente, por cuatro vías:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
# '''Fe en el poder humano''': Los pensadores de la Ilustración tenían una gran confianza en la razón humana y su capacidad para entender y mejorar el mundo. Este enfoque se centraba en lo que los humanos pueden lograr por sí mismos, en lugar de depender de fuerzas divinas o sobrenaturales.&lt;br /&gt;
# '''Humanismo secular''': Muchos de los valores de la Ilustración, como la dignidad y la libertad humanas, se centran en el bienestar humano. Aunque algunos pensadores de la Ilustración daban un cierto valor a la creencia en Dios, la tendencia general fue hacia un humanismo secular que pone el énfasis en la vida humana en este mundo, y la religión es válida en cuanto ofrece un soporte subjetivo que ayuda a conseguir los bienes intramundanos.&lt;br /&gt;
# '''Control sobre la naturaleza''': La Ilustración también se caracteriza por la creencia en la capacidad de la humanidad para controlar y manipular la naturaleza para su beneficio. Esto se vio en el auge de la ciencia y la tecnología durante este periodo.&lt;br /&gt;
# '''Antropocentrismo en la ética y la política''': En la ética y la política, la Ilustración insistía en la necesidad de una autonomía moral del hombre. Debe ser el propio ser humano el que determine, empleando su razón, las normas de su conducta. El recibir normas morales de una instancia superior sería indigno del hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292295}} 7.5. Deísmo y religión ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Aunque entre los pensadores ilustrados hubo una amplia gama de posturas religiosas, desde el ateísmo de Holbach hasta el teísmo piadoso de Newton, la postura más característica de la Ilustración con respecto a la relación con Dios es el '''deísmo'''. Ya lo hemos descrito como una creencia teológica que '''sostiene la existencia de un Dios creador, pero niega que éste interfiera en los asuntos del universo después de su creación'''. En esta visión, Dios no se revela sobrenaturalmente a través de textos sagrados o profetas, ni tampoco podemos conocerlo por analogía con las cosas creadas. A lo más que podemos llegar es a postular su existencia como una hipótesis necesaria de trabajo.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el pensamiento deísta, ese Dios que no tiene interés por intervenir en el mundo '''tampoco muestra ningún aprecio por el culto que se le tribute'''. Se trata más bien de un '''ente abstracto, impersonal, con el que no tiene sentido establecer una relación'''. En ese sentido, los cultos y ritos religiosos carecerían de valor en sí mismos. Como consecuencia, las instituciones religiosas tampoco son necesarias.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Para los ilustrados''', la religión consiste esencialmente en llevar una vida moralmente correcta'''. En esta manera de entender la religión, '''la verdadera Iglesia sería invisible''' (obsérvese la conexión con Lutero), y consistiría en una comunidad ética de personas bienintencionadas. La religión, ante todo, es un acto racional, por el que el hombre determina las obras que debe hacer y las que debe evitar, y se determina a vivir conforme a esos principios.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Las instituciones religiosas, los ritos y cultos, serían solamente útiles en la medida en la que ayuden al hombre a vivir de manera moral'''. La Ilustración rechaza la superstición, que pretende ganarse el favor divino mediante la realización de determinadas ceremonias, atribuyéndoles un significado cuasi mágico, y con eso podemos estar de acuerdo. Pero rechaza de la misma manera que la oración o los ritos litúrgicos sean una manera de entablar una relación personal con Dios y de recibir el auxilio de su gracia. Todos esos actos sólo sirven como apoyo subjetivo, para quien lo necesite, y como tal son perfectamente prescindibles. No entra dentro de su pensamiento el hablar de una Iglesia o unos ritos necesarios para la salvación.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Más aún, el mismo concepto de salvación es criticable para los ilustrados, por cuanto implica obrar en vistas a una recompensa o castigo. El hombre moral ilustrado debe obrar únicamente por sentido del deber, por fidelidad a su propia conciencia. Lo contrario es una «heteronomía» infantil, impropia de una humanidad que ha alcanzado la mayoría de edad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292296}} 7.6. Moral autónoma ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Otra característica clave de la Ilustración es la defensa de la '''autonomía moral'''. Es decir, '''el ser humano debe darse a sí mismo su propia ley moral por medio de su razón'''. Del mismo modo, también debe encontrar en esa razón la motivación para obrar bien. Es decir: tiene que usar su razón para discernir cuáles son los principios de comportamiento que considera correctos, y también aceptar racionalmente el deber de obrar conforme a ellos. Este discernimiento de la razón, en teoría, debería llevar a todos los seres humanos a coincidir en los mismos principios morales, pues la razón bien usada por parte de todos debería conducir a ese resultado.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Según Kant, la ética debe limitarse a esto, a decir a los individuos cuál debe ser el criterio para que disciernan lo que es bueno (que no obren según sus sentimientos o intereses personales, sino conforme a las leyes universales que disciernan con su razón), y dejar que sean ellos los que usen su razón para discernir los principios particulares. Habrá otros autores entre los ilustrados, sobre todo en el ámbito anglosajón, que sí enunciarán preceptos concretos, en la forma de '''derechos naturales inalienables del ser humano''', como el derecho a la vida, la libertad o la propiedad. Pero siempre '''fundamentando estos derechos en el juicio de la razón que los ha discernido, nunca fundándolos en una autoridad externa o una revelación divina'''. Para la Ilustración, recordemos, Dios es un postulado indemostrable, cuya existencia se asume, pero no tiene influencia directa en el comportamiento moral. El único fundamento para la moral es la propia razón humana.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Esta '''moral autónoma se considera el requisito necesario para que exista verdadera libertad'''. El hombre será libre cuando sea él mismo el que se dé sus propias leyes morales. Por el contrario, acoger leyes de conducta dadas por una instancia superior («heteronomía»), como puede ser Dios que se revela al hombre, se considera un estado de inmadurez y falta de libertad, propio del pasado y ya superado. Debemos tener presente que la concepción de libertad ilustrada es la que definíamos como '''libertad absoluta, una libertad como simple arbitrio''' para elegir o no, donde el mayor número de opciones disponibles conlleva una mayor cantidad de libertad. Se diferencia de la concepción cristiana de libertad, que no se considera un fin en sí misma, sino que está orientada hacia su plena realización en el amor: en el pensamiento cristiano, no prima la cantidad de opciones disponibles, sino la cualidad, el cómo se usa esa libertad, para hacer que la libertad sea buena.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292297}} 7.7. Origen de la autoridad y del derecho ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El principio de autonomía rige la moral del individuo. Al mismo tiempo, el ideal de la moral ilustrada es una libertad lo más amplia posible, en lo que se refiere a la posibilidad de elegir: se trata de eliminar todos los límites posibles en el ejercicio del libre arbitrio. Nos preguntamos ahora: ¿cómo se refleja esto a nivel colectivo, en la organización de la sociedad? Bien, a partir de los principios ilustrados se desarrollará la teoría del '''liberalismo político''', que aboga por la protección de los derechos individuales y la limitación del poder del Estado, con el objetivo de salvaguardar la libertad individual.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero, a pesar de esta insistencia en la autonomía y la libertad del individuo, sigue siendo necesario justificar la existencia de una sociedad, y de una autoridad que la rija. En el pensamiento cristiano, recordemos, la cohesión social viene dada por la referencia a Dios, origen último de la autoridad, que la delega en los gobernantes, a quienes los súbditos obedecen como representantes de Dios. ¿Qué dice la Ilustración?&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;En el pensamiento ilustrado, eliminada la referencia a Dios, hay que buscar otro fundamento para la autoridad, que aglutine a la sociedad. Este fundamento será la '''teoría del «contrato social»'''. Simplificando, esta teoría viene a decir lo siguiente: Los individuos están dotados de derechos naturales inalienables por ser seres humanos, derechos que la razón pone de manifiesto. Todos los hombres son libres e iguales por naturaleza, y tienen una serie de derechos que les pertenecen. Pero, '''para poder garantizar el ejercicio de sus derechos sin que otros se lo impidan, los individuos ceden parcialmente esos derechos''' a un estado, que se encargará de gobernar la sociedad de hombres libres. Eso lo pueden hacer porque son totalmente dueños de sí y de sus derechos, '''cada hombre es «soberano» de sí mismo, y cede su soberanía al estado'''. Por lo tanto, el origen de la autoridad y la soberanía están en el mismo individuo, sin que haya ninguna instancia ulterior (divina) ante la que respondan, y sólo por una decisión libre de los individuos, esa soberanía será cedida a los gobernantes.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Si nos preguntamos por el origen del derecho, según lo que hemos dicho los ilustrados, inicialmente, defendían una forma de derecho natural. Ahora bien, se distinguían claramente de la concepción cristiana por el hecho de que no veían en las leyes naturales un reflejo de la sabiduría divina que había creado la naturaleza, sino simplemente un reflejo de la razón humana que las descubre. El paso siguiente, cuando Kant diga que la razón humana no puede conocer cómo son las cosas en sí, sino solamente postular ideas que rijan nuestro comportamiento, será decir que '''la razón no descubre las leyes naturales, sino que las crea'''. Esa será la concepción que se impondrá con el liberalismo, tras la Revolución Francesa. '''Los derechos del hombre ya no serán algo inherente a ellos por naturaleza''', anterior al estado, '''sino algo que el estado''', usando de la soberanía que le han otorgado los individuos libres mediante el consenso, '''les otorga a los ciudadanos'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Por lo tanto, puede observarse cómo el iusnaturalismo inicial reconocía una ley natural: las leyes son obligatorias porque son justas, el legislador debe reconocer una justicia natural anterior a él y adaptarse a ella. Pero le quitaba su fundamento en Dios, poniéndolo solamente en el hombre (iusnaturalismo antropocéntrico). Obsérvese que hay en ello una incoherencia: se reconoce una ley en la naturaleza, en una naturaleza que el hombre no ha creado, pero la ley misma sí sería creada por el hombre. Al final, se elimina este equilibrio inestable, y '''la Ilustración acaba derivando en el iuspositivismo: las leyes son justas porque son obligatorias''', el legislador es fuente de la justicia. Esta será la concepción del derecho que se imponga en los estados liberales (Hanisch 1974, 161).&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292298}} 7.8. Valoración: la Ilustración como desvinculación ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Hemos titulado esta parte «La Ilustración y la desvinculación de la revelación divina», insertándola así dentro de un proceso de progresiva ruptura de los vínculos del hombre con Dios, que es la esencia de la secularización. En este proceso, vendría a recoger la herencia del protestantismo, que había roto el vínculo del creyente con la comunidad eclesial, dejando al individuo solo en su relación con Dios; y el vínculo entre fe y razón o entre lo sobrenatural y lo natural, negando al ámbito de la fe cualquier influencia sobre el ámbito secular.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;La Ilustración profundizará esta desvinculación, dando el paso de '''negar la posibilidad de una comunicación entre Dios y el hombre'''. Aún se mantiene la creencia en que Dios existe, ya como un postulado necesario para explicar la existencia del mundo (es decir, como Creador), ya como un postulado de la moral que nos mueva a obrar bien. Pero se le niega toda posibilidad de intervenir en el mundo una vez lo ha creado, ni de relacionarse con el hombre.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;También se mantiene un cierto vínculo con la naturaleza, principalmente al comienzo de la Ilustración, reconociendo que el ser humano puede conocerla y descubrir leyes en ella, no solamente en lo que se refiere a las nacientes ciencias empíricas, sino además en aspectos morales: se reconoce una ley natural. Pero hacia el final de la Ilustración, fruto sobre todo del Idealismo alemán iniciado por Kant, '''se abandonará también la vinculación con una naturaleza que es normativa para el comportamiento humano, y se proclamará una razón humana creadora de los principios morales''', referencia última del bien y del mal.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se ha hablado en ocasiones de la Ilustración como el «endiosamiento de la razón», concepto que fue materialmente realizado en la Revolución Francesa proclamando el culto a la razón como la religión oficial del estado, y dedicando de manera burlesca la catedral de Notre Dame a la Diosa Razón. Pero más allá de esos excesos violentos, lo cierto es que para los pensadores ilustrados, en general, '''la razón humana viene a ocupar el lugar que antes ocupaba Dios'''. Puede aquí hablarse de una '''pretensión de autodivinización''' del hombre.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Se tenía una confianza absoluta en la razón humana, de manera análoga a la confianza absoluta que el cristiano tiene en Dios. Se pensaba que esa confianza en la razón llevaría a la humanidad a su estado de plenitud, una plenitud que se habría dado el hombre a sí mismo: ya sería autónomo, y no necesitaría de Dios. Todo gracias a su razón.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A la larga, y en vista de las grandes catástrofes causadas en nombre de la razón y la ciencia durante los siglos XIX y XX, donde han tenido lugar las peores guerras y genocidios de la historia de la humanidad, esa confianza ilimitada en la razón se vendrá abajo. Tendrá lugar un enérgico movimiento pendular hacia el lado contrario, con una total desconfianza hacia la razón humana y su capacidad de hallar la verdad. Se dará así lugar a la posmodernidad, una época caracterizada por la minusvaloración de lo racional y objetivo en favor de lo emocional y subjetivo, que llega hasta nuestros días. Pero esto es adelantar acontecimientos, lo trataremos en detalle en el próximo tema.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292299}} 7.9. Expansión de las ideas ilustradas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Los Ilustrados pensaban que su época era el fruto de la madurez o mayoría de edad de la humanidad, la salida de la «culpable minoría de edad» de los tiempos pasados, en los que se dependía de la autoridad y la tradición en lugar de confiar en el uso de la razón. Por lo tanto, desde este punto de vista, podría decirse que consideraban los avances hacia la secularización que se dieron durante la Ilustración como el fruto de una ley histórica en la que la humanidad progresa hacia su madurez. En cualquier caso, esta ha sido la idea que ha quedado a manera de poso en nuestra cultura actual: la Ilustración, y la secularización que trajo consigo, serían un avance en la evolución del ser humano, dentro de una concepción de la historia humana como un progreso indefinido.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;A este respecto, nosotros seguimos repitiendo nuestra tesis principal: el proceso secularizador no ha sido el fruto de una ley histórica ineludible, ni del necesario progreso de la humanidad, sino de las acciones libres de las personas que han elegido orientar los acontecimientos en una determinada dirección. Cuando hablábamos del protestantismo, poníamos estas acciones libres en la decisión de los llamados reformadores de romper con la Iglesia, y en el apoyo que los gobernantes dieron a estas ideas con el fin de extender su poder al ámbito religioso desvinculándose de la autoridad papal. Ahora, en el caso de la Ilustración, nos parece que también se debe señalar que '''el triunfo de la secularización ilustrada no se fue dando en los pueblos de manera simplemente espontánea''', sino que hubo al menos dos '''factores que fueron claves''' para orientar las sociedades europeas en esa dirección:&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
# '''La violencia revolucionaria''': Las ideas de la Ilustración, en lo que se refiere al orden social, y particularmente a la secularización de la sociedad, fueron impuestas primero en Francia por la acción violenta de la revolución de 1789, en sus sucesivas etapas de Asamblea, Convención y Directorio, y luego a partir de 1799 se extendería al resto de Europa mediante la fuerza militar de los ejércitos napoleónicos. A lo largo del siglo XIX se seguirían produciendo revoluciones violentas en diferentes naciones europeas, que buscaban imponer el orden social liberal que era fruto de la Ilustración. En esas revoluciones, el espíritu antirreligioso solía estar presente en mayor o menor medida. Por otro lado, la revolución de las colonias británicas norteamericanas de 1775 tuvo también su fundamento en las ideas ilustradas, pero es cierto que en su desarrollo no estuvo tan presente el espíritu contrario a la religión como en las revoluciones que tuvieron lugar en la Europa continental. Algo similar se puede decir de las revoluciones que llevaron a la independencia de los países de la América hispana a principios del siglo XIX , que en un primer momento fueron respetuosas con la religión católica de la población. Aunque en este punto debemos hacer distinciones, pues hay algunos casos de naciones de la América hispana que derivarían después, ya avanzado el siglo XIX, en un secularismo agresivo y violento.&lt;br /&gt;
# '''Las sociedades secretas''': A partir del siglo XVIII, con el desarrollo de la Ilustración, se crearon asociaciones para promover la implantación de las ideas ilustradas en la sociedad, generalmente de carácter secreto. La más conocida y la principal es la Masonería, nacida en Londres en 1717, que luego se iría escindiendo en diferentes ramas a lo largo de distintas naciones. Existen numerosos testimonios de conexiones de estas sociedades con la organización de las revoluciones, así como de las persecuciones religiosas que han llevado aparejadas. Testimonios que son tanto más elocuentes cuando se tiene en cuenta la naturaleza secreta de las sociedades en cuestión, que tiende precisamente a silenciar los testimonios de su actividad. La Iglesia Católica ha declarado en numerosas ocasiones la incompatibilidad de la pertenencia a estas sociedades con la pertenencia a la Iglesia, debido a que sus doctrinas fundamentales chocan con los principios de la fe en asuntos como el deísmo, el antropocentrismo exclusivo, la concepción autónoma de la razón, la libertad y la moral humanas, o la negación de la revelación sobrenatural (Bárcena 2016).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== {{anchor|Toc141292300}} 7.10. Particularidades de España y la América española ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;El comienzo de la Ilustración coincidió aproximadamente con el reinado de Felipe V (1700-1746), el primero de la dinastía borbónica en el trono español. Sería durante el reinado de su hijo y tercer sucesor, Carlos III (1759-1788), cuando las ideas de lo que se llamó el «despotismo ilustrado», proveniente de Francia, penetrarían con fuerza en la Corte y en algunos ambientes intelectuales. No obstante, '''los primeros ilustrados españoles''' (Jovellanos, Floridablanca, Feijoo, Florez, etc.), '''si bien acogieron el espíritu crítico y racional de la Ilustración, no secundaron con tanto ahínco el aspecto anticatólico''' que cundía entre los ilustrados franceses.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Ciertamente, en algunos sectores de las clases altas empezaba a aparecer una actitud de recelo o desdén hacia la religión católica, pero todo el mundo profesaba esta religión al menos externamente. La Iglesia seguía presente en todos los ámbitos de la sociedad, desde el pueblo llano que seguía considerándose íntegramente católico, hasta la política, en la que la colaboración del Estado con la Iglesia seguía sin cuestionarse. Recordemos que fue en tiempos de Carlos III cuando tuvo lugar el último gran impulso de las misiones españolas en América, bajo el patrocinio de la Corona: la evangelización de la Alta California, cuya figura más destacada fue Fray Junípero Serra. Bien es cierto que hubo desencuentros en este sentido, como la expulsión de los jesuitas, pero también habían sucedido episodios similares en la Cristiandad medieval sin que eso supusiera un cambio en el paradigma social.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc141292301}} 7.10.1. En la España peninsular ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Los eventos acaecidos en Francia a finales del XVIII durante la Revolución causaron un profundo rechazo en España, de manera similar a lo que había sucedido antes con el protestantismo. Incluso se unió a la Primera Coalición para hacer la guerra a la Francia revolucionaria en 1793, pero el poderío militar español de entonces no era el de dos siglos antes, y no tuvo éxito. Tampoco disponía de las armas intelectuales para combatir las ideas revolucionarias, como hicieron las universidades españolas del siglo XVI con las ideas de Lutero. Con todo, esto no obstaba para que el rechazo por las ideas revolucionarias fuera absoluto.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;'''Cuando las tropas napoleónicas entraron en la Península Ibérica en 1808, dando lugar a la Guerra de la Independencia, ésta tomó un cariz esencialmente religioso'''. Entre las motivaciones de los españoles que se sublevaban contra el dominio francés, la defensa del catolicismo ocupaba un papel principal. Asimismo, la Constitución promulgada en Cádiz en 1812, durante la guerra, seguía siendo confesionalmente católica, a pesar de incluir muchos de los principios liberales.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Sin embargo, aunque el resultado de la guerra expulsó al invasor francés, '''las doctrinas liberales y secularistas que traía se quedaron a partir de entonces en el territorio español'''. No ciertamente aceptadas por la totalidad de la población, pero sí por una porción que fue creciendo, dando lugar a lo que se ha conocido como '''«las dos Españas»'''. El enfrentamiento entre esas dos maneras de entender la sociedad, '''una fiel al tradicional orden social cristiano, otra partidaria del orden secularista liberal''', caracterizará la historia contemporánea de España, siendo la causa profunda de numerosos enfrentamientos, persecuciones y guerras.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== {{anchor|Toc141292302}} 7.10.2. En la América hispana ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Lo dicho para la España peninsular hasta el comienzo del siglo XIX vale también para la entonces España americana, pues aún existía esa unidad moral de la que hablábamos en el tema anterior.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero a partir de la invasión napoleónica, se iniciaron una serie de procesos de independencia, cuyo año de comienzo se suele señalar en 1810. El detonante fue, en gran medida, el rechazo a la nueva monarquía impuesta por Napoleón en la persona de José Bonaparte, que '''se veía como una amenaza para la fe católica''' que los pueblos de la América hispana tenían como seña de identidad.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Entre las principales figuras de esos procesos de independencia, los llamados «libertadores» (Bolívar, San Martín, Hidalgo)), la tónica general es la de declararse personalmente católicos e ideológicamente propensos al liberalismo. Con respecto al papel de la Iglesia en la sociedad, '''solían ser defensores de la separación Iglesia-Estado, y criticaban la tendencia del clero a apoyar la monarquía española, pero al mismo tiempo respetaron la religión católica de la población y las instituciones religiosas'''.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;color:#333333;&amp;quot;&amp;gt;Pero '''a medida que avanzara el siglo XIX, irían haciendo acto de presencia el anticatolicismo y la persecución religiosa''' en las recién creadas naciones hispanoamericanas. Por supuesto, el proceso fue distinto en cada una de ellas, y habría que pormenorizar los casos particulares (tema que corresponde a otra asignatura). Podemos mencionar como caso destacado el de México: Durante y después de la Guerra de Reforma (1857-1861), los liberales mexicanos, liderados por Benito Juárez, implementaron una serie de reformas anticlericales para reducir el poder y la influencia de la Iglesia Católica. Estas reformas incluyeron la expropiación de bienes eclesiásticos, la supresión de órdenes religiosas y la secularización de la educación. Su ejemplo sería seguido, por mencionar otro ejemplo, en Guatemala, donde el gobierno de Justo Rufino Barrios (1873-1885) implementó reformas anticlericales similares a las de México. Nos encontraremos también con casos como el de Ecuador, en el que un presidente como Gabriel García Moreno (1861-1875), favorable a la presencia de la religión católica en la sociedad, sería asesinado por grupos anticatólicos.&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<updated>2023-06-25T12:33:51Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Página blanqueada&lt;/p&gt;
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		<author><name>Juancc</name></author>
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		<updated>2023-06-25T12:33:19Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&amp;lt;span style=&amp;quot;font-variant:small-caps&amp;quot;&amp;gt;{{{1}}}&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&amp;lt;noinclude&amp;gt;&lt;br /&gt;
&amp;lt;templatedata&amp;gt;&lt;br /&gt;
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		<author><name>Juancc</name></author>
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&lt;div&gt;HOLA&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=Plantilla:Anchor&amp;diff=752</id>
		<title>Plantilla:Anchor</title>
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		<updated>2023-06-25T12:30:57Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Se creó una página vacía&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<updated>2023-01-12T11:26:27Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;== '''PROYECTO MOVIDO A NUEVA UBICACIÓN''' ==&lt;br /&gt;
Esta era la ubicación de la página en pruebas de EIFA, y ha quedado ya obsoleta. Sigue accesible de manera provisional solamente por razones técnicas.&amp;lt;blockquote&amp;gt;'''Por favor, diríjase a la [https://eifa.sandamaso.es página definitiva de EIFA en la Universidad Eclesiástica San Dámaso].'''&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Presentación del proyecto ==&lt;br /&gt;
Bienvenido a la página de los Estudios Interdisciplinares de las Fuentes Avilistas (EIFA), proyecto de investigación independiente. Su objetivo es proporcionar una plataforma para un estudio renovado de las obras de san Juan de Ávila, acorde con las exigencias críticas de los ámbitos académicos de alto nivel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Partimos de la convicción de que los escritos de Juan de Ávila (1499-1569) constituyen un ''corpus'' de primer orden de importancia en muy diversos ámbitos: literario, histórico y, sobre todo, teológico. Queremos acercarnos a esos escritos desde una metodología científica centrada en el estudio de las fuentes, en un doble sentido: Por un lado, el examen crítico y riguroso de las obras de san Juan de Ávila. Por otro, el análisis de las fuentes que el Maestro Ávila empleó en su tarea como autor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creemos también que la confluencia de diferentes aproximaciones puede aportar gran riqueza al estudio de las fuentes avilinas. Es por ello que nos hemos propuesto crear un ámbito de trabajo interdisciplinar, en el que expertos competentes en diferentes ramas de las ciencias humanas puedan aportar su perspectiva propia, con trabajos de calidad y rigor metodológico. Siempre dentro del objetivo general del proyecto, que se centra en el estudio de las fuentes avilinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Secciones principales ==&lt;br /&gt;
{|&lt;br /&gt;
||&lt;br /&gt;
[[Archivo:Boton textos avilinos.png|link=Textos avilinos|alt=Textos avilinos]]&lt;br /&gt;
||&lt;br /&gt;
[[Archivo:Boton catalogo fuentes.png|link=Catálogo de fuentes|alt=Catálogo de fuentes]]&lt;br /&gt;
||&lt;br /&gt;
[[Archivo:Boton articulos.png|link=Artículos|alt=Artículos]]&lt;br /&gt;
||&lt;br /&gt;
[[Archivo:Boton biblia avilista.png|link=Biblia avilista|alt=Biblia avilista]]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Cómo colaborar ==&lt;br /&gt;
Todo el contenido de EIFA está disponible para su lectura y utilización públicas, bajo la [[Licencia|licencia descrita en la página correspondiente]]. Si quiere colaborar como autor, por favor escriba un correo a admin.eifa@asistenciasacerdotal.eu, indicando:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Nombre completo&lt;br /&gt;
* Titulación académica&lt;br /&gt;
* Experiencia en el estudio de los escritos de san Juan de Ávila, o cualquier otra actividad académica y publicaciones que puedan ser relevantes para el proyecto&lt;br /&gt;
* Áreas de trabajo en las que le gustaría colaborar&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<updated>2023-01-12T11:25:41Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: /* Secciones principales */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;== '''PROYECTO MOVIDO A NUEVA UBICACIÓN''' ==&lt;br /&gt;
Esta era la ubicación de la página en pruebas de EIFA, y ha quedado ya obsoleta. Sigue accesible de manera provisional solamente por razones técnicas.&amp;lt;blockquote&amp;gt;'''Por favor, diríjase a la [https://eifa.sandamaso.es página definitiva de EIFA en la Universidad Eclesiástica San Dámaso].'''&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Presentación del proyecto ==&lt;br /&gt;
Bienvenido a la página de los Estudios Interdisciplinares de las Fuentes Avilistas (EIFA), proyecto de investigación independiente. Su objetivo es proporcionar una plataforma para un estudio renovado de las obras de san Juan de Ávila, acorde con las exigencias críticas de los ámbitos académicos de alto nivel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Partimos de la convicción de que los escritos de Juan de Ávila (1499-1569) constituyen un ''corpus'' de primer orden de importancia en muy diversos ámbitos: literario, histórico y, sobre todo, teológico. Queremos acercarnos a esos escritos desde una metodología científica centrada en el estudio de las fuentes, en un doble sentido: Por un lado, el examen crítico y riguroso de las obras de san Juan de Ávila. Por otro, el análisis de las fuentes que el Maestro Ávila empleó en su tarea como autor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creemos también que la confluencia de diferentes aproximaciones puede aportar gran riqueza al estudio de las fuentes avilinas. Es por ello que nos hemos propuesto crear un ámbito de trabajo interdisciplinar, en el que expertos competentes en diferentes ramas de las ciencias humanas puedan aportar su perspectiva propia, con trabajos de calidad y rigor metodológico. Siempre dentro del objetivo general del proyecto, que se centra en el estudio de las fuentes avilinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Secciones principales ==&lt;br /&gt;
{|&lt;br /&gt;
||&lt;br /&gt;
[[Archivo:Boton textos avilinos.png|link=Textos avilinos|alt=Textos avilinos]]&lt;br /&gt;
||&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
||&lt;br /&gt;
[[Archivo:Boton catalogo fuentes.png|link=Catálogo de fuentes|alt=Catálogo de fuentes]]&lt;br /&gt;
||&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
||&lt;br /&gt;
[[Archivo:Boton articulos.png|link=Artículos|alt=Artículos]]&lt;br /&gt;
||&lt;br /&gt;
[[Archivo:Boton biblia avilista.png|link=Biblia avilista|alt=Biblia avilista]]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Cómo colaborar ==&lt;br /&gt;
Todo el contenido de EIFA está disponible para su lectura y utilización públicas, bajo la [[Licencia|licencia descrita en la página correspondiente]]. Si quiere colaborar como autor, por favor escriba un correo a admin.eifa@asistenciasacerdotal.eu, indicando:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Nombre completo&lt;br /&gt;
* Titulación académica&lt;br /&gt;
* Experiencia en el estudio de los escritos de san Juan de Ávila, o cualquier otra actividad académica y publicaciones que puedan ser relevantes para el proyecto&lt;br /&gt;
* Áreas de trabajo en las que le gustaría colaborar&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<updated>2023-01-12T11:24:56Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Boton para el inicio&lt;/div&gt;</summary>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Juancc trasladó la página Biblia en iframe a Biblia avilista&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;#REDIRECCIÓN [[Biblia avilista]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<updated>2023-01-12T11:23:58Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Juancc trasladó la página Biblia en iframe a Biblia avilista&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
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		<author><name>Juancc</name></author>
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		<updated>2023-01-12T11:22:54Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
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		<updated>2023-01-12T11:22:40Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
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		<author><name>Juancc</name></author>
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		<title>Categoría:Iframe</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Página creada con «__HIDDENCAT__»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;__HIDDENCAT__&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<updated>2023-01-12T11:19:51Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
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		<author><name>Juancc</name></author>
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		<updated>2023-01-12T11:16:11Z</updated>

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		<updated>2023-01-12T11:15:34Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&amp;lt;iframe key=&amp;quot;mykey&amp;quot; level=&amp;quot;biblia&amp;quot; w=&amp;quot;100%&amp;quot; h=&amp;quot;2000&amp;quot; /&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=Biblia_avilista&amp;diff=737</id>
		<title>Biblia avilista</title>
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		<updated>2023-01-12T11:15:19Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Página creada con «&amp;lt;iframe key=&amp;quot;mykey&amp;quot; level=&amp;quot;biblia&amp;quot; w=&amp;quot;100%&amp;quot; h=&amp;quot;100%&amp;quot; /&amp;gt;»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&amp;lt;iframe key=&amp;quot;mykey&amp;quot; level=&amp;quot;biblia&amp;quot; w=&amp;quot;100%&amp;quot; h=&amp;quot;100%&amp;quot; /&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=MediaWiki:Gadgets-definition&amp;diff=736</id>
		<title>MediaWiki:Gadgets-definition</title>
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		<updated>2023-01-11T10:06:05Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;* VersalitasLoader[ResourceLoader|default|dependencies=ext.visualEditor.desktopArticleTarget.init]|VersalitasLoader.js&lt;br /&gt;
* BibliaLoader[ResourceLoader|default|dependencies=ext.visualEditor.desktopArticleTarget.init]|BibliaLoader.js&lt;br /&gt;
* RealVersalitas[ResourceLoader|hidden|dependencies=ext.visualEditor.core, ext.visualEditor.targetLoader]|Versalitas.js&lt;br /&gt;
* RealBiblia[ResourceLoader|hidden|dependencies=ext.visualEditor.core, ext.visualEditor.targetLoader]|Biblia.js&lt;br /&gt;
* ReferenceTooltips[ResourceLoader|default|type=general|dependencies=mediawiki.cookie,jquery.client]|ReferenceTooltips.js|ReferenceTooltips.css&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=MediaWiki:Gadget-ReferenceTooltips&amp;diff=735</id>
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		<updated>2023-01-11T10:04:45Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Página creada con «&amp;lt;sup&amp;gt;&amp;lt;abbr title=&amp;quot;{{int:gadgets-default}}&amp;quot;&amp;gt;(D)&amp;lt;/abbr&amp;gt;&amp;lt;/sup&amp;gt; Reference Tooltips: hover over inline citations to see reference information without moving away from the article text (does not work if &amp;quot;Navigation popups&amp;quot; is enabled above)»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&amp;lt;sup&amp;gt;&amp;lt;abbr title=&amp;quot;{{int:gadgets-default}}&amp;quot;&amp;gt;(D)&amp;lt;/abbr&amp;gt;&amp;lt;/sup&amp;gt; [[mw:Reference Tooltips|Reference Tooltips]]: hover over inline citations to see reference information without moving away from the article text (does not work if &amp;quot;Navigation popups&amp;quot; is enabled above)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
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		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=MediaWiki:Gadget-ReferenceTooltips.js&amp;diff=734</id>
		<title>MediaWiki:Gadget-ReferenceTooltips.js</title>
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		<updated>2023-01-11T10:04:11Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Página creada con «// See mw:Reference Tooltips // Source https://en.wikipedia.org/wiki/MediaWiki:Gadget-ReferenceTooltips.js  ( function () {  // enwiki settings var REF_LINK_SELECTOR = '.reference, a[href^=&amp;quot;#CITEREF&amp;quot;]', 	COMMENTED_TEXT_CLASS = 'rt-commentedText', 	COMMENTED_TEXT_SELECTOR = ( COMMENTED_TEXT_CLASS ? '.' + COMMENTED_TEXT_CLASS + ', ' : '') + 		'abbr[title]';  mw.messages.set( { 	'rt-settings': 'Reference Tooltips settings', 	'rt-enable-footer': 'Enable Reference Tool…»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;// See [[mw:Reference Tooltips]]&lt;br /&gt;
// Source https://en.wikipedia.org/wiki/MediaWiki:Gadget-ReferenceTooltips.js&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
( function () {&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
// enwiki settings&lt;br /&gt;
var REF_LINK_SELECTOR = '.reference, a[href^=&amp;quot;#CITEREF&amp;quot;]',&lt;br /&gt;
	COMMENTED_TEXT_CLASS = 'rt-commentedText',&lt;br /&gt;
	COMMENTED_TEXT_SELECTOR = ( COMMENTED_TEXT_CLASS ? '.' + COMMENTED_TEXT_CLASS + ', ' : '') +&lt;br /&gt;
		'abbr[title]';&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mw.messages.set( {&lt;br /&gt;
	'rt-settings': 'Reference Tooltips settings',&lt;br /&gt;
	'rt-enable-footer': 'Enable Reference Tooltips',&lt;br /&gt;
	'rt-settings-title': 'Reference Tooltips',&lt;br /&gt;
	'rt-save': 'Save',&lt;br /&gt;
	'rt-cancel': 'Cancel',&lt;br /&gt;
	'rt-enable': 'Enable',&lt;br /&gt;
	'rt-disable': 'Disable',&lt;br /&gt;
	'rt-activationMethod': 'Tooltip appears when',&lt;br /&gt;
	'rt-hovering': 'hovering',&lt;br /&gt;
	'rt-clicking': 'clicking',&lt;br /&gt;
	'rt-delay': 'Delay before the tooltip appears (in milliseconds)',&lt;br /&gt;
	'rt-tooltipsForComments': 'Show tooltips over &amp;lt;span title=&amp;quot;Tooltip example&amp;quot; class=&amp;quot;' + ( COMMENTED_TEXT_CLASS || 'rt-commentedText' ) + '&amp;quot; style=&amp;quot;border-bottom: 1px dotted; cursor: help;&amp;quot;&amp;gt;text with a dotted underline&amp;lt;/span&amp;gt; in Reference Tooltips style (allows to see such tooltips on devices with no mouse support)',&lt;br /&gt;
	'rt-disabledNote': 'You can re-enable Reference Tooltips using a link in the footer of the page.',&lt;br /&gt;
	'rt-done': 'Done',&lt;br /&gt;
	'rt-enabled': 'Reference Tooltips are enabled'&lt;br /&gt;
} );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
// &amp;quot;Global&amp;quot; variables&lt;br /&gt;
var SECONDS_IN_A_DAY = 60 * 60 * 24,&lt;br /&gt;
	CLASSES = {&lt;br /&gt;
		FADE_IN_DOWN: 'rt-fade-in-down',&lt;br /&gt;
		FADE_IN_UP: 'rt-fade-in-up',&lt;br /&gt;
		FADE_OUT_DOWN: 'rt-fade-out-down',&lt;br /&gt;
		FADE_OUT_UP: 'rt-fade-out-up'&lt;br /&gt;
	},&lt;br /&gt;
	IS_TOUCHSCREEN = 'ontouchstart' in document.documentElement,&lt;br /&gt;
	// Quite a rough check for mobile browsers, a mix of what is advised at&lt;br /&gt;
	// https://stackoverflow.com/a/24600597 (sends to&lt;br /&gt;
	// https://developer.mozilla.org/en-US/docs/Browser_detection_using_the_user_agent)&lt;br /&gt;
	// and https://stackoverflow.com/a/14301832&lt;br /&gt;
	IS_MOBILE = /Mobi|Android/i.test( navigator.userAgent ) ||&lt;br /&gt;
		typeof window.orientation !== 'undefined',&lt;br /&gt;
	CLIENT_NAME = $.client.profile().name,&lt;br /&gt;
	settingsString, settings, enabled, delay, activatedByClick, tooltipsForComments, cursorWaitCss,&lt;br /&gt;
	windowManager,&lt;br /&gt;
	$body = $( document.body ),&lt;br /&gt;
	$window = $( window );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
function rt( $content ) {&lt;br /&gt;
	// Popups gadget&lt;br /&gt;
	if ( window.pg ) {&lt;br /&gt;
		return;&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	var teSelector,&lt;br /&gt;
		settingsDialogOpening = false;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	function setSettingsCookie() {&lt;br /&gt;
		mw.cookie.set(&lt;br /&gt;
			'RTsettings',&lt;br /&gt;
			Number( enabled ) + '|' + delay + '|' + Number( activatedByClick ) + '|' +&lt;br /&gt;
				Number( tooltipsForComments ),&lt;br /&gt;
			{ path: '/', expires: 90 * SECONDS_IN_A_DAY, prefix: '' }&lt;br /&gt;
		);&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	function enableRt() {&lt;br /&gt;
		enabled = true;&lt;br /&gt;
		setSettingsCookie();&lt;br /&gt;
		$( '.rt-enableItem' ).remove();&lt;br /&gt;
		rt( $content );&lt;br /&gt;
		mw.notify( mw.msg( 'rt-enabled' ) );&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	function disableRt() {&lt;br /&gt;
		$content.find( teSelector ).removeClass( 'rt-commentedText' ).off( '.rt' );&lt;br /&gt;
		$body.off( '.rt' );&lt;br /&gt;
		$window.off( '.rt' );&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	function addEnableLink() {&lt;br /&gt;
		// #footer-places – Vector&lt;br /&gt;
		// #f-list – Timeless, Monobook, Modern&lt;br /&gt;
		// parent of #footer li – Cologne Blue&lt;br /&gt;
		var $footer = $( '#footer-places, #f-list' );&lt;br /&gt;
		if ( !$footer.length ) {&lt;br /&gt;
			$footer = $( '#footer li' ).parent();&lt;br /&gt;
		}&lt;br /&gt;
		$footer.append(&lt;br /&gt;
			$( '&amp;lt;li&amp;gt;' )&lt;br /&gt;
				.addClass( 'rt-enableItem' )&lt;br /&gt;
				.append(&lt;br /&gt;
					$( '&amp;lt;a&amp;gt;' )&lt;br /&gt;
						.text( mw.msg( 'rt-enable-footer' ) )&lt;br /&gt;
						.attr( 'href', 'javascript:' )&lt;br /&gt;
						.click( function ( e ) {&lt;br /&gt;
							e.preventDefault();&lt;br /&gt;
							enableRt();&lt;br /&gt;
						} )&lt;br /&gt;
			)&lt;br /&gt;
		);&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	function TooltippedElement( $element ) {&lt;br /&gt;
		var tooltip,&lt;br /&gt;
			events,&lt;br /&gt;
			te = this;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		function onStartEvent( e ) {&lt;br /&gt;
			var showRefArgs;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			if ( activatedByClick &amp;amp;&amp;amp; te.type !== 'commentedText' &amp;amp;&amp;amp; e.type !== 'contextmenu' ) {&lt;br /&gt;
				e.preventDefault();&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
			if ( !te.noRef ) {&lt;br /&gt;
				showRefArgs = [ $( this ) ];&lt;br /&gt;
				if ( te.type !== 'supRef' ) {&lt;br /&gt;
					showRefArgs.push( e.pageX, e.pageY );&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
				te.showRef.apply( te, showRefArgs );&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
		}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		function onEndEvent() {&lt;br /&gt;
			if ( !te.noRef ) {&lt;br /&gt;
				te.hideRef();&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
		}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		if ( !$element ) {&lt;br /&gt;
			return;&lt;br /&gt;
		}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		// TooltippedElement.$element and TooltippedElement.$originalElement will be different when&lt;br /&gt;
		// the first is changed after its cloned version is hovered in a tooltip&lt;br /&gt;
		this.$element = $element;&lt;br /&gt;
		this.$originalElement = $element;&lt;br /&gt;
		if ( this.$element.is( REF_LINK_SELECTOR ) ) {&lt;br /&gt;
			if ( this.$element.prop( 'tagName' ) === 'SUP' ) {&lt;br /&gt;
				this.type = 'supRef';&lt;br /&gt;
			} else {&lt;br /&gt;
				this.type = 'harvardRef';&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
		} else {&lt;br /&gt;
			this.type = 'commentedText';&lt;br /&gt;
			this.comment = this.$element.attr( 'title' );&lt;br /&gt;
			if ( !this.comment ) {&lt;br /&gt;
				return;&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
			this.$element.addClass('rt-commentedText');&lt;br /&gt;
		}&lt;br /&gt;
		&lt;br /&gt;
		if ( activatedByClick ) {&lt;br /&gt;
			events = {&lt;br /&gt;
				'click.rt': onStartEvent&lt;br /&gt;
			};&lt;br /&gt;
			// Adds an ability to see tooltips for links&lt;br /&gt;
			if ( this.type === 'commentedText' &amp;amp;&amp;amp;&lt;br /&gt;
				( this.$element.closest( 'a' ).length ||&lt;br /&gt;
					this.$element.has( 'a' ).length&lt;br /&gt;
				)&lt;br /&gt;
			) {&lt;br /&gt;
				events[ 'contextmenu.rt' ] = onStartEvent;&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
		} else {&lt;br /&gt;
			events = {&lt;br /&gt;
				'mouseenter.rt': onStartEvent,&lt;br /&gt;
				'mouseleave.rt': onEndEvent&lt;br /&gt;
			};&lt;br /&gt;
		}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		this.$element.on( events );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		this.hideRef = function ( immediately ) {&lt;br /&gt;
			clearTimeout( te.showTimer );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			if ( this.type === 'commentedText' ) {&lt;br /&gt;
				this.$element.attr( 'title', this.comment );&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			if ( this.tooltip &amp;amp;&amp;amp; this.tooltip.isPresent ) {&lt;br /&gt;
				if ( activatedByClick || immediately ) {&lt;br /&gt;
					this.tooltip.hide();&lt;br /&gt;
				} else {&lt;br /&gt;
					this.hideTimer = setTimeout( function () {&lt;br /&gt;
						te.tooltip.hide();&lt;br /&gt;
					}, 200 );&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
			} else if ( this.$ref &amp;amp;&amp;amp; this.$ref.hasClass( 'rt-target' ) ) {&lt;br /&gt;
				this.$ref.removeClass( 'rt-target' );&lt;br /&gt;
				if ( activatedByClick ) {&lt;br /&gt;
					$body.off( 'click.rt touchstart.rt', this.onBodyClick );&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
		};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		this.showRef = function ( $element, ePageX, ePageY ) {&lt;br /&gt;
			// Popups gadget&lt;br /&gt;
			if ( window.pg ) {&lt;br /&gt;
				disableRt();&lt;br /&gt;
				return;&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
			&lt;br /&gt;
			if ( this.tooltip &amp;amp;&amp;amp; !this.tooltip.$content.length ) {&lt;br /&gt;
				return;&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			var tooltipInitiallyPresent = this.tooltip &amp;amp;&amp;amp; this.tooltip.isPresent;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			function reallyShow() {&lt;br /&gt;
				var viewportTop, refOffsetTop, teHref;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				if ( !te.$ref &amp;amp;&amp;amp; !te.comment ) {&lt;br /&gt;
					teHref = te.type === 'supRef' ?&lt;br /&gt;
						te.$element.find( 'a' ).attr( 'href' ) :&lt;br /&gt;
						te.$element.attr( 'href' ); // harvardRef&lt;br /&gt;
					te.$ref = teHref &amp;amp;&amp;amp;&lt;br /&gt;
						$( '#' + $.escapeSelector( teHref.slice( 1 ) ) );&lt;br /&gt;
					if ( !te.$ref || !te.$ref.length || !te.$ref.text() ) {&lt;br /&gt;
						te.noRef = true;&lt;br /&gt;
						return;&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				if ( !tooltipInitiallyPresent &amp;amp;&amp;amp; !te.comment ) {&lt;br /&gt;
					viewportTop = $window.scrollTop();&lt;br /&gt;
					refOffsetTop = te.$ref.offset().top;&lt;br /&gt;
					if ( !activatedByClick &amp;amp;&amp;amp;&lt;br /&gt;
						viewportTop &amp;lt; refOffsetTop &amp;amp;&amp;amp;&lt;br /&gt;
						viewportTop + $window.height() &amp;gt; refOffsetTop + te.$ref.height() &amp;amp;&amp;amp;&lt;br /&gt;
						// There can be gadgets/scripts that make references horizontally scrollable.&lt;br /&gt;
						$window.width() &amp;gt; te.$ref.offset().left + te.$ref.width()&lt;br /&gt;
					) {&lt;br /&gt;
						// Highlight the reference itself&lt;br /&gt;
						te.$ref.addClass( 'rt-target' );&lt;br /&gt;
						return;&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				if ( !te.tooltip ) {&lt;br /&gt;
					te.tooltip = new Tooltip( te );&lt;br /&gt;
					if ( !te.tooltip.$content.length ) {&lt;br /&gt;
						return;&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				// If this tooltip is called from inside another tooltip. We can't define it&lt;br /&gt;
				// in the constructor since a ref can be cloned but have the same Tooltip object;&lt;br /&gt;
				// so, Tooltip.parent is a floating value.&lt;br /&gt;
				te.tooltip.parent = te.$element.closest( '.rt-tooltip' ).data( 'tooltip' );&lt;br /&gt;
				if ( te.tooltip.parent &amp;amp;&amp;amp; te.tooltip.parent.disappearing ) {&lt;br /&gt;
					return;&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				te.tooltip.show();&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				if ( tooltipInitiallyPresent ) {&lt;br /&gt;
					if ( te.tooltip.$element.hasClass( 'rt-tooltip-above' ) ) {&lt;br /&gt;
						te.tooltip.$element.addClass( CLASSES.FADE_IN_DOWN );&lt;br /&gt;
					} else {&lt;br /&gt;
						te.tooltip.$element.addClass( CLASSES.FADE_IN_UP );&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
					return;&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				te.tooltip.calculatePosition( ePageX, ePageY );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				$window.on( 'resize.rt', te.onWindowResize );&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			// We redefine this.$element here because e.target can be a reference link inside&lt;br /&gt;
			// a reference tooltip, not a link that was initially assigned to this.$element&lt;br /&gt;
			this.$element = $element;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			if ( this.type === 'commentedText' ) {&lt;br /&gt;
				this.$element.attr( 'title', '' );&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			if ( activatedByClick ) {&lt;br /&gt;
				if ( tooltipInitiallyPresent ||&lt;br /&gt;
					( this.$ref &amp;amp;&amp;amp; this.$ref.hasClass( 'rt-target' ) )&lt;br /&gt;
				) {&lt;br /&gt;
					return;&lt;br /&gt;
				} else {&lt;br /&gt;
					setTimeout( function () {&lt;br /&gt;
						$body.on( 'click.rt touchstart.rt', te.onBodyClick );&lt;br /&gt;
					}, 0 );&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			if ( activatedByClick || tooltipInitiallyPresent ) {&lt;br /&gt;
				reallyShow();&lt;br /&gt;
			} else {&lt;br /&gt;
				this.showTimer = setTimeout( reallyShow, delay );&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
		};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		this.onBodyClick = function ( e ) {&lt;br /&gt;
			if ( !te.tooltip &amp;amp;&amp;amp; !(te.$ref &amp;amp;&amp;amp; te.$ref.hasClass( 'rt-target' )) ) {&lt;br /&gt;
				return;&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			var $current = $( e.target );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			function contextMatchesParameter( parameter ) {&lt;br /&gt;
				return this === parameter;&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			// The last condition is used to determine cases when a clicked tooltip is the current&lt;br /&gt;
			// element's tooltip or one of its descendants&lt;br /&gt;
			while ( $current.length &amp;amp;&amp;amp;&lt;br /&gt;
				( !$current.hasClass( 'rt-tooltip' ) ||&lt;br /&gt;
					!$current.data( 'tooltip' ) ||&lt;br /&gt;
					!$current.data( 'tooltip' ).upToTopParent(&lt;br /&gt;
						contextMatchesParameter, [ te.tooltip ],&lt;br /&gt;
						true&lt;br /&gt;
					)&lt;br /&gt;
				)&lt;br /&gt;
			) {&lt;br /&gt;
				$current = $current.parent();&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
			if ( !$current.length ) {&lt;br /&gt;
				te.hideRef();&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
		};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		this.onWindowResize = function () {&lt;br /&gt;
			te.tooltip.calculatePosition();&lt;br /&gt;
		};&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	function Tooltip( te ) {&lt;br /&gt;
		function openSettingsDialog() {&lt;br /&gt;
			var settingsDialog, settingsWindow;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			if ( cursorWaitCss ) {&lt;br /&gt;
				cursorWaitCss.disabled = true;&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			function SettingsDialog() {&lt;br /&gt;
				SettingsDialog.parent.call( this );&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
			OO.inheritClass( SettingsDialog, OO.ui.ProcessDialog );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			SettingsDialog.static.name = 'settingsDialog';&lt;br /&gt;
			SettingsDialog.static.title = mw.msg( 'rt-settings-title' );&lt;br /&gt;
			SettingsDialog.static.actions = [&lt;br /&gt;
				{&lt;br /&gt;
					modes: 'basic',&lt;br /&gt;
					action: 'save',&lt;br /&gt;
					label: mw.msg( 'rt-save' ),&lt;br /&gt;
					flags: [ 'primary', 'progressive' ]&lt;br /&gt;
				},&lt;br /&gt;
				{&lt;br /&gt;
					modes: 'basic',&lt;br /&gt;
					label: mw.msg( 'rt-cancel' ),&lt;br /&gt;
					flags: 'safe'&lt;br /&gt;
				},&lt;br /&gt;
				{&lt;br /&gt;
					modes: 'disabled',&lt;br /&gt;
					action: 'deactivated',&lt;br /&gt;
					label: mw.msg( 'rt-done' ),&lt;br /&gt;
					flags: [ 'primary', 'progressive' ]&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
			];&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			SettingsDialog.prototype.initialize = function () {&lt;br /&gt;
				var dialog = this;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				SettingsDialog.parent.prototype.initialize.apply( this, arguments );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				this.enableOption = new OO.ui.RadioOptionWidget( {&lt;br /&gt;
					label: mw.msg( 'rt-enable' )&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
				this.disableOption = new OO.ui.RadioOptionWidget( {&lt;br /&gt;
					label: mw.msg( 'rt-disable' )&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
				this.enableSelect = new OO.ui.RadioSelectWidget( {&lt;br /&gt;
					items: [ this.enableOption, this.disableOption ],&lt;br /&gt;
					classes: [ 'rt-enableSelect' ]&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
				this.enableSelect.selectItem( this.enableOption );&lt;br /&gt;
				this.enableSelect.on( 'choose', function ( item ) {&lt;br /&gt;
					if ( item === dialog.disableOption ) {&lt;br /&gt;
						dialog.activationMethodSelect.setDisabled( true );&lt;br /&gt;
						dialog.delayInput.setDisabled( true );&lt;br /&gt;
						dialog.tooltipsForCommentsCheckbox.setDisabled( true );&lt;br /&gt;
					} else {&lt;br /&gt;
						dialog.activationMethodSelect.setDisabled( false );&lt;br /&gt;
						dialog.delayInput.setDisabled( dialog.clickOption.isSelected() );&lt;br /&gt;
						dialog.tooltipsForCommentsCheckbox.setDisabled( false );&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				this.hoverOption = new OO.ui.RadioOptionWidget( {&lt;br /&gt;
					label: mw.msg( 'rt-hovering' )&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
				this.clickOption = new OO.ui.RadioOptionWidget( {&lt;br /&gt;
					label: mw.msg( 'rt-clicking' )&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
				this.activationMethodSelect = new OO.ui.RadioSelectWidget( {&lt;br /&gt;
					items: [ this.hoverOption, this.clickOption ]&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
				this.activationMethodSelect.selectItem( activatedByClick ?&lt;br /&gt;
					this.clickOption :&lt;br /&gt;
					this.hoverOption&lt;br /&gt;
				);&lt;br /&gt;
				this.activationMethodSelect.on( 'choose', function ( item ) {&lt;br /&gt;
					if ( item === dialog.clickOption ) {&lt;br /&gt;
						dialog.delayInput.setDisabled( true );&lt;br /&gt;
					} else {&lt;br /&gt;
						dialog.delayInput.setDisabled( dialog.clickOption.isSelected() );&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
				this.activationMethodField = new OO.ui.FieldLayout( this.activationMethodSelect, {&lt;br /&gt;
					label: mw.msg( 'rt-activationMethod' ),&lt;br /&gt;
					align: 'top'&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				this.delayInput = new OO.ui.NumberInputWidget( {&lt;br /&gt;
					input: { value: delay },&lt;br /&gt;
					step: 50,&lt;br /&gt;
					min: 0,&lt;br /&gt;
					max: 5000,&lt;br /&gt;
					disabled: activatedByClick,&lt;br /&gt;
					classes: [ 'rt-numberInput' ]&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
				this.delayField = new OO.ui.FieldLayout( this.delayInput, {&lt;br /&gt;
					label: mw.msg( 'rt-delay' ),&lt;br /&gt;
					align: 'top'&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				this.tooltipsForCommentsCheckbox = new OO.ui.CheckboxInputWidget( {&lt;br /&gt;
					selected: tooltipsForComments&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
				this.tooltipsForCommentsField = new OO.ui.FieldLayout(&lt;br /&gt;
					this.tooltipsForCommentsCheckbox,&lt;br /&gt;
					{&lt;br /&gt;
						label: new OO.ui.HtmlSnippet( mw.msg( 'rt-tooltipsForComments' ) ),&lt;br /&gt;
						align: 'inline',&lt;br /&gt;
						classes: [ 'rt-tooltipsForCommentsField' ]&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
				);&lt;br /&gt;
				new TooltippedElement(&lt;br /&gt;
					this.tooltipsForCommentsField.$element.find(&lt;br /&gt;
						'.' + ( COMMENTED_TEXT_CLASS || 'rt-commentedText' )&lt;br /&gt;
					)&lt;br /&gt;
				);&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				this.fieldset = new OO.ui.FieldsetLayout();&lt;br /&gt;
				this.fieldset.addItems( [&lt;br /&gt;
					this.activationMethodField,&lt;br /&gt;
					this.delayField,&lt;br /&gt;
					this.tooltipsForCommentsField&lt;br /&gt;
				] );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				this.panelSettings = new OO.ui.PanelLayout( {&lt;br /&gt;
					padded: true,&lt;br /&gt;
					expanded: false&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
				this.panelSettings.$element.append(&lt;br /&gt;
					this.enableSelect.$element,&lt;br /&gt;
					$( '&amp;lt;hr&amp;gt;' ).addClass( 'rt-settingsFormSeparator' ),&lt;br /&gt;
					this.fieldset.$element&lt;br /&gt;
				);&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				this.panelDisabled = new OO.ui.PanelLayout( {&lt;br /&gt;
					padded: true,&lt;br /&gt;
					expanded: false&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
				this.panelDisabled.$element.append(&lt;br /&gt;
					$( '&amp;lt;table&amp;gt;' )&lt;br /&gt;
						.addClass( 'rt-disabledHelp' )&lt;br /&gt;
						.append(&lt;br /&gt;
							$( '&amp;lt;tr&amp;gt;' ).append(&lt;br /&gt;
								$( '&amp;lt;td&amp;gt;' ).append(&lt;br /&gt;
									$( '&amp;lt;img&amp;gt;' ).attr( 'src', 'https://sja.asistenciasacerdotal.eu/load.php?modules=ext.popups.images&amp;amp;image=footer&amp;amp;format=rasterized&amp;amp;lang=ru&amp;amp;skin=vector&amp;amp;version=0uotisb' )&lt;br /&gt;
								),&lt;br /&gt;
								$( '&amp;lt;td&amp;gt;' )&lt;br /&gt;
									.addClass( 'rt-disabledNote' )&lt;br /&gt;
									.text( mw.msg( 'rt-disabledNote' ) )&lt;br /&gt;
							)&lt;br /&gt;
						)&lt;br /&gt;
				);&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				this.stackLayout = new OO.ui.StackLayout( {&lt;br /&gt;
					items: [ this.panelSettings, this.panelDisabled ]&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				this.$body.append( this.stackLayout.$element );&lt;br /&gt;
			};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			SettingsDialog.prototype.getSetupProcess = function ( data ) {&lt;br /&gt;
				return SettingsDialog.parent.prototype.getSetupProcess.call( this, data )&lt;br /&gt;
					.next( function () {&lt;br /&gt;
						this.stackLayout.setItem( this.panelSettings );&lt;br /&gt;
						this.actions.setMode( 'basic' );&lt;br /&gt;
					}, this );&lt;br /&gt;
			};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			SettingsDialog.prototype.getActionProcess = function ( action ) {&lt;br /&gt;
				var dialog = this;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
				if ( action === 'save' ) {&lt;br /&gt;
					return new OO.ui.Process( function () {&lt;br /&gt;
						var newDelay = Number( dialog.delayInput.getValue() );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
						enabled = dialog.enableOption.isSelected();&lt;br /&gt;
						if ( newDelay &amp;gt;= 0 &amp;amp;&amp;amp; newDelay &amp;lt;= 5000 ) {&lt;br /&gt;
							delay = newDelay;&lt;br /&gt;
						}&lt;br /&gt;
						activatedByClick = dialog.clickOption.isSelected();&lt;br /&gt;
						tooltipsForComments = dialog.tooltipsForCommentsCheckbox.isSelected();&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
						setSettingsCookie();&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
						if ( enabled ) {&lt;br /&gt;
							dialog.close();&lt;br /&gt;
							disableRt();&lt;br /&gt;
							rt( $content );&lt;br /&gt;
						} else {&lt;br /&gt;
							dialog.actions.setMode( 'disabled' );&lt;br /&gt;
							dialog.stackLayout.setItem( dialog.panelDisabled );&lt;br /&gt;
							disableRt();&lt;br /&gt;
							addEnableLink();&lt;br /&gt;
						}&lt;br /&gt;
					} );&lt;br /&gt;
				} else if ( action === 'deactivated' ) {&lt;br /&gt;
					dialog.close();&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
				return SettingsDialog.parent.prototype.getActionProcess.call( this, action );&lt;br /&gt;
			};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			SettingsDialog.prototype.getBodyHeight = function () {&lt;br /&gt;
				return this.stackLayout.getCurrentItem().$element.outerHeight( true );&lt;br /&gt;
			};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			tooltip.upToTopParent( function adjustRightAndHide() {&lt;br /&gt;
				if ( this.isPresent ) {&lt;br /&gt;
					if ( this.$element[ 0 ].style.right ) {&lt;br /&gt;
						this.$element.css(&lt;br /&gt;
							'right',&lt;br /&gt;
							'+=' + ( window.innerWidth - $window.width() )&lt;br /&gt;
						);&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
					this.te.hideRef( true );&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
			} );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			if ( !windowManager ) {&lt;br /&gt;
				windowManager = new OO.ui.WindowManager();&lt;br /&gt;
				$body.append( windowManager.$element );&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			settingsDialog = new SettingsDialog();&lt;br /&gt;
			windowManager.addWindows( [ settingsDialog ] );&lt;br /&gt;
			settingsWindow = windowManager.openWindow( settingsDialog );&lt;br /&gt;
			settingsWindow.opened.then( function () {&lt;br /&gt;
				settingsDialogOpening = false;&lt;br /&gt;
			} );&lt;br /&gt;
			settingsWindow.closed.then( function () {&lt;br /&gt;
				windowManager.clearWindows();&lt;br /&gt;
			} );&lt;br /&gt;
		}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		var tooltip = this;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		// This variable can change: one tooltip can be called from a harvard-style reference link&lt;br /&gt;
		// that is put into different tooltips&lt;br /&gt;
		this.te = te;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		switch ( this.te.type ) {&lt;br /&gt;
			case 'supRef':&lt;br /&gt;
				this.id = 'rt-' + this.te.$originalElement.attr( 'id' );&lt;br /&gt;
				this.$content = this.te.$ref&lt;br /&gt;
					.contents()&lt;br /&gt;
					.filter( function ( i ) {&lt;br /&gt;
						var $this = $( this );&lt;br /&gt;
						return this.nodeType === Node.TEXT_NODE ||&lt;br /&gt;
							!( $this.is( '.mw-cite-backlink' ) ||&lt;br /&gt;
								( i === 0 &amp;amp;&amp;amp;&lt;br /&gt;
									// Template:Cnote, Template:Note&lt;br /&gt;
									( $this.is( 'b' ) ||&lt;br /&gt;
										// Template:Note_label&lt;br /&gt;
										$this.is( 'a' ) &amp;amp;&amp;amp;&lt;br /&gt;
										$this.attr( 'href' ).indexOf( '#ref' ) === 0&lt;br /&gt;
									)&lt;br /&gt;
								)&lt;br /&gt;
							);&lt;br /&gt;
					} )&lt;br /&gt;
					.clone( true );&lt;br /&gt;
				break;&lt;br /&gt;
			case 'harvardRef':&lt;br /&gt;
				this.id = 'rt-' + this.te.$originalElement.closest( 'li' ).attr( 'id' );&lt;br /&gt;
				this.$content = this.te.$ref&lt;br /&gt;
					.clone( true )&lt;br /&gt;
					.removeAttr( 'id' );&lt;br /&gt;
				break;&lt;br /&gt;
			case 'commentedText':&lt;br /&gt;
				this.id = 'rt-' + String( Math.random() ).slice( 2 );&lt;br /&gt;
				this.$content = $( document.createTextNode( this.te.comment ) );&lt;br /&gt;
				break;&lt;br /&gt;
		}&lt;br /&gt;
		if ( !this.$content.length ) {&lt;br /&gt;
			return;&lt;br /&gt;
		}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		this.insideWindow = Boolean( this.te.$element.closest( '.oo-ui-window' ).length );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		this.$element = $( '&amp;lt;div&amp;gt;' )&lt;br /&gt;
			.addClass( 'rt-tooltip' )&lt;br /&gt;
			.attr( 'id', this.id )&lt;br /&gt;
			.attr( 'role', 'tooltip' )&lt;br /&gt;
			.data( 'tooltip', this );&lt;br /&gt;
		if ( this.insideWindow ) {&lt;br /&gt;
			this.$element.addClass( 'rt-tooltip-insideWindow' );&lt;br /&gt;
		}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		// We need the $content interlayer here in order for the settings icon to have correct&lt;br /&gt;
		// margins&lt;br /&gt;
		this.$content = this.$content&lt;br /&gt;
			.wrapAll( '&amp;lt;div&amp;gt;' )&lt;br /&gt;
			.parent()&lt;br /&gt;
			.addClass( 'rt-tooltipContent' )&lt;br /&gt;
			.addClass( 'mw-parser-output' )&lt;br /&gt;
			.appendTo( this.$element );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		if ( !activatedByClick ) {&lt;br /&gt;
			this.$element&lt;br /&gt;
				.mouseenter( function () {&lt;br /&gt;
					if ( !tooltip.disappearing ) {&lt;br /&gt;
						tooltip.upToTopParent( function () {&lt;br /&gt;
							this.show();&lt;br /&gt;
						} );&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
				} )&lt;br /&gt;
				.mouseleave( function ( e ) {&lt;br /&gt;
					// https://stackoverflow.com/q/47649442 workaround. Relying on relatedTarget&lt;br /&gt;
					// alone has pitfalls: when alt-tabbing, relatedTarget is empty too&lt;br /&gt;
					if ( CLIENT_NAME !== 'chrome' ||&lt;br /&gt;
						( !e.originalEvent ||&lt;br /&gt;
							e.originalEvent.relatedTarget !== null ||&lt;br /&gt;
							!tooltip.clickedTime ||&lt;br /&gt;
							$.now() - tooltip.clickedTime &amp;gt; 50&lt;br /&gt;
						)&lt;br /&gt;
					) {&lt;br /&gt;
						tooltip.upToTopParent( function () {&lt;br /&gt;
							this.te.hideRef();&lt;br /&gt;
						} );&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
				} )&lt;br /&gt;
				.click( function () {&lt;br /&gt;
					tooltip.clickedTime = $.now();&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
		}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		if ( !this.insideWindow ) {&lt;br /&gt;
			$( '&amp;lt;div&amp;gt;' )&lt;br /&gt;
				.addClass( 'rt-settingsLink' )&lt;br /&gt;
				.attr( 'title', mw.msg( 'rt-settings' ) )&lt;br /&gt;
				.click( function () {&lt;br /&gt;
					if ( settingsDialogOpening ) {&lt;br /&gt;
						return;&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
					settingsDialogOpening = true;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
					if ( mw.loader.getState( 'oojs-ui' ) !== 'ready' ) {&lt;br /&gt;
						if ( cursorWaitCss ) {&lt;br /&gt;
							cursorWaitCss.disabled = false;&lt;br /&gt;
						} else {&lt;br /&gt;
							cursorWaitCss = mw.util.addCSS( 'body { cursor: wait; }' );&lt;br /&gt;
						}&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
					mw.loader.using( [ 'oojs', 'oojs-ui' ], openSettingsDialog );&lt;br /&gt;
				} )&lt;br /&gt;
				.prependTo( this.$content );&lt;br /&gt;
		}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		// Tooltip tail element is inside tooltip content element in order for the tooltip&lt;br /&gt;
		// not to disappear when the mouse is above the tail&lt;br /&gt;
		this.$tail = $( '&amp;lt;div&amp;gt;' )&lt;br /&gt;
			.addClass( 'rt-tooltipTail' )&lt;br /&gt;
			.prependTo( this.$element );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		this.disappearing = false;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		this.show = function () {&lt;br /&gt;
			this.disappearing = false;&lt;br /&gt;
			clearTimeout( this.te.hideTimer );&lt;br /&gt;
			clearTimeout( this.te.removeTimer );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			this.$element&lt;br /&gt;
				.removeClass( CLASSES.FADE_OUT_DOWN )&lt;br /&gt;
				.removeClass( CLASSES.FADE_OUT_UP );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			if ( !this.isPresent ) {&lt;br /&gt;
				$body.append( this.$element );&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			this.isPresent = true;&lt;br /&gt;
		};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		this.hide = function () {&lt;br /&gt;
			var tooltip = this;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			tooltip.disappearing = true;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			if ( tooltip.$element.hasClass( 'rt-tooltip-above' ) ) {&lt;br /&gt;
				tooltip.$element&lt;br /&gt;
					.removeClass( CLASSES.FADE_IN_DOWN )&lt;br /&gt;
					.addClass( CLASSES.FADE_OUT_UP );&lt;br /&gt;
			} else {&lt;br /&gt;
				tooltip.$element&lt;br /&gt;
					.removeClass( CLASSES.FADE_IN_UP )&lt;br /&gt;
					.addClass( CLASSES.FADE_OUT_DOWN );&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			tooltip.te.removeTimer = setTimeout( function () {&lt;br /&gt;
				if ( tooltip.isPresent ) {&lt;br /&gt;
					tooltip.$element.detach();&lt;br /&gt;
					&lt;br /&gt;
					tooltip.$tail.css( 'left', '' );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
					if ( activatedByClick ) {&lt;br /&gt;
						$body.off( 'click.rt touchstart.rt', tooltip.te.onBodyClick );&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
					$window.off( 'resize.rt', tooltip.te.onWindowResize );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
					tooltip.isPresent = false;&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
			}, 200 );&lt;br /&gt;
		};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		this.calculatePosition = function ( ePageX, ePageY ) {&lt;br /&gt;
			var teElement, teOffsets, teOffset, tooltipTailOffsetX, tooltipTailLeft,&lt;br /&gt;
				offsetYCorrection = 0;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			this.$tail.css( 'left', '' );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			teElement = this.te.$element.get( 0 );&lt;br /&gt;
			if ( ePageX !== undefined ) {&lt;br /&gt;
				tooltipTailOffsetX = ePageX;&lt;br /&gt;
				teOffsets = teElement.getClientRects &amp;amp;&amp;amp;&lt;br /&gt;
					teElement.getClientRects() ||&lt;br /&gt;
					teElement.getBoundingClientRect();&lt;br /&gt;
				if ( teOffsets.length &amp;gt; 1 ) {&lt;br /&gt;
					for (var i = teOffsets.length - 1; i &amp;gt;= 0; i--) {&lt;br /&gt;
						if ( ePageY &amp;gt;= Math.round( $window.scrollTop() + teOffsets[i].top ) &amp;amp;&amp;amp;&lt;br /&gt;
							ePageY &amp;lt;= Math.round(&lt;br /&gt;
								$window.scrollTop() + teOffsets[i].top + teOffsets[i].height&lt;br /&gt;
							)&lt;br /&gt;
						) {&lt;br /&gt;
							teOffset = teOffsets[i];&lt;br /&gt;
						}&lt;br /&gt;
					}&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			if ( !teOffset ) {&lt;br /&gt;
				teOffset = teElement.getClientRects &amp;amp;&amp;amp;&lt;br /&gt;
					teElement.getClientRects()[0] ||&lt;br /&gt;
					teElement.getBoundingClientRect();&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
			teOffset = {&lt;br /&gt;
				top: $window.scrollTop() + teOffset.top,&lt;br /&gt;
				left: $window.scrollLeft() + teOffset.left,&lt;br /&gt;
				width: teOffset.width,&lt;br /&gt;
				height: teOffset.height&lt;br /&gt;
			};&lt;br /&gt;
			if ( !tooltipTailOffsetX ) {&lt;br /&gt;
				tooltipTailOffsetX = ( teOffset.left * 2 + teOffset.width ) / 2;&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
			if ( CLIENT_NAME === 'msie' &amp;amp;&amp;amp; this.te.type === 'supRef' ) {&lt;br /&gt;
				offsetYCorrection = -Number(&lt;br /&gt;
					this.te.$element.parent().css( 'font-size' ).replace( 'px', '' )&lt;br /&gt;
				) / 2;&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
			this.$element.css( {&lt;br /&gt;
				top: teOffset.top - this.$element.outerHeight() - 7 + offsetYCorrection,&lt;br /&gt;
				left: tooltipTailOffsetX - 20,&lt;br /&gt;
				right: ''&lt;br /&gt;
			} );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			// Is it squished against the right side of the page?&lt;br /&gt;
			if ( this.$element.offset().left + this.$element.outerWidth() &amp;gt; $window.width() - 1 ) {&lt;br /&gt;
				this.$element.css( {&lt;br /&gt;
					left: '',&lt;br /&gt;
					right: 0&lt;br /&gt;
				} );&lt;br /&gt;
				tooltipTailLeft = tooltipTailOffsetX - this.$element.offset().left - 5;&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			// Is a part of it above the top of the screen?&lt;br /&gt;
			if ( teOffset.top &amp;lt; this.$element.outerHeight() + $window.scrollTop() + 6 ) {&lt;br /&gt;
				this.$element&lt;br /&gt;
					.removeClass( 'rt-tooltip-above' )&lt;br /&gt;
					.addClass( 'rt-tooltip-below' )&lt;br /&gt;
					.addClass( CLASSES.FADE_IN_UP )&lt;br /&gt;
					.css( {&lt;br /&gt;
						top: teOffset.top + teOffset.height + 9 + offsetYCorrection&lt;br /&gt;
					} );&lt;br /&gt;
				if ( tooltipTailLeft ) {&lt;br /&gt;
					this.$tail.css( 'left', ( tooltipTailLeft + 12 ) + 'px' );&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
			} else {&lt;br /&gt;
				this.$element&lt;br /&gt;
					.removeClass( 'rt-tooltip-below' )&lt;br /&gt;
					.addClass( 'rt-tooltip-above' )&lt;br /&gt;
					.addClass( CLASSES.FADE_IN_DOWN )&lt;br /&gt;
					// A fix for cases when a tooltip shown once is then wrongly positioned when it&lt;br /&gt;
					// is shown again after a window resize. We just repeat what is above.&lt;br /&gt;
					.css( {&lt;br /&gt;
						top: teOffset.top - this.$element.outerHeight() - 7 + offsetYCorrection&lt;br /&gt;
					} );&lt;br /&gt;
				if ( tooltipTailLeft ) {&lt;br /&gt;
					// 12 is the tail element width/height&lt;br /&gt;
					this.$tail.css( 'left', tooltipTailLeft + 'px' );&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
		};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
		// Run some function for all the tooltips up to the top one in a tree. Its context will be&lt;br /&gt;
		// the tooltip, while its parameters may be passed to Tooltip.upToTopParent as an array&lt;br /&gt;
		// in the second parameter. If the third parameter passed to ToolTip.upToTopParent is true,&lt;br /&gt;
		// the execution stops when the function in question returns true for the first time,&lt;br /&gt;
		// and ToolTip.upToTopParent returns true as well.&lt;br /&gt;
		this.upToTopParent = function ( func, parameters, stopAtTrue ) {&lt;br /&gt;
			var returnValue,&lt;br /&gt;
				currentTooltip = this;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			do {&lt;br /&gt;
				returnValue = func.apply( currentTooltip, parameters );&lt;br /&gt;
				if ( stopAtTrue &amp;amp;&amp;amp; returnValue ) {&lt;br /&gt;
					break;&lt;br /&gt;
				}&lt;br /&gt;
			} while ( currentTooltip = currentTooltip.parent );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
			if ( stopAtTrue ) {&lt;br /&gt;
				return returnValue;&lt;br /&gt;
			}&lt;br /&gt;
		};&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	if ( !enabled ) {&lt;br /&gt;
		addEnableLink();&lt;br /&gt;
		return;&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	teSelector = REF_LINK_SELECTOR;&lt;br /&gt;
	if ( tooltipsForComments ) {&lt;br /&gt;
		teSelector += ', ' + COMMENTED_TEXT_SELECTOR;&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
	$content.find( teSelector ).each( function () {&lt;br /&gt;
		new TooltippedElement( $( this ) );&lt;br /&gt;
	} );&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
settingsString = mw.cookie.get( 'RTsettings', '' );&lt;br /&gt;
if ( settingsString ) {&lt;br /&gt;
	settings = settingsString.split( '|' );&lt;br /&gt;
	enabled = Boolean( Number( settings[ 0 ] ) );&lt;br /&gt;
	delay = Number( settings[ 1 ] );&lt;br /&gt;
	activatedByClick = Boolean( Number( settings[ 2 ] ) );&lt;br /&gt;
	// The forth value was added later, so we provide for a default value. See comments below&lt;br /&gt;
	// for why we use &amp;quot;IS_TOUCHSCREEN &amp;amp;&amp;amp; IS_MOBILE&amp;quot;.&lt;br /&gt;
	tooltipsForComments = settings[ 3 ] === undefined ?&lt;br /&gt;
		IS_TOUCHSCREEN &amp;amp;&amp;amp; IS_MOBILE :&lt;br /&gt;
		Boolean( Number( settings[ 3 ] ) );&lt;br /&gt;
} else {&lt;br /&gt;
	enabled = true;&lt;br /&gt;
	delay = 200;&lt;br /&gt;
	// Since the mobile browser check is error-prone, adding IS_MOBILE condition here would probably&lt;br /&gt;
	// leave cases where a user interacting with the browser using touches doesn't know how to call&lt;br /&gt;
	// a tooltip in order to switch to activation by click. Some touch-supporting laptop users&lt;br /&gt;
	// interacting by touch (though probably not the most popular use case) would not be happy too.&lt;br /&gt;
	activatedByClick = IS_TOUCHSCREEN;&lt;br /&gt;
	// Arguably we shouldn't convert native tooltips into gadget tooltips for devices that have&lt;br /&gt;
	// mouse support, even if they have touchscreens (there are laptops with touchscreens).&lt;br /&gt;
	// IS_TOUCHSCREEN check here is for reliability, since the mobile check is prone to false&lt;br /&gt;
	// positives.&lt;br /&gt;
	tooltipsForComments = IS_TOUCHSCREEN &amp;amp;&amp;amp; IS_MOBILE;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mw.hook( 'wikipage.content' ).add( rt );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
}() );&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=MediaWiki:Gadget-ReferenceTooltips.css&amp;diff=733</id>
		<title>MediaWiki:Gadget-ReferenceTooltips.css</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=MediaWiki:Gadget-ReferenceTooltips.css&amp;diff=733"/>
		<updated>2023-01-11T10:02:12Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: Página creada con «/* See mw:Reference Tooltips */  .rt-tooltip { 	position: absolute; 	z-index: 100; 	max-width: 350px; 	background: #fff; 	color: #222; 	font-size: 13px; 	line-height: 1.5em; 	border: 1px solid #c8ccd1; 	border-radius: 3px; 	box-shadow: 0 15px 45px -10px rgba(0, 0, 0, 0.3); 	overflow-wrap: break-word; }  .rt-tooltip.rt-tooltip-insideWindow { 	z-index: 110; }  .rt-tooltipContent { 	padding: 8px 11px; }  .rt-tooltip-above .rt-tooltipContent { 	margin-bottom: -8px; 	p…»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;/* See [[mw:Reference Tooltips]] */&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-tooltip {&lt;br /&gt;
	position: absolute;&lt;br /&gt;
	z-index: 100;&lt;br /&gt;
	max-width: 350px;&lt;br /&gt;
	background: #fff;&lt;br /&gt;
	color: #222;&lt;br /&gt;
	font-size: 13px;&lt;br /&gt;
	line-height: 1.5em;&lt;br /&gt;
	border: 1px solid #c8ccd1;&lt;br /&gt;
	border-radius: 3px;&lt;br /&gt;
	box-shadow: 0 15px 45px -10px rgba(0, 0, 0, 0.3);&lt;br /&gt;
	overflow-wrap: break-word;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-tooltip.rt-tooltip-insideWindow {&lt;br /&gt;
	z-index: 110;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-tooltipContent {&lt;br /&gt;
	padding: 8px 11px;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-tooltip-above .rt-tooltipContent {&lt;br /&gt;
	margin-bottom: -8px;&lt;br /&gt;
	padding-bottom: 16px;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-tooltip-below .rt-tooltipContent {&lt;br /&gt;
	margin-top: -10px;&lt;br /&gt;
	padding-top: 18px;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-tooltipTail,&lt;br /&gt;
.rt-tooltipTail:after {&lt;br /&gt;
	position: absolute;&lt;br /&gt;
	width: 12px;&lt;br /&gt;
	height: 12px;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-tooltipTail {&lt;br /&gt;
	background: linear-gradient(to top right, #c8ccd1 50%, rgba(0, 0, 0, 0) 50%);&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-tooltipTail:after {&lt;br /&gt;
	content: &amp;quot;&amp;quot;;&lt;br /&gt;
	background: #fff;&lt;br /&gt;
	bottom: 1px;&lt;br /&gt;
	left: 1px;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-tooltip-above .rt-tooltipTail {&lt;br /&gt;
	transform: rotate(-45deg);&lt;br /&gt;
	transform-origin: 100% 100%;&lt;br /&gt;
	bottom: 0;&lt;br /&gt;
	left: 15px;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-tooltip-below .rt-tooltipTail {&lt;br /&gt;
	transform: rotate(135deg);&lt;br /&gt;
	transform-origin: 0 0;&lt;br /&gt;
	top: 0;&lt;br /&gt;
	left: 27px;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-settingsLink {&lt;br /&gt;
	background-image: url(data:image/svg+xml,%3C%3Fxml%20version%3D%221.0%22%20encoding%3D%22utf-8%22%3F%3E%0D%0A%3Csvg%20xmlns%3D%22http%3A%2F%2Fwww.w3.org%2F2000%2Fsvg%22%20viewBox%3D%220%200%2024%2024%22%3E%0D%0A%20%20%20%20%3Cpath%20fill%3D%22%23555%22%20d%3D%22M20%2014.5v-2.9l-1.8-.3c-.1-.4-.3-.8-.6-1.4l1.1-1.5-2.1-2.1-1.5%201.1c-.5-.3-1-.5-1.4-.6L13.5%205h-2.9l-.3%201.8c-.5.1-.9.3-1.4.6L7.4%206.3%205.3%208.4l1%201.5c-.3.5-.4.9-.6%201.4l-1.7.2v2.9l1.8.3c.1.5.3.9.6%201.4l-1%201.5%202.1%202.1%201.5-1c.4.2.9.4%201.4.6l.3%201.8h3l.3-1.8c.5-.1.9-.3%201.4-.6l1.5%201.1%202.1-2.1-1.1-1.5c.3-.5.5-1%20.6-1.4l1.5-.3zM12%2016c-1.7%200-3-1.3-3-3s1.3-3%203-3%203%201.3%203%203-1.3%203-3%203z%22%2F%3E%0D%0A%3C%2Fsvg%3E);&lt;br /&gt;
	float: right;&lt;br /&gt;
	cursor: pointer;&lt;br /&gt;
	margin: -4px -4px 0 8px;&lt;br /&gt;
	height: 24px;&lt;br /&gt;
	width: 24px;&lt;br /&gt;
	border-radius: 2px;&lt;br /&gt;
	background-position: center center;&lt;br /&gt;
	background-repeat: no-repeat;&lt;br /&gt;
	background-size: 24px 24px;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-settingsLink:hover {&lt;br /&gt;
	background-color: #eee;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-target {&lt;br /&gt;
	background-color: #def;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-enableSelect {&lt;br /&gt;
	font-weight: bold;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-settingsFormSeparator {&lt;br /&gt;
	margin: 0.85714286em 0;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-numberInput.rt-numberInput {&lt;br /&gt;
	width: 150px;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-tooltipsForCommentsField.rt-tooltipsForCommentsField.rt-tooltipsForCommentsField {&lt;br /&gt;
	margin-top: 1.64285714em;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-disabledHelp {&lt;br /&gt;
	border-collapse: collapse;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-disabledHelp td {&lt;br /&gt;
	padding: 0;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-disabledNote.rt-disabledNote {&lt;br /&gt;
	vertical-align: bottom;&lt;br /&gt;
	padding-left: 0.36em;&lt;br /&gt;
	font-weight: bold;&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
@keyframes rt-fade-in-up {&lt;br /&gt;
	0% {&lt;br /&gt;
		opacity: 0;&lt;br /&gt;
		transform: translate(0, 20px)&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
	100% {&lt;br /&gt;
		opacity: 1;&lt;br /&gt;
		transform: translate(0, 0)&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
@keyframes rt-fade-in-down {&lt;br /&gt;
	0% {&lt;br /&gt;
		opacity: 0;&lt;br /&gt;
		transform: translate(0, -20px)&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
	100% {&lt;br /&gt;
		opacity: 1;&lt;br /&gt;
		transform: translate(0, 0)&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
@keyframes rt-fade-out-down {&lt;br /&gt;
	0% {&lt;br /&gt;
		opacity: 1;&lt;br /&gt;
		transform: translate(0, 0)&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
	100% {&lt;br /&gt;
		opacity: 0;&lt;br /&gt;
		transform: translate(0, 20px)&lt;br /&gt;
	}&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
@keyframes rt-fade-out-up {&lt;br /&gt;
	0% {&lt;br /&gt;
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	}&lt;br /&gt;
	100% {&lt;br /&gt;
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	}&lt;br /&gt;
}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.rt-fade-in-up {&lt;br /&gt;
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}&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=Pagina_de_prueba&amp;diff=732</id>
		<title>Pagina de prueba</title>
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		<updated>2023-01-11T09:55:20Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;    En esta página &amp;lt;big&amp;gt;hacemos pruebas&amp;lt;/big&amp;gt; de las nuevas funcionalidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las ''cursivas'' y '''negritas, ''y ambas'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora probamos {{versal}}Las Versalitas en este texto MAYUSCULAS y Otras{{fin}} que ya pasa a ser normal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vamos a probar &amp;lt;bible&amp;gt;Dt 5,6 &amp;lt;/bible&amp;gt; otros formatos: &amp;lt;s&amp;gt;tachado,&amp;lt;/s&amp;gt;  &amp;lt;code&amp;gt;código&amp;lt;/code&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es para &amp;lt;span style=&amp;quot;font-variant:small-caps&amp;quot;&amp;gt;Probar las Versalitas&amp;lt;/span&amp;gt; , o si No Funcionan {{Versales|Este es el texto}}Esto a ver qué '''pasa Esto''' lo &amp;lt;bible&amp;gt;PeSr 4,1 &amp;lt;/bible&amp;gt; lo ponemos centrado  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A partir del año litúrgico 2022-23, el Oficio de &amp;lt;bible&amp;gt;Lecturas &amp;lt;/bible&amp;gt;contará con el leccionario bíblico alternativo para años pares e impares. Es de obligado uso en algunos países, y completamente desconocido en otros. Se puede activar y desactivar desde las opciones que están bajo este mensaje&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cita bíblica es &amp;lt;bible&amp;gt;Mt 5,2&amp;lt;/bible&amp;gt;, y &amp;lt;bible&amp;gt;Génesis 3,1 &amp;lt;/bible&amp;gt;&amp;lt;bible&amp;gt;Mt 2,3&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La prueba definitva de la cita bíblica &amp;lt;bible&amp;gt;Jn 3,16&amp;lt;/bible&amp;gt; espero que funcione.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;1Sam 5,6&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
perik 1,3 &amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;2Mac 3,3&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;Bar 2,2&lt;br /&gt;
&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O si no &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;1Sam 4,3&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;Gen 4,23&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;perik 4,3&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es algo distinto {{Versales|El texto en Cuestión}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a ver esto&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;Gen 2,1&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;Vamos a probar una nota al pie&amp;lt;ref&amp;gt;Esta es la cita que queremos.&amp;lt;/ref&amp;gt;, a ver si sale en tooltip.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
	<entry>
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		<title>Pagina de prueba</title>
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		<updated>2023-01-05T10:30:57Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;    En esta página &amp;lt;big&amp;gt;hacemos pruebas&amp;lt;/big&amp;gt; de las nuevas funcionalidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las ''cursivas'' y '''negritas, ''y ambas'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora probamos {{versal}}Las Versalitas en este texto MAYUSCULAS y Otras{{fin}} que ya pasa a ser normal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vamos a probar &amp;lt;bible&amp;gt;Dt 5,6 &amp;lt;/bible&amp;gt; otros formatos: &amp;lt;s&amp;gt;tachado,&amp;lt;/s&amp;gt;  &amp;lt;code&amp;gt;código&amp;lt;/code&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es para &amp;lt;span style=&amp;quot;font-variant:small-caps&amp;quot;&amp;gt;Probar las Versalitas&amp;lt;/span&amp;gt; , o si No Funcionan {{Versales|Este es el texto}}Esto a ver qué '''pasa Esto''' lo &amp;lt;bible&amp;gt;PeSr 4,1 &amp;lt;/bible&amp;gt; lo ponemos centrado  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A partir del año litúrgico 2022-23, el Oficio de &amp;lt;bible&amp;gt;Lecturas &amp;lt;/bible&amp;gt;contará con el leccionario bíblico alternativo para años pares e impares. Es de obligado uso en algunos países, y completamente desconocido en otros. Se puede activar y desactivar desde las opciones que están bajo este mensaje&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cita bíblica es &amp;lt;bible&amp;gt;Mt 5,2&amp;lt;/bible&amp;gt;, y &amp;lt;bible&amp;gt;Génesis 3,1 &amp;lt;/bible&amp;gt;&amp;lt;bible&amp;gt;Mt 2,3&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La prueba definitva de la cita bíblica &amp;lt;bible&amp;gt;Jn 3,16&amp;lt;/bible&amp;gt; espero que funcione.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;1Sam 5,6&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
perik 1,3 &amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;2Mac 3,3&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;Bar 2,2&lt;br /&gt;
&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O si no &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;1Sam 4,3&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;Gen 4,23&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;perik 4,3&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es algo distinto {{Versales|El texto en Cuestión}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a ver esto&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;Gen 2,1&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=MediaWiki:Gadget-Biblia.js&amp;diff=730</id>
		<title>MediaWiki:Gadget-Biblia.js</title>
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		<updated>2023-01-05T10:30:13Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;ve.ui.BibliaCommand = function VeUiBibliaCommand() {&lt;br /&gt;
	ve.ui.BibliaCommand.super.call(	this, 'Biblia' );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
OO.inheritClass( ve.ui.BibliaCommand, ve.ui.Command );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaCommand.prototype.execute = function ( surface ) {&lt;br /&gt;
	var model = surface.getModel(),&lt;br /&gt;
		doc = model.getDocument(),&lt;br /&gt;
		range = model.getSelection().getRange(),&lt;br /&gt;
		docRange = doc.shallowCloneFromRange( range );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ve.init.target.getWikitextFragment( docRange, false ).done( function ( wikitext ) {&lt;br /&gt;
		model.getFragment().insertHtml('&amp;lt;bible&amp;gt;'+wikitext+'&amp;lt;/bible&amp;gt;');&lt;br /&gt;
		// Borramos los saltos de linea que inserta antes y despues:&lt;br /&gt;
		var inicio = model.selection.range.from;&lt;br /&gt;
		var mitransac = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( inicio, inicio+2 ), '' ) &lt;br /&gt;
		model.getFragment().change(mitransac);&lt;br /&gt;
		var fin = model.selection.range.to;&lt;br /&gt;
		var mitransac2 = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( fin-2, fin ), '' ) &lt;br /&gt;
		model.getFragment().change(mitransac2);&lt;br /&gt;
	} );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ve.ui.commandRegistry.register( new ve.ui.BibliaCommand() );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool = function VeUiBibliaTool() {&lt;br /&gt;
	ve.ui.BibliaTool.super.apply( this, arguments );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
OO.inheritClass( ve.ui.BibliaTool, ve.ui.Tool );&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.name = 'Biblia';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.group = 'cite';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.icon = 'book';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.title = 'Biblia';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.commandName = 'Biblia';&lt;br /&gt;
ve.ui.toolFactory.register( ve.ui.BibliaTool );&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=Pagina_de_prueba&amp;diff=729</id>
		<title>Pagina de prueba</title>
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		<updated>2023-01-05T10:27:18Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;    En esta página &amp;lt;big&amp;gt;hacemos pruebas&amp;lt;/big&amp;gt; de las nuevas funcionalidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las ''cursivas'' y '''negritas, ''y ambas'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora probamos {{versal}}Las Versalitas en este texto MAYUSCULAS y Otras{{fin}} que ya pasa a ser normal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vamos a probar &amp;lt;bible&amp;gt;Dt 5,6 &amp;lt;/bible&amp;gt; otros formatos: &amp;lt;s&amp;gt;tachado,&amp;lt;/s&amp;gt;  &amp;lt;code&amp;gt;código&amp;lt;/code&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es para &amp;lt;span style=&amp;quot;font-variant:small-caps&amp;quot;&amp;gt;Probar las Versalitas&amp;lt;/span&amp;gt; , o si No Funcionan {{Versales|Este es el texto}}Esto a ver qué '''pasa Esto''' lo &amp;lt;bible&amp;gt;PeSr 4,1 &amp;lt;/bible&amp;gt; lo ponemos centrado  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A partir del año litúrgico 2022-23, el Oficio de &amp;lt;bible&amp;gt;Lecturas &amp;lt;/bible&amp;gt;contará con el leccionario bíblico alternativo para años pares e impares. Es de obligado uso en algunos países, y completamente desconocido en otros. Se puede activar y desactivar desde las opciones que están bajo este mensaje&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cita bíblica es &amp;lt;bible&amp;gt;Mt 5,2&amp;lt;/bible&amp;gt;, y &amp;lt;bible&amp;gt;Génesis 3,1 &amp;lt;/bible&amp;gt;&amp;lt;bible&amp;gt;Mt 2,3&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;1Sam 5,6&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
perik 1,3 &amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;2Mac 3,3&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;Bar 2,2&lt;br /&gt;
&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O si no &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;1Sam 4,3&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;Gen 4,23&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;perik 4,3&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es algo distinto {{Versales|El texto en Cuestión}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a ver esto&lt;br /&gt;
&amp;lt;bible&amp;gt;Gen 2,1&amp;lt;/bible&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;div&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://sja.asistenciasacerdotal.eu/index.php?title=MediaWiki:Gadget-Biblia.js&amp;diff=728</id>
		<title>MediaWiki:Gadget-Biblia.js</title>
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		<updated>2023-01-05T10:26:48Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;ve.ui.BibliaCommand = function VeUiBibliaCommand() {&lt;br /&gt;
	ve.ui.BibliaCommand.super.call(	this, 'Biblia' );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
OO.inheritClass( ve.ui.BibliaCommand, ve.ui.Command );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaCommand.prototype.execute = function ( surface ) {&lt;br /&gt;
	var model = surface.getModel(),&lt;br /&gt;
		doc = model.getDocument(),&lt;br /&gt;
		range = model.getSelection().getRange(),&lt;br /&gt;
		docRange = doc.shallowCloneFromRange( range );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ve.init.target.getWikitextFragment( docRange, false ).done( function ( wikitext ) {&lt;br /&gt;
		var htmlfrag = model.getFragment().insertHtml('&amp;lt;bible&amp;gt;'+wikitext+'&amp;lt;/bible&amp;gt;');&lt;br /&gt;
		var fin = model.selection.range.to;&lt;br /&gt;
		var mitransac = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( fin-2, fin ), '' ) &lt;br /&gt;
		model.getFragment().change(mitransac);&lt;br /&gt;
		var inicio = model.selection.range.from;&lt;br /&gt;
		var mitransac2 = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( inicio, inicio+2 ), '' ) &lt;br /&gt;
		model.getFragment().change(mitransac2);&lt;br /&gt;
	} );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ve.ui.commandRegistry.register( new ve.ui.BibliaCommand() );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool = function VeUiBibliaTool() {&lt;br /&gt;
	ve.ui.BibliaTool.super.apply( this, arguments );&lt;br /&gt;
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OO.inheritClass( ve.ui.BibliaTool, ve.ui.Tool );&lt;br /&gt;
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		<author><name>Juancc</name></author>
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	<entry>
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		<title>MediaWiki:Gadget-Biblia.js</title>
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		<updated>2023-01-05T10:24:41Z</updated>

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&lt;hr /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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		console.log (inicio);&lt;br /&gt;
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		model.getFragment().change(mitransac);&lt;br /&gt;
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};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool = function VeUiBibliaTool() {&lt;br /&gt;
	ve.ui.BibliaTool.super.apply( this, arguments );&lt;br /&gt;
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OO.inheritClass( ve.ui.BibliaTool, ve.ui.Tool );&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.name = 'Biblia';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.group = 'cite';&lt;br /&gt;
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		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
	<entry>
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		<title>MediaWiki:Gadget-Biblia.js</title>
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		<updated>2023-01-05T10:23:59Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
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	ve.ui.BibliaCommand.super.call(	this, 'Biblia' );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
OO.inheritClass( ve.ui.BibliaCommand, ve.ui.Command );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaCommand.prototype.execute = function ( surface ) {&lt;br /&gt;
	var model = surface.getModel(),&lt;br /&gt;
		doc = model.getDocument(),&lt;br /&gt;
		range = model.getSelection().getRange(),&lt;br /&gt;
		docRange = doc.shallowCloneFromRange( range );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ve.init.target.getWikitextFragment( docRange, false ).done( function ( wikitext ) {&lt;br /&gt;
		var htmlfrag = model.getFragment().insertHtml('&amp;lt;bible&amp;gt;'+wikitext+'&amp;lt;/bible&amp;gt;');&lt;br /&gt;
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		var fin = model.selection.range.to;&lt;br /&gt;
		console.log (inicio);&lt;br /&gt;
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		console.log (htmlfrag.selection.range.to);&lt;br /&gt;
		var mitransac = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( fin-2, fin ), '' ) &lt;br /&gt;
		var mitransac2 = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( inicio, inicio+2 ), '' ) &lt;br /&gt;
		//var mitransac2 = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( 350, 390 ), 'superperoico' ) &lt;br /&gt;
		model.getFragment().change(mitransac);&lt;br /&gt;
		model.getFragment().change(mitransac2);&lt;br /&gt;
	} );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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ve.ui.BibliaTool = function VeUiBibliaTool() {&lt;br /&gt;
	ve.ui.BibliaTool.super.apply( this, arguments );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
OO.inheritClass( ve.ui.BibliaTool, ve.ui.Tool );&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.name = 'Biblia';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.group = 'cite';&lt;br /&gt;
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		<author><name>Juancc</name></author>
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		<title>MediaWiki:Gadget-Biblia.js</title>
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		<updated>2023-01-05T10:22:20Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
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	ve.ui.BibliaCommand.super.call(	this, 'Biblia' );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
OO.inheritClass( ve.ui.BibliaCommand, ve.ui.Command );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaCommand.prototype.execute = function ( surface ) {&lt;br /&gt;
	var model = surface.getModel(),&lt;br /&gt;
		doc = model.getDocument(),&lt;br /&gt;
		range = model.getSelection().getRange(),&lt;br /&gt;
		docRange = doc.shallowCloneFromRange( range );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ve.init.target.getWikitextFragment( docRange, false ).done( function ( wikitext ) {&lt;br /&gt;
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		var mitransac = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( fin-2, fin ), '' ) &lt;br /&gt;
		//var mitransac = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( inicio, inicio+2 ), '' ) &lt;br /&gt;
		//var mitransac2 = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( 350, 390 ), 'superperoico' ) &lt;br /&gt;
		model.getFragment().change(mitransac);&lt;br /&gt;
		//model.getFragment().change(mitransac2);&lt;br /&gt;
	} );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool = function VeUiBibliaTool() {&lt;br /&gt;
	ve.ui.BibliaTool.super.apply( this, arguments );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
OO.inheritClass( ve.ui.BibliaTool, ve.ui.Tool );&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.name = 'Biblia';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.group = 'cite';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.icon = 'book';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.title = 'Biblia';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.commandName = 'Biblia';&lt;br /&gt;
ve.ui.toolFactory.register( ve.ui.BibliaTool );&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
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		<updated>2023-01-05T10:21:26Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;ve.ui.BibliaCommand = function VeUiBibliaCommand() {&lt;br /&gt;
	ve.ui.BibliaCommand.super.call(	this, 'Biblia' );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
OO.inheritClass( ve.ui.BibliaCommand, ve.ui.Command );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaCommand.prototype.execute = function ( surface ) {&lt;br /&gt;
	var model = surface.getModel(),&lt;br /&gt;
		doc = model.getDocument(),&lt;br /&gt;
		range = model.getSelection().getRange(),&lt;br /&gt;
		docRange = doc.shallowCloneFromRange( range );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ve.init.target.getWikitextFragment( docRange, false ).done( function ( wikitext ) {&lt;br /&gt;
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		var mitransac = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( inicio, inicio+2 ), '' ) &lt;br /&gt;
		var mitransac2 = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( 350, 390 ), 'superperoico' ) &lt;br /&gt;
		model.getFragment().change(mitransac);&lt;br /&gt;
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	} );&lt;br /&gt;
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ve.ui.BibliaTool.static.group = 'cite';&lt;br /&gt;
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ve.ui.BibliaTool.static.title = 'Biblia';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.commandName = 'Biblia';&lt;br /&gt;
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		<author><name>Juancc</name></author>
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		<updated>2023-01-05T10:19:52Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Juancc: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;ve.ui.BibliaCommand = function VeUiBibliaCommand() {&lt;br /&gt;
	ve.ui.BibliaCommand.super.call(	this, 'Biblia' );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
OO.inheritClass( ve.ui.BibliaCommand, ve.ui.Command );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaCommand.prototype.execute = function ( surface ) {&lt;br /&gt;
	var model = surface.getModel(),&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
	ve.init.target.getWikitextFragment( docRange, false ).done( function ( wikitext ) {&lt;br /&gt;
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		var mitransac = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( inicio, inicio+2 ), '' ) &lt;br /&gt;
		var mitransac2 = ve.dm.TransactionBuilder.static.newFromReplacement( doc,  new ve.Range( inicio, fin+10 ), 'superperoico' ) &lt;br /&gt;
		model.getFragment().change(mitransac);&lt;br /&gt;
		htmlfrag.change(mitransac2);&lt;br /&gt;
	} );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ve.ui.commandRegistry.register( new ve.ui.BibliaCommand() );&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool = function VeUiBibliaTool() {&lt;br /&gt;
	ve.ui.BibliaTool.super.apply( this, arguments );&lt;br /&gt;
};&lt;br /&gt;
OO.inheritClass( ve.ui.BibliaTool, ve.ui.Tool );&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.name = 'Biblia';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.group = 'cite';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.icon = 'book';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.title = 'Biblia';&lt;br /&gt;
ve.ui.BibliaTool.static.commandName = 'Biblia';&lt;br /&gt;
ve.ui.toolFactory.register( ve.ui.BibliaTool );&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Juancc</name></author>
	</entry>
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